El Diseño Inteligente y el Origen de la información Biológica. La Explosión Cámbrica. Parte 11

Stephen C. Meyer, Marcus Ross, Paul Nelson, y Paul Chien

5. EL DISEÑO INTELIGENTE Y EL ORIGEN DE LA INFORMACIÓN BIOLÓGICA

Hemos argumentado que los dos más extendidos mecanismos materialistas para la generación de la forma biológica no son causalmente suficientes para producir los discretos aumentos de complejidad especificada o información que pudieran haber sido necesarios para producir los nuevos animales cámbricos. Pero ¿Los agentes inteligentes tienen poderes causales suficientes para producir tales aumentos de información, ya sea en forma de secuencias específicas de líneas de código o jerárquicos arreglos de sistemas de partes? Evidentemente, si lo tienen.

En primer lugar, sabemos que los agentes humanos inteligentes tienen el poder de producir secuencias lineales específicas de arreglos de caracteres. En efecto, la experiencia confirma que la información compleja especificada de este tipo habitualmente surge de la actividad de agentes inteligentes. Los agentes humanos pueden generar líneas de software ricas en información y texto. Además, cada vez que nos encontramos con secuencias lineales específicas de matrices de información y rastreamos su fuente, invariablemente llegamos al modo de pensar de un programador o escritor. En su ensayo, “El ADN y el Origen de la Vida: Información, Especificación, y Explicación”, Meyer señala que “nuestra experiencia basada en el conocimiento del flujo de información confirma que los sistemas con grandes cantidades de complejidad especificada (especialmente los códigos y los lenguajes) invariablemente se han originado a partir de una fuente inteligente, es decir, de una mente o agente personal.” Claramente, los agentes inteligentes tienen los poderes causales para generar nuevas líneas de secuencias de caracteres ricas en información. Para citar a Henry Quastler de nuevo, la “creación de nueva información está habitualmente asociada con la actividad consciente.”121 La experiencia enseña esta evidente verdad.

Además, los agentes inteligentes tienen justo aquellos poderes necesarios que la selección natural carece, como condición de su adecuación causal. Recordemos que en varios puntos de nuestro análisis anterior, la selección natural no tiene la capacidad para generar información nueva precisamente porque sólo puede actuar después de haber surgido la nueva información funcional. La selección natural puede favorecer nuevas proteínas y genes, pero sólo después de que estos proporcionen alguna función. El trabajo de generar nuevos genes funcionales, proteínas y sistemas de proteínas se redujo, en cambio, a generar mutaciones hechas completamente al azar. Sin embargo, sin criterios funcionales para guiar una búsqueda a través del espacio de secuencias posibles, la variación aleatoria es probabilísticamente impotente. Lo que se necesita no es sólo una fuente de variación (es decir, la libertad de búsqueda de un espacio de posibilidades) o un modo de selección que puede funcionar después de efectuado un éxito de búsqueda, sino más bien un medio de selección que (a) opere durante una búsqueda-antes del éxito-y (b) sea informado por el conocimiento de un objetivo funcional.

La demostración de este requisito ha venido de una fuente poco probable: los algoritmos genéticos. Los algoritmos genéticos son programas que supuestamente simulan el poder creativo de la mutación y la selección. Richard Dawkins y Bernd Kuppers Olaf, por ejemplo, han desarrollado programas informáticos que supuestamente simulan la producción de la información genética por mutación y selección natural.122 Sin embargo, como muestra Meyer en su ensayo, “El ADN y el Origen de Vida: La Información, Especificación, y Explicación” estos programas sólo tienen éxito en el expediente ilícito de proporcionar al equipo con una “secuencia diana” y luego tratar la proximidad relativamente mayor a la función futura (Es decir, la secuencia diana) y no a la función presente como un criterio de selección. 123 Como David Berlinski ha argumentado, los algoritmos genéticos necesitan algo parecido a una “memoria de futuro” para funcionar.124 Sin embargo, una tal selección previsora no tiene análogo en la naturaleza. En biología, donde la supervivencia diferencial depende del mantenimiento de la función, la selección no puede ocurrir antes de que surja la nueva secuencia funcional. La selección natural carece de previsión.

¿De qué carece la selección natural? De selección inteligente, es decir, lo que el diseño ofrece. Los agentes pueden organizar la materia con objetivos distantes en mente. En su uso del lenguaje, los agentes humanos inteligentes de forma rutinaria también “encuentran” secuencias funcionales altamente aisladas e improbables dentro de un vasto espacio de combinaciones posibles. El análisis del problema del origen de la información biológica expone una deficiencia en los poderes causales de la selección natural que corresponden precisamente a los poderes que se sabe únicamente poseen los agentes. Los agentes tienen previsión. Los agentes también pueden seleccionar objetivos funcionales antes de que existan. Se pueden diseñar o seleccionar los medios materiales para cumplir con los objetivos de entre una serie de otros estados posibles y luego actualizar esos objetivos de acuerdo con un diseño preconcebido y en conjunto independiente de los requisitos funcionales. Los poderes causales que la selección natural carece, casi por definición, están asociados a los atributos de la conciencia, la racionalidad y la inteligencia intencional. Así, mediante la invocación de un diseño inteligente para explicar el origen de la nueva información, los teóricos del diseño no están proponiendo un arbitrario elemento explicativo desmotivados por la consideración de la evidencia. Por el contrario, están proponiendo una entidad con precisamente los atributos y poderes causales que el fenómeno en cuestión requiere como condición de su producción y explicación.

En segundo lugar, los altamente específicos arreglos jerárquicos de las partes en los planes corporales animales también nos hablan de diseño. En todos los niveles de la jerarquía biológica, los organismos requieren específicos y altamente improbables arreglos de componentes de bajo nivel con el fin de mantener su forma y función. Los genes requieren arreglos específicos de bases de nucleótidos, las proteínas requieren disposiciones específicas de aminoácidos; los nuevos tipos celulares requieren específicos arreglos de proteínas y sistemas de proteínas; los nuevos planes corporales requieren de arreglos especiales de tipos de células y órganos. Los organismos no sólo contienen componentes ricos en información (tales como proteínas y genes), sino también constan de arreglos ricos en información de estos componentes y de los subsistemas que los componen.

Con base en la experiencia, se sabe que los agentes inteligentes humanos tienen, en virtud de su racionalidad, conciencia y previsión, la capacidad de producir arreglos de partes ricas en información en las que tanto módulos individuales y también arreglos jerárquicos de esos módulos muestran la complejidad y funcionalidad especifica de la información así definida. Los transistores, resistencias y condensadores individualmente poseen una considerable complejidad y especificidad de diseño; en un nivel superior de organización, su específica organización y su conexión dentro de un circuito integrado refleja más diseño. Los agentes humanos conscientes y racionales tienen, como consecuencia de sus poderes como agentes, la capacidad de organizar las piezas en patrones jerárquicos funcionalmente especificados. Además, no conocemos ningún proceso no dirigido que tenga esta capacidad. Ciertamente, tenemos buenas razones para dudar de que sea el mecanismo de mutación/selección o los procesos de auto-organización los que puedan producir tales jerarquías y estructuras ricas en información. En cambio, explicar el origen de la información biológica (a cualquier nivel) requiere poderes causales que únicamente se asocian con la actividad consciente y racional, con causas inteligentes, no con meros procesos naturales o mecanismos materiales. Por lo tanto, basados en nuestra experiencia y en el análisis de los poderes causales de los diversos procesos explicativos y entidades, podemos inferir la actividad de un determinado agente de diseño (con potencias racionales no muy diferentes de las de los seres humanos inteligentes) como la mejor y más adecuada causalmente, explicación para el origen de la información especificada necesaria para construir los animales del Cámbrico. En otras palabras, el diseño inteligente explica mejor la información Cámbrico.

Próximo post: La Disparidad Morfológica precede a la Diversidad: El patrón de aparición de Arriba hacia abajo.

N. del T.: Una más extendida exposición sobre los Algoritmos Genéticos puede verse en los siguientes post de este blog:

Los Algoritmos Genéticos y el Diseño Inteligente
Los Algoritmos Genéticos y la Evolución Horizontal
Los Algoritmos Genéticos y la Evolución Vertical

Referencias en este post:

121. Quastler, Emergence, 16.
122. Dawkins, Blind Watchmaker, 47–49; Bernd-Olaf Kuppers, “On the Prior Probability of the Existence of Life,” in The Probabilistic Revolution, ed. Lorenz Kruger et al. (Cambridge: MIT Press, 1987), 355–69.
123. Stephen C. Meyer, “DNA by Design: An Inference to the Best Explanation for the Origin of Biological Information,” Rhetoric and Public Affairs 1, no. 4: 532–33; Stephen C. Meyer, “The Explanatory Power of
Design: DNA and the Origin of Information,” in Dembski, Mere Creation,127–28; Paul Nelson, “Anatomy of a Still-Born Analogy,” Origins and Design 17, no. 3: 12.

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