El Azar y la Emergencia de rasgos adaptativos

Felipe Aizpun

La idea de azar es un concepto esencial en el discurso darwinista y tiene innegables connotaciones filosóficas. Como concepto de difícil precisión y de contenido semántico esquivo, ha dado lugar a un interesante intercambio en las páginas de www.evolutionnews.org en los primeros días de este mes de Abril entre los filósofos Alvin Platinga y Jay Richards, lo que nos da pie a algunos comentarios.

El azar como causa aparece en la literatura darwinista de la mano del autor de “El origen de las especies” como un mero recurso retórico para justificar la emergencia de las variaciones observables en la Naturaleza en los procesos de reproducción de los seres vivos. Para Darwin, el azar no tenía mayor significado que la ignorancia de la causa real de tal emergencia; decía que las variaciones se producen de manera fortuita con el único propósito de significar el desconocimiento de la existencia de una causa concreta, si bien es cierto, que en todo momento su intención sería consagrar la teoría de un proceso evolutivo no guiado por otro principio rector que la “mano invisible” de la selección natural.

A lo largo del siglo XX la exaltación de la fe darwinista fue consagrando poco a poco la idea de azar como principio explicativo del proceso evolutivo hasta elevarlo a la categoría metafísica de causa. Tal es el caso por ejemplo de la obra de Jacques Monod, “Azar y Necesidad”:

“…las mutaciones en el DNA son accidentales, que ocurren por casualidad. Y puesto que son la única fuente posible de la modificación genética del DNA como depositario de las estructuras hereditarias del organismo, se sigue necesariamente que sólo el azar es la base de nueva información genética en todo el mundo de la vida. El azar, único, absolutamente libre pero ciego, es la raíz misma del edificio de la evolución”

Pero los excesos nunca son buenos, y este tipo de afirmaciones carecen por complete de rigor intelectual, el azar no tiene realidad ontológica alguna, el azar no puede ser nunca exhibido como un principio causal. El azar no es otra cosa que la invocación de la ausencia de causa, en contradicción con el discurso lógico más elemental. Es por eso que los darwinistas se han visto en la necesidad de ofrecer justificaciones algo más elaboradas sobre el tema. Así por ejemplo Richard Dawkins nos ha dejado reflexiones sonrojantes proclamando en su infausto “The God Delusion” que nunca un biólogo serio había pretendido que el azar fuese la causa de la emergencia de las novedades biológicas y que el honor de tal responsabilidad recaería exclusivamente en la socorrida y vacua idea de la selección natural. La pena es que el propio Darwin en el capítulo 4 de su obra magna dice exactamente lo contrario, pero no es para preocuparse porque en realidad el libro original del gran Darwin no es lectura habitual de las masas a las que Dawkins dirige normalmente sus peroratas.

Otros autores más sesudos han optado por elaborar un concepto de azar más acorde con las circunstancias y las necesidades que es el que a la postre se ha consolidado como eje del discurso del neo-darwinismo oficial. En este concepto han contribuido destacadamente autores como el biólogo Ernst Mayr, sin duda una figura puntera del evolucionismo darwinista del siglo XX, y el filósofo (también marcadamente darwinista) Elliot Sober. Básicamente el concepto de azar así consagrado lo que propone es que no existe una relación de causalidad entre los nuevos fenotipos aparecidos de forma inesperada y las necesidades adaptativas de un organismo en relación a su entorno.

El problema es que una afirmación de esta naturaleza es una afirmación de naturaleza estrictamente filosófica, es decir, de naturaleza “no-científica”. Como sabemos, el paradigma naturalista darwiniano participa de los criterios tristemente generalizados en nuestra intelectualidad de que solo el conocimiento científico es conocimiento verdadero y de que las causas finales y formales deben ser extirpadas del discurso científico y como consecuencia del ámbito del conocimiento racional. Al menos ese es el discurso elemental con el que se pretende rechazar toda propuesta que reivindica la necesidad de una interpretación causal trascendente en relación a los procesos de la vida. Por una parte se rechazan las propuestas del DI por su innegable contenido teleológico y por otro se convierte una idea estrictamente no-finalista y por lo tanto de naturaleza teleológica en el centro de la propuesta del paradigma reinante.

Mi reflexión es muy clara: ¿Cómo podemos pretender que la idea de que las variaciones ventajosas desde un punto de vista adaptativo han ocurrido de forma no orientada sea una idea “científica”? En primer lugar no puede serlo desde la lógica de una concepción puramente mecanicista de la ciencia. En segundo lugar, las conclusiones de naturaleza teleológica solo podrían reivindicarse como forma legítima de conocimiento racional si se pudieran derivar razonablemente a partir de la experiencia. Pero derivar del éxito adaptativo de una variación su carácter no guiado es una contradicción lógica. Hay que recordar que en el proceso compuesto “variación fortuita-selección natural” la selección natural juega un papel difusor de una ventaja ya existente. El carácter de ventaja adaptativa reside desde el inicio en el rasgo novedoso. Proclamar su carácter no condicionado o exento de causalidad en relación a las circunstancias cambiantes del entorno no puede nunca presentarse como un resultado de la evidencia sin incurrir en flagrante contradicción. La idea del carácter fortuito de las variaciones se convierte por lo tanto en un mero prejuicio filosófico.

No es extraño que los prejuicios metafísicos sean malos consejeros y que como consecuencia los nuevos descubrimientos de la ciencia vayan acomodándose difícilmente con los mismos. Hoy día es ya una convicción extendida entre los científicos menos dogmáticos que muchas variaciones emergen, claramente, como respuestas específicas a desafíos del entorno. Además, y como ha explicado de forma contundente James Shapiro, muchas de estas variaciones se producen, no como un evento fortuito sufrido por la célula, sino como una respuesta de ingeniería molecular específica. Es decir, no se tarta de un evento que LE OCURRE a la célula, sino de algo que la célula HACE. Justo lo contrario de lo que exigiría el carácter puramente fortuito del proceso. Pero hay más, cada día resulta más evidente que la idea tradicional del carácter fortuito de las mutaciones favorables estaba sustentada sobre una profunda ignorancia de los procesos íntimos de la vida y que cuanto más conocemos menos verosímil resulta la propuesta. Así se deduce una vez más de un trabajo científico recientemente publicado y del que se hacía eco Science Daily en su edición del 3 de Abril. Traducimos:

Una controversia habitual en biología evolutiva trata sobre si la adaptación a nuevos entornos es el resultado de pequeños cambios en muchos genes o por el contrario de cambio en pocos genes de amplio efecto. Un nuevo estudio publicado en Molecular Ecology apoya fuertemente la primera de estas hipótesis.

Andrew Hendry, profesor del departamento de Biología de la Universidad Mc Gill y del Redpath Museum, y genetista evolutivo en la Universidad suiza de Basilea ha estudiado la adaptación de un mismo pescado espinoso (threespine sticleback) a la vida en lagos o en corrientes fluviales en British Columbia. Los autores han utilizado métodos punteros de análisis genómico para comprobar las diferencias genéticas en miles de posiciones (“loci”) diseminadas a lo largo del genoma del animal. Amplias diferencias genéticas fueron encontradas en más de una docena de los loci estudiados entre los peces habitantes de distintos entornos, lo que representa considerablemente más de lo que podría esperarse de acuerdo con la hipótesis de “pocos genes-amplios cambios” mencionada.

Examinando cuatro pares de ejemplares de lagos frente a ejemplares de corriente los investigadores pudieron además mostrar la existencia de diferencias crecientes entre ambas poblaciones que se sustentaban en diferencias genéticas cada vez mayores y presentes en un número creciente de loci.

Puesto que estos resultados se han obtenido utilizando nuevos métodos genéticos de alta resolución, es razonable pensar que la percepción tradicional de la adaptación como un proceso genéticamente simple sea sólo el producto de un prejuicio proveniente de la utilización en el pasado de métodos de estudio de baja resolución.

Dice el profesor Hendry: “Sospecho que cuanto más estudios se sirvan de estos métodos, la opinión mayoritaria se moverá fuertemente hacia la idea de que la adaptación es un proceso complejo que involucra a muchos genes dispersos en varias ubicaciones en el genoma”.

Interesantes palabras éstas del amigo Hendry. Si los procesos de adaptación son el resultado de complejas modificaciones en el genoma en las que deben de intervenir un número importante de genes, si los fenotipos no son como se creían la expresión directa de un gen-un rasgo, sino el resultado orquestado de la expresión de una diversidad de genes, ¿cómo podremos entonces evitar que algunos desalmados vociferen la necesidad de invocar una causación inteligente e intencional en el proceso evolutivo? Si la simple y mera variación adaptativa de un vulgar pescadito a un entorno de aguas más calmadas implica una compleja reorganización de un número importante de genes dispersos en lugares distintos del genoma, ¿cómo podremos defender que la emergencia de las complejísimas formas biológicas aparecidas en la historia de la vida en el planeta son el simple producto de una acumulación de accidentes en el proceso de reproducción de especies antecesoras?

22 Respuestas para El Azar y la Emergencia de rasgos adaptativos

  1. Lamento estropearte, otra vez más, los misterios, pero el azar existe y se puede medir, por ejemplo:
    http://www.icfo.es/index.php?section=news1&lang=spanish&op=show_announcement&announcement_id=1117. Usando las desigualdades de Bell (http://es.wikipedia.org/wiki/John_S._Bell), el “Instituto de Ciencias Fotónicas” lo demostró el 25 de mayo del 2009.

    ¿Puedes tu demostrar que existe ese diseñador que tu crees que diseña de modo inteligente? ¿puedes al menos definirlo con claridad? Ya se que lo he preguntado muchas veces pero nunca me has contestado.

  2. Busqué el debate de Platinga, pero no lo pude encontrar, Felipe. ¿Podrías especificar el enlace, por favor?

  3. Cayetano,

    No recuerdo que me hayas “estropeado” nunca nada. Aunque sí es cierto que la has intentado…
    Déjame copiar este párrafo del propio artículo que tú citas.

    In nature we can only find intrinsic randomness in quantum processes. In the classical world, any process is deterministic and what we normally take as randomness is simply consequence of lack of knowledge or control. Still, ascertaining the random behaviour of a physical process, even if quantum, represents a remarkably difficult problem. Until now, no device was designed that could certify true randomness in a process.

    En definitiva, y puesto que mi artículo se refiere al mundo macroscópico de los seres vivos, creo que no hace sino darme la razón.
    Al margen de ello no cabe duda de que le problema del indeterminismo al que nos enfrenta la física cuántica contemporánea es apasionante. No creo sin embargo que la anotación mediante asignación de dígitos de una experiencia cuántica por parte del Instituto de Ciencias Fotónicas de Castelldefells sea suficiente para considerar demostrada la existencia del AZAR como realidad ontológica propia con efectos de causalidad sobre el mundo físico. Filosóficamente no tiene sustento. De hecho te recuerdo que ni siquiera es evidente que las fuerzas físicas tengan por sí mismas entidad real; otra perspectiva perfectamente legítima es entender que el comportamiento de los seres corpóreos no es el efecto de una causa externa a ellos mismos sino de propiedades inherentes a su propia materialidad. Desde esta perspectiva esencialista el comportamiento de las partículas subatómicas no exige la necesidad de crear una categoría abstracta y arbitraria como “el azar”
    Es muy interesante profundizar en estos temas y tratar de entender un “submundo” físico, el submundo de lo cuántico que no parece poder ser constreñido al determinismo de las 4 leyes o fuerzas físicas conocidas sino que se rige por el “azar” ponderado de la ecuación de Schrödinger. Esta es una cuestión que trae de cabeza a nuestros científicos y filósofos desde hace tiempo., y no tanto porque no puedan describir el sustento matemático de los procesos sino porque tales observaciones no encajan en la ontología dominante en la modernidad, de corte básicamente cartesiano.
    Te anuncio que en breve abordaré este problema en un artículo un poco más amplio.
    Un cordial saludo

  4. Al reencontrarse con el blog el amigo Cayetano Ripoll me viene a la memoria nuestra discusión con él y algún otro interviniente sobre el carácter científico de una refutación parcial de una teoría científica sin suministro de teoría alternativa con igual pretensión de explicación que la refutada. Leí hace poco en el muy recomendable “Soy amado, luego existo. Reflexiones sobre el darwinismo, el diseño inteligente y la fe cristiana” de Ezequiel Iglesias Grèzes un capítulo en que recopila las críticas hechas al MDI (Movimiento del Diseño Inteligente en su libro) por parte de los evolucionistas teístas y los darwinistas cristianos. Dice así: “Una crítica frecuente consiste en afirmar que el MDI no puede descartar la teoría darwinista sin proponer una teoría científica alternativa con igual o mayor poder explicativo. Esta crítica incurre en los siguientes dos errores. El primer error consiste en suponer que no se puede demostrar que una teoría científica es falsa sin reemplazarla por otra teoría “equivalente”. Popper con su criterio de falsabilidad estaría de acuerdo conmigo en que este requisito no forma parte del método científico. Una parte legítima del trabajo científico consiste en buscar las fallas de las teorías científicas actualmente aceptadas. Estas fallas pueden determinar la refutación de una teoría, independientemente de que se formule o no una teoría alternativa. En suma, la crítica científica al darwinismo no necesita aportar teorías alternativas para ser válida. Los puntos débiles de la teoría darwinista (por ejemplo, la falta de pruebas científicas de la capacidad creativa de las mutaciones aleatorias y la selección natural para explicar acabadamente la existencia, la complejidad y la diversidad de los seres vivos) son suficientemente grandes como para descartarla. El segundo error consiste en no advertir que el Diseño Inteligente es precisamente una teoría científica alternativa al darwinismo, aunque se trate de una teoría aún incipiente, en parte debido a que el número de científicos que siguen esa línea de investigación todavía es relativamente pequeño.” No sé si los seguidores habituales estarán de acuerdo con estas líneas. Ripoll supongo que no. ¡Estos inquisidores…!

  5. Oh! ya veo, el azar, a pesar de que existe como “realidad en el mundo real”, no “existe como realidad ontológica” y los constituyentes del mundo físico no tienen ninguna influencia en el mundo físico. Parece todo muy lógico ¿no?

  6. Pues mire Fernando, me alaga que recuerde usted mis palabras aunque no recuerde que yo no citaba a Popper sino a Lakatos, aunque Popper las admita implícitamente en su senectud, concretamente en una Simposio en Viena en 1983.

    Desde luego lo que esta fuera de toda duda es que sus teorías metafísicas sobre una inteligencia que es un supuesto ente indefinido y según parece indefinible o cuya definición esta fuera de su alcance proporcionar (ya que por más que pido esa definición nunca me la proporcionan) son pre-cientificas: “Lamentablemente, sin embargo, los filósofos han hablado habitualmente de sus ideas metafísicas no ya como si de una ciencia se tratara, sino como si constituyeran una superciencia. Por mi parte, considero que estas teorías metafísicas son más bien precientíficas, o en cualquier caso no comprobables, no criticables desde un punto de vista científico.” [Karl Popper “El porvenir está abierto” Simposio en Viena 1983. pg. 92]

  7. Cayetano,
    el que Popper se haga aquí eco de una de las grandes mistificaciones del siglo XIX, en este caso del positivismo científico de Comte no dice mucho en favor de una mente privilegiada por tantos otros conceptos.
    Pretender que la metafísica corresponde a un estadio inmaduro del conocimiento humano es una vaciedad que ya nadie sigue. Es una tontería más, propia de la exaltación romántica de una época para olvidar (marxismo, positivismo, darwinismo, freudismo…)
    La metafísica no puede ser precientífica porque como su nombre indica es una cuestión que emerge a partir y como consecuencia del conocimiento científico. Metafísica no quiere decir anterior sino “que está más allá” de la física.
    Verificar como se comportan los seres corpóreos es una cuestión científica. Establecer si la gravedad es una “ley” o cuál sea su estatus ontológico es una cuestión estrictamente filosófica y no precede sino que sigue al conocimiento científico y deriva de él.
    De la misma forma que pretender la existencia del “azar” como tú has hecho, es una interpretación metafísica de unos eventos observados científicamente. pero el “azar” no es medible científicamente.
    La discusión que se puede mantener sobre la calificación, origen y causa de tales eventos transciende la ciencia para convertirse en un discurso de naturaleza filosófica.
    La idea de que sólo lo que es verificable experimentalmente es verdadero conocimiento es una de las grandes rémoras del conocimiento racional y desde luego Popper tiene una gran parte de culpa en ello.
    En cuanto a la caracterización de la causa inteligente a la que tantas veces nos hemos referido, no es cierto que la hayamos rehuido nunca. Llegado a este punto siempre he tomado como referencia la metafísica de Aristóteles donde se explica bastante ampliamente lo que parecen ser las notas distintivas de tal ente causal. Notas como la inteligencia, la inmaterialidad, la inmutabilidad, la intemporalidad, la necesidad ontológica, etc.

  8. Como colofón añadiré que lo que caracteriza a la pseudociencia y a las mistificaciones infra-racionales de nuestro tiempo es la prédica de soluciones esotéricas y magicoides fuera del alcance de toda verificación experimental como la selección natural, el emergentismo, el azar o la auto-organización.
    Frente a tales vaciedades carentes de verdadero contenido explicativo y que pretenden llenar los huecos de lo insuficientemente conocido con la creación de auténticos tabús intelectualoides, existe una aproximación racionalmente honesta que pone de manifiesto la inherente racionalidad de los procesos de la vida y de la estructura del mundo físico en los que el formalismo impera claramente sobre la fisicalidad. Como consecuencia, la invocación de una causa racional, inteligente de tales procesos y estructuras se convierte en la propuesta más razonable y ajustada a nuestra condición de seres racionales.
    Claro que algunos parecen empeñados en abdicar de tal condición.

  9. No era mi intención alagarle (ni halagarle) Cayetano.
    Y ya sé que me citaba usted a Lakatos.
    Sigue sin entender (o reconocer) que usted emite en frecuencia media y nosotros en frecuencia modulada (o viceversa).
    Es usted impermeable a aprehender que puedan coexistir planos (o vías) distintos de acceso al conocimiento de la verdad, y todos ellos igualmente legítimos.
    Lo que importa es que la propuesta filosófica (por ejemplo la basada a la inferecia a la mejor explicación) no pretenda gozar de la misma cualidad probatoria que el experimento de laboratorio.
    Pero del mismo modo es preciso que el científico admita que su laboratorio no da respuestas a las preguntas que empiezan por “por qué”. Por ejemplo.
    Filosofía, metafísica (y no hablo de lo religioso) son para usted paparruchas, pero eso limita enormemente las posibilidades del diálogo útil.
    La misma automutilación o cortedad de miras hay en negarse a salir al ámbito de la reflexión filosófica y encerrarse en la experimentación empírica que en encerrarse en la adhesión fervorosa a un dogma revelado para no contaminarse con la experimentación científica que pueda hacer tambalear ese dogma religiosa. La misma.
    Su cita de Popper a mí me parece oportunísima. Se puede retocar levísimamente sin por ello traicionar su pensamiento para hacerla particularmente pertinente para caracterizarle a usted; así: “los científicos [filósofos] han hablado habitualmente de sus ideas metafísicas no ya como si de una [ciencia] metafísica se tratara, sino como si constituyeran una superciencia.” Amén.
    ¡Ah! Y me quedo con lo que decíamos este señor Ezequiel y yo y me sorprende que alguien inteligente y sensato como usted no comparta explícitamente con nosotros:
    Es un error “suponer que no se puede demostrar que una teoría científica es falsa sin reemplazarla por otra teoría “equivalente”. “Una parte legítima del trabajo científico consiste en buscar las fallas de las teorías científicas actualmente aceptadas. Estas fallas pueden determinar la refutación de una teoría, independientemente de que se formule o no una teoría alternativa. En suma, la crítica científica al darwinismo no necesita aportar teorías alternativas para ser válida.”
    Si estas afirmaciones no les son a los lectores de este blog evidentes y “tumbativas”, alguien (ellos o yo) tendría que hacérselo mirar.

  10. Popper, al que no he sacado yo a colación sino como contestación, es el paradigma del anti-positivista, es de hecho el “destructor” del positivismo en la epistemología; acusarlo de “positivista” solo puede obedecer bien al desconocimiento de Popper o bien al desconocimiento del positivismo.

    ¿Establecer si la gravedad es una “ley” es una cuestión filosófica? Ya le digo que no lo es en la realidad, pero si lo fuera para la filosofía pues lo sería para la filosofía pero seguiría sin ser una “ley” en la realidad ya que ni la filosofía ni, por supuesto, la metafísica tienen que tener necesariamente una concordancia directa con la realidad, al menos con la realidad que sabemos de forma indudable que es real, la ciencia si.

    En cuanto al “azar”, por supuesto que se puede medir; de hecho la importancia del artículo cuyo “abstract” le he enlazado consiste en emplear la “Desigualdad de Bell” para demostrarlo y lo han demostrado con independencia de su opinión; si quiere usted refutarlo es libre de repetir el experimento y encontrar lo posibles fallos, mientras tanto sus razones filosóficas son una opinión que en ningún caso prueba nada.

    ¿Que usted tome como referencia la metafísica de Aristóteles quiere decir que usted también cree en una “nous poietikos” o en un “primer motor inmóvil”? Bueno, este segundo es un dios y no se como cuadra el primero con lo que estamos hablando ya que es eminentemente humano.

  11. Hombre Cayetano, tampoco es eso… no hay que confundir al personal!
    Una cosa es el positivismo científico de Comte al que yo me refería y otra muy distinta el positivismo lógico de los del círculo de Viena al que tú te estás refiriendo ahora. No tiene nada que ver!

    Por lo que se refiere al azar y ya que lo consideras como “algo” cuya existencia ha sido probada, ¿te importaría caracterizar ontológicamente a tal realidad? ¿qué es el azar?
    una fuerza, un impulso, un principio de causalidad de algún tipo…una “no causa”… una realidad que solo es la negación de toda causa real…

    Te escucho con atención.

  12. El naturalismo (no confundir con ciencia) es una ideología basada en una asunción no demostrable (o no falsable): la naturaleza es así, porque es así. Se manda sola y se gesta sola porque le da la gana y el que piense lo contrario no merece otro apelativo que el de ignorante o supersticioso.

    Aprovecho para cuestionar uno de los pilares de la teoría darwinista:
    ¿cómo explicas, Cayetano, que a la materia le da por sobrevivir?

    yo también escucho con atención

  13. Por azar se entiende la existencia de un sistema no-lineal en el cual los efectos no pueden ser ligados a una causa o serie o conjunto de causas no por la propia complicación del sistema, ya que esto sería un sistema caótico, sino porque es imposible determinar la linealidad.

    Y, en cuanto a “que a la materia le da por sobrevivir”, no tengo que explicarlo, es un hecho constatable, simplemente ocurre, esta ahí, puede comprobarlo usted mismo. Y, ya puestos, esto no es ningún pilar de la teoría Darwinista, el “pilar” de la teoría es la supervivencia de los mejor adaptados. Si lo que usted quiere decir es que la teoría Darwinista pretende explicar porque a la “materia le da por sobrevivir” pues tampoco, simplemente pretende explicar cuales son los motivos de que las características de los organismos no se modifiquen con el paso del tiempo.

  14. Sinceramente, Cayetano, con esos argumentos no vas a llegar muy lejos. Es lo que es porque es lo que es. Todo el discurso naturalista está plagado de ese discurso vacío y carente de argumentos explicativos.

  15. Definir el azar como “la existencia de un sistema” no parece una caracterización adercuada. Lo siento.
    Pero es que además un sistema no-lineal no pretende ser otra cosa que un sistema en el que los eventos se producen de forma no necesaria, es decir, “por azar”. Así lo define por ejemplo la entrada “indeterminismo” de wikipedia. En ese sentido la definición resulta ser perfectamente tautológica.
    Pero hay más, la “no-linealidad” a la que se refiere dicho artículo no implica la existencia del azar como causa o ente con relaidad ontológica propia que es lo que buscamos sino meramente como la característica de un sistema en el que los eventos no resultan predecibles dada la complejidad de la interconexión de eventos causales.
    No hemos llegado muy lejos.

  16. Que los eventos se producen de forma no necesaria es precisamente lo que he dicho ¿? No entiendo la objeción. Por otro lado yo no busco ninguna “realidad ontológica”, eso es cosa suya, yo me conformo con una realidad que exista y no, no es que no resulten predecibles dada la complejidad del sistema (ya lo he explicado en mi definición, esto sería un sistema caótico), es que no existe la posibilidad de determinar que exista una causa; lamento decepcionarle pero esto es así.

    P.S.: En lugar de buscar que significa “azar” creo que debería buscar en que consiste la “Paradoja Einstein–Podolsky–Rosen” y que es la “Desigualdad de Bell”.

  17. No es lo mismo decir que hay eventos que se producen de forma no necesaria a decir que el”azar” existe como un principio causal y un ente con realidad ontológica propia. Una “realidad que existe” como tú lo nombras exige una caracterización de su esencia que en el caso de la noción de azar es imposible.
    En realidad esta discusión resulta superflua; ni la paradoja EPR ni la desigualdad de Bell aportan conclusiones metafísicas en este sentido sino que nos enfrentan con eventos de una naturaleza que no se encuadran en el determinismo de la mecánica clásica de Newton.
    Más que un indeterminismo ontológico lo que descubrimos es una contingencia que se manifiesta básicamente en la dualidad onda-partícula y que se expresa en modelos matemáticos de funciones de onda y en la ecuación de Schrödinger etc. Todo ello muy racional, por cierto.
    Pero repito, la cuestión sigue siendo superflua en relación al mensaje de este post ya que, en todo caso, lo que se tendría que probar para refutar el “mensaje” del mismo no es la existencia de contingencia o azar frente al determinismo de las leyes naturales sino la capacidad de procesos estocásticos para generar la información especificada compleja que caracteriza a los seres vivientes y el incremento de esa IEC en un sistema cerrado que caracterizaría a los procesos de evolución estrictamente naturales.

  18. No eludas la respuesta, Cayetano.

    No me vengas con que algo que sucede no hay que explicarlo. ¿Es esa la clase de ciencia que practicas? Responde porqué a esas partículas que se conforman después en átomos, luego moléculas y se organizan en una célula les da por sobrevivir. Si no sabes responder eso, TODA tu argumentación se queda en el terreno de lo FALSO o de la ciencia ficción.
    Lo siento, Cayetano, pero si no explicas eso, “la supervivencia de los más aptos” como argumento central de tu ideología no pasa de ser una idea fantasiosa que tú y los tuyos dogmáticamente vienen repitiendo ya demasiado tiempo.

  19. Yo no pretendo “refutar” su mensaje, sólo le estoy informando de que esta equivocado; usted no lo acepta y argumenta con disquisiciones metafísicas, realidades ontológicas y demás parafernalia lógica que resulta ajena al hecho simple y contrastable de que el “azar” existe en la realidad, en la de verdad, en esa que sigue existiendo con independencia de que usted o yo creamos en ella.

  20. -El azar es un concepto humano como el tiempo y se puede multicontextualizar igual que cualquier otro concepto humano, pero Felipe si que tiene razón al decir que el azar no tiene raíces ontológicas, el azar en si es algo imposible de cuantificar en términos matemáticos y es imposible saber si algo ha ocurrido por azar o si a ocurrido intencionalmente. Por azar entendemos que cuando al niño se le cayó la pelota por el puente y le dio en la cabeza al hombre que iba paseando su perro no fue un acto intencional y en su uso cotidiano y práctico también por azar entendemos las probabilidades de un hecho cuantificable sometido a distintas variantes o factores (teoria del caos/loteria) pero el azar en su término más puro es lo mismo que el Dios de los huecos para los científicos y los filósofos una simple forma de ponerle nombre a la ignorancia ante una causa o un suceso desconocido.
    Ojo! que yo no digo que el azar no exista yo creo en el azar en cuanto acepto que existe un libre albedrio lo que digo es que atribuir azar a las causas físicas es una cuestión de fe comparable a la creencia en Dios.

    -Por otro lado concuerdo con Felipe en que lo metafísico por definición empieza justamente donde termina la ciencia que es el estudio de lo físico y de esa realidad de la que habla Cayetano, en mi opinión el simple hecho de que existan conceptos metafisicos en la mente humana revela que una parte de la naturaleza “espiritual” humana no está limitada al substrato físico cognoscible de la realidad tangible. El simple hecho de poder imaginar cosas ficticias corrobora esa reflexión y explica porque hay tanto de lo metafísico en lo filosófico y de filosófico en lo metafísico.

    LA METAFISICA NO ES UNA META FISÍCA SI NO PSÍQUICA!

    -Por una vez coincidimos yo y Cayetano en que la realidad existe independientemente de nosotros y no es un silogismo platónico ni un efecto alusivo de nuestras mentes. Como decia Descartes: “La realidad no puede ser una ilusión si estoy intuyendo que es una ilusión”.

    -Tambien estoy de acuerdo con Arturo, la materia carece de determinación propia, el fuego quema el hielo enfria y a las estrellas les trae sin cuidado los elementos que se fusionen en sus núcleos, del mismo modo los elementos que flotaban en la sopa primitiva al igual que todo elemento físico están regidos por las leyes de la “teoria del caos” y su comportamiento carece de finalidad o intencionalidad previas.

    Una pregunta atrevida sería: ¿Pueden los elementos como el hidrogeno, el helio o el carbono dado el suficiente tiempo evolucionar en personas con mentes capaces de describir y cuantificar elementos como el hidrogeno, el helio y el carbono?

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