El servilismo intelectual

mech_bodyGaleno fue un notable medico griego del siglo segundo cuya fama, erudición y abundante producción literaria lo encumbrarían como una luminaria de la medicina por más de 1400 años. Fue medico en las cortes de los emperadores Marco Aurelio y Cómodo, y escribió más de quinientos libros sobre anatomía, fisiología, retórica, gramática, teatro y filosofía de los cuales se conservan más de cien.

Si se pudiese resumir su actitud intelectual ante la investigación científica sería la siguiente:

1. Aprender de otros.
2. Cuestionar lo aprendido.
3. Continuar con exploración propia.

Lo primero que hizo Galeno es aprender lo descubierto y desarrollado por sus antepasados en la ciencia médica antes que él. Hipócrates y Aristóteles fueron dos destacados referentes entre muchos otros que hicieron importantes aportes a esta ciencia y Galeno recogió y sistematizó todo el saber aculado por los mismos. Pero no sacralizó sus aportes como si se tratasen de revelaciones divinas incontestables sujetas a devoto, obediente y acrítico seguimiento, sino qué, en lugar de ello, se atrevió a cuestionarlo preguntándose: ¿Es esto realmente así?

El propio Galeno dijo:

“No sé cómo ocurrió, milagrosamente, por inspiración divina, o en un frenesí, o como se llame, pero desde mi juventud desprecié la opinión de la mayoría y aspiré a alcanzar la verdad y el conocimiento, convencido de que no existía posesión más noble o divina para el hombre.”

Incluso señaló cómo sus colegas le criticaban “por buscar la verdad más allá de la moderación”. Como resulta evidente, Galeno no asumió el servilismo intelectual de sus colegas a los estudios precedentes como fuentes indiscutibles y suficientes de autoridad. Él proponía que el conocimiento era acumulativo, por lo tanto, este debía revisarse, corregirse y, sobre el mismo, emprenderse nuevas investigaciones a fin de continuar su ascendente progreso. Sobre esto él dijo:

“Si alguien desea observar las obras de la naturaleza, debe confiar no en los libros de anatomía, sino en sus propios ojos y venir a mi o consultar a uno de mis colegas, o realizar solo y con dedicación ejercicios de disección; pero si únicamente lee es más probable que crea a todos los anatomistas antiguos, pues hay muchos.”

La investigación propia y el pensamiento propio son los consejos fundamentales de Galeno. Sin embargo, estos valiosos consejos no son cómodos ya que requieren de dedicación, esfuerzo y un deseo resuelto de buscar la verdad. Pensar cansa e investigar también además de requerir de recursos materiales, humanos y económicos adicionales, por ello, para la inmensa mayoría de las personas les resulta mucho más cómodo, oportuno y barato asumir lo que otros ya han pensado e investigado que emprender un pensamiento e investigación propia.

Por eso no es de extrañar lo que hicieron los discípulos de Galeno. Ellos no siguieron su consejo y elevaron en cambio su obra casi a la categoría de escrituras religiosas. Convirtieron su legado en una especie de revelación dogmática que no admite apelación de discusión. Incluso en el siglo XVI, Jacobo Silvio el más destacado profesor de anatomía de la facultad de medicina de Paris enseñaba en sus clases que Galeno nunca se equivocaba. De este modo el estudio de la medicina consistía, según él, en averiguar qué quería decir Galeno exactamente. Y si el cuerpo diseccionado no presentaba todo lo que Galeno especificaba en sus textos, era porque el cuerpo humano había cambiado con los siglos y en todo caso se había degradado de su forma ideal en los tiempos de Galeno.

El caso de Silvio no es de ningún modo único. Prácticamente todos los profesores de anatomía de su tiempo y de los siglos anteriores defendían la anatomía y enseñanzas de Galeno como se defiende la ortodoxia cristiana con las escrituras bíblicas. Pero evidentemente la medicina como ciencia no se aviene al estatus epistemológico de una revelación religiosa, sino más bien a un escrutinio objetivo de la naturaleza que puede edificarse sobre escrutinios previos producto de investigadores destacados, pero sujetos a la vez a nueva corrección e investigación.

Fue solo a partir del siglo XVI cuando se empezaron a romper las amarraras del servilismo intelectual a la autoridad de los tratados de Galeno. Para entonces un discípulo de Silvio llamado Andreas Vesalio (1524-1564) no siguió la actitud de los seguidores de Galeno, sino la actitud del propio Galeno al abordar nuevas investigaciones que descubrieran algunos de los errores de su gran precursor y ganar así más avances para la ciencia médica. Pronto se distanció de sus profesores y colegas anclados al seguimiento escrupuloso de los textos de Galeno para emprender un pensamiento e investigación propia. Creó una serie de tablas anatómicas gráficas en las cuales los lectores podrían ver grabados de las formas reales de los distintos elementos corporales y no tener que conformarse a leer meras descripciones textuales sumamente ineficaces para describir las intrincadas características anatómicas. Sin embargo, a su tutor Silvio y al resto de sus colegas, apegados a la tradición intelectual servil a la indiscutible autoridad de turno que a la sazón era Galeno, se opusieron con horror a la iniciativa de Vesalio de usar figuras y diagramas. De acuerdo a estos los estudiantes no debían seguir líneas innovadoras de adquisición de conocimiento, sino que debían permanecer necesariamente fieles a la tradición metodológica de estudiar solo los textos de Galeno.

En sus investigaciones propias Vesalio descubrió las inexactitudes y errores de Galeno y para transcribir sus observaciones creó un nuevo manual de anatomía del cuerpo humano. En sus demostraciones anatómicas no solo enseñaba conocimiento, sino también cómo adquirir el conocimiento al punto de insistir en que sus estudiantes vieran, tocaran y decidieran por sí mismos cual era la realidad. A los alumnos que preguntaban si las arterias seguían realmente el movimiento del corazón él les decía: “No quiero dar mi opinión, toquen ustedes con sus propias manos y confíen en ellas”.

Con esta actitud Vesalio rompió la tiranía de Galeno impuesta por los seguidores de este y la ciencia médica pudo finalmente seguir su avance. Luego surgirían otros que también, con la misma actitud que tuvieron Galeno y Vesalio, aprenderían de sus mentores, cuestionaron sus hallazgos y corrigieron y ampliaron su investigación añadiendo más piezas de saber científico.

No todas las personas involucradas con la ciencia ya sea por profesión, afición o inquietud cultural han llegado a cumplir el tercer punto antes señalado, pero por lo menos podrían llegar al segundo. No obstante, la abrumadora mayoría tanto del pasado como del presente tiende a estancarse en el primer punto.

Lo que se pretende establecer aquí con los testimonios de Galeno y Vesalio es que la buena ciencia no surge del servilismo intelectual a la autoridad de los grandes científicos del pasado e incluso del presente, sino de la sana evaluación crítica de sus aportes para partir edificando sobre sus aciertos o sobre las correcciones de sus errores. Sin una actitud crítica la ciencia se parecerá más una religión que a una sobria descripción del mundo real.

Lamentablemente hoy se sigue, en particular en el mundo hispano americano, una actitud similar a la que durante siglos se practicó en la medicina con Galeno, en la botánica con Dioscórides o en la filosofía con Aristóteles. Cuando se habla de la controversia entre el DI y el Neodarwinismo se habla principalmente en los medios hispanoamericanos, salvo escasas y notables excepciones, que este es un asunto de los EEUU entre la ciencia oficial y el neocreacionismo religioso sin merecer una mayor atención en los estamentos científicos oficiales de España o Latinoamérica.

Uno diría que la razón es que el DI es una propuesta despreciable que no merece atención. Pero en EEUU no es este el caso y la confrontación es allí muy encendida. ¿Por qué esto también no sucede en Hispanoamérica? ¿Será porque los defensores del DI de dicho país están mejor organizados, hay solventes patrocinadores que sufragan fondos para su difusión o están respaldados por un sector religioso más militante? Nos gustaría pensar a los hispanoamericanos que esta es la razón, pero la razón puede ser bastante distinta y particularmente me encuentro convencido de que la razón estriba en que la cultura hispanoamericana es más proclive al servilismo intelectual antes descrito que al criticismo presente en la cultura anglosajona, una que definitivamente siempre nos ha adelantado con creces en el avance de la ciencia y la tecnología. Cualquier somera evaluación de cantidad de científicos e inventores eminentes, patentes y premios Nobel que podamos elaborar de ambas culturas atestiguará sin lugar a dudas de que esto es verdad.

Hasta hoy, cuando le he preguntado a una persona en Perú sobre si sabe que es el Diseño Inteligente no me han sabido responder o me han preguntado si se trata de algo relacionado a la decoración. En España por lo menos encontré a uno que sabía de este tema. No niego que si hubiese hecho más preguntas a más gente los resultados hubiesen sido menos magros pues de haberlos hay, sino este blog no tendría lectores, pero tampoco son muchos con relación al resto de la sociedad. Tampoco he visto que la mayoría de la gente en Hispanoamérica sepa mucho sobre la teoría de la evolución y lo relativo a la ciencia, y menos aún que sepa que exista alguna controversia en el seno de la misma.

En los medios académicos ignorar estos temas debe ser mucho más difícil, pero aún allí se nota una displicencia propicia a despachar el tema con prontitud y sin mayor muestra de interés. ¿Por qué? Pues muy posiblemente por el servilismo intelectual. Se estudia lo que dicen los libros y vía demostración semántica, es decir, porque alguien dice que eso está equivocado entonces ello se ignora y se pasa página. Mientras se pueda uno ganar la vida con su profesión científica ¿Para qué meterse en problemas controversiales si es más fácil y llevadero seguir la línea oficial? Esta parece ser la actitud mayoritaria y es por esto principalmente que el DI no ha llegado a aterrizar en el mundo académico salvo pocas excepciones en Chile, Argentina, México, España y Brasil (si alguien sabe de conferencias sobre este tema por parte de académicos (nativos no extranjeros) en otros países latinoamericanos por favor notificármelo).

Con todo, pese a esto, las distancias con lo que sucede en los EEUU son muy grandes. Para los críticos del DI hispanoamericanos el hecho de que en sus países no exista controversia alguna debe ser todo un alivio, pero sin embargo habla muy mal de nuestra idiosincrasia intelectual. Somos muy buenos para el arte, la música, la filosofía y la literatura, pero poco productivos en materias de ciencia y tecnología. Ya lo decía el famoso escritor y filosofo español Miguel de Unamuno refiriéndose a los europeos del norte: “¡Que inventen ellos!”.

Tristemente esta expresión que tiene ya más de un siglo de formulada, aún refleja la realidad actual no solo en España, sino en toda Latinoamérica. Por supuesto que existen científicos de primera oriundos de estos países, pero la mayoría no trabajan en sus propios países, sino en los EEUU o en países más proclives a la investigación científica y tecnológica. Y esto principalmente porque sus sociedades minusvaloran la importancia de la investigación científica y los estados dedican pocos recursos a la misma.

El servilismo intelectual anteriormente señalado también existe en el resto del mundo, incluidos los países punteros en ciencia y tecnología, pero, sin embargo, es más aguda su incidencia en los países hispanoamericanos donde es mucho más común asentir con un acrítico “¡Si Señór!” al dictamen del académico de oficio. En este escenario es pues poco probable que surjan voces contestarías y menos aún que se levanten polvaredas de controversia como sucede en los EEUU y en otros países afines a su actitud intelectual.

Tenemos muchos seguidores de Galeno, pero pocos Galenos y Vesalios y no digo esto solo en relación con el criticismo que surge desde las filas del DI, sino también por el de otras personas ajenas a la misma y qué, desde el estamento científico, han alzado sus voces discrepantes con el consenso actual principalmente dominado por el fanático y dogmático “Darwinismo religioso”.

Charles Darwin es un científico que desata pasiones encontradas. Puede que para unos sea el azufrado habitante de una oscura cavidad del averno o para otros, por estar enterrado en la abadía de Westminster, un ser bienaventurado que comparte las glorias celestiales con los santos arcángeles. Pero, dejando de lado las satanizaciones y las santificaciones, Darwin aportó importantes propuestas científicas. Algunas han sido comprobadas y otras aún permanecen en una profunda controversia. No obstante, convertirlo en un Galeno o en un Dioscórides de nuestro tiempo porque Darwin encendió con su propuesta queridas implicaciones metafísicas para el naturalismo materialista es tan nefasto como dar cobertura a que la ciencia se adapte a los dictados de la revelación religiosa.

Como muestra de esta nueva devoción Galeana a Darwin como resultado de sus implicancias metafísicas reseñaré algunas “perlas” de conocidos científicos:

Para el biólogo británico Richard Dawkins:

“hay un antes y después en la historia de la vida. Después de 3,800 millones de años de vida sobre la tierra, un ser viviente, Charles Darwin, descubría el secreto de su propia existencia y de la de todos los demás.” (3)

Ni de Jesucristo he oído semejante afirmación. Pero no es el único. Aparte de Javier Sampedro que dijo que Darwin mató a Dios (se entiende al mito de Dios), tenemos el testimonio de Juan Luis Arsuaga, un destacado paleontólogo español que en su libro El enigma de la esfinge nos dice:

“Al resolver el propósito de las adaptaciones de los seres vivos, Darwin le hizo el inmenso favor a la humanidad de liberarla de la loza de la teleología que lastraba todo el pensamiento filosófico e impedía progresar en el conocimiento de la naturaleza. Por eso nada tiene sentido en biología antes de Darwin”.(3)

Sin duda Galeno y Dioscórides así como muchos otros reverenciados científicos de la antigüedad deben palidecer de envidia ante las tan edulcoradas muestras de devoción intelectual que le son proferidas a Darwin por parte de muchos científicos del presente. Con tal encumbramiento de su augusta figura no es de extrañar que muchos científicos prefieran estudiar a Darwin (el que da sentido a la biología) que interrogar por sí mismos lo que dice la naturaleza. ¡No critiques a Darwin, él tiene toda la razón! Nos dicen los Silvios de nuestros días pues es mejor estudiar sus textos que cuestionarlos con un pensamiento y exploración propios.

Nadie nace sabio. Yo he cometido muchos errores intelectuales en el pasado entre ellos el aquí señalado entre muchos otros. Pero se aprende con humildad y autocritica porque no hay peor enfermo que el que no reconoce su enfermedad. Y espero que el lector por lo menos reflexione si puede estar también incurriendo en este error. No se trata aquí si el DI tiene o no razón. Ese no es el tema de este post. Se trata de cómo encaramos el conocimiento, y sobre cómo podemos aceptar conclusiones que nunca hemos examinamos críticamente a fin de concederles aceptación fundada o cambiarlas por otras más afines a la razón y a la evidencia.

No podemos hacer de Darwin otro Galeno, debemos reconocer sus aciertos sin anteojeras ideológicas y sus errores sin reverencias más propias de la religión que de la ciencia. Pienso que el mundo académico hispanoamericano debería despertar más a la discusión científica y a su desarrollo muy al margen de su posición a favor o en contra del DI u otras propuestas. Debe liberarse de servilismos intelectuales y ser más crítica con los dictados del consenso.

La verdad, en el mundo académico hispanoamericano que representa a aproximadamente 400 millones de personas hay, por ahora, mucho silencio.

Referencias:

1- Daniel Boorstin. Los descubridores. Tomo II La naturaleza y la sociedad.
2- Javier Sanpedro. Deconstruyendo a Darwin. Editorial Crítica.
3- Juan Luis Arsuaga. El enigma de la esfinge. 2001

3 Respuestas para El servilismo intelectual

  1. Hace ya muchos años que pienso que el darwinismo es una muy mala teoría que ni siquiera cumple con los cánones para obtener esa categoría. Para mi no pasa de ser un cuento. Pero cuando trato de comentarlo, me encuentro con la indiferencia o sonrisas de lástima: ” Pero si todos los científicos están de acuerdo con ella”.
    Ya me cansé de discutir. Simplemente “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

  2. Gracias Cristian por el Post. Bien escrito, de agradable lectura y sobre todo, por apuntar a una característica de nuestros países, que con mucha dificultad y lentitud se van sumando al mundo contemporáneo de ciencia y tecnología. Es lamentable esta indiferencia o sordera del público hispánico a la polémica que ha levantado el DI, porque en rigor la propuesta de este movimiento significa una quiebra del Naturalismo metodológico en ciencia. Si este movimiento persiste y logra reconocimiento –como creo y espero sucederá–, será un acontecimiento epistemológico de gran magnitud. Las posibilidades cognitivas enmarcadas en función y sentido que se abrirían son enormes y, sin duda, beneficiosas para una comprensión más rica del mundo que vivimos.

  3. Terminé la lectura de esta entrada con un nudo en la garganta.

    Por el momento no sé, exáctamente, el porqué. O, tal vez sí. De “bote pronto” (rápidamente) respondo: tu le llamas “El servilismo intelectual”, yo agregaría que a muchos les caería bien el título de “seudopensadores sicarios”, “traidores” no solo de la ciencia, sino, más importente, traicionan a la humanidad.

    Nos muestras, porque creo que te desembuelves entre científicos (mundo al que la mayoría de los humanos no teneos acceso), el lado “carnal”, imperfecto de la ciencia.

    Una cosa es ser tonto (como yo), o ignorante (como yo), etc. pero muy diferente es venderse en perjuicio de la ciencia, incluso, peor, a costa de afectar a millones de personas.

    Se supone que el científico es un hombre que busca la verdad, que ama la ciencia (por no decir, ama la sabiduría, la justicia, lo real, lo correcto, lo verdadero). Tu entrada nos muestra la realidad y eso duele.

    Cambiando a algo más alegre, llegue a tu página buscando información acerca del periódo cámbrico. Ya medio leí algunas pocas entradas, ya encontré las respuestas a dudas que buscaba. Gracias. Después regreso para releer y ver otros temas interesantes que observe.

    Un favor, ¿podrías escribir de una manera más sencillas? ¿más corta? Aclaro, no hablo por mi, sino que abogo por otros (claro, esta última frase es falsa) Gracias de nuevo.

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