El Concepto de Información en Biología (según John Maynard Smith) (3)

Por Felipe Aizpún

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4º ¿cuáles son las respuestas que nos propone JMS?

Pues bien, las respuestas que JMS nos propone no podían ser más decepcionantes. Por un lado recordemos que hemos aceptado la calificación de la síntesis proteica como un evento semiótico. Un evento tal implica la concurrencia de distintos elementos. Por un lado necesitamos un código, luego un codificador (“the coder”, la persona que encripta el mensaje), después un receptor traductor, capaz de decodificar el mensaje, y en el caso de la información prescriptiva, un ejecutor de las instrucciones recibidas. Por lo tanto, reflexionemos, ¿de dónde proviene la información funcional encriptada en el ADN?, ¿quién o qué codifica el mensaje? JMS nos ofrece la siguiente explicación, basada en la analogía con el sistema semiótico de la transmisión de mensajes por el método Morse:

“Cuando se trata de lenguaje humano, el primer codificador es la persona que convierte un mensaje en una sucesión de fenómenos, posteriormente convertidos al código Morse. En biología, el codificador es la selección natural” Y más adelante añade. “el ADN contiene información que ha sido programada por la selección natural. (énfasis añadido)

Por eso, nos dice JSM, un genoma es lo que es; porque millones de años de selección natural han favorecido que dicho genoma prescriba el desarrollo de un organismo capaz de sobrevivir en un entorno determinado. Como consecuencia, añade nuestro autor, “el genoma tiene la base de nucleótidos que tiene porque genera un organismo adaptado”.

¿Sorprendidos? Por supuesto que no. El compromiso naturalista de los grandes sacerdotes de la religión neo-darwinista está tan firmemente enraizado en sus convicciones más profundas que incluso mentes del más alto nivel intelectual como es el caso de JMS, capaces de vislumbrar y entender el misterio de la información como elemento constitutivo de la vida, así como su carácter programático y prescriptivo, cuando llegan al final del razonamiento, cuando se enfrentan al momento de designar la inferencia causal más razonable al origen último de las cosas se ven compelidos a arrojarse en brazos de sus prejuicios y entregarse a la limitación gnoseológica auto-impuesta, como un sacrificio que sus creencias y su fe materialista les exigen. Por eso, se acaban sacando de la manga la cantinela inevitable de la selección natural como consigna obligada que todo lo explica y todo lo justifica para consagrar el carácter naturalista de cualquier interpretación admisible.

No voy a extenderme en la crítica de la propuesta. Cualquier persona medianamente formada puede comprender que la selección natural no es un agente, no es una fuerza, no es una causa eficiente de nada. Nada crea, nada produce ni construye, no diseña ni engendra sistemas funcionales. Sobre su estatus en el discurso racional se ha debatido hasta la saciedad. La selección natural no es sino un constructo intelectual que define, si acaso, un resultado, una consecuencia a posteriori. La selección natural, cualquiera que sea su sentido y función, es un evento que se refiere a la capacidad adaptativa y de supervivencia de estructuras biológicas ya existentes. La selección natural, si algo se puede predicar de ella, actúa sobre organismos o sistemas biológicos cuya existencia y origen precisan una explicación causal. Su capacidad de supervivencia no explica su origen; pretenderlo es una falacia carente de rigor.

Lo chocante del caso es que el propio JMS no deja de ser consciente de la boutade que nos ha largado y es por eso que a renglón seguido añade lo siguiente:

“Este paralelismo podría parecer rebuscado o incluso falso para un no darwinista. Pero es la selección natural la que, en el pasado, produjo la secuencia de bases, de entre muchas posibles secuencias, que a través del canal de información descrito especifica una proteína que tiene un “significado” funcional de modo que favorece la supervivencia del organismo. Donde un ingeniero ve diseño, un biólogo ve selección natural”.

Pero donde se percibe con mayor claridad la falta de consistencia de las respuestas de JMS es en otro pasaje de su trabajo en el que trata de justificar la capacidad de acumulación en el tiempo de manera fortuita de la información necesaria para contener en el genoma de los organismos vivos supervivientes todo el programa informacional necesario para su desarrollo y funcionamiento. Por un lado JMS se refiere aquí a la clásica objeción elevada hace ya décadas por los matemáticos que apoyados en cálculos probabilísticos preconizaron que no ha existido ni de lejos tiempo suficiente en la vida del Universo para generar por azar la complejidad exhibida por los seres vivos. JMS pretende invalidar este argumento con una protesta pueril;

“lo inadecuado de esta afirmación es que aunque suena razonable, nunca nos dicen cuanto más tiempo precisaríamos, ¿el doble, un millón de veces más, o qué?”

JSM protesta que la cantidad de tiempo ha sido suficiente desentendiéndose de los cálculos matemáticos más evidentes que lo cuestionan y nos aporta una reflexión de gran significación:

“…pero esto supone asumir que el genoma contiene suficiente información para especificar la forma del adulto. Esta es una presunción razonable porque es difícil ver, sino, de donde procede la información.”

Recuperamos aquí el hilo de nuestras reflexiones al principio de la serie. Uno de los problemas del paradigma darwinista es que se ha construido sobre el desconocimiento más profundo de los mecanismos de la vida. Hoy día la ciencia nos informa de que los mecanismos de programación y control del desarrollo embrionario podrían sobrepasar claramente el ámbito del genoma. JMS nos aclara que su opinión reacia a admitir una cosa tal no se basa en el conocimiento científico sino en la ignorancia: “is hard to see where else the information is coming from”. Poco a poco, según la ciencia va avanzando resulta cada vez más evidente que la formulación darwinista de la solución a los enigmas de la vida se sustenta únicamente sobre lagunas de conocimiento, y que dichas lagunas han ido sistemáticamente rellenándose con inferencias especulativas y fantasiosas en las que la idea mágica de la selección natural se nos ha ofrecido como un discurso que, precisamente por su carácter inconcreto, abstracto y en términos epistemológicos confuso e indefinido, ha tenido la virtualidad de ofrecérsenos como un expediente difícil de refutar. La solución es tan infalsable como inverificable, su estatus científico carece por completo de rigor, pero ha resultado un discurso enormemente eficaz para sustentar el modelo naturalista asociado a los prejuicios materialistas imperantes y dominantes en el seno de nuestra comunidad científica internacional.

Pero nuestra crítica a la falta de soluciones naturalistas al problema de la emergencia de la información nos obliga a aportar alternativas. Creo que el Diseño Inteligente resulta ser la alternativa más razonable. La aparición en la literatura científica, de forma cada vez más asidua, de la idea de información como elemento constitutivo del Universo parece ser un proceso imparable. La información es un dato detectable, de naturaleza formal, arbitrario en cuanto que establece conexiones de causalidad en procesos que no se explican por las leyes físico-químicas que gobiernan la parte material (materia y energía) de nuestro Universo conocido. El formalismo es además un principio que precede y prescribe la fisicalidad. Podemos decir que es un principio que gobierna y especifica la fisicalidad. La información es un dato concreto susceptible de ser identificado y determinado. El código genético (y el resto de códigos orgánicos) constituyen relaciones unívocas arbitrarias pero concretas y perfectamente identificadas que determinan al mundo físico.

Es importante recordar que la única fuente conocida de sistemas de proceso de información altamente integrados, funcionalmente especificados, y con tecnología suficientemente sofisticada como para incluir sistemas de detección y reparación de errores (como se da en la biología molecular de los organismos vivos) es el diseño inteligente. Esto resulta obvio para cualquier observador libre de prejuicios con una mínima educación y conocimientos en matemáticas y formación en cualquier campo de ingeniería.

No cabe duda de que el reconocimiento de la información como dato constitutivo de la realidad supone la gran revolución conceptual de nuestros días. Además, la información, a diferencia de las leyes físicas que carecen de intencionalidad o de propósito finalista alguno, añade una perspectiva teleológica inevitable. La información es siempre intencional y este carácter intencional se proyecta siempre hacia delante, hacia la búsqueda de un resultado funcional concreto. Dicho resultado funcional exige haber sido previamente ideado de forma que la información como dato de la realidad, surge a su vez como consecuencia de una ideación previa, supone la codificación de un propósito previo. Ideación, finalidad, intencionalidad y gobierno de la fisicalidad; todos estos elementos hacen inevitable que para muchos, la necesidad de una causalidad inteligente en el origen de la vida y de los seres vivos se nos de como la intuición más razonable para explicar el origen de todo lo existente.

En realidad el propio JMS, en su artículo aquí comentado, no puede menos que conceder que dicha especulación no es en absoluto irracional. Retomemos las palabras con las que sentenciosamente nos sitúa en el contexto de su propuesta al inicio del artículo: “donde un ingeniero ve diseño, un biólogo ve selección natural”. Por supuesto por “biólogo” JMS quiere decir “persona que cree en el paradigma neo-darwinista”. La pretensión de JMS de que dos perspectivas racionales, intelectualmente solventes, científicas ambas al fin y al cabo sean capaces de “ver” cosas tan dispares ante los mismos datos de la realidad resulta preocupante. En realidad solamente desde la aceptación previa de compromisos ideológicos tal disparidad de percepciones puede ser explicada. Y termina JMS su artículo con un párrafo revelador:

“En este sentido los genomas tienen intencionalidad. Diseño inteligente y selección natural producen resultados similares. Una justificación de esta opinión es que programas diseñados por los hombres para producir un resultado son similares, y pueden ser indistinguibles, a los programas generados por la selección no intencional”

Sólo que esta apostilla tiene un fallo. Nada justifica el que abracemos ciegamente la convicción de que los programas informacionales capaces de construir organismos vivos de altísima complejidad se han formado solos, de manera fortuita a través del tiempo, como exige el discurso adaptacionista del paradigma neo-darwinista. Precisamente lo que buscamos es la clave y el origen de tan fascinante enigma. Y el propio JMS nos da una clave, tales programas son similares, y a veces indistinguibles, de los programas generados por un diseñador inteligente. Desde luego es para pensárselo.

2 Respuestas para El Concepto de Información en Biología (según John Maynard Smith) (3)

  1. Dice ese neo-darwinista: “programas diseñados por los hombres para producir un resultado son similares, y pueden ser indistinguibles, a los programas generados por la selección no intencional”.
    Pues yo no lo veo así.
    a) La selección natural ha formado cerebros, (al igual que el culo apestoso de las mofetas) para que SOBREVIVAN los más aptos.
    b) Un diseñador inteligente ha formado los cerebros humanos para que capten la VERDAD.

    ¿El resultado es el mismo o similar? Los naturalistas se autorrefutan con esto (y otras cosas). El darwinismo, por tanto no debería enseñarse en clase de ciencias, mejor en el de religion.

  2. En efecto, y tal como señala Creatoblepas (y para los que no conozcan la anécdota) recientemente un famoso darwinista (Jerry Coyne, si no me equivoco) ensalzaba la similitud del proceso de emergencia de novedades biológicas poniendo en igualdad de valor el cerebro humano y el apestoso hedor de las mofetas.
    Hace falta no querer ver el sentido finalista y creativo del proceso evolutivo.

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