El nuevo y desconcertante premio de la Fundación Templeton

Por Felipe Aizpún

480

Hace pocos días comentábamos las dificultades de los responsables de la Fundación Templeton para hacerse respetar y reconocer entre la comunidad científica. Recordemos que la intención de Sir John Templeton al establecer esta Fundación fue premiar los esfuerzos en el campo científico que de forma más notoria sirvieran para reafirmar la dimensión espiritual de la vida. Pero la comunidad científica es profundamente reacia a que sus esfuerzos puedan ser reivindicados como prueba de una dimensión de espiritualidad que contradiga los valores de materialismo, fisicalismo y cientificismo que orlan el dosel de la entrada a la Academia de la Ciencia.

Saber a quién le será otorgado el premio Templeton, y si servirá para reivindicar valores de naturaleza religiosa, o si el afortunado con la dádiva se sentirá o no avergonzado por tan señalado reconocimiento y aceptará el cuantioso numerario, se ha convertido en una divertida adivinanza.

Pues bien, este año ya hemos salido de dudas y hemos conocido al flamante ganador de la suma de 1,6 millones de dólares, un premio que destaca por su magnificencia ya que incluye, junto al reconocimiento internacional, una suma superior a la del mismísimo premio Nobel. Se trata del astrofísico británico Martin Rees, conocido por sus estudios y aportaciones en torno al origen del Universo. Lo interesante del caso por supuesto estriba en conocer si los trabajos de Rees aportan el tipo de reivindicación de espiritualidad que la Fundación parece requerir o si, de nuevo, y tal como sucediera el pasado año, los huesos del bueno de Sir John van a revolverse de estupefacción en su tumba.

Martin Rees es un científico del más alto nivel y sus trabajos merecen el más profundo reconocimiento por su innegable valor científico. Autor de una docena de libros y cerca de quinientos artículos las investigaciones de este profesor de Cambridge han enriquecido especialmente el campo de la astrofísica de altas energías y de la formación del Universo. Ha gustado siempre de plantear las grandes preguntas, las preguntas trascendentales en torno a la esencia de la materialidad y la dimensión de la realidad, su finitud o la existencia de otros universos alternativos. Pero, cabe preguntarse, ¿han servido los trabajos de Rees para reafirmar la dimensión espiritual de la vida, tal como proclama el objetivo del premio que administra la Fundación?

Rees es un hombre confesadamente agnóstico, un hombre que carece de convicciones religiosas según ha reconocido abiertamente. En su libro “Just six numbers” Rees estudió en profundidad el “ajuste fino” de nuestro Universo, es decir, la improbabilísima conjunción de valores de las constantes del Universo que hacen posible la vida en nuestro planeta. Como es sabido, si alguno de estos valores fuese sólo muy ligeramente diferente la vida tal como la conocemos resultaría inviable. Pues bien, en este libro Rees sostiene que este ajuste fino no debe de tomarse como una huella de diseño y que si bien no resulta razonable reivindicarlo como un evento fortuito (demasiado azar no parece razonable) tampoco considera adecuado explicarlo como el acto de un ente creador. Entonces, Mr Rees, ¿qué explicación nos ofrece? Muy sencillo, la invocación de la idea del multiverso, la existencia de un número infinito de universos alternativos que harían posible lo que resulta infinitamente improbable de por sí. Tal como declaró recientemente en una entrevista, la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de universos alternativos tienden a poner en cuestión la centralidad del ser humano en el cosmos y pondrían en un buen aprieto a nuestros teólogos.

En definitiva, la invocación del multiverso tiene por objeto, a partir de la invención sin base científica alguna de una alternativa puramente especulativa y que se escuda en su imposible verificabilidad, desechar la contundente apariencia de diseño en el cosmos. De la misma manera, el año pasado, el premio Templeton recayó en el inefable Francisco Ayala, cuya cruzada ferviente de los últimos años ha incidido en el mismo tema pero en el otro campo estrella de la ciencia que trata de nuestros orígenes, la biología. Ayala, ha reivindicado por encima de todo, y en especial en su famoso trabajo “Design without designer” que la apariencia de diseño en los seres vivos es un puro espejismo y que el gran valor de la aportación científica de Darwin consiste precisamente en la justificación de la complejidad de la vida como un hecho fortuito que no precisa recurrir a una instancia causal inteligente.

En definitiva, tanto Ayala como Rees han destacado por rechazar abiertamente la necesidad de recurrir a una explicación no naturalista de la realidad, y por lo tanto son ejemplos que contradicen frontalmente los requisitos aparentemente instituidos por el multimillonario promotor de la Fundación que lleva su nombre para dar cauce, no nos olvidemos, a sus profundas inquietudes religiosas.

Vaya por delante nuestro reconocimiento a las contribuciones científicas de Rees de las que nos congratulamos muy sinceramente; pero déjennos que valoremos sus hallazgos libres de auto-limitaciones que obedezcan a prejuicios metafísicos naturalistas. Nos quedamos con sus descubrimientos y sus contribuciones al avance del conocimiento científico, pero no necesitamos sus interpretaciones metafísicas que trascienden el ámbito de su especialidad. En cuanto a la Fundación Templeton, no nos queda sino desear que utilicen su esplendidez en causas que lo merezcan más justificadamente; hay suficiente necesidad en el mundo en donde los responsables de la Fundación podrían emplear sus recursos sirviendo mejor a las preocupaciones filantrópicas de Sir John Templeton.

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
David L. Abel y las tres categorías de causalidad

Por Felipe Aizpún Hace poco traíamos a colación en esta página la idea del filtro explicativo de Dembski, como una...

Cerrar