El nuevo artículo de Paul Davies sobre la Información y el Origen de la Vida (I)

Felipe Aizpún

La información como referencia

PDavies1Paul Davies es uno de los más respetados miembros de la comunidad científica de nuestro tiempo, y uno de los que más insistentemente se ha ocupado del estudio del problema crucial de los orígenes, tanto desde una perspectiva cosmológica (véase su libro “La mente de Dios”) como por lo que se refiere al origen de la vida (“El quinto milagro”). Como es bien conocido, Davies es un funámbulo intelectual que ha puesto de manifiesto de manera brillante la insuficiencia de los modelos materialistas para explicar la realidad, pero que no ha caído nunca en la tentación de hacerlo apuntando a una solución trascendente. Caminando siempre sobre el filo de la navaja, su estudiada ambigüedad le ha valido la condescendiente amistad de unos y otros, le ha permitido ser agraciado con el generoso premio de la Fundación Templeton por un lado, y le ha abierto las puertas a publicar sus muy valiosos trabajos en todo tipo de editoriales o ser acogido por instituciones de muy diverso talante ideológico.

El caso es que Davies ha vuelto sobre uno de sus temas favoritos, el origen de la vida, en esta ocasión en coautoría con Sara Imari Walker, del NASA Astrobiology Institute, en un artículo que acaba de ser hecho público titulado “The Algorithmic Origins of Life”. El artículo resulta de gran interés, aunque como sucede a menudo, no lo es tanto por lo que sostiene, que difícilmente se puede catalogar de original, sino por la personalidad de quien lo respalda. Dicho de otra forma, cuando lo que abiertamente proclama ahora Davies ha sido defendido por autores afines al movimiento del Diseño Inteligente, han sido ninguneados y vituperados con saña; sin embargo, cuando quien lo dice es un respetado científico de la categoría de Davies, muchos se ven compelidos a mirar para otro lado y tratar de correr un tupido velo sobre la escena. En todo caso el trabajo, dividido en un resumen, siete secciones y una conclusión, merece ser analizado con detenimiento y da pie a numerosas y profundas reflexiones que me atrevo a compartir con nuestros amables lectores.

El resumen inicial no deja lugar a dudas sobre la naturaleza del mensaje: la vida queda definida por su dimensión más característica, la información que controla y gobierna los procesos dinámicos y agentes de los seres vivos. No sólo eso, el control informacional de los mismos se encuadra en una forma de causación descendente (“downward causation”, o “top-down causation”) en el que los niveles de organización superiores en la jerarquía de complejidad de los vivientes (célula, tejido, órgano, organismo) determinan el destino de los acontecimientos que tienen lugar a niveles inferiores.

La información como dato de la realidad viene siendo una referencia de interés en la labor de Davies en los últimos tiempos. En 2010 presentó como editor y coautor el volumen de Cambridge University Press titulado “Information and The Nature of Reality”, en el que los diversos trabajos de una buena colección de eminentes intelectuales aportaban sus puntos de vista sobre tan importante cuestión; la información como elemento constitutivo de la realidad ha venido para quedarse. Sin embargo, captar de forma más o menos lúcida qué significa exactamente que la información se nos haga presente como un dato de la realidad es algo complicado. De la misma forma que en su momento resultó problemático entender el verdadero sentido del concepto de energía como un dato que añadir al concepto tradicional de materia en el lenguaje de la física, ahora, comprender cuál es el papel de la información como factor explicativo de lo real exige, cuando menos, algunos apuntes previos.

La primera nota distintiva de la información es su “inexistencia” como ente físico, su imposible reducción a manifestación alguna del sustrato material del cosmos. La información es un dato de la realidad que no es en modo alguno intrínseco a cualquier objeto físico o relación que pueda representar. Es decir, existe una distinción ontológica radical entre cualquier objeto físico y su eventual contenido informacional. La información es un valor inmaterial que descansa sobre un soporte material.

En segundo lugar es preciso recordar que el concepto relevante de información, por lo que a la biología se refiere es el de información semántica, es decir, un contenido informacional que implica un valor o un significado que no depende de la estructura material del objeto en el que tal información se manifiesta. Es costumbre, en el ámbito del discurso materialista, pretender reducir el concepto de información al mero concepto cuantitativo propio de la teoría de la información de Shannon, con el objeto de evitar las problemáticas consecuencias filosóficas que su valor semántico trae aparejadas. Pero esta pretensión es absolutamente insostenible. Lo que caracteriza, o mejor aún, lo que revela el carácter informacional de (pongamos por caso) una cadena de bases nitrogenadas no es la especificidad en sí de la secuencia y el hecho de que tal secuencia identifica una serie concreta de entre las muchas posibles, sino el valor funcional de la secuencia a la luz de su carácter semántico en virtud del código genético y el contexto del organismo al que pertenece. La información es, por tanto, “algo” en relación a otra cosa diferente de sí misma, su naturaleza es eminentemente intencional, es decir, referida a una realidad ajena, una forma de determinación de la realidad que pone en relación evidente dos “mundos” independientes.

El valor semántico de la información, por lo que a los seres vivos se refiere, está por lo tanto inextricablemente unido al carácter de eficacia causal de dicha información, es decir, a su carácter prescriptivo o instruccional. Las secuencias de nucleótidos encierran un poder causal, no por sí mismas o por su constitución físico-química, sino en virtud de su pertenencia a un sistema de interpretación, traducción y respuesta, asociado o dependiente de su contenido informacional.

Una vez aclarada esta perspectiva podemos ya meternos en el corazón del mensaje que Davies pretende transmitirnos en su artículo, la necesidad de adoptar un enfoque informacional si queremos abordar con un mínimo de garantías de éxito el problema del origen de la vida. Los estudios a este respecto han venido adoptando en las últimas décadas dos perspectivas alternativas: la que propugna la prioridad en la formación de los procesos metabólicos como distintivo de las formas originarias de vida (“metabolismo primero”) y posterior adquisición de capacidades hereditarias por un lado, y la que pretende la formación primigenia de los recursos genéticos y hereditarios (“genética primero”) como prioridad sobre los procesos metabólicos más ampliamente desarrollados con posterioridad. Como es bien conocido, ninguna de las dos perspectivas ha sido capaz de proporcionar una propuesta satisfactoria que haga plausible un hipotético itinerario naturalista desde la materia inanimada hasta los primeros organismos vivos tal como los conocemos.

Lo que denuncia Davies en su trabajo es que todos los esfuerzos emprendidos, desde cualquiera de las dos perspectivas abordadas, adolecen de un defecto crítico, y es que afrontan el problema de la vida desde la perspectiva de los procesos físico-químicos que constituyen la base observable de la conducta agente de los vivientes y dejan de lado el carácter informacional que prescribe y gobierna dichos procesos. Estas perspectivas se inscriben obviamente en un modelo explicativo de la realidad de tipo reduccionista y mecanicista en el que solo las causas eficientes se postulan como elemento de justificación de la realidad. Así, los seres vivos no serían otra cosa que el producto final de una evolución química, de manera que los organismos vivientes se explicarían por la sucesión de reacciones químicas necesarias para conformar primero los bloques de la vida y posteriormente permitir que los mismos se hubiesen ido agregando hasta constituir sistemas dinámicos como los que conocemos.

Los intentos de hacer creíble un proceso de esta naturaleza han resultado hasta la fecha infructuosos. El enfoque denominado “genética primero”  propone un escenario en el que los primeros compuestos prebióticos se habrían “organizado” en torno a moléculas de ARN que presentarían una doble capacidad, tanto de almacenar información genética como de favorecer en tanto que catalizadores, determinadas reacciones químicas propias de los procesos de la vida. Tal como ya es sabido, tal escenario resulta enormemente problemático, por lo que a una eventual evolución química se refiere en los orígenes de la vida por muchos motivos que el actual conocimiento científico ha puesto de relieve; así por ejemplo, por la dificultad enorme de sintetizar algunos polímeros esenciales para la vida en las condiciones ambientales de la Tierra primitiva o la tendencia a una rápida degradación por hidrólisis de los polímeros de ARN.

Pero lo más relevante, apunta Davies en su artículo, es que la información genética contenida en las secuencias de los polímeros, carece por completo de significado, y por lo tanto de eficacia causal, fuera de su contexto natural, es decir, fuera de un entorno imbuido de mecanismos metabólicos capaces de interpretar y expresar dicha información. La perspectiva mecanicista propia de este primer modelo se desentiende por tanto por completo del problema esencial de cómo la información prescriptiva es procesada en el seno de la célula que actúa como un todo. Un sistema monomolecular (ARN) no sería lógicamente consistente con la organización del flujo de información en los sistemas vivientes ya que no permitiría la separación del almacenamiento de información por un lado y el procesamiento de la misma por otro, lo que constituye un rasgo distintivo de todas las formas de vida conocidas.

El otro enfoque reduccionista (“metabolismo primero”) postula un mecanismo para el origen de las formas vivas basado en la mayor facilidad de síntesis de los compuestos  fundamentales de los procesos metabólicos tales como lípidos, péptidos, compuestos sulfato-ferrosos etc. En condiciones prebióticas, la información inherente a estos sistemas no sería de tipo digital o secuencial sino que estaría dispersa en los patrones de ensamblaje de las moléculas contenidas en el sistema. Este modelo resulta enormemente problemático también dado el carácter inestable de los patrones organizativos del sistema y la dificultad para garantizar su carácter hereditario. Como consecuencia, este tipo de sistemas carecerían de la capacidad adaptativa que requieren los procesos evolutivos que se suponen a las formas vivientes que conocemos.

En definitiva, lo que Davies nos propone es la necesidad de afrontar el enigma del origen de la vida desde un enfoque “algorítmico”, en donde la transición desde lo inanimado a lo animado representaría, sobre todo, la emergencia de una nueva estructura causal definida por el control informacional de los procesos de la vida. En sus propias palabras, “una transición a un estado en el que la información algorítmica adquiriese una eficacia causal (dependiente del contexto) sobre la materia”. Esta afirmación resulta especialmente significativa si recordamos los trabajos, ampliamente comentados en esta página, del profesor David Abel, y en especial su libro “The First Gene”. Davies no hace sino recoger el principio fundamental que preside los trabajos de Abel, el principio de prioridad del formalismo sobre la fisicalidad (F>P por sus siglas en ingles). Abel ha contribuido muy notablemente a poner de manifiesto el carácter ineludiblemente cibernético de los procesos de la vida en los que rige el principio formulado por él de la siguiente manera: “El formalismo no solo describe, sino que precedió, prescribió, organizó y continúa gobernando la fisicalidad”.

Este principio, que ahora Davies claramente adopta en su discurso sin citarlo, tiene una importancia fundamental en el debate sobre los orígenes. Como el artículo comentado explica, nos conduce a un cambio radical en el enfoque del problema, en el sentido de que lo que debe ser explicado no es tanto el soporte material de la vida (el hardware) como el elemento formal (el software) que la gobierna. Así por tanto, mientras en el enfoque sobre el aspecto material hace comprensible la búsqueda de itinerarios mecanicistas que pretendan describir el origen de la vida como un proceso en términos de causas eficientes y por lo tanto la emergencia de la vida como una sucesión de etapas descriptible mecánicamente, el enfoque del software nos alerta de que, cualquiera que haya sido el mecanismo implicado en el origen de las primeras formas vivas, el formalismo en ellas imbuido no permite una distinción por etapas del fenómeno.

Las perspectivas “metabolismo primero” o “genética primero” resultan inadecuadas, pero no solo por razones técnicas, sino por profundas razones conceptuales. Ambas perspectivas descuidan la naturaleza dinámica (algorítmica o instruccional en palabras de Davies, prescriptiva en palabras de Abel) de la información biológica como fuente de control y gestión (y por lo tanto como elemento causalmente eficaz) en los sistemas de los seres vivos. El desafío por lo tanto, para una narrativa naturalista de los orígenes de la vida, consiste en explicar cómo, sistemas de control basados en información instruccional, emergieron a partir de la mera dinámica físico-química de conglomerados moleculares. (continuará)

6 Respuestas para El nuevo artículo de Paul Davies sobre la Información y el Origen de la Vida (I)

  1. Wooow.. Impresionante, por supuesto que el origen de la información no es una cuestión físico química, debido a la simbiosis holistica de que absolutamente todo en el sistema informático de nuestro organismo repercute de forma dimensinal y no exclusivamente de forma unilateral o (de abajo hacia arriba) aunque bueno,, negación y más negación por parte de los refractores del D.I. para no variar….
    Muchas veces, incluso como se puede encontrar en wikipedia
    http://es.wikipedia.org/wiki/Falacia_de_Hoyle
    usan como excusa lo de que las celulas tambien han evolucionado gradualmente de simples a complejas me gustaria que demostrasen como, pero bueno…

    Esuché una conferencia de Leguizamón: Entorno al origen de la vida se llama
    http://www.ivoox.com/origen-vida-audios-mp3_rf_350874_1.html
    donde trata las imposibilidades de la abiogenesis a nivel fisico químico con una extraordinaria presentación.

    Por cierto muy agudo eso de llamar a Davies un funambulista intelectual yo tambien opino lo mismo de el. Un saludo! Y don’t stop the party! Estoy impaciente por la segunda parte!

  2. En el comentario de otro artículo Cayetano me atribuye una “mala interpretación” de lo que dice el artículo de Davies comentado. Me parece grave. Quiero avanzar algunas cosas para los lectores interesados en el tema.
    1. El artículo de Davies viene ofrecido en un link de mi post para quien desee leerlo. Mis atribuciones a Davies son, como hago siempre, exactas y literales. Lo que dice Davies en este artículo es de gran interés y de ahí esta serie que voy a dedicarle.
    2. Mi serie constará de 5 post que se irán sucediendo en las próximas semanas. En ella explicaré en primer lugar lo que sí ha dicho Davies y mis atribuciones serán siempre concretas y literales, no son interpretaciones.
    3. Hay algunas manifestaciones de Davies con las que discrepo y argumentaré mis opiniones al respecto.
    4. Hay algunas manifestaciones de Davies que apuntan perspectivas o interpretaciones del conocimiento científico actual de gran importancia, pero que Davies menciona sin desarrollar o profundizar, como cuando dice que lo que ahora sabemos pone en cuestión las propias teorías evolucionistas al uso, consagra la acusación descendente (top-down causation) como un rasgo distintivo esencial de los seres vivos o apunta a implicaciones filosóficas de gran importancia.
    5. Por tanto yo he desarrollado algunas de estas implicaciones filosóficas y las ofrezco al lector como aportaciones personales sin atribuirle a Davies nunca más de lo que ha dicho.

  3. A Cayetano le han preguntado su opinión y ha dicho que sin leer el articulo no puede opinar pero que su prejuicio es que debe ser una mala interpretación, pero, por supuesto, tampoco descarto que Davis esté equivocado.

  4. El artículo de Davies parece que ya está empezando a dar un poco de guerra.
    La edición digital de The Guardian ha publicado este domingo un suelto del propio Davies explicando las líneas principales de su trabajo
    http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/jan/13/secret-life-unveiled-chemistry-lab

    Claro que esto no puede sino disgustar profundamente a los celosos guardianes de la ortodoxia darwinista, así que uno de sus más conspicuos representantes, Jerry Coyne se ha apresurado a salir al paso con un post en su página web.
    http://whyevolutionistrue.wordpress.com/2013/01/14/paul-davies-chemistry-and-the-origin-of-life/

    Lo que dice Coyne al respecto se resume en tres puntos.
    1. Que no se ha leído el trabajo de Davies
    2. Que en cualquier caso lo que dice en el suelto de The Guardian no se entiende muy bien
    3. Que en todo caso (y aquí coincide con Cayetano Ripoll) está seguro de que Davies está equivocado.

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