El Evolucionismo y el criterio de falsabilidad de Popper

Por Felipe Aizpún

Muy frecuentemente se suscita la discusión en torno al carácter científico y a la posibilidad de falsación de las propuestas evolucionistas, o a las propuestas del DI que contradicen el evolucionismo darwinista de la “moderna” teoría sintética.

Se trata de una cuestión, a mi juicio, no siempre bien comprendida que da lugar a debates enconados y a menudo perfectamente estériles; vale la pena recapitular algunas de las claves de tan importante asunto.

Existen básicamente dos tipos de disciplinas científicas diferenciadas. Por un lado las ciencias experimentales; por otro, las ciencias históricas. Para una explicación rigurosa de esta diferencia y de las implicaciones epistemológicas de la misma véase el excelente artículo de Carol E. Cleland: “Metodological and Epistemic Differences between Historical Science and Experimental Science”.

Las ciencias experimentales se ocupan de la realidad en cuanto a cómo son las cosas, de qué están hechas, cómo cambian… En definitiva se ocupan de aspectos accidentales de la realidad que pueden ser sometidos a investigación y escrutinio experimental. Un prototipo de las ciencias experimentales es la física y el estudio de las leyes que rigen el Universo material que nos alberga. El método de razonamiento lógico que corresponde a estas disciplinas es la inducción, es decir, el establecimiento de reglas o normas generales a partir del conocimiento de los eventos particulares por medio de la experiencia. Este método nos permite definir reglas o leyes y diseñar experimentos críticos que pueden confirmar o falsar las hipótesis imaginadas.

Las ciencias históricas por su parte nos intentan explicar los procesos de cambio ocurridos en el pasado, sus mecanismos y sus causas. Pertenecen a esta clase de disciplinas científicas la Geología, la Cosmología de los orígenes, la Paleontología o la Biología evolutiva. Estas disciplinas investigan el pasado a partir de los restos o huellas que nos han llegado hasta la actualidad. A diferencia de las ciencias experimentales no se desarrollan por el método de razonamiento inductivo sino por el razonamiento hipotético o abducción; éste no consiste en proponer reglas generales a partir de datos concretos sino en imaginar causas o hechos acaecidos en el pasado capaces de explicar o justificar los efectos que experimentamos en el presente.

El criterio de falsabilidad de Popper ha experimentado en las últimas décadas un reconocimiento excesivo como criterio de demarcación científica contra el que es preciso precaverse. Este criterio, como es sabido, propugna que el carácter o valor científico de una propuesta reside en su capacidad para poder ser falsada a través de la verificación empírica. En realidad este criterio solamente opera de forma plenamente consistente en relación a las ciencias experimentales, es decir, en relación a las propuestas que pueden enfrentarse a un experimento crítico que habrán de superar para confirmar o para refutar la teoría. Una insuficiente comprensión de las diferencias entre ambas clases de disciplinas científicas llevó a muchos, entre ellos el mismo Popper, a propugnar la falta de carácter científico de la Teoría de la Evolución, ya que no podía ser contrastada experimentalmente. Aunque Popper corrigió sus afirmaciones al respecto devolviendo a tan importante teoría el reconocimiento de su valor científico no es evidente que hubiera comprendido plenamente la razón de su error. Esa razón no es otra que el abuso que habitualmente se hace del valor y significación de su famoso criterio de demarcación.

Las disciplinas de carácter histórico por su propia naturaleza no pueden valorarse por el criterio de falsabilidad. El método abductivo nos invita a realizar hipótesis que no pueden ser directamente sometidas a un experimento crítico y ello tiene dos consecuencias importantes. La primera es que la verificación de las teorías de origen hipotético sólo puede hacerse mediante la constatación de condiciones o consecuencias accesorias, es decir, de forma indirecta. Cuando verificamos una consecuencia que implica necesariamente la causa imaginada, es cuando podemos obtener el mayor grado posible de verificación. Si verificamos la existencia de humo, podemos inferir su causa en el fuego. Un ejemplo paradigmático de verificación indirecta es el hallazgo de la radiación cósmica de fondo que consolidó la hipótesis del Big-bang como la propuesta más razonable en torno al origen del Universo. La segunda consecuencia es que el grado que certeza que podemos tener en torno a las hipótesis históricas es necesariamente mucho menor que la que nos proporciona el método inductivo en relación a las ciencias experimentales, y por supuesto infinitamente menor que la que nos proporciona el método deductivo del silogismo lógico propio de las matemáticas finitas, por ejemplo.

Eso hace que la pretensión imperiosa, tan cacareada y ampliamente difundida, de que se reconozca a la hipótesis evolutiva el rango máximo de certeza, como a la ley de la gravedad, o el grado de evidencia propio de la redondez de la Tierra deba ser seriamente rechazada. O bien nos limitamos a entender por hecho evolutivo un concepto tan amplio y ambiguo como el “cambio en el tiempo” de las formas vivas, o si pretendemos entender por evolución, la transformación de unas especies en otras y la ascendencia común única de todas las formas vivas, entonces tendremos que conceder el alto carácter especulativo de las hipótesis involucradas en la propuesta; un carácter especulativo que no implica la falta de verosimilitud, sino la imposibilidad de la certeza.

Asociado al criterio de falsabilidad, a menudo se pretende que el carácter científico de una propuesta se refiere a su capacidad para hacer predicciones; se dice por ejemplo que la teoría de la Evolución “predice” el hallazgo de tal o cual fósil, o que el DI “predice” el hallazgo de funcionalidad en el ADN “basura”. Creo que a menudo se utiliza el término predicción de forma incorrecta. En mi opinión, sería más acertado restringir el término predicción para los experimentos críticos de falsación propio de las ciencias experimentales y dejar para las ciencias históricas el reconocimiento de su método específico de trabajo con un estudio riguroso de las condiciones, circunstancias y limitaciones propias del razonamiento hipotético o abductivo, tal como lo desarrollara a finales del siglo XIX el notable filósofo norteamericano, impulsor de la lógica y la semiótica, Charles Sanders Peirce.

2 Respuestas para El Evolucionismo y el criterio de falsabilidad de Popper

  1. La distinción entre ciencias experimentales y ciencias históricas es totalmente arbitraria y sólo se encuentra en la literatura pro-creacionista, incluido el Diseño Inteligente.

    El poder predictivo de una teoría se refiere simplemente a qué deberíamos observar en la realidad si lo que afirma la teoría es correcto; es completamente irrelevante si se trata de un evento futuro, como un eclipse, o un evento pasado, como la ausencia de mamíferos en el cámbrico o incluso un evento presente, como la distintancia genética esperada entre los organismos actualmente existentes.

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