Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte final

creationDiseño inteligente y Teología. ¿Es posible un encuentro más amable?.

Por Fernando Ruiz.

No hay atisbo que esa nueva ciencia que esperan algunos autores neotomistas aparezca en un futuro cercano, si alguna vez aparece. Pero tenemos ahora el movimiento del DI que precisamente constituye un modo distinto de hacer ciencia.

Como hemos repetido numerosas veces –por lo significativo importante–, la tesis del DI intenta romper los grillos del Naturalismo Metodológico, sin desbaratar los procedimientos científicos, y para esto se debe reemplazar la concepción naturalista/materialista, y también teológica, de la realidad que estudia la ciencia. Se debe modificar la concepción de la naturaleza para que incluya, no solo las leyes físicas conocidas, sino ambién la acción sobrenatural, cuya presencia se niega por razones ideológicas o teológicas.

El ser humano quiere, y debe conocer científicamente el mundo en que vive, lo mejor que pueda. Un cambio en las concepciones filosóficas y metafísicas dogmáticas (de cualquier tipo), que atenazan la ciencia, solo puede ayudar al desarrollo del conocimiento. El ampliar la visión científica de la realidad no significa para la ciencia erguirse en el patrón absoluto de la ‘verdad’, las verdades de la fe no se pueden reemplazar por un cientifismo; la ciencia es intrínsecamente limitada por sus métodos y perspectivas. Tampoco el avance y la mayor amplitud del conocimiento científico significan la eliminación de la filosofía, ese magnífico e ineludible esfuerzo humano para ganar la mejor comprensión posible del mundo que vivimos. El DI no persigue distorsionar la ciencia, no intenta eliminar las verdades de la fe, ni la comprensión amplia que puede ofrecer la filosofía, solo intenta ampliar la mira de la ciencia para ensanchar el conocimiento que provee.

La tesis del DI se gesta y permanece en el terreno científico. Como ya apuntado, el DI no es una propuesta religiosa, ni tampoco una teología que pretenda entender la relación de Dios con el mundo o intente precisar sus características; y, en modo alguno incorpora a Dios como una entidad teórica en la ciencia, como sostienen algunos de sus detractores. La tesis de un agente inteligente se ofrece en forma neutral, sin identificación con deidad alguna. Desde el punto de vista de la filosofía de las ciencias, se puede decir que el DI se inclina más a la tesis del “constructivismo empirista”, que enfatiza particularmente el poder explicativo de la teoría científica de los datos ‘observables’, más que de la ‘realidad’ o ‘verdad’ de la teoría; la meta de la ciencia es tener teorías que sean empíricamente adecuadas. (32. 33)

Sin embargo, se puede argüir que proponer la acción de un agente inteligente responsable de la aparición de estructuras biológicas específicas (y otras intervenciones en la historia cosmológica), tiene connotaciones teológicas. Por ejemplo se podría mencionar que el hablar de agente inteligente implicaría un ser personal que posee libertad y voluntad para poder ejercer sus acciones en el mundo; además, estas acciones apuntan a una capacidad sobrenatural de generación de fenómenos naturales que colocaría a este agente dentro de la categoría de divinidad. Pero también se podría invocar a propósito del DI, no una inteligencia personal, sino simplemente una inteligencia intrínseca en el mundo, como lo propuso la filosofía estoica, aunque esta visión tiene carácter panteísta y es lejana culturalmente, y también con un componente divino. El DI tampoco se pronuncia respecto a cómo un agente inteligente generó estas estructuras, pero sí es claro afirmando que la huella de su acción está en el diseño inteligente que porta información.

Los promotores del movimiento del DI están conscientes de las connotaciones teológicas del DI, pero se limitan a la descripción de las estructuras portadoras de mensajes biológicos específicos, como productos de una acción inteligente. Las implicaciones teológicas quedan abiertas a la reflexión y estudio de otras disciplinas; pero desde el punto de vista del DI, esto es optativo. (32) Es comprensible, sin embargo, que la teología se interese por la situación planteada por el DI, y de hecho hemos sido testigo de este interés; algunos filósofos y teólogos mostrando comprensión y compatibilidad con sus tesis, pero otros haciendo críticas acervas como es el caso de algunos neotomistas que hemos discutido en este artículo.

Es patente, y lo repetimos, que la tesis del DI surge de la ciencia, sin aspiraciones teológicas, de modo que no es ni buena ni mala teología, pero sí presenta connotaciones dirigidas a una trascendencia inteligente. (36) La tesis del DI es una teoría de carácter científico que si es firmemente reconocida y asentada, por su poder explicativo y su capacidad de ofrecer rutas de comprensión e investigaciones fructíferas, dejará más enajenadas de la ciencia a las teologías críticas del DI, que se encontrarán en la incómoda posición de tener que hacer enmiendas de última hora para no permanecer completamente desfasadas. Si ocurre lo contrario, en la eventualidad de que apareciera una hipótesis competitiva superior, la hipótesis del DI es reemplazada, y las teologías que lo acogieron tendrán que acomodarse como corresponde. En modo alguno esto constituye una amenaza a las verdades de la fe; en lo que toca a las teologías, estas son doctrinas que se esfuerzan por lograr una mejor comprensión de Dios y su relación con el mundo, y necesariamente tendrán que poseer la flexibilidad necesaria para esta infatigable tarea.

Por lo demás, el apelar a un agente sobrenatural no debiera ser motivo de escándalo ni de confusión, argumentando que se están mezclando creencias con la neutralidad y objetividad de la ciencia, y con ello poniendo en peligro la efectividad de procedimiento científico. La metodología científica se conserva plenamente en la propuesta del DI, y tampoco abandona las explicaciones ‘naturales’ para las operaciones en las que las leyes físicas son competentes, lo único que se quiebra es el dogmatismo del Naturalismo Metodológico. La creencia en divinidades ha sido una constante de la humanidad hasta nuestros días, y curiosamente, aún cuando se rechacen, sus atributos aparecen en formas indirectas en otras creencias e ideologías. Aún más, los supuestos y creencias son soportes inevitables de toda racionalidad, y así los tenemos en diversas formas en los diversos saberes del ser humano. El Naturalismo Metodológico dogmático (que nos interesa en este trabajo) en las ciencias básicas, por ejemplo, se sostiene en la creencia en una concepción particular de la naturaleza, como un sistema cerrado operando con principios confinados en ella misma. Para algunos defensores de este naturalismo, las cosas son así, porque simplemente las cosas son así, así es la materia y sus propiedades que es lo fundamental de todo lo existente en el universo. Otros defensores del naturalismo, opuestos al materialismo monista, argumentan que tanto la materia como sus propiedades, son creadas por Dios para que funcionen con autonomía.

El interés primario del DI es la detección de diseño en el mundo natural desde la esfera científica –objetivamente-, y es potencialmente compatible con diversas posturas teológicas, y doctrinas enfocadas a lo trascendente. Pero, sí, como hemos dicho, el DI tiene connotaciones teológicas, pero nace y se queda en el terreno científico; es allí donde opera, es allí donde se prueba su efectividad en ampliar el conocimiento científico del mundo en que vivimos. Su lenguaje y procedimientos serán necesariamente el del discurso científico; no, el de la filosofía o de la teología. A estas disciplinas corresponde el considerar en sus tesis los advenimientos de las ciencias, y analizar la correspondencia o los antagonismos que surjan. Pero una teología que descarte las teorías científicas por solo el lenguaje utilizado corre el peligro de marginarse de la ciencia que es una vigorosa y significativa fuente de conocimientos para el ser humano.

La teología neotomista se opone al movimiento del DI, a pesar que muchas importantes autoridades eclesiásticas y teólogos, reconocen que el azar no tiene cabida en una visión de la naturaleza dinámica en donde aparecen la vida y el ser humano, e incluso expresan claramente que afirmaciones que recurren a lo ciego y fortuito en la emergencia de la vida y del hombre, no pertenecen a la ciencia, sino que a una ideología. Y están correctos, la ciencia, y con todo rigor, no ha podido dar aprobación fehaciente, ni práctica ni teórica, a las teorías naturalistas/materialista que intentan ‘mostrar’ la aparición de la vida y del hombre en la Tierra; estas sobreviven en base a la especulación y al trasfondo ideológico que las alimenta.

La ciencia se afana en escudriñar los comienzos de ese mundo que nos rodea, el origen del universo, de la vida y su desarrollo. Pero la ciencia ha sido acantonada en un ambiente naturalista de corte materialista que le ofrece solo regularidades físicas de las que ha ido extrayendo las leyes del comportamiento de la materia/energía. La ciencia ha desmenuzado el mundo ‘material’ en elementos cada vez más pequeños, hasta dimensiones infinitesimales. A cada uno le ha ido descubriendo sus propiedades y conducta peculiares. Para la ciencia esta gama de elementos y propiedades constituyen la naturaleza, una naturaleza sin fin ni propósito. El mundo empieza y termina en la naturaleza. El universo se construye como un inmenso y complejo edificio de pequeñísimos bloques, unidos con la argamasa de sus fuerzas y atracciones naturales. El arquitecto del orden y magnificencia de este mundo material es simplemente el flujo de corpúsculos, de ondas y fuerzas a lo que algunos agregan lo fortuito. Un paisaje desolado y frío, difícil de aceptar como solamente mecánico por su esplendor y disposición, y por la ausencia absoluta de sentido y finalidad.

Pero la ciencia con su gran poderío de comprensión y explicaciones teóricas ha encontrado escollos insalvables. En este trabajo nos hemos referido a uno especialmente: la estructura orgánica compleja, portadora de mensajes biológicos, base esencial del soporte material para la aparición y desarrollo de la vida en la Tierra.

Como se ha señalado incansablemente en este ensayo, la formación de esta compleja estructura no es posible explicarla, ni práctica ni teóricamente, como producto casual de la interacción de elementos químicos y sus propiedades.

En ciencia surge el DI precisamente para resolver este tipo de tropiezos, y propone la acción de un agente inteligente envuelto en la aparición de esta estructura compleja en la historia del universo. La acción inteligente no anula obviamente la presencia de los múltiples elementos químicos participantes, ni tampoco sus acciones regidas por leyes naturales que son esenciales para su funcionamiento. Pero la organización específica de la estructura funcional es considerada una acción sobrenatural que le otorga capacidad de transmitir órdenes biológicas para construir la primera célula viva. La tesis del DI no es bottom up como las ciencias que se reducen a las explicaciones basadas solo en elementos menores y la acción de las leyes naturales conocidas; es lo contrario, top down, desde una acción inteligente que imprime ese carácter a las formas complejas inexplicables sin el recurso a la acción de una inteligencia. De estas estructuras inteligentes comienzan a generarse otras estructuras complejas con diversas funciones nuevas y fundamentales para el desarrollo de la vida. Se trata de funciones imprevisibles e inexplicables por la sola acción de las leyes naturales.

Es claro y básico para la fe cristiana, que Dios da existencia y contenido a todo lo que hay en el mundo, desde el ‘caos’ inicial del que nos habla el Génesis, hasta el ser humano y su mundo en este instante. También es perfectamente atendible que todo en la Creación tiene sentido y propósito, y que nada, desde los más simples objetos carecen de éllo, en su existencia y acciones. No hay duda tampoco que la Creación de Dios respeta la libertad del hombre y le otorga capacidad de comprensión y entendimiento, para estudiar, conceptualizar y manejar el mundo en que ha sido colocado. La tesis del DI no constituye un obstáculo para estas consideraciones teológicas.

La propuesta de un agente inteligente ha entrado en conflagración con algunos aspectos de la teología neotomista, específicamente por adherir esta doctrina a un naturalismo teológico, gemelo al naturalismo científico de inspiración griega, que ha sido ideologizado en los últimos siglos. El naturalismo de ambos tipos se opone a la tesis del DI, solo acepta las explicaciones encerradas en la naturaleza.

Es importante recalcar que la propuesta de la tesis del DI –un agente inteligente–, no implica a nivel teológico que Dios intervenga en la naturaleza para cambiarla, o acomodarla, o simplemente alterarla, sino que se trata de una acción creadora complementaria a lo ‘ya creado’ en la historia del universo y de la Creación, esto es la creación de la vida en el mundo. Un acto creador que genera los elementos químicos correspondientes (ya aparecidos previamente en la historia del universo y de la Creación) con sus propiedades, pero ordenados en forma ‘inteligente’ para portar los mensajes biológicos indispensables para el desarrollo de la vida; se crea un nuevo objeto, complejo, con sus propiedades inherentes dirigidas a un fin: la vida.

Desde el punto de vista de una teología, esta creación de las estructuras biológicas complejas y específicas se corresponde perfectamente con una doctrina de creación progresiva, de acuerdo al Génesis y a la historia cosmológica; se trata de la aparición de una organización biológica nueva con operaciones inherentes de novo, para su orden, comprensión y manejo por parte del ser humano. La idea de una Falacia Cosmogénica, y el reproche de mecanicismo no tienen cabida en la creación constante de Dios, que como ya se ha mencionado anteriormente, es el “Dios vivo”, eternamente presente, actuando directamente en el mundo.

Esta intervención se puede pensar como intervención de la inteligencia divina para llevar a cabo el Plan de la Creación, puesto que las cosas creadas hasta ese momento (elementos químicos) no poseen la capacidad inherente (‘inteligencia’) de organizarse para formar las estructuras necesarias para la aparición de la vida. No es un simple mecanicismo, puesto que los electrones, átomos, elementos químicos, tienen sus propiedades inherentes con acciones particulares, metas y fines. Se trata más bien de una creciente composición de finalidades para un fin mayor que las engloba, bajo la atención creadora de Dios. En modo alguno se trata de una colección de ‘artefactos mecánicos’ de Dios, puesto que los elementos envueltos tienen y conservan sus propiedades inherentes que participan en la función nueva de la estructura creada.

Pensar que todo lo que sucederá en la historia del universo –en la historia de la Creación— (incluyendo la aparición de la vida, y parcialmente del hombre, porque aquí el naturalismo teológico hace excepción: el alma del ser humano es dada directamente por Dios) se encuentra encerrado en las operaciones de esos elementos básicos, partículas subatómicas y átomos iniciales en la historia cosmológica y de la Creación, es dotar a esos objetos de propiedades misteriosas y obviamente desconocidas, que con toda franqueza no se puede exigir que se crea en una tesis de este tipo. Una teoría o doctrina que postule una cosa así, se escapa de lo verosímil para caer en una fantasía que desgraciadamente se ha vuelto dogmática.

Una visión del mundo como una composición integrada de diversos objetos con sus propiedades y fines particulares en el Plan de la Creación de Dios hace posible una genuina inteligibilidad filosófica y también científica. Encerrarse en la ‘creencia’ de que Dios creó una naturaleza funcionando independientemente de su intervención directa, es imposible de compaginar con un mundo evolutivo desde elementos relativamente simples. Negar esta evolución y atribuirla exclusivamente al producto de tesis científicas, en la que Dios poco tiene que ver, no solo implica para esta doctrina marginarse del conocimiento que ofrecen las ciencias, sino que va en contra del mismo Génesis en que la secuencia de la creación es clara y es producto de actos divinos responsables; intentar diluir este mensaje bíblico básico y obvio, es, por decir lo mínimo: insensato. Pero lo peor de esta testaruda y extemporánea posición, es, en la práctica, obstaculizar el desarrollo de un entendimiento coherente de la creación del mundo y de los conocimientos científicos.

En este ensayo las incursiones teológicas realizadas tienen el solo propósito de entender las críticas formuladas desde el neotomismo, y si se hacen proposiciones teológicas es primariamente para ilustrar que muchas de esas críticas están basadas en posturas teóricas que pueden conceptualizarse de manera diferente, sin vedar las verdades fundamentales de la fe.

Con este escueto bosquejo de la tesis del DI y de los aspectos fundamentales de una posible teología se puede ver que no existe una contraposición inapelable entre ambos discursos. Naturalmente se requiere una elaboración más amplia y profunda de esta compleja materia, y flexibilidad y coraje para realizar los ajustes necesarios, pero este es terreno y responsabilidad de los especialistas, porque el fin de este esbozo es solo apuntar a la posibilidad de un encuentro más amable entre DI y teología; si así lo estima oportuno la teología.

En este sentido es importante enfatizar que, con el advenimiento del DI, se quiebra el dogma del Naturalismo Metodológico, y se incorpora en el cuerpo de la ciencia una dimensión sobrenatural. Esto significa disipar la estrechez y el reduccionismo materialista en la comprensión de la naturaleza como lo dado de hecho y funcionando desde el seno de sí misma, independiente de cualquier otra connotación. Además, la incorporación de la inteligencia y diseño (óptimo o sub-óptimo) en los procesos naturales, abre interesantes perspectivas en la comprensión científica de la evolución del mundo natural. Con este cambio de óptica en la ciencia, es posible el desarrollo de relaciones más amistosas con el ámbito teológico, y hace factible el alcanzar una correspondencia más significativa entre ambas disciplinas. De este modo la razón y la fe podrán acercarse más a la unidad de verdad, añorada desde hace tanto tiempo, superando el creciente antagonismo y los escollos que lo impiden en el estado actual de la ciencia y de la teología.

Referencias en este post:

32. DEMBSKI, WILLIAM, A. (2001) Is intelligent design a form of natural theology?
https://www.google.com/#q=Intelligent+design+and+natural+theology/

33. BRADLEY MONTON AND CHAD Mohle (2012). Constructive Empiricism. Stanford
Encyclopedia of Philosophy. http://plato.stanford.edu/entries/constructive-empiricism/

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