El DI y los Mecanismos II

Por Mario A. Lopez

En mi última entrada definí un mecanismo como “una técnica, proceso o sistema que logra algún resultado.” En otros términos, un mecanismo es el medio por el cual se produce un efecto o un propósito se lleva a cabo. Noten bien en la definición que los adjetivos implican que un mecanismo, como una máquina (de donde proviene la palabra), no necesariamente requiere intervención externa durante su funcionamiento. Además, como una máquina, un mecanismo procede como una regularidad en sus procesos ya determinados. Ahora, al proponer que un mecanismo “logra un resultado” no intento argumentar sobre alguna causa primaria, sino mi interés es solo de confrontar la pregunta sobre los mecanismos y la “apariencia” de diseño que supone explicar.

Consecuentemente, cuando se habla de un mecanismo, uno no se refiere a un elemento o componente individuo, sino a un conjunto o ensamblaje de componentes que funcionan para producir algún efecto. Así, un mecanismo no es ni materia, ni las leyes fisicoquímicas que contiene, sino el conjunto de ambas cuya interacción produce algún resultado. Por ejemplo, una mutación es el efecto de cambio en el gen que resulta de otros factores (radiación, químicos, errores de replicación, etc.). Según la teoría sintética, las mutaciones aleatorias que producen un cambio beneficioso se seleccionan “naturalmente” para la adaptación y supervivencia de las especies. Este proceso se dice ser el “mecanismo” de la evolución. Así, cambio sobre cambio de una manera jerárquica y gradual originan, supuestamente, nuevas formas corporales.

En la última entrada también escribí un poco sobre el razonamiento filosófico-científico que guía nuestras conclusiones sobre los fenómenos que observamos en la naturaleza. Aquí, pretendo explicar por qué los mecanismos (procesos naturales) fallan como la inferencia a la mejor explicación y también porque la inferencia del diseño inteligente (DI) tiene el mayor poder explicativo en relación al diseño de estructuras funcionales e incluso a las nuevas formas corporales.

Según la ciencia del día, para entender a la maquinaria biológica se requiere saber bastante sobre ingeniería. Esta manera de pensar se ha alentado por los estudios más recientes sobre las estructuras y modularidad de componentes exhibidos dentro de las células.

“Toda la célula puede verse como una fábrica que contiene una elaborada red de un enclavamiento de líneas de montaje, cada uno de los cuales se compone de un conjunto de grandes máquinas proteicas. … ¿Por qué llamamos el ensamblaje de proteínas grandes que subyacen la función de la célula máquinas proteicas? Precisamente porque, como máquinas inventadas por los seres humanos para tratar de manera eficaz con el mundo macroscópico, estos ensamblados de proteínas contienen piezas móviles altamente coordinadas. ”

Bruce Alberts, “The Cell as a Collection of Protein Machines: Preparing the Next Generation of Molecular Biologists,” Cell, 92(February 8, 1998): 291

Para todo esto, un mecanismo requiere tener la habilidad de producir la información necesaria para construir dichas maravillas de ingeniería biológica. ¿Será la evolución  capaz de tal proceso? Veamos.

Lo primero que hay que reconocer es que un mecanismo irregular hiciera imposible realizar predicciones científicas, y además, hiciera imposible reconstruir escenarios o distinguir causas primarias de aquellas provocadas por los mismos procesos aleatorios. En el razonamiento deductivo, cuando buscamos algún proceso para explicar algún fenómeno natural, lo primero que hacemos es de proponer una teoría, después formamos una hipótesis que podremos probar, hacemos observaciones que confirman nuestra teoría, y finalmente confirmamos nuestra teoría con los datos. Nunca laboramos para reconciliar algún proceso aleatorio o alguna ley con el diseño de algún artefacto diseñado por humanos. De la misma manera, un científico siempre va a buscar alguna ley fisicoquímica o afinidad entre los componentes de una estructura que contiene cierto tipo de orden. El orden, la regularidad, nos da cierta ventaja para hacer experimentos, y eso se debe a que las leyes trabajan uniformemente a través de una gama de interacciones fisicoquímicas. Los copos de nieve, los fulerenos, cristales de cloruro sódico (sal), y las columnas basálticas son ejemplos de la bella simetría que puede resultar de un proceso natural. Los mecanismos son sencillos y también predecibles. En contraste, la información biológica no tiene un patrón marcado por el azar ni por la regularidad, sino está al margen de la aleatoriedad (azar) y el orden (leyes), y además logra alguna función. ¿Pero, qué es la información biológica exactamente?

Para aclarar más bien mi posición sobre la información biológica, sería bueno hacer un punto sobre el tipo de información que me refiero cuando escribo sobre la misma. El punto obvio fuera de proponer que la información cualitativa se distingue de la información cuantitativa en su contenido. Así, la Información Shannon (entropía) siempre es una medida de la disminución de la incertidumbre en un receptor (o máquina molecular) y es un ejemplo de información cuantitativa. Aunque este tipo de información puede ser útil para distintos estudios genéticos (como identificar y predecir centros de unión) no puede iluminar nada sobre la codificación de la información semántica que existe en toda la vida. Ahora, la información semántica tiene dos subconjuntos: el descriptivo y el prescriptivo. La información prescriptiva (PI) indica a o produce directamente la función formal. En cambio, la información descriptiva solo ilumina algún efecto, pero no lo produce. Por lo tanto, la descripción debe ser dicotomizada de la prescripción. Esto es importante cuando el tema de la información biológica se somete a una definición materialista que implica que la información es lo mismo que la materia misma. La información biológica no puede ser descriptiva porque es unidireccional, es decir, el flujo de la información semiótica corre del “software” al “hardware” y “prescribe” la función predeterminada en el código. Esto indica que el código se ubica en la materia, pero no es la materia. Pero la ineficiencia físico-dinámica de la naturaleza para producir hasta la información semántica descriptiva se ha demostrado incesantemente desde el origen de la alquimia y la química moderna. Simplemente no hay ningún ejemplo en el cual se ha demostrado que las leyes, el azar, o el conjunto de ambos puedan producir información de este tipo. Por estas razones, mi posición sobre la información biológica es que es prescriptiva y por extensión, el producto del diseño inteligente.

Ahora, quizá esto baste para confirmar la sospecha que la materia inanimada no tiene la habilidad o propiedades emergentes (en términos reduccionistas) que se le atribuye para crear ni siquiera una hebra de química informática y autoreplicante, mucho menos la vida. Pero, ¿Qué tal la evolución? La vida ya contiene procesos, maquinaria para reproducir cambios bioquímicos y jerárquicamente desarrollar innovaciones biológicas. ¿Qué no pueden las variaciones menores construir innovaciones mayores? Mi respuesta es que no.

Incuestionablemente, el problema principal de la síntesis moderna tiene que ver con las distancias morfológicas que se exhiben entre las variedades de especies que existen o han existido en la historia de la vida. El problema se hace todavía más claro en las etapas sedimentarias del registro fósil del periodo cámbrico, donde la emergencia de nuevas formas organismales se manifiestan como un evento repentino y sin gradaciones o series de transiciones anatómicas en las especies fosilizadas. La evidencia de los estratos primordiales demuestra un patrón universal y sin antecedentes que ocuparían el vacio transicional de un organismo a otro. Desde Chengjiang (China) a Groenlandia y de Canadá a Suecia, el registro demuestra que la aparición de nuevas formas es real y no por que el registro es fragmentario como se ha argumentado. Esto implica que la abrupta aparición de nuevas formas anatómicas requiere una nueva programación de los sistemas de adaptación, cuyo ensamblaje requiere también una gama de nuevas maquinas moleculares y instrucciones para llevar acabo todos los procesos en cascada que sostienen a los organismos.  Si la evolución se va a tomar en serio, tiene que explicar tales anomalías sin recurso a extrapolaciones gratuitas de límite particular, y demostrar que el mecanismo evolutivo tiene el poder de diseñar repentinamente y sin recurso al proceso gradualista que mantiene el evolucionismo de la síntesis moderna.

Cuando los neodarwinistas insisten en el gradualismo y tratan de explicar algún mecanismo que según los mismos incrementa la información biológica, siempre dependen de mecanismos que solo incrementan un tipo de información, la información cuantitativa. Pero para incrementar la información prescriptiva se requiere que un sistema adquiera nuevas funciones. Más claro, es posible incrementar  la información cuantitativamente, pero ningún proceso se ha demostrado capaz de introducir nuevas funciones que logren la evolución sucesiva como el neodarwinismo declara. El criterio macroevolutivo requiere que un sistema 1) obtenga más información prescriptiva, 2) que nuevas funciones  se originen sin el sacrificio de otra, 3) y finalmente que la nueva función sea divergente a la original.

Como una computadora moderna, la única manera de adquirir una nueva función es de saturar al sistema con nuevo código que contiene la información necesaria para dicho funcionamiento. No es suficiente hacerle cambios al código existente porque eso es sacrificar otra función. En relación a cualquier sistema que depende de la información, el objetivo es de crear información de novo, y esto no se ha demostrado que es posible a través de leyes deterministas. Las propuestas de la transferencia de genes horizontal, la duplicación cromosómica y la supuesta creación de nuevos genes del ADN no codificante fueran, teóricamente, la solución biológica para adquirir nueva información prescriptiva, pero, como miraran en mi siguiente entrada, estos procesos no lo han logrado.

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