El Concepto de Información en Biología (según John Maynard Smith) (2)

Por Felipe Aizpún

225

2º ¿Cuáles son las interpretaciones inevitables de tales datos de la realidad?

Algunos autores influyentes, como el filósofo de la ciencia Mario Bunge, pretenden desechar las analogías de los mecanismos íntimos de la vida con los procesos de comunicación inteligente aduciendo simplemente que se trata de una metáfora inadecuada, rechazando igualmente el uso de términos como transcripción o traducción para describir la construcción de las proteínas a partir de las secuencias genéticas del ADN ya que pretenden que tales procesos se explican únicamente por su naturaleza química. JMS rechaza de plano esta perspectiva y reconoce sin ambages el carácter semiótico del proceso. Los genes, nos dice, son simbólicos, no existe una conexión necesaria entre su forma, es decir, la secuencia que los conforma, y los efectos que produce; el codón CAC codifica por histidina, pero no hay ninguna relación físico-química que así lo prescriba, igualmente podía haber codificado por la glicina.

Para JMS, el hecho de que el proceso se produzca con respeto a las leyes de la química (como por otra parte no podía dejar de suceder), no es algo que explique el evento de forma completa. Se produce sin lugar a dudas un acto de interpretación y existe una relación unívoca y formal entre los diferentes codones y los respectivos aminoácidos por los que codifican. El hecho de que no se trate de un acto de interpretación racional, cognitiva, o intencional no debe impedirnos catalogar el suceso como un acto de interpretación o traducción. Hay información, hay un mensaje, y la secuencia de nucleótidos que componen los genes no son otra cosa que el soporte material en donde el mensaje está encriptado. No lo olvidemos, la secuencia genética no es el mensaje, sino el soporte material del mismo. El valor informacional y de comunicación de dicho soporte material reside por tanto en la disposición de la maquinaria molecular para reaccionar a su encuentro determinando bajo su prescripción la secuencia de aminoácidos que conformará la respectiva proteína.

JMS añade además otra reflexión interesante: “El código genético es inusual, ya que codifica también por la propia maquinaria traductora”. Además, la expresión “translating machinery” merece una atención especial. Por una parte porque supone el reconocimiento del carácter maquinístico de los artilugios moleculares que ejecutan el proceso de síntesis de las proteínas frente a quienes han pretendido rechazar las reminiscencias antropomórficas de un lenguaje que no hace sino reconocer la naturaleza precisa y exacta de los hechos. Por otro lado porque reconoce también el hecho de que nos hallamos ante un evento de naturaleza innegablemente interpretativa; JMS sabe que no se trata de una metáfora. No es “como si” la maquinaria molecular del ribosoma, el ARN de transferencia y resto de moléculas intervinientes interpretaran la información genética contenida en el ADN. El acto de interpretación es indiscutible, dado precisamente el carácter arbitrario y formal de dicha información tal como hemos mencionado. La explicación de dicha capacidad interpretativa, así como la capacidad prescriptiva de la información genética en relación a las moléculas “encargadas” de su interpretación, permanece como un misterio fascinante de imposible elucidación al nivel actual de nuestro conocimiento.

JMS nos señala también que el carácter arbitrario del código genético se extiende igualmente al carácter regulador de muchos genes o de muchas proteínas que actúan como inductores o represores de la expresión de diferentes genes; de tal forma que también el carácter regulador de los mismos y su protagonismo en el proceso de desarrollo embrionario confieren a éste la naturaleza de un proceso dirigido por un programa informacional, según un esquema que no es reducible a explicaciones puramente físico-químicas. JMS no duda en proclamar que en biología molecular, inductores y represores son simbólicos en la terminología de la semiótica, no hay necesaria conexión entre su forma (composición química) y su significado (genes activados o silenciados). Y añade una reflexión debida al biólogo S. Sarkar “La imagen cibernética del proceso de regulación de los genes es del mayor valor explicativo, más que una explicación alternativa puramente fisicalista.”

Finalmente JMS aborda con decisión el problema del carácter de la información en el seno del genoma. Frente a la visión tradicionalmente mantenida por la comunidad científica de acoger exclusivamente la perspectiva de la teoría de la información de Shanon que se desentiende de su significado y se centra en el problema de la definición o concreción de secuencias especificadas y de los problemas de transmisión de la misma, JMS insiste en que el carácter de la información genética es primordialmente intencional. Claro que la intencionalidad de la información es ineludiblemente teleológica; aunque JSM no lo reconozca expresamente no puede evitar conceder que “una molécula de ADN tiene una particular secuencia porque especifica una determinada proteína” Y es que, ¿acaso no sería más exacto decir que tiene una determinada secuencia “para especificar una determinada proteína”? La intencionalidad en definitiva supone la referencia o la proyección hacia algo distinto de sí mismo y es un valor, una significación, que se nos impone a la luz de la evidencia del proceso.

JMS no duda en calificar esa intencionalidad intrínseca de la información contenida en el ADN como de “instrucciones” lo que nos sitúa finalmente en el ámbito de la información prescriptiva, concepto que hemos tratado abundantemente en estas páginas de la mano de su más firme divulgador el profesor David L. Abel. JMS afirma inequívocamente que “en cierto sentido… el ADN y las proteínas son portadores de instrucciones o de un programa para el desarrollo del organismo… y esa información genómica es “significativa” puesto que genera un organismo capaz de sobrevivir en su entorno.”

3º ¿cuáles son las preguntas que inevitablemente nos tenemos que hacer al respecto?

Repasemos los hechos básicos. Las secuencias del ADN contienen información encriptada en la base física de sus secuencias de bases nitrogenadas; esta información prescribe el comportamiento de una maquinaria molecular que ejecuta sus instrucciones para enlazar ordenadamente una secuencia específica de aminoácidos. Esta secuencia se termina plegando para adquirir el carácter funcional que mantiene los parámetros vitales de un organismo. La vida por lo tanto es un evento que depende de la información presciptiva contenida en el genoma. No es de extrañar que el propio JMS se pregunte:

¿If there is “information” in DNA, copied to RNA, how did it get there?

Y también:

¿How does genetic information specify form and function?

En efecto, el gran enigma de la vida no es otro que el origen y la justificación causal de la información que prescribe la fisicalidad de las formas vivas. ¿De dónde surge?, ¿qué la ha hecho llegar hasta aquí?, ¿qué o quien conecta su naturaleza formal con la capacidad de la maquinaria molecular para traducir y ejecutar sus instrucciones?

Pues bien, como dicen los ingleses, “so far so good”. Hasta aquí de acuerdo. Hemos asistido a una exposición por parte de uno de los representantes más conspicuos del neo-darwinismo que en los años finales de su existencia se había adentrado en la comprensión y admisión de una visión semiótica de la vida y de su soporte informacional, que como él mismo reconocía a lo largo de su trabajo suponía la adopción de perspectivas que no todos sus colegas y correligionarios aceptarían de buen grado. Falta por saber si las respuestas a las preguntas inevitables que nos hemos planteado pueden encontrar, desde la posición innegociablemente naturalista de JMS, una solución satisfactoria. (continuará)

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
El Concepto de Información en Biología (según John Maynard Smith) (1)

Por Felipe Aizpún Hace algunas semanas anunciábamos el lanzamiento de un libro editado por Paul Davies y titulado “Information and...

Cerrar