El precio de la vida II. Más allá de las leyes físicas.

Por Cristian Aguirre

En el anterior post dije que las leyes físicas y químicas no son suficientes para explicar la vida. Se puede recurrir a argumentos rebuscados, pero será mejor explicarlo con ejemplos sencillos de entender.

Usare un ejemplo del físico australiano y divulgador de la ciencia Paul Davis. Él relata lo que sucedería si a un físico de partículas lo dejamos solo en medio de la selva amazónica. ¿Que pasará? ¿Sus conocimientos de física cuántica lo ayudaran a sobrevivir?. Definitivamente no. Cualquier nativo de la zona, o animal estará más capacitado para sobrevivir que nuestro erudito personaje. De nada le sirve conocer como funciona el mundo material, sino no conoce las “reglas de la selva”, es decir, sus peligros, usos y posibilidades para encontrar bebida y comida.

Si bien los conocimientos de nuestro personaje son importantes para entender a la materia. No son relevantes para entender la fauna y flora de una selva. En ella existen otras “reglas” de relación biológica que están más allá de las leyes físicas. Tienen otros parámetros y otras reglas.

Cuando se habla de que la vida puede surgir de la materia se esta diciendo que las mismas leyes que son capaces de formar complejidad química son también capaces de formar complejidad biológica. Sin embargo, la complejidad de la vida no es de la misma categoría que la complejidad de un sistema fisicoquímico cualquiera. La complejidad biológica es complejidad computacional y toda complejidad computacional requiere de información conformacional y procesacional.

Los que saben algo de informática habrán notado que los programas tienen 2 partes importantes:

1. La definición de parámetros, es decir la información conformacional.
2. La definición del proceso sobre dichos parámetros, es decir, la información procesacional también conocida como algoritmo.

Pero ningún programa puede procesarse sin un computador, es decir, sin una plataforma física en la cual corra el programa. Yo puedo tener un maravilloso programa en un disco en mi bolsillo, pero si no hallo un computador donde ejecutarlo de nada me sirve. También puedo tener un computador maravilloso, pero sin programa alguno que ejecutar no me sirve para nada salvo como objeto de decoración.

Aquí también encontramos que todo computo precisa de un computador y de un programa. Un automóvil no funciona así. No es un computador porque no reacciona a un programa, sino a una conducción humana. Es el humano quien sabe cómo dirigir el automóvil y el mismo no funciona solo.

Volviendo a la biología vemos que las bacterias, los más sencillos seres vivientes, no se comportan como un automóvil ni como un avión. Ellos funcionan por sí mismos tal como lo hacen los computadores con sus programas. Pero incluso las bacterias van más allá, ya que son capaces de metabolizar, es decir, incorporar materiales del exterior y convertirlos en alimento. Pueden además crecer, y por último, pueden reproducirse. Esta si que es una proeza tecnológica sin paralelo en la tecnología humana.

Lo expuesto nos debe dar una mejor idea de lo que es un ser vivo y su enorme distancia con las estructuras naturales no vivientes por complejas que estas sean. Por ello cuando hablamos del surgimiento de la vida desde la materia estamos hablando del origen de varias cosas no halladas en el mundo natural:

1. Plataforma de computo.
2. Plataforma de almacenamiento de información.(La memoria)
3. Información conformacional y procesacional.

Como se observa, no se trata de soñar que un grupo de polímeros ociosos se juntan por casualidad para formar un ser vivo por simple que sea. Deben hacer 3 cosas:

1. Deben formar una multitud de máquinas multiprotéicas necesarias para procesar la información del programa.
2. Deben formar una plataforma de memoria compuesta de ADN.
3. Deben contener una información precisa y altamente compleja para manejar autónomamente a los sistemas anteriores con capacidad para reaccionar y adaptarse al exterior.

Como podemos evaluar el precio que un sistema natural debe pagar para convertirse en un sistema viviente es prodigiosamente caro.

Ilya Prigogine, ganador del Premio Nobel por sus trabajos de la termodinámica del no equilibrio, evaluó esta situación en una conferencia pronunciada en el fórum filosófico de la UNESCO en 1995 al decir: “Pero todavía queda mucho por hacer, tanto en matemáticas no lineales como en investigación experimental, antes de que podamos describir la evolución de sistemas complejos fuera de ciertas situaciones sencillas. Los retos aquí son considerables. En particular, es necesario superar el actual desfase en nuestra comprensión entre las estructuras físico-químicas complejas y los organismos vivos por simples que estos sean”. (énfasis en negrita añadido)

Para Prigogine el problema consiste en “el desfase de comprensión entre las estructuras físico-químicas complejas y los organismos vivos por simples que estos sean”. Pero dicho desfase no es complicado de entender y es el que se esta planteando aquí. El problema real a considerar es que las leyes fisicoquímicas posibilitan la vida más no la explican. Esta es la causa esencial que explica la frustración de Prigogine. Y siempre que se ignore el precio real a pagar, tal como lo he descrito anteriormente, el fracaso está asegurado.

Pero ahora cabe preguntarnos: Entonces ¿De donde vino esta organización de la materia llamada vida?

Recordemos que para el DI la sola dificultad no es un argumento valido. Lo improbable no es lo mismo que lo imposible. Y aquí lo que evaluamos es la factibilidad de que la vida haya podido surgir por si sola de la materia, es decir, que ello sea siquiera posible.

Pero ello lo veremos en el siguiente post:

EL PRECIO DE LA VIDA III. LOS CONVENIOS

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