El Darwinismo se topa con la Ciencia

Por Felipe Aizpún

225

La amenaza más importante para la supervivencia del darwinismo es el avance científico. Cuanto más conocemos y más avanzamos en la investigación, más evidente resulta que la simplista propuesta nacida de la intuición puramente especulativa del célebre naturalista inglés carece de soporte científico suficiente. No es de extrañar que de vez en cuando, alguno de sus más conspicuos proponentes se lleve algún que otro revolcón procedente de los científicos que verdaderamente se dedican a hacer ciencia en estado puro y no a especular con conclusiones metafísicas no suficientemente sustentadas en la evidencia.

Eric H. Davidson es un especialista en biología del desarrollo del “California Institute of Technology” donde dirige un Laboratorio orientado al estudio de las redes genéticas que controlan el proceso de desarrollo embrionario y su evolución. Davidson es conocido principalmente por sus trabajos pioneros en el estudio del papel de los genes reguladores en la evolución y la diferenciación celular en el proceso de desarrollo embrionario; en definitiva ha dedicado la mayor parte de su carrera a estudiar y entender la embriogénesis a nivel genético. Es autor de numerosos trabajos y libros así como de un libro de texto sobre el desarrollo embrionario inicial en los animales.

Desde hace más de un siglo conocemos que el material genético contenido en cada una de las células de un organismo pluricelular es, salvo muy escasas excepciones, siempre el mismo. Sin embargo, las células se especializan en funciones diversas para formar órganos diferentes y posibilitar una gran variedad de funciones. De esta forma, la misma información genética va dando paso a sistemas funcionales diferentes y a formas biológicas complejas. Entender este proceso ha sido (y sigue siendo) uno de los más importantes desafíos para la ciencia. Poco a poco hemos ido comprendiendo que la visión exclusivamente gen-centrista del modelo imperante resultaba inadecuada, que la expresión de los genes se activaba o desactivaba según una variedad de mecanismos de regulación espacio-temporal, y que una creciente cantidad de factores de transcripción jugaba un papel de gran relevancia en el proceso.

Este proceso se produce de una manera progresiva y exquisitamente ordenada en el tiempo y en el espacio, aumentando de manera continua la complejidad del embrión. Hay dos procesos fundamentales implicados en la generación de esta complejidad que ocurren de manera simultánea e interactiva: la regionalización del embrión y la diversificación de sus linajes celulares. La agrupación de los distintos tipos celulares generados en su correcta disposición espacial dentro de órganos y tejidos consigue la generación estereotipada de individuos viables y funcionales propios de cada especie.

Los sistemas reguladores del proceso han demostrado ser altamente complejos; no solamente varios factores de transcripción regulan una pluralidad de genes, sino que cada gen recibe impulsos de distintos factores de transcripción, y muchas de estas interacciones suponen además la regulación de los propios genes que operan como factores de transcripción.

El caso es que en un trabajo reciente titulado “Evolutionary bioscience as regulatory systems biology” publicado en “Developmental Biology 2011” Davidson critica con dureza la propuesta neo-darwinista:

“Del primero de estos enfoques (Hoekstra y Coyne 2007) nada tengo que decir puesto que la biología mecanística del desarrollo ha mostrado que sus conceptos fundamentales son ampliamente irrelevantes para el proceso por el que se forma el plan corporal en la ontogenia. Además, hace surgir errores letales en relación al proceso evolutivo. La evolución neo-darwinista es uniformitarista en cuanto que asume que todos los procesos funcionan de la misma forma, tal que la evolución de las enzimas de las flores de colores pueden ser usadas como modelo para el estudio de la evolución del plan corporal. De forma errónea asume que los cambios en la secuencia codificadora de las proteínas es la causa principal del cambio en el programa de desarrollo embrionario, y equivocadamente supone que cambios evolutivos en la morfología del plan corporal ocurren como un proceso gradual. Todas estas suposiciones contradicen la evidencia. Esto no debe sorprendernos ya que la síntesis neo-darwinista, de donde provienen todas estas ideas, era un engendro de biología pre-molecular basado en la genética de poblaciones y la historia natural adaptativa, ninguna de las cuales tiene directa significación en relación al sistema genético regulador que dirige el desarrollo embrionario del plan corporal

Las palabras de Davidson son inequívocamente duras y no se atienen a contemplaciones de ningún tipo. Vienen a recordarnos que la propuesta del modelo neo-darwinista se ha desarrollado enrocada en determinadas preconcepciones que la han hecho incapaz de justificar los episodios principales de los procesos de la vida tales como la aparición de las células eucariotas, la aparición de los organismos unicelulares, la explicación de los distintos niveles jerárquicos de información reguladora de los procesos de acrecimiento de la complejidad embrionaria etc. Probablemente su aportación más emblemática fuese la “deslumbrante” propuesta de que “la ontogenia recapitula la filogenia” y todo ello aderezado con el impagable episodio de los dibujos manipulados de los embriones de Haeckel.

225

En su libro “The Regulatory Genome” (Academic Press, 2006) Davidson hace una recapitulación de los avances científicos de las últimas décadas en materia de embriología y evolución, y en él se ponen de manifiesto la distancia entre lo que nos depara el verdadero conocimiento científico por oposición a modelos explicativos nacidos desde la ignorancia más completa y basados en prejuicios ideológicos. En él el autor nos ofrece principios de regulación genética y aborda el problema de la evolución desde la perspectiva de la conservación y la modificación, no de genes aislados que varían de forma independiente, sino desde el cambio de redes reguladoras en su conjunto. Del comentario realizado a este libro por Igor B. Dawid (Laboratory of Molecular Genetics, Bethesda, USA) extraemos el siguiente párrafo:

“…el autor y sus colaboradores han formalizado la descripción de la información en la regulación genética con el fin de describir toda la maquinaria reguladora responsable del proceso de desarrollo. Esta información basta para explicar porqué los genes reguladores y señalizadores en el ámbito interno de la red se expresan de forma diferente en etapas sucesivas. Por eso explican cómo se controla el proceso de desarrollo…La fuerza de este enfoque reside en la aplicación de una notación formalizada para la interacción genética, lo que permite tratar con sistemas complejos. Algunos lectores podrían desanimarse pensando “es demasiado complicado”. La respuesta es “así es la vida”. Es algo complicado. La perspectiva de redes no la hace lo que es, puede parecerlo porque asume la consideración, idealmente, de todos los genes que intervienen en el proceso en su conjunto, en vez de considerar grupos separados de genes como hacen la mayoría de las publicaciones convencionales.”

Algunas de las enseñanzas de Davidson son de gran interés ya que invalidan muchas de las ideas preconcebidas alimentadas por el paradigma darwinista. Por ejemplo, nos enseña que los genes similares no justifican la existencia de órganos homólogos entre especies; se entiende por órganos homólogos aquellos que se suponen heredados de ancestros comunes. Solamente se podría justificar la existencia de órganos homólogos allí donde módulos de redes genéticas íntegramente conservados garantizan la conservación de interacciones reguladoras entre genes ortólogos. Ello nos obliga a preguntarnos, ¿qué clase de evidencia molecular puede presentarse para concluir que determinados procesos de desarrollo embrionario proceden de un antecesor común?

En realidad se trata de una incógnita bien conocida y nunca resuelta entre nuestra comunidad científica. Como señala Jonathan Wells en “Icons of Evolution” la evidencia de que rasgos supuestamente homólogos en muchas especies se desarrollan en los respectivos organismos mediante itinerarios claramente diferentes de desarrollo embrionario, había sido señalada ya por el biólogo norteamericano Edmund Wilson en 1894, y no ha dejado de ser un dato recordado por numerosos biólogos desde entonces.

El desarrollo embrionario de un organismo pluricelular es un espectáculo de extraordinaria precisión y belleza que revela la existencia de un programa informacional altamente complejo. Las explicaciones simplistas en torno a la emergencia de la información prescriptiva que lo gobierna (azar y necesidad) no son dignas de ser tenidas por propuestas verdaderamente científicas. La sospecha de una causalidad inteligente, la huella clamorosa de diseño, se nos presentan como la inferencia a la explicación más razonable.

Deje una respuesta