Entrevista a Felipe Aizpún autor de "Evolucionismo y Conocimiento Racional: Guía para curiosos y desorientados"

Felipe Aizpún es licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra y MBA por el IESE de Barcelona. En la actualidad desempeña tareas de dirección en el ámbito empresarial. Ha escrito además del presente libro la obra titulada “Metafísica y Fundamento Racional de lo Moral” así como otros ensayos de contenido filosófico, político y científico. Reside en Pamplona con su esposa y sus cuatro hijos.

La entrevista que presentamos fue realizada por Cristian Aguirre, vicepresidente de la OIACDI (www.oiacdi.org).
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Cristian Aguirre (CA) Felipe Aizpún (FA)

CA:

Sr. Aizpún su reciente libro, que aborda la evaluación del paradigma evolutivo a la luz del conocimiento racional, tiene un subtítulo que alude el propósito de servir de guía para curiosos y desorientados. ¿Es esta proposición una forma de decir que, en el tratamiento científico del paradigma evolutivo y en su divulgación al público, existe mucha desinformación?

FA:

Por supuesto. Mi libro pretende hacerse eco del desconcierto que produce ver cómo un área del conocimiento científico tan relevante se mueve en la continua discrepancia entre posturas, no sólo discordantes, sino claramente contradictorias. Eso al hombre de la calle le produce una inevitable perplejidad. El propósito de mi libro es explicar el origen de esa discrepancia y proporcionar al lector criterios para valorar las distintas propuestas.

CA:

En su libro se aborda también de forma crítica las proposiciones con las cuales desde sectores religiosos se pretende contestar las conclusiones metafísicas del evolucionismo proclives a apoyar el materialismo y el ateísmo. En síntesis ¿Cual sería, según su apreciación, la posición que deben ocupar la ciencia y la religión en el discurso racional?

FA:

El debate sobre los orígenes es esencialmente un debate científico, cuyas implicaciones filosóficas son inevitables. Cuando hablamos de un mecanismo biológico para un hipotético evento evolutivo nos movemos en el ámbito de la ciencia; cuando hablamos del azar como causa de dicho evento, o cuando defendemos la inferencia de diseño, estamos proponiendo justificaciones causales que trascienden el ámbito de la ciencia. Las respuestas racionales últimas en torno a nuestros orígenes son necesariamente de naturaleza metafísica. El problema es que la religión no puede participar en este debate. Las convicciones religiosas provienen de la revelación, por lo que no son argumentables; podemos elegir creerlas o no, pero no tienen fuerza de convicción en el debate racional. Por eso, zanjar la cuestión sobre los orígenes o contradecir una conclusión filosófica con una aseveración de naturaleza religiosa carece de sentido.

CA:

Existe una creencia casi con carácter de dogma en la comunidad científica que pretende decir que sólo en el ámbito científico se puede producir conocimiento verdadero. ¿Cuál es su evaluación al respecto?

FA:

Se trata de un error de concepto de enorme gravedad que proviene del positivismo decimonónico y que limita y condiciona las posibilidades de enriquecimiento del conocimiento racional de la realidad. La gravedad del error reside en que este cientificismo va necesariamente asimilado a la idea de que no existe realidad alguna más allá del cosmos material que conocemos, que éste es la última referencia de lo real y que todo lo existente puede ser justificado en términos naturalistas según procesos detectables y explicables científicamente. Por supuesto este tipo de convicciones no son consecuencia de la indagación racional sino que adquieren la forma de prejuicios adoptados libremente con carácter previo a ésta. Como en el caso de las convicciones religiosas, son decisiones, elecciones no argumentables, por lo que no pueden estar presentes tampoco en el debate racional.

CA:

¿Cómo evalúa la actitud de la sociedad hispana, no solo la española, sino la hispano hablante en general respecto a la controversia científica de los orígenes, sobre la cual para muchos en esta sociedad acostumbrada a respetar los dogmas establecidos sin discutirlos tal controversia ni siquiera existe?

FA:

En general, las sociedades hispano parlantes vivimos en un ambiente cultural e intelectual impregnado de prejuicios materialistas y naturalistas, en dónde el discurso oficial sobre los orígenes, que descansa sobre la teoría sintética del neo-darwinismo, ocupa una posición inexpugnable. El control mediático en este sentido es casi absoluto; resulta muy difícil encontrar espacios para una legítima discrepancia científica o filosófica. Incluso las jerarquías religiosas han terminado por acomodarse al discurso imperante con objeto de no verse atacados por quienes ejercen una verdadera dictadura ideológica al respecto en el ámbito académico, institucional y mediático.

CA:

En su obra también se hace un deslinde entre evolucionismo y darwinismo. ¿Cómo sintetiza dicha diferencia?

FA:

El evolucionismo es una vieja intuición en la historia del pensamiento humano. Es una idea abstracta que intuye la posibilidad de explicar la emergencia de las novedades biológicas como un proceso encadenado a partir de formas antecesoras. El problema es que esta intuición choca con la experiencia verificable de los mecanismos de la vida que preconiza la estabilidad de las especies en el seno de su cuadro morfológico y la incapacidad de que los seres de una especie determinada generen, en su proceso natural de reproducción, individuos de una especie diferente. El darwinismo surge entonces como una propuesta científica que pretende haber encontrado en la Naturaleza huellas de un proceso natural susceptible de poder generar las nuevas formas, es decir, se trataría de un mecanismo biológico capaz de hacer creíble la intuición evolucionista. Hoy día sabemos que el darwinismo es un intento fallido, que carece de base empírica que lo sustente, pero eso no implica que el evolucionismo haya quedado descartado de forma definitiva, ni mucho menos. Los conocimientos más avanzados en genética y biología contradicen el mecanismo darwinista de evolución, pero abren la puerta a otras hipótesis científicas en el marco del evolucionismo. Lo que, sin embargo, parece cada día más evidente es que las nuevas hipótesis no pueden sustentar el paradigma naturalista en la medida en que la hipótesis darwinista, de haber sido cierta, lo hubiera hecho. Por el contrario, los modelos alternativos nos invitan a pensar que las inferencias de diseño en la Naturaleza son inevitables.

CA:

Se dedican dos capítulos en su libro a exponer las tesis de Máximo Sandín un destacado biólogo Español contestatario con el Neodarwinismo. ¿Cómo evalúa su impacto en el debate científico hispano así como su visión sobre el advenimiento de una nueva biología?

FA:

Sandín ha tenido el mérito de comprender, asumir y proclamar que el darwinismo es un paradigma fallido, esencialmente contradictorio con la experiencia, imposible de recomponer. Además, ha realizado un trabajo fantástico de sistematización de los conocimientos científicos más avanzados para conformar una propuesta novedosa, de base, esta sí, estrictamente científica, con objeto de proponer un hipotético escenario evolucionista conforme con lo que sabemos de la realidad. Se trata, por supuesto de una conjetura, pero se amolda a lo que la biología nos ha descubierto en los últimos tiempos, lo que lleva a Sandín a proponer un modelo de naturaleza saltacional, es decir, no gradualista, en el que los episodios de transferencia genética horizontal a partir de genomas de virus y bacterias podrían ser la clave de la conformación de los genomas de los organismos superiores. Se trata en cualquier caso, de un esfuerzo de síntesis, quizás el más elaborado que se pueda encontrar en la actualidad en la literatura científica comparada. El interés que ha despertado este modelo en mí radica sobre todo en la inevitable inferencia filosófica que provoca, en mi opinión, en el sentido de que un modelo tal, por las razones que explico en el libro, sería impensable sin el concurso de una causalidad inteligente que lo justifique.

CA:

El Diseño Inteligente también es abordado en su obra ¿Qué papel esta teniendo, a su juicio, en el actual debate científico sobre el origen de la complejidad biológica?

FA:

La euforia que desatara el darwinismo durante 15 décadas estriba en su supuesta capacidad para hacer superflua la idea de diseño y de una causalidad inteligente en el origen de las novedades biológicas de los seres vivos. De esta forma el darwinismo se convertía en la piedra angular de la filosofía materialista. Pero, lógicamente si el darwinismo carece de lo que ya se conoce como una “teoría de la forma”, es decir, una explicación alternativa a la inevitable apariencia de diseño, entonces el debate en torno a los orígenes y la implacable defensa del paradigma materialista sufren una convulsión de consecuencias impredecibles. El Diseño Inteligente se nos hace presente como la alternativa más razonable, como la inferencia a la mejor explicación. Y ello, ahora, no ya como un recurso explicativo que nace de la ignorancia, sino como una conclusión plenamente racional provocada precisamente por el avance espectacular en el conocimiento científico.

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