El origen de la información cósmica. Parte 8

Cristian Aguirre
Multiverso

EL PRINCIPIO ANTROPICO Y EL MULTIVERSO

En el año 2003 en la Universidad de Case Western Reserve en los EEUU se celebró una conferencia titulada: “El futuro de la cosmología”. Allí se reunieron importantes astrónomos, físicos y cosmólogos esta vez, no para hablar de la materia oscura o del destino del universo, sino principalmente para hablar sobre el significado de la vida en el cosmos.

Si ignoramos lo que la física y la cosmología a descubierto en el último siglo y en especial en los últimos 30 años, podríamos pensar que la presencia de la vida en el universo es un episodio fortuito en el que las propias leyes y constantes físicas no tienen mucho que decir. Se podría afirmar que la vida apareció simplemente porque pudo hacerlo, pero cuando se analiza que condiciones necesita el universo a la luz de los conocimientos actuales para permitir que la vida exista surge entonces el asombro y la perplejidad.

Cuando en el siglo XIX el gran físico James Clerk Maxwell descubrió que la velocidad de la luz no era un valor ad hoc, sino que podía deducirse de sus propias ecuaciones de las leyes electromagnéticas como la inversa de la raíz cuadrada del producto de la permeabilidad magnética por la permitividad eléctrica, supuso una gran hito para la ciencia ya que de este modo ¿No podrían también ser deducidas teóricamente otros valores de constantes físicas que hasta ahora parecen puestas ad hoc? Esta era pues la gran esperanza de Albert Einstein cuando pregunto: ¿Tenía Dios elección de crear este universo? Si podemos encontrar una teoría que explique, tal como la de Maxwell con la velocidad de la luz, el resto de constantes físicas, sería entonces un logro que colmaría las expectativas de muchos científicos que desean un universo del todo predecible y carente de molestas arbitrariedades. Si todo es predecible entonces Dios no tuvo elección y el universo debería desarrollarse de un modo definido porque las propias leyes y constantes físicas así lo canalizan. Sin embargo, este escenario optimista se ha visto frustrado con los nuevos avances y, aunque no se pierden las esperanzas de lograr el sueño de Einstein, se debe sufrir una realidad donde aún tenemos incomodas constantes físicas que no pueden ser deducidas por una teoría aún.

Estas misteriosas constantes físicas, tales como la cantidad de materia del universo, el número de dimensiones y otras más abstrusas, funcionan como los botones de una consola de control que están increíblemente finamente ajustados para permitir la vida. Un ligero giro en un sentido o en otro de cualquiera de estos “diales” podría hacer que todas las estrellas fueran tragadas por agujeros negros o se evaporasen en átomos impidiendo toda posibilidad de vida.

Paul Davies ilustra la precisión del ajuste fino como el disparo de un proyectil lanzado desde el otro extremo del universo hacia un blanco de apenas 2.5 metros de diámetro y que da en el blanco. También sería como esperar que un grupo de baldes de pinturas blanca gris y negra explotara y, como resultado del vertido explosivo de pintura, se dibujara con exquisito detalle la pintura “Guernica” de Pablo Picasso. Ninguno de estos ejemplos parecen mínimamente plausibles, sin embargo, nuestro universo es así de especial.

El hecho de tener un universo tan finamente sintonizado para permitir nuestra propia existencia ha requerido la búsqueda de una explicación científica de carácter naturalista que de adecuada cuenta de él. A dicha explicación se le ha denominado Principio Antrópico. Este principio, como recurso para explicar este “diseño” cósmico sin la invocación a un Dios creador, es el equivalente en cosmología de la selección natural de Darwin en la biología como explicación del “diseño” de los seres vivos. Básicamente pretende decir que el universo parece haber sido “diseñado” para nosotros porque nosotros podemos evolucionar en él si este tiene este “diseño” particular y, por lo tanto, esto no nos debería sorprender. Su alcance concierne principalmente a condiciones locales tales como la distancia orbital a la estrella, su lugar en la galaxia, la presencia de agua, gases y temperaturas adecuadas. A esto se le conoce como el Principio Antrópico Débil.

No obstante, existe una explicación más radical llamada Principio Antrópico Fuerte. En esta, a diferencia del débil, en la cual la vida es el resultado de una configuración de constantes y condiciones locales favorables, concurre la necesidad de una configuración afín a la vida de manera radical, donde esta vez son las mismas constantes y leyes físicas las que están sintonizadas finamente para que pueda existir la vida.

Stephen Hawking en su libro “Una breve historia del tiempo” define así la versión fuerte:

“Las leyes de la ciencia, como las conocemos hoy en día, contienen muchas cifras fundamentales, como la medida de la carga eléctrica del electrón y la proporción de las masas del protón y del electrón. No podemos, por lo menos en este tiempo, predecir los valores de estas cifras por la teoría tenemos que encontrarlos por la observación. Puede ser que un día descubramos una teoría completamente unificada que los pronostique todos, pero también es posible que algunos o todos estos varíen de un Universo a otro Universo o dentro de un Universo singular. El hecho remarcable es que los valores de estas cifras parecen haber sido ajustados muy delicadamente para hacer posible el desarrollo de la vida. Por ejemplo si la carga eléctrica del electrón hubiera sido solo un poco diferente, las estrellas no pudieran quemar hidrógeno y helio, o no explotarían. Por supuesto, podrían existir otras formas de vida inteligente, no imaginadas incluso por los escritores de ciencia-ficción, las cuales no requerirían la luz de una estrella como el Sol o los elementos químicos pesados que son producidos en las estrellas y lanzados al espacio cuando las estrellas explotan. Sin embargo, parece claro que existen relativamente pocas variedades de valores para las cifras que permitirían el desarrollo de cualquier forma de vida inteligente. Muchos grupos de valores darían origen a Universos que, aunque fueran muy hermosos, no tendrían alguien capaz de admirar esa hermosura. Uno puede tomar esto como una evidencia del propósito divino en la Creación y la elección de las leyes de la ciencia o como el apoyo para el principio antrópico fuerte”.

Observemos como al final Hawking define dos alternativas para explicar nuestro sintonizado universo. La primera sería admitir que en efecto el universo es un artefacto, no un accidente, que ha sido diseñado con el propósito de albergar vida por parte de Dios. La segunda, en cambio, es invocada como alternativa necesaria para evadir la primera opción. Esta última opción es, en palabras de Steven Weinberg, físico de la Universidad de Texas y premio Nobel, “una hermosa explicación ateísta de por qué las cosas son tan bonitas como son”. Sin embargo, como señaló también, la situación es similar a la de una persona que, en un torneo de póquer, recibe una escalera real de primeras. “Podría ser casualidad”, dijo, “pero hay otra explicación: Vamos a ver ¿No será que nuestro amigo es el organizador del torneo? Pero eso nos lleva hacia el argumento de la religión”.

En la misma conferencia de cosmólogos celebrada en la Universidad Case Western Reserve en 2003 en la cual Weinberg dijo estas palabras, David Gross, director del Instituto Kavli para Física Teórica de Santa Bárbara, California, manifestó su insatisfacción por las incomodas implicaciones del Principio Antrópico como antípoda del sueño de Einstein de poder predecirlo todo. Él dijo: “Atribuir los parámetros de la física a simples casualidades o a caprichos del tiempo cósmico resulta derrotista y desalentador para que la gente emprenda los difíciles cálculos que en realidad explicarían por qué las cosas son como son. Además, es peligroso”, declaró entre un estruendo de aplausos, “Huele a religión y a diseño inteligente”.

Stephen Hawking es su reciente libro “El gran Diseño” hace descripción más detallada de la sintonía fina implicada en el principio antrópico fuerte:

“Hoyle escribió: “No creo que ningún científico que examinara la evidencia dejara de llegar a la conclusión de que las leyes de la física nuclear han sido diseñadas deliberadamente con respecto las consecuencias que producen en el interior de las estrellas”. En aquella época no se sabía suficiente física nuclear para comprender hasta qué punto resultaba asombrosa la coincidencia de dichas leyes físicas exactas. Pero al investigar la validez del principio antrópico fuerte, en años recientes los físicos se empezaron a preguntar cómo hubiera sido el universo si las leyes de la naturaleza fueran diferentes. Actualmente podemos fabricar ordenadores que nos digan cómo depende el ritmo de la reacción del proceso tiple alfa de la intensidad de las fuerzas fundamentales de la naturaleza. Esos cálculos muestran que una variación de tan solo 0,5 por 100 en la intensidad de la fuerza nuclear fuerte o de un 4 por 100 en la fuerza eléctrica destruiría casi todo el carbono o casi todo el oxígeno en cualquier estrella y, por lo tanto, la posibilidad de vida tal como la conocemos. Si se cambian las reglas de nuestro universo sólo un poco, ¡las condiciones necesarias para nuestra existencia dejan de cumplirse!

Examinando en el ordenador los modelos de universo que se generan cuando hacemos ciertos cambios en las teorías de la física, podemos estudiar metódicamente los efectos de esos cambios. Resulta que no son sólo las intensidades de la fuerza nuclear fuerte y de la interacción electromagnética las que están ajustadas a nuestra existencia. La mayoría de las constantes fundamentales que aparecen en las teorías están ajustadas con tanta precisión que si su valor cambiara aunque sólo fuera ligeramente el universo sería cualitativamente diferente, y en la mayoría de los casos resultaría inadecuado para el desarrollo de la vida. Por ejemplo, si la otra fuerza nuclear, la fuerza débil, fuera mucho más débil, todo el hidrógeno del universo primitivo se habría convertido en helio y por lo tanto no habría estrellas normales; si fuera mucho más intensa las supernovas no lanzarían su envoltura externa al explotar y por lo tanto no sembrarían el espacio interestelar con los elementos pesados que necesitarían los planetas para producir vida. Si los protones fueran un 0,2 por 100 más pesados decaerían en neutrones y desestabilizarían los átomos. Si la suma de las masas de los tipos de quarks que constituyen un protón se modificara en tan sólo un 10 por 100, la abundancia de los núcleos atómicos estables de que estamos formados sería mucho menor. De hecho, la suma de las masas de esos quarks parece optimizada para la existencia del mayor número posible de núcleos estables”.

Luego de explicar por qué que las órbitas elípticas estables requieren de estrictamente 3 dimensiones espaciales y como con más dimensiones espaciales no podrían existir los átomos tal como los conocemos prosigue diciendo:

“La emergencia de estructuras complejas capaces de albergar observadores inteligentes parece ser muy frágil. Las leyes de la naturaleza forman un sistema extremadamente bien ajustado, y las leyes físicas se pueden cambiar muy poco sin destruir la posibilidad del desarrollo de la vida como la que conocemos. Si no fuera por una serie de intrigantes coincidencias en los detalles precisos de las leyes físicas, parece que no hubiera podido llegar a existir ni los humanos ni formas de vida semejantes las que conocemos.

La coincidencia de ajuste fino más impresionante se refiere a la llamada “Constante Cosmológica” de las ecuaciones de Einstein de la Relatividad General. Tal como hemos dicho, en 1915, cuando formuló su teoría, Einstein pensaba que el universo era estático, es decir, ni se expandía ni se contraía. Como la materia atrae a la materia, introdujo en su teoría una nueva fuerza “antigravitatoria” para contrarrestar la tendencia del universo a colapsarse sobre sí mismo. Esa fuerza a diferencia de las demás fuerzas, no procedía de ninguna fuente en particular, sino que estaba incorporada en la misma fábrica del espacio-tiempo. La constante cosmológica describe la intensidad de dicha fuerza.

Cuando se descubrió que el universo no era estático, Einstein eliminó la constante cosmológica de su teoría y la consideró el disparate más grande de su vida. Pero en 1998, observaciones de supernovas muy distantes revelaron que el universo se está expandiendo con un ritmo acelerado, un efecto que no es posible sin algún tipo de fuerza repulsiva que actúe por todo el espacio. La constante cosmológica fue resucitada. Cómo ahora sabemos que su valor no es cero, queda por despejar la cuestión de por qué tiene el valor que tiene. Los físicos han ideado argumentos que explican cómo podría surgir debido a efectos mecano-cuánticos, pero el valor que calcula es unos ciento veinte órdenes de magnitud (uno seguido de 120 ceros) mayor que su valor real, obtenido de las observaciones de supernovas. Ello significa que o bien el razonamiento utilizado en el cálculo es erróneo o bien que existen otros efectos que se anulan milagrosamente entre sí salvo en una fracción diminuta del número calculado. Lo que sí es cierto es que si el valor del constante cosmológica fuera muy superior al valor que tiene, nuestro universo se habría despedazado antes de que las galaxias se hubieran podido formar y –una vez más- la vida tal como la conocemos sería imposible”.

¿Por qué ante este panorama tanto Gross como muchos otros físicos y cosmólogos sienten una considerable aprensión y repudio para con el Principio Antrópico fuerte?

Ello obedece simplemente a que esta sintonía fina infiere con claridad que el universo contiene parámetros arbitrarios que están sumamente afinados a un fin funcional y ello es un indicador evidente de diseño. En los artefactos diseñados la solución funcional útil no es producto de un juego de búsqueda exhaustiva de soluciones posibles, sino es más bien producto de CONOCIMIENTO APLICADO PARA ELEGIR LA SOLUCIÓN MAS ADECUADA. Eso es diseño. De este modo la sintonía fina que presenta nuestro cosmos como artefacto no sería otra cosa que la expresión de CONOCIMIENTO CÓSMICO aplicado en su origen como fruto de una creación inteligente. Y ello es obviamente una idea metafísicamente aborrecible e inaceptable para los naturalistas.

No obstante, como el ingenioso Ulises, los naturalistas han hallado una solución sumamente ingeniosa para salvar al universo de las indeseables consecuencias de ser un diseño deliberado. Esa solución se llama Multiverso.

Un multiverso es un escenario donde no hay un único universo, sino una vasta pluralidad de ellos y donde los mismos podrían tener no sólo distintos parámetros, sino también distintas leyes. Si este universo tiene los parámetros y leyes precisas para permitir la vida no sería fruto de un diseño puesto que existirían muchos otros universos que pueden ser parecidos o muy diferentes y que en su abrumadora mayoría no son capaces de soportar la vida. De este modo seríamos los afortunados premiados del gran juego de lotería cósmico y en dicho caso no nos debe sorprender que nuestro universo este finamente ajustado para la vida ya que si no fuera así no existiríamos para constatarlo.

El cosmólogo británico Martin Rees dice lo siguiente con relación a la propuesta del Multiverso:

“Los cosmólogos encontraron una respuesta al problema del ajuste perfecto. Es simple y elegante. Solamente requiere de fe tan profunda como cualquier creencia religiosa. Si nuestro planeta no está solo, si está entre billones de planetas que orbitan billones de estrellas, en cientos de billones de galaxias dentro de nuestro universo, ¿podrá nuestro universo ser igualmente uno de muchos?”

Hawking en su libro “El Gran Diseño” dice al respecto:

“La idea del multiverso no es una noción inventada para justificar el milagro del ajuste fino, sino que es consecuencia de la ausencia de límites y de muchas otras teorías de la cosmología moderna. Pero si es verdad, reduce el principio antrópico fuerte al débil, al situar los ajustes finos de las leyes físicas en la misma base que los factores ambientales, ya que significa que nuestro habitad cósmico actualmente la totalidad del universo observable es tan solo uno entre otros muchos, tal como nuestro sistema solar es uno entre muchos otros. Ello quiere decir que de la misma manera que las coincidencias ambientales de nuestro sistema solar fueron convertidas en irrelevantes al darnos cuenta de que existen miles de millones de sistemas planetarios, los ajustes finos en las leyes de la naturaleza pueden ser explicados por la existencia de miles de millones de universos. Mucha gente a lo largo de los siglos ha atribuido a Dios la belleza y la complejidad de la naturaleza que, en su tiempo, parecían no tener explicación científica. Pero así como Darwin y Wallace explicaron cómo el diseño aparentemente milagroso de las formas vivas podía aparecer sin la intervención de un Ser Supremo, el concepto de multiverso puede explicar el ajuste fino de las leyes físicas sin necesidad de un Creador benévolo que hiciera el universo para nuestro provecho”.

El físico británico Leonard Susskind autor de un reciente libro titulado: “Paisaje cósmico: La teoría de cuerdas y la ilusión del Diseño Inteligente” también expone su alivio, sobre cómo el Multiverso resuelve la inferencia de diseño que involucraría el principio antrópico aplicado a un solo universo:

“Tenemos un mecanismo natural para explicar la razón de existir de toda la diversidad que existe allá fuera, eso elimina la necesidad del ajuste perfecto que algunas personas desearían porque dirían que existe un supervisor. No precisamos de un supervisor”.

Hawking tiene razón cuando dice que el Multiverso no fue inventado para solucionar el ajuste fino, de hecho es una idea que procede de varias teorías científicas.

La primera idea surge del físico Richard Feynman en las primeras décadas del siglo XX cuando la naciente física cuántica entra en escena. En la física clásica había habido una acalorada controversia entre Isaac Newton y Christiaan Huygens sobre la naturaleza de la luz. Para el primero la luz tenía naturaleza corpuscular y para el segundo era ondulatoria. Más adelante en el siglo XIX el físico Thomas Young realizó experimentos que probaron que la luz tenia naturaleza ondulatoria, pero Einstein con su efecto fotoeléctrico resucito la naturaleza corpuscular de la luz. Esto se resolvió finalmente con De Broglie que finalmente estableció que la luz tiene naturaleza dual, es decir, es corpuscular y ondulatoria al mismo tiempo. El experimento clásico para evaluar esta disputa es el experimento de la doble rendija. En el mismo la luz debe formar luego de atravesar las rendijas un patrón de interferencia. No hay nada sorprendente en encontrar un patrón de interferencia cuando aplicamos un chorro de fotones o electrones. Lo interesante del caso, y lo que ejemplifica el misterio de la física cuántica, es que dicho patrón también aparece cuando hay un solo fotón o un solo electrón. Esto significa que el fotón, por ejemplo, debería pasar pon ambas rendijas para formar el patrón de interferencia. A diferencia del mundo macroscópico donde vemos que los objetos siguen trayectorias definidas, en el micro-mundo cuántico las cosas no suceden así. Werner Heinsemberg descubrió el, amargo para Einstein, principio de incertidumbre en el cual se establece que no se puede saber al mismo tiempo la posición de una partícula subatómica y a la vez su momento (cantidad de movimiento). Esta incertidumbre hace nebulosa la ubicuidad de partículas tales como los fotones o electrones. En este escenario, y en relación al experimento de la doble rendija, lo que estableció Feynman es que la partícula no toma un único camino, sino TODOS LOS CAMINOS POSIBLES simultáneamente. Al cálculo de este cumulo de trayectorias se llamó suma de Feynman de historias. Esto significa que la partícula no solo atraviesa una rendija, sino que atraviesa también la otra y realiza muchas más trayectorias que pueden ser totalmente exóticas, mas la sumatoria de todas las fases exóticas tienden a cancelarse quedando una sumatoria próxima a una trayectoria newtoniana. ¿Qué tiene esto que ver con el multiverso? Pues que una forma de interpretar esto es que cada trayectoria, incluidas las más exóticas representa el comportamiento de la partícula en un universo distinto.

Esta interpretación es similar a la interpretación de Hugg Everett en 1957 de la incertidumbre cuántica. Cuando los físicos hacen una observación que al final define donde se encuentra un electrón, que por el principio de incertidumbre no puede ser localizado con precisión ya que presenta más bien una nube de estados probables superpuestos, acontece lo que se conoce como colapso de la función de ondas. Para los físicos de la llamada escuela de Copenhage esto supone que la conciencia humana como observador interviene para definir la localización final del electrón que podría haber aparecido en otro lugar dentro de la nube de probabilidad. Una nube de probabilidad significa que el electrón está en varios lugares al mismo tiempo y que cuando es observado colapsa por causa del observador en un lugar concreto. Para Everett la solución no era que el electrón colapsa para un lugar determinado dentro de una pluralidad de otras posiciones posibles, sino que colapsa eligiendo un universo de muchos otros existentes. La incertidumbre no está pues en que tenemos un universo con una nube de probabilidad, sino que tenemos una nube de muchos universos en los que están representadas todas sus posibilidades cuánticas. Sobre esta solución de los multimundos de Everett se dijo que era barata en hipótesis, pero cara en universos.

Otra teoría que también contempla el surgimiento de muchos universos es la propia teoría inflacionaria de Alan Guth en la cual las fluctuaciones del falso vacio pueden estar produciendo continuamente nuevos universos burbuja completamente desconectados del nuestro. Por último la teoría de cuerdas también admite soluciones para muchos universos en la asombrosa cantidad de 10^500.

Todas estas posibilidades teóricas, ninguna probada hay que decirlo, permiten acudir a la pluralidad de universos como salida al problema de la sintonía fina. Sin embargo, todas ellas asumen en gran medida que las soluciones matemáticas superpuestas dentro de un espacio de búsqueda o espacio de fases, es decir, todas las soluciones que tienen una probabilidad de ocurrir, pero que no necesariamente tienen que ocurrir, representan soluciones físicas reales y que ocurren todas ellas en distintos universos. Este controvertido problema de la mecánica cuántica se conoce como el problema de la medida y en ella la tesis de los muchos universos es solo una de varias posibles soluciones tales como: Copenhague, muchos universos, decoherencia por el entorno, historias consistentes, onda piloto y finalmente la nueva teoría con R objetiva. (Quienes quieran profundizar en estas tesis les recomiendo leer el capítulo 29 del libro de Roger Penrose “El camino a la realidad” también pueden ver una exposición rápida aquí ).

¿Qué tan seguros están los científicos con relación a la existencia real del multiverso? Hay definitivamente opiniones encontradas, pero por lo menos Martin Rees está dispuesto a apostar la vida de su perro y el cosmólogo Andrei Linde incluso su propia vida por la existencia real del multiverso. Weinberg sin embargo, para quien el principio antrópico no es santo de su devoción, no dice que está dispuesto a apostar su propia vida ni la de su perro, pero sí que está dispuesto a apostar la vida de Linde y la del perro de Rees.

Supongamos ahora que la tesis del multiverso se probara más allá de toda duda, la tesis de ausencia de frontera Hartle-Hawking (con la trampita de usar tiempo imaginario porque si usa tiempo real reaparece la singularidad) fuera también probado así como el origen inflacionario por fluctuación del falso vacio que hace casual y no planificada la ignición cósmica. Demos absoluta validez a todos los intentos naturalistas de evadir el diseño del universo como absolutamente probados. No los discutiremos ya que ello no es necesario y menos aún conveniente. Cabe ahora preguntarnos:

¿Realmente resuelve el multiverso la inevitabilidad de la inferencia de diseño aplicado a nuestro cosmos?

Para los entusiastas de esta idea lamento decir que no. De hecho este es uno de los argumentos “envenenados” que al final se vuelven en contra de su primera aplicación. El propio cosmólogo Martin Rees lo reconoce al decir:

“Habiendo levantado la posibilidad de otros universos, los cosmólogos comenzaron a pensar sobre cómo serían y mientras pensaron, descubrieron que la lógica había armado una nueva trampa, la idea del multiverso los había puesto en un camino que los llevó de nuevo hacia un creador”.

Y para asombro de la audiencia finalmente dice:

“Al buscar una explicación alternativa a las explicaciones religiosas sobre nuestra creación, los cosmólogos revelaron una posibilidad que parece increíblemente similar. Un ser todopoderoso, omnipotente y súper inteligente. Una entidad cuyos motivos son inescrutables y cuya existencia es imposible demostrar”.

¿Estará delirando Rees? ¿Por qué dice eso? ¿O quizás estaba haciendo méritos para ganar el premio Templeton que finalmente le fue concedido hace poco?

No seamos mal pensados, realmente lo que Rees quiere decir es totalmente lógico y ha estado siendo evidente desde el principio de los tiempos como sería evidente un enorme elefante dentro de una habitación donde hay un hombre aplanado que fue aplastado por el mismo, pero los investigadores ignorando al elefante se devanan los sesos buscando explicaciones naturalistas a por qué yace muerto y aplastado el cadáver de la habitación, y ello porque, emulando a Gross, eso “huele a religión y a diseño inteligente”.

En el siguiente post analizaremos como el multiverso y otros argumentos envenenados traicionan miserablemente a sus patrocinadores naturalistas.

Referencias:

1. Stephen Hawking. Historia del Tiempo.

2. ¿Hay múltiples universos o este tuvo suerte? Diario El País. 05/11/2003 http://elpais.com/diario/2003/11/05/futuro/1067986801_850215.html

3. Stephen Hawking. El Gran Diseño. Editorial Crítica 2010

4. Roger Penrose. El Camino a la Realidad. Editorial Debate 2008

8 Respuestas para El origen de la información cósmica. Parte 8

  1. En verdad me bendice mucho su artículo. Entiendo que el movimiento DI no pretende promover la creencia en ninguna deidad en particular, no obstante sus publicaciones y estudios me han dado la certeza de que no somos un accidente fortuito y que realmente Existe un ser todopoderoso que le dió un propósito a nuestra vida. Soy cristiano y por varios años he leído acerca de las inconsistencias de la teoría darwiniana vigente y créanme que meditando en sus artículos cada día me convenzo más de que no estaba equivocado y que lastimosamente muchos tienen entenebrecido su entendimiento a causa de sus prejuicios ateos y naturalistas.
    Muchas gracias por sus valiosos aportes, Dios les bendiga y espero que sigan con su excelente labor.

  2. “Ello obedece simplemente a que esta sintonía fina infiere con claridad que el universo contiene parámetros arbitrarios que están sumamente afinados a un fin funcional y ello es un indicador evidente de diseño”

    Lo cual, no tiene ninguna validez a menos que se demuestre que los parámetros han sido afinados a un fin funcional: o sea, el fin existía antes que los parámetros. No veo que vaya ser muy sencillo demostrar tal cosa. Vuelvo a esto al final.

    Hay dos cuestiones relevantes a este tema:

    1) Usualmente se habla del ajuste, de la sintonía fina de este universo. Pero ¿qué hay si comparáramos este universo con todos los que sería posible diseñar para un ser con la capacidad de diseñar universos?

    ¿Es nuestro universo realmente tan complejo y elaborado como para ser digno de ser diseñado por un ser capaz de diseñar universos? ¿Y si semejantes seres fuesen capaces de hacer universos muchísimo mejores?

    Es lógico pensar que si pudiéramos estudiar un gran número de universos diseñados, podríamos estudiar sus características, y evaluar si el nuestro está a la altura de ellos. Cosa que en principio nos resulta imposible. Primera traba.

    Podríamos, entonces, imaginarnos diferentes universos, posibles con modificaciones de los parámetros de este universo. Esto también trae problemas. Por empezar, nuestra capacidad intelectual está, según creo YO, que soy un “soberbio intelectual”, muy lejos de alcanzar la capacidad intelectual de un ser capaz de diseñar y ejecutar universos. Estamos MUY LEJOS de poder imaginarnos esos “otros universos posibles” con nuestra mente. Aún manteniéndonos en la simple alteración de parámetros de este universo conocido, es extremadamente difícil que realmente podamos contemplar TODAS las posibilidades que surgen de esos cambios paramétricos. De hecho, Carl Sagan planteaba lo común que es que los artistas que imaginan seres extraterrestres le atribuyan rasgos terrestres, destacando que estamos “atrapados” en nuestro marco de referencia. ¿Podríamos imaginarnos un universo radicalmente diferente del nuestro, con diferentes leyes físicas, con diferentes componentes?

    Desde un punto objetivo, estamos muy lejos de poder hablar seriamente de una “sintonía fina”.

    2) Pero podemos considerar un punto de vista subjetivo: el principio antrópico. Por ejemplo, las propiedades del universo son perfectas para que el universo sea como es. Eso debe significar algo.

    Pero, luego, ¿las leyes del universo han sido diseñadas para que el universo sea como es, o el universo es como es debido a las leyes que lo rigen?

    Sólo hay una forma de zanjar esta incógnita: probar que alguien determinó que el universo sea así. Que hay una intención de algo o alguien.

    Lo que nos lleva a que hay que encontrar a ese algo o alguien, y luego encontrar la forma de consultar sus intenciones, lo que lleva a una búsqueda imposible.

    Así, toda esta cuestión del principio antrópico es un mero loop argumental. La sintonía fina es un mero adorno; no hay forma de verificar que realmente el universo está afinado a un propósito. Lo cual no implica que sea o no sea así. Es simplemente que no hay forma de comprobarlo y cada uno puede creer lo que quiera. Pero tratar de demostrar lo acertado de una creencia es innecesario.

  3. Guillermo, en el próximo post se van a tratar temas que deben contestar muchas de tus preguntas. En cuanto a que no se puede hablar seriamente de sintonía fina, que es un mero adorno y que el principio antrópico es un mero loop argumental, los lectores podrán elegir entre creerte a ti o creer a los físicos y cosmólogos que he citado. Me imagino a los organizadores y participantes de la conferencia de cosmólogos de la Case Western Reserve, muchos de los cuales han escrito libros sobre este tema, la cara que pondrían frente a alguien que, como tú, les diga tan campante que han venido a hablar de un mero loop argumental y de un adorno.
    Nos vemos en el próximo post.

  4. Cristian:

    No se trata de creerle a nadie: es analizar la cosas objetivamente.

    Planteemos un ejemplo simple. Uno podría decir que Dios evidentemente favorece a la cultura de ascendencia europea por sobre la mayoría, sino todas, las culturas aborígenes americanas, ya que aquella dominó a estas. Estaríamos razonando con el principio antrópico.

    Pero en el enfrentamiento entre una cultura con el poderío militar y económico de la cultura europea y culturas con las características de las culturas aborígenes americanas ¿hay otro resultado posible?

    La cultura europea sometió a las americanas nativas, ¿porque Dios lo quería de antemano, o simplemente porque era más fuerte?

    No podemos saberlo A CIENCIA CIERTA (porque nadie puede saber lo que Dios quiere). Uno puede creer lo que quiera al respecto. Pero como nadie puede saberlo a ciencia cierta, uno tiene que creerse a uno mismo.

    Lo mismo pasa con el principio antrópico. No hay nadie, por más sabio que sea, que pueda saber a ciencia cierta que antes de que este universo fuese lo que es, alguien o algo quería que así fuese. Entonces, todos, absolutamente todos, estamos igual de capacitados para opinar al respecto. Todos sabemos tanto como se puede saber al respecto: no lo sabemos.

  5. “La cultura europea sometió a las americanas nativas, ¿porque Dios lo quería de antemano, o simplemente porque era más fuerte?”

    No. Porque el hombre siempre ha tenido libre albedrío. Ser “mas fuerte” no justifica someter a nadie.

  6. Fernando:

    Esquivar la pregunta no es debatir.

    ¿Usted puede asegurar, usted puede SABER a ciencia cierta, si fue el libre albedrío del ser humano o si fue decisión de un ser superior?

  7. Hola yo opino que hay muy buenas razones para creer en el principio antrópico como muestra de diseño y propósito de un intelecto ordenador previo, a diferencia de científicos ateos como Victor J Stenger entre otros que difieren con este principio tachándolo de ignorante o postulando alternativas como la posible existencia de otras leyes físicas, creo que esto no es un problema de que existan más leyes físicas o combinaciones posibles, esto es un asunto de ORDEN en las constantes! El universo tubo un propósito al igual que lo tiene un plato de comida concreto hecho por un cocinero. Que existan muchas otras recetas o ingredientes no quita el propósito del plato concebido por el cocinero, para mi es bastante simple imaginarlo, el orden milimétrico en las leyes físicas de un universo que provee la vida basada en carbono no se debe a la benevolencia de las propias leyes físicas o a una auto necesidad previa ya que estas surgen de una caótica explosión. Cuando se juntan los núcleos de hidrógeno y helio para formar berilio y la resonancia que permite un tercer átomo de helio para crear carbono no se debe a la benevolencia del hidrógeno, ni de la gravedad, ni de las estrellas ya que estas de por sí no tienen ninguna necesidad, solo dependen de las partículas pre-existentes no de las causantes! El punto es el siguiente; podríamos considerar que la ciudad de Nueva York es el resultado de la caída de una bomba atómica con los parámetros finamente ajustados en la cantidad de creación de materia y orden arquitectónico, entropía, etc… pero no seria una conclusión muy satisfactoria considerando que una explosión no es benevolente ni tiene necesidades, más lo mismo pasa con nuestro universo, cualquier variación en sus leyes físicas determinaría una entropía mayor o menor, pero nada justifica la necesidad de que este universo esté ajustado para la química del carbono ya que, si del universo dependiera, este sería solo un montón de hidrógeno en estado gaseoso o una fluctuación de corrientes electromagnéticas inestables…

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