Esperando a Nagel

Felipe Aizpún

Hace unos días nos anunciaba Cristian Aguirre la aparición de un libro que sin duda, traerá cola. Su autor, Thomas Nagel, es un filósofo norteamericano de acreditado prestigio y que, por ostentar abiertamente convicciones ateas, forma parte del establishment, es decir, del club de intelectuales políticamente correctos. Nagel es profesor de Filosofía en la Universidad de Nueva York, autor de varios libros, miembro de la American Academy of Arts and Sciences y de la British Academy y ostenta el reconocimiento de sus compañeros de profesión por medio de la concesión de varios premios como el Rolf Schock Prize en Lógica o el Balzan Prize en Filosofía Moral. El título del libro habla por sí mismo: “Mente y Cosmos: porqué la concepción materialista neo-darwiniana de la Naturaleza es casi con certeza falsa”

A pesar de sus convicciones ateas Nagel ha tenido la honestidad intelectual de reconocer la consistencia de las críticas de los proponentes del DI al modelo de evolución darwinista en muchos aspectos como se ponía de manifiesto en la entrada antes mencionada de este blog. Hay que añadir que en su día, Nagel tampoco tuvo reparos en recomendar en el suplemento de libros de The Times, el estupendo “Signature in the Cell” de Stephen Meyer, del que dijo lo siguiente:

“Signature in the Cell es una relación detallada del problema de cómo la vida apareció a partir de la materia inanimada, algo que tuvo que suceder antes de que el proceso de evolución biológica pudiera comenzar… Meyer es Cristiano, pero los ateos y los teístas que creen que Dios nunca interviene en el mundo natural, aprenderían de su cuidadosa presentación de este problema extremadamente dificultoso”

El libro todavía no ha llegado a nuestras manos, por lo que habrá que esperar a poder analizar con detenimiento los argumentos de Nagel; sin embargo, el resumen de presentación del mismo en Amazon es, ya de por sí, de lo más jugoso. Juzguen ustedes…

“El enfoque materialista moderno de la vida ha fracasado de forma reconocida en explicar ciertos rasgos de nuestro mundo centrales al tema de la mente, tales como consciencia, intencionalidad, significado y valor. Este fracaso para justificar algo tan esencial a la Naturaleza como la mente, argumenta el filósofo Thomas Nagel, es un problema mayor que amenaza con dejar en evidencia toda la visión naturalista del mundo que abarca la biología, la teoría evolutiva y la cosmología.

Dado que las mentes son rasgos de los sistemas biológicos que se han desarrollado en un proceso evolutivo, la versión materialista estándar está fundamentalmente incompleta. Y la historia cosmológica que conduce al origen de la vida y la aparición de las condiciones para la evolución tampoco puede ser una historia meramente materialista. Una concepción adecuada de la Naturaleza tendría que explicar la aparición en el Universo y en cuanto tales, de mentes conscientes irreducibles a mera sustancia material.

El escepticismo de Nagel no está basado en creencias religiosas o en la creencia en una alternativa concreta. En “Mind and Cosmos” sugiere que si la explicación materialista es incorrecta, entonces otro tipo de principios deben de haber intervenido en la historia de la Naturaleza, principios que expliquen el crecimiento del orden y que sean, en su forma lógica, teleológicos y no mecanísticos.

A pesar de grandes logros obtenidos en las ciencias físicas el materialismo reduccionista es una visión del mundo madura para ser abandonada. Nagel muestra que reconocer sus límites es el primer paso para buscar alternativas, o al menos para estar abierto a la posibilidad de las mismas.”

Una Respuesta para Esperando a Nagel

  1. Para que el desarrollo de una complejidad fértil como la que se manifiesta en la naturaleza sea posible, no solo se requiere del azar (esto es, ni tanta rigidez o determinismo que nada realmente nuevo pueda suceder) y de la necesidad (ni tanta laxitud o aleatoriedad que sólo el caos sea lo único que pueda darse), sino que ,además, esa necesidad ha de adoptar una forma muy precisa. Se trata, por tanto, de la existencia de auténticos principios causales adicionales, relacionados con la estructura de comportamiento futuro y el carácter holístico de los sistemas naturales. Se suele llamar a esta clase de causalidad como “información activa” (“información” porque afecta a la formación de patrones de comportamiento, y “activa” porque tiene eficacia causal). Sin duda, esto de por sí es motivo de reflexión filosófica.

    Que la actualización de esa posibilidad sea fácil o difícil, es una cuestión abierta a discusión científica. Es aquí donde, a mi parecer, las aportaciones de la teoría del diseño inteligente tienen importancia.

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