Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte 3

mitotic-spindlePor Fernando Ruiz.

Limitaciones de la ciencia actual, y filosofía natural.

William E. Carroll al referirse a las regularidades de la naturaleza observadas en el mundo escribe: “…significa que hay procesos orientados hacia ciertos fines generales. Si no hubieran conductas dirigidas a un fin, buscando un fin, en la realidad física, no habrían regularidades, funciones, o estructuras de las que pudiéramos formular leyes de la naturaleza, y así, no habría ciencia de la naturaleza.” (10:7) Sin duda que tenemos un mundo complejo de estructuras y funciones que queremos y debemos comprender y explicar con la ciencia. El problema radica en cómo explicamos el origen de estas complejas estructuras y funciones biológicas, y la vida que nos rodea, y a nosotros mismos. La dificultad que encontramos radica en que las regularidades y las leyes físicas con que cuenta la ciencia—leyes naturales–, no son suficientes para explicar el origen de la vida y del ser humano. La compleja organización material/energética que sustenta la vida y al hombre, no se puede explicar solo en base a las leyes naturales, ni con el recurso al azar.

No hay duda que si pensamos en un Big Bang y luego un desarrollo del universo hasta llegar al mundo en que vivimos, no hay otra explicación posible que la de un despliegue dirigido de sucesos. Atribuir este propósito y dirección de los acontecimientos universales a propiedades “inherentes a la realidad física” –como subscribe Carroll, significa en términos de las ciencias naturales reducirlo a las leyes de la naturaleza y regularidades que maneja la ciencia física. Volvemos al mismo punto, de acuerdo a la ciencia, la evolución del universo no tienen nada de propósito o guía inscritos en sus leyes. De modo que cuando un neotomista habla de “realidad física” está pensando en la naturaleza creada junto a sus operaciones, no exactamente en la realidad física de la ciencia; en otras palabras está razonando desde la filosofía de la naturaleza, y particularmente del mundo actual en que el gato tiene propiedades inherentes de gato, y el árbol tiene propiedades inherentes de árbol. La ciencia no considera ni diseño, ni finalidad intrínseca, solo mecanismos ciegos y mecánicos siguiendo simples leyes naturales. La filosofía de la naturaleza trabaja al margen de la ciencia, e intenta ser cordial y respetuosa con ella. Carroll escribe en este sentido: “…si las cosas vivas han evolucionado por la selección natural es tema de la biología evolucionaria.” (8:14)

A este nivel resulta oportuno comentar la aparición del hombre sobre el planeta. La biología evolutiva postula que el ser humano emerge espontáneamente gracias a los mecanismos neodarwinianos, en cambio para la filosofía cristiana católica, aunque acepte un proceso evolutivo (la parte corporal del hombre), sostiene que el hombre no emerge como tal: “…sin el concurso de la acción divina.” (18) Esta es materia de la filosofía cristiana, lo mismo ocurre con la concepción del alma humana como inmaterial y de la cual depende la humanidad del hombre, y que es dada por Dios a todos los seres humanos desde la concepción. Se acepta la posibilidad de que en ‘cuerpo’ humano sea producto de la evolución, pero el alma es espiritual y otorgada por Dios en un acto especial: “un pensamiento de Dios” como lo describe Benedicto XVI (en ref. 5); se trata de un “salto ontológico”, que se considera, curiosamente, no entra en contradicción con la ciencia evolutiva. (5) Ninguno de estos temas son parte integrante de la biología evolutiva, y su compatibilidad con el neodarwinismo, se encuentra solo en la mente de estos creyentes como una verdad de fe, pero no forman parte de la tesis de la teoría evolutiva, ni de sus consecuencias teóricas. Carroll curiosamente afirma: “Cualquier entendimiento de la persona humana como un compuesto de cuerpo y alma, que es compatible con la biología evolutiva [itálicas agregadas], requiere un entendimiento de la doctrina de la creación y la compatibilidad de la divina agencia y las causas naturales [itálicas agregadas].” (8:12) Es importante recordar que Aquino no es dualista, el alma es la (causa) ‘forma(l)’ de la (causa) ‘materia(l)’ viva. Esta concepción filosófica aristotélica de las causas de los fenómenos naturales fue rechazada por los pensadores que fundaron la filosofía y la ciencia moderna. (13:143).

La afirmación de Carroll es doblemente sorprendente, el alma compatible con la biología evolutiva, y compatibilidad de la acción de un agente sobrenatural y leyes naturales. La primera sección de esta afirmación no merece comentario por lo inexacto, y la segunda sección recuerda muy de cerca la tesis del DI. Lo importante de destacar es que en el neotomismo la acción de la divinidad es asunto de la filosofía natural, y nada menos que acción divina en la estructura material del ser humano; esta tesis obviamente no es parte de la teoría de la biología evolutiva. En cambio, en el DI, la acción del agente inteligente propuesto, es una hipótesis que se incorpora a la dinámica de la ciencia, y puede ser eventualmente refutada. El DI propone una hipótesis allí donde encuentra una huella de diseño, perceptible y detectable, cuya emergencia en la naturaleza no se logra explicar por las leyes naturales de la física, y el azar. Naturalmente, en caso que ocurriera dicha refutación, no ofendería a Dios, ni disminuiría su omnipotencia. La actividad científica es un menester del hombre que intenta comprender el mundo de una manera racional y controlada, y está en constante revisión.

Problema del azar en la naturaleza.

Si el diseño de la naturaleza y su inteligibilidad son producto de la voluntad y acción Divina, es difícil concebir el azar en la naturaleza. Pensar que Dios utiliza la concepción neodarwiniana –la contingencia–, para llevar a cabo su plan providencial, es obviamente una elaboración filosófica/teológica, no una parte de la teoría científica, ni una consecuencia ‘racional’ de la ciencia. Por lo demás, y más importantemente, el azar, la evolución fortuita, no-guiada es contraria a la Providencia de Dios y a las enseñanzas de la Iglesia Católica, como lo reconoce el Cardenal Schönborn que puntualiza: “…cualquier sistema de pensamiento que niega o busca rechazar la evidencia abrumadora de diseño en la naturaleza, en biología, es ideología, no ciencia.” (19) También Benedicto XVI es muy categórico afirmando que la naturaleza y el hombre: “…no somos un producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el resultado de un pensamiento de Dios.” (Cita en ref. 19) Pero no podemos olvidar que las explicaciones de las ciencias naturales son estrictamente naturalistas materialistas, no incluyen propósito alguno, y la biología evolutiva es un capítulo de la ciencia, aunque se vea enfrentada en la actualidad a serios desafíos en validar sus tesis. (1. 2) La ciencia y estas declaraciones están en franca oposición.

Carroll, que sigue muy estrechamente las categorizaciones tomistas, aclara y disiente sosteniendo que según la visión de Santo Tomás: “la naturaleza [en verdad] desvela una “finalidad intrínseca”, pero tal desvelamiento se encuentra en la disciplina de la filosofía natural y no es inconsistente con el azar y lo fortuito.” (10:4) Carroll enfatiza las características de la naturaleza creada en donde el azar puede ocurrir, y ocurre “…Él [Dios] crea el mundo en el que hay tal verdad, bien que, causas secundarias. En el ámbito de las causas secundarias particulares, sucesos fortuitos pueden, y ocurren.”

También la Comisión Teológica Católica Internacional sigue la ruta neotomista: “La causalidad divina y la causalidad creada difieren radicalmente en clase…Así, aún el resultado contingente de un proceso natural puede no obstante caer en el plan providencial para la creación.” (Cita en ref. 10:6)

Es curioso la aceptación del azar en la naturaleza por algunos autores neotomistas, porque el azar que se refiere a lo que ocurre sin orden ni planeamiento para la percepción y entendimiento humano, lo que se le presenta sin determinación no puede ser válido para la Providencia de Dios, ni siquiera lo es en rigor para la física clásica. Pero Carroll intenta esquivar la dificultad para la Providencia Divina: “…el verdadero problema no yace en el compromiso de la biología evolucionaria con explicaciones en términos de aleatoriedad y contingencia, sino más bien en las injustificadas extrapolaciones acerca de la ausencia de significado y propósito en la naturaleza.” Carroll considera que de este modo: “…solo si se llevan los argumentos biológicos al nivel de las afirmaciones metafísicas y teológicas ocurre tal error.” (10:8) Pero, la ciencia da los resultados que da, y estos son estrictamente naturalistas. Una filosofía como la que habla Carroll, que presente o acepte el azar como un fenómeno natural entra en posible conflicto con la física, y definitivamente con Dios omnisciente. Pensar que Dios bondadoso e inmensamente respetuoso del ser humano use el azar para mostrar su providencia es profundamente inconsistente. Más adecuado es pensar que el azar es un recurso de la ciencia naturalista/materialista para intentar demostrar que la aparición de la vida y del hombre no necesitan ni de diseño, ni de finalidad intrínseca, y para algunos, ni siquiera de Dios. Esta aceptación del azar por autores cristianos es una abierta reverencia a la ciencia que han aceptado sin digerir adecuadamente lo que se está presentando en su nombre. Irónicamente, con estos malabarismos como los que muestra la última cita de Carroll, se cae precisamente en lo que Santo Tomás quiso evitar y prevenir: la escisión entre razón y fe; Carroll nos dice claramente: “La Providencia de Dios no es amenazada por la evolución vista en términos de variaciones fortuitas, al menos, por supuesto, que uno argumente equivocadamente que las ciencias son la única [itálicas en el original] fuente de verdad acerca del mundo.” “…no necesitamos defender la divina providencia rechazando la biología evolucionaria, sino solo rechazando ciertas afirmaciones filosóficas que niegan la providencia.” (10:8) No se trata de hacer afirmaciones metafísicas o teológicas explícitas, sino que la biología evolucionaria se mueve en un mundo en que el azar y lo fortuito tienen categoría ontológica, es naturalismo materialista, puro y simple. Es realmente difícil entender la obstinación de algunos neotomistas en aceptar legítimamente el azar en el corazón de la biología evolucionaria, si la misma tradición filosófica cristiana, y el más sano buen sentido, dudan de que lo razonable pueda surgir nunca del azar ¿Cómo va a ser posible y razonable que la vida misma surja del azar en la ciencia biológica como lo pretende la biología evolucionaria? Los proponentes del DI insisten con documentación adecuada, que la tesis de esta biología simplemente, no está demostrada en el momento actual, y es imposible demostrarla de acuerdo a la teoría de las probabilidades. (1. 2) La idea de que la vida pueda surgir de lo inorgánico refleja una creencia naturalista/materialista: todo se explica desde la materia y sus propiedades.

Obviamente la ciencia no es la única fuente de la verdad del mundo que nos rodea, pero es una fuente muy importante de verdad –la “verdad tecnológica”–, una verdad de la que se habla públicamente con fuerza, prestigio y credibilidad, desplazando desgraciadamente las verdades de la fe, tildadas de mero subjetivismo. (20:31-32) Por mucho que se intente armonizar la teología neotomista con la ciencia, el conflicto entre verdad ‘científica’ y verdad de la fe es patente, y es obviamente sonoro el conflicto de la fe (y naturalmente la filosofía neotomista) con la ideología evolucionista o darwiniana que es explícitamente anti-Dios La diferencia entre ciencia evolutiva y la ideología neodarwiniana no es fácil de establecer, es borrosa y casi inexistente, excepto por los exaltados que se embriagan en las consecuencias de la teoría hasta perder el sentido.

Es claro que la ciencia tal como la conocemos en la actualidad es limitada, es incapaz de responder preguntas fundamentales del origen de la vida y del hombre. La ideología neodarwiniana la fuerza para encontrar las respuestas que busca, o transforma las hipótesis partidistas en tesis firmemente establecidas por la evidencia. El DI delata estas maniobras y enfrenta claramente las dificultades de la ciencia; desde esta situación propone su tesis, fundamentándola como una ‘causa adecuada’.

Pero en verdad, no debería haber conflicto entre razón (ciencia) y fe, siempre y cuando la ciencia rompa los grilletes del Naturalismo Metodológico, tanto el inspirado en ideologías materialistas dogmáticas, como el proveniente de la tradición teológica tomista. La actitud conciliatoria, amedrantada, de sostener que cualquier resultado contingente es providencial, significa afirmar que cualquier explicación ‘vestida de ciencia’ vale, porque en el fondo todo es estrategia y plan de Dios. Pues, no; ni el azar, ni las ciegas y simples operaciones de la materia/energía son explicaciones aceptables del origen de la vida y del hombre, ni para una ciencia adecuadamente abierta a la realidad amplia y compleja que viven los seres humanos (incluyendo lo sobrenatural), y definitivamente no, para los que creemos en Dios omnisciente y creador del mundo, de la vida y del hombre. Cierto es que en ciencia se utilizan las estadísticas y se habla de azar, un azar que se hace presente epistemológicamente, cuando se maneja estadísticamente una dimensión de posibilidades múltiples de los fenómenos estudiados para lograr un manejo cognitivo de lo prácticamente indeterminable. Esta no es la situación del azar en la biología evolutiva.

Algunos autores neotomistas sugieren que hay que esperar que surja una nueva ciencia capaz de abordar adecuada y satisfactoriamente el problema de los orígenes (de la vida, del hombre, del universo). Es importante tener presente que la ciencia actual trabaja con la materia y la energía en forma de fuerzas elementales, una visión materialista del mundo, por lo que solo puede dar resultados consistentes con carácter mecanicista y materialista. Tal como está concebida la ciencia, no puede dar cuenta de la información biológica, ni de la vida, y menos del ser humano. Y Carroll naturalmente lo reconoce: “Debe quedar claro que reconocer –como lo hace Aquino–, que la razón sola es suficiente para describir los variados procesos que ocurren en (itálicas en el original] la naturaleza, no significa que las teorías corrientes de la evolución proveen de hecho una explicación totalmente completa del origen y desarrollo de la vida.” (8:13) “No importa cuán necesaria sea la biología evolucionaria para entender la naturaleza, no es un sustituto para el estudio completo de lo que son las cosas y cómo actúan [itálicas en el original].” (8:14) Se reconoce que la biología evolucionaria nos da una cuenta incompleta de la naturaleza. La pregunta por la totalidad de lo que son las cosas y cómo actúan es entonces, de carácter filosófico, pero el problema está en que esta complementación de la ciencia da respuestas incompatibles con la biología evolutiva. Hay que señalar que los físicos se afanan por encontrar la fórmula única que explique todo lo existente en cuanto funcionamiento, y en este mismo espíritu, la biología evolutiva, y las disciplinas científicas que influye, ponen parámetros de azar y selección natural a la conducta animal y también a la conducta del ser humano; esto es, intentan explicar el comportamiento de los seres vivos en base a sus concepciones teóricas naturalistas/materialistas. Esta es una tarea muy difícil, en verdad imposible, pero la pasión científica junto a la ideología evolucionista materialista fanática generan una atmósfera en la que ciencia e ideología se confunden, desorientan y desconciertan al público general que sigue las ‘verdades’ de la ciencia muy seriamente. El DI quiebra este círculo de abuso y confusión al romper el Naturalismo Metodológico dogmático, y agrega una dimensión sobrenatural –un agente inteligente– en la ciencia, y con ello, incorpora la complejidad con sentido y propósito en las ciencias naturales. El DI reemplaza el irracional azar con que juega la ciencia, por una acción inteligente responsable de la vida, del diseño y propósito en la comprensión científica de la naturaleza.

El neotomismo recurre a la filosofía natural para encontrar la coherencia deseada con la fe, y deja a las ciencias tranquilas, no las critica, ni intenta ampliar su visión como lo hace el DI; en el mejor de los casos, la teología toma torpemente un compás de espera hasta que la ciencia pueda descifrar las ‘operaciones intrínsecas’ de las cosas naturales. Se podría pensar que de esta perspectiva la teología se aísla de la ciencia y se auto-condena a caer en una verdad tildada de subjetiva, aunque se pregone como producto de la racionalidad por excelencia. No se ve que aporte nada para lograr una racionalidad comprensiva de distintas perspectivas, que incluya coherentemente la ciencia y la filosofía natural; no hace más que escindirlas.

Próximo post: Argumentos en contra del Diseño Inteligente.

Referencias en este post:

1. MEYER C, STEPHEN (2009). “Signature in the Cell. DNA and the evidence for Intelligent Design.” Harper One. An Imprint of Harper Collins Publishers.

5. COLLADO G., SANTIAGO (2010). “Breve recorrido histórico sobre la posición del Magisterio de la Iglesia frente al evolucionismo.” Universidad de Navarra. Ciencia, Razón y Fe.

http://www.unav.es/cryf/breverecorrido.html/

8. CARROLL, WILLIAM E. (2000). “Creation, Evolution, and Thomas Aquinas.”

http://www3.nd.edu/~afreddos/courses/43150/carroll3.htm

10. CARROLL, E. WILLIAM. “Creation, Evolution, and the Catholic Tradition.”

http://www3.nd.edu/~ganders2/Foundations/Carroll.Evoution.pdf

13. FESER, EDWARD (2010). “Teleology. A shopper’s Guide”. Philosophia Christy, Vol. 12, No.1.

http://www.epsociety.org/library/articles.asp?pid=107&mode=detail/

18. COLLADO G., SANTIAGO (2008). “Creation and Evolution with Pope Benedict XVI in Castel Gandolfo.” Horn S (ed.). Ignatius Press, San Francisco, 2008. Una reseña.
http://www.unav.es/cryf/horn.html/

19. CHRISTOPHER SCHÖNBORN (2005) “Finding Design in Nature.” The New York Times.

http://www.nytimes.com/2005/07/07/opinion/07schonborn.html

20. DEL SUMO PONTÍFICE FRANCISCO. “Carta Encíclica Lumen Fidei” (2013).

 

5 Respuestas para Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte 3

  1. La direccionalidad, la cooperatividad y la funcionalidad son dimensiones finalista que percibimos por una atenta observación de la naturaleza y que son reafirmadas por los avances científicos, y que se refieren al modo de ser de las entidades y procesos naturales; responden a su dinamismo y estructuración, no son algo sobreañadido ni tampoco son resultados accidentales: son dimensiones constitutivas de lo natural. Propiamente son modos de obrar, que manifiestan modos de ser. La direccionalidad y la cooperatividad equivalen a la existencia de potencialidades específicas de tipo tendencial, cuya actualización no se produce de modo necesario, sino en función de las circunstancias; la funcionalidad corresponde al despliegue de esas tendencias cuando se dan las circunstancias que permiten la existencia de organizaciones estables

    Un elemento clave es también la función central que desempeña la información: el dinamismo natural se despliega estructuralmente de acuerdo con pautas; ese despliegue produce nuevas estructuras espaciales que, a su vez, son fuente de nuevos dinamismos; y todo ello funciona mediante una información que es almacenada estructuralmente y se despliega mediante procesos en los que la información se codifica y descodifica, se transcribe, se traduce y se integra. La información viene a ser racionalidad materializada, porque contiene y transmite instrucciones, dirige, controla y prevé, y todo ello a través de estructuras espacio-temporales.

    El diseño es el arreglo de partes con vistas a un fin, y es precisamente a lo que apuntamos cuando hablamos de la función de algo. No se trataría de una impresión arbitraria que un observador externo adjudica a su antojo al sistema en cuestión, sino de una dimensión objetiva y real del agregado, que puede distinguirse de usos adicionales y secundarios por el mayor grado de complejidad que solicita del sistema.

    En otras palabras, ciertos ordenamientos, en virtud de su misma disposición interna, estarían dirigidos a conseguir determinados fines, que se distinguirían objetivamente de la posible instrumentalización que externamente pudiese ejercer un tercer agente sobre ellos. Se trata de una tesis sugerente, pero el tomismo aquí es cuidadoso para no limitarse en sus alcances al terminar cediendo ante una concepción unívoca del diseño, y artefactual (la mera concatenación u organización de partes),reduccionista y mecanicista respecto de los vivientes.

    Los entes naturales, y muy especialmente el viviente corpóreo, se posicionan como un desafío magno a todo intento de reducción de corte materialista. Sólo con la abstracción metodológica de un modelo científico-natural muy preciso se puede reducir a Goethe al ser unicelular y hasta el mismo ser inorgánico .Hay en ellos una unidad que trasciende lo constatable en el orden del fieri humano, no sólo en términos de complejidad morfo-funcional, sino ante todo en su misma dimensión ontológica. Es éste un hecho que ha asombrado a los hombres de todos los tiempos, y la reflexión filosófica, por supuesto, no se ha mantenido al margen de la cuestión. Pensadores de las más diversas escuelas y denominaciones han debido enfrentarse, con las herramientas intelectuales de que disponían, a la originalidad del viviente, en la que ya se atisba, como a la distancia, la originalidad del animal con logos.

    Si el viviente corpóreo, a pesar de la multiplicidad de fragmentos y porciones en que puede ser disecado, se comporta como un todo autónomo, es precisamente en virtud de un algo que lo actualiza, lo especifica y hace de él una unidad en un sentido diverso del que puede decirse de un avión o una calculadora. Este es precisamente el hecho que Tomás de Aquino, desde las canteras de la filosofía realista, pretende advertir. El cuerpo natural es uno en un sentido fuerte, y por ello afirma el Aquinate que se dice de él que es substancia simpliciter, y de los cuerpos artificiales sólo secundum quid, esto es, derivadamente.

    Nos encontramos aquí frente a la ya clásica distinción entre unidades substanciales y las accidentales o de orden, categoría esta última a la que pertenecen todos los objetos construidos por el hombre mediante el arte y la técnica. A estas clases diversas de unidad les corresponden, como sus causas proporcionadas, formalidades de distinta índole. En el caso de los artefactos se tratará de una forma accidental, conferida extrínsecamente por el artista o técnico; para el hombre, la madera o la piedra, en cambio, se tratará de una actualidad intrínseca, o lo que es lo mismo, natural, en cuanto que no le adviene de algún agente externo, sino de un principio inherente al hombre, la madera y la piedra. De entre los cuerpos naturales, son sin lugar a dudas los vivientes los que más perfectamente realizan esta clase de unidad a la que nos referimos.

    Cada cual obra según lo que es, afirmaba Santo Tomás. Como se dijo, si el viviente corpóreo, a pesar de la multiplicidad de fragmentos y porciones en que puede ser disecado, se comporta como un todo autónomo, es precisamente en virtud de un algo que lo actualiza, lo especifica y hace de él una unidad substancial. Ella no puede concebirse en términos de una pura y simple organización de elementos: hay aquí, como lo decía, una causa responsable de esa unidad, operante en todas sus partes, pero que no se identifica con ninguna de ellas. Esa realidad causal no es una fuerza vital, sino la forma substancial aristotélica, que en el caso del viviente recibe en esa tradición el nombre de alma. En efecto, si el viviente es una unidad, es en virtud de su forma substancial, que actualiza a la materia prima y le da el ser al compuesto no según tal o cual modo, sino absolutamente. Siguiendo estos lineamientos, la estructura entitativa de la substancia compuesta queda constituida por la forma substancial y la materia prima, que no pueden ser comprendidos como entes autónomos, ni tampoco reducirse a meras modalidades explicativas; se trata de co-principios reales, actual y determinante aquel, potencial e indeterminado éste, sin los cuales, por definición, no podría haber cuerpo alguno. Pero cuerpos naturales y artificiales no sólo se distinguen unos de otros en razón de la diferente clase de unidad que realizan, y por la índole ontológicamente diversa de la determinación que reciben de sus respectivas formas, sino también por el modo en que en uno y otro caso tienden a sus respectivos fines. La unidad relativa de los artefactos humanos estará dada por una cierta disposición de sus partes, que en definitiva, dependerá del fin para el cual el artífice ha diseñado el arreglo.
    La externalidad del propósito al artefacto mismo es manifiesta, pretende concluir que un cuerpo natural, o parte de él, es el fruto de un diseño. Pero no debemos perder de vista el modo original que tiene esta clase de entes naturales de estar finalizado. Si ellos, como veíamos, poseen una clase de unidad y una formalidad diferente de la que puede atribuirse a los cuerpos, otro tanto cabe decir de la tendencialidad que lleva inscrita en su misma naturaleza.

    La evolución no proporciona una explicación completa de la finalidad natural. En efecto, no explica que existan en la naturaleza unas virtualidades muy específicas, cuya actualización conduce a nuevas virtualidades que son también muy específicas, y así sucesivamente. La evolución resulta ininteligible si no se admite la existencia de tendencias y cooperatividad.
    La evolución no explica en qué consiste y de dónde proviene el dinamismo natural, enormemente específico, que le sirve de base. La explicación de los orígenes es sólo una parte de la explicación de la finalidad. Por otra parte, sea cual sea su origen, en los organismos existe un alto grado de finalidad, y el recurso al binomio azar-selección no basta para explicar completamente la producción de una organización tan sofisticada, coordinada y funcional.

    En la actualidad, el paradigma de la auto-organización es entendido a veces como un pan-darwinismo naturalista que eliminaría definitivamente el problema del fundamento radical de la naturaleza: la naturaleza sería autosuficiente. Sin embargo, la reflexión rigurosa sobre la cosmovisión actual nada tiene que ver con ese naturalismo. Las ciencias “positivas” elaboran modelos que son temáticamente reducidos y metodológicamente abstractos. Pero esos modelos no son de por sí la realidad. La ciencia experimental debe su gran progreso a la adopción de un método que, a la vez, tiene unos límites precisos: no estudia temáticamente las dimensiones filosóficas de la naturaleza, pero las supone y proporciona elementos para profundizar en ellas. Y la explicación de las dimensiones filosóficas remite a los interrogantes acerca del fundamento radical de la naturaleza.

  2. Estimado Juan Carlos:
    De la larga e interesante explicación de la filosofía natural de Santo Tomás que has presentado me referiré a la primera parte. La segunda parte es una elaboración filosófica en un intento de explicar y ‘comprender’ los misterios que presentan de las cosas creadas, particularmente las de los seres vivos; un esfuerzo muy lícito, pero como tal, está indefectiblemente abierta a diversas posibles elaboraciones conceptuales y variadas opiniones. Y en última instancia, el problema de la vida permanece en una zona de misterio.
    La ciencia contemporánea nos dice poco o nada de la idea de diseño y teleología de la naturaleza, particularmente evidente en los seres orgánicos, porque opera en forma mecanicista (“empuja y tira”; como ya lo he señalado en comentarios anteriores. La TDI precisamente incorpora la idea de diseño y teleología al campo de la ciencia, y lo hace nada menos que con el concepto de inteligencia, que tú mencionas, presente en las estructuras biológicas complejas portadoras de mensajes y funciones específicas; estructuras básicas para el estudio científico de los seres vivos. La TNI no es obviamente una filosofía de la naturaleza y no pretende serlo dando una explicación acabada del mundo, solo se limita a lo científico, a lo que se puede estudiar científicamente; la ciencia es sin duda una visión particular, una perspectiva cognitiva del mundo que nos rodea. Tal como opera la ciencia en la actualidad (constreñida por un naturalismo rígido), no puede dar un conocimiento adecuado de las estructuras biológicas, por eso es tan significativa la TDI. A mí me parece esto un paso fundamental en el progreso epistemológico. Desgraciadamente algunos autores neotomistas se oponen a esta tesis, por razones que trato de explicar en el artículo; razones que me parecen muy débiles. Para decirlo en forma popular, a veces me parece que algunos de estos autores, se asemejan a los ‘cowboys que se disparan en el pie’.
    Gracias por tu colaboración al foro.

  3. Juan Carlos

    Gracias por esta excelente exposición

    me gustaría recomendar a nuestros visitantes interesados en el tema la lectura de un fantástico artículo del microbiólogo norteamericano Stephen Talbott: “: Dancing with a Thousand Partners, Or, The Problem of Biological Explanation http://natureinstitute.org/txt/st/org/comm/ar/2014/rna-partners_16.htm

    Talbott hace una descripción en términos estrictamente científicos de todo lo que aquí ha realizado Juan Carlos en lenguaje filosófico. la descripción es magnífica y en ella se pone en evidencia a partir de la observación empírica de la dinámica agente a nivel molecular en las células de los vivientes y su relación con el equilibrio y finalidad del organismo como un todo, la perspectiva perfectamente teleológica de la vida

    Talbott no es en absoluto un proponente del DI, sin embargo, su visión de la vida, desde la óptica estrictamente profesional de un científico le ha llevado a descartar de forma rotunda el modelo del evolucionismo darwinista por su incapacidad para dar cuenta de lo que él llama el “significado” (meaning) de la vida.

  4. muy interesante los comentarios, tanto filosoficos como cientificos. Empero, me permito preguntas a los dignos comentaristas: 1) cómo se inventó la maquinaria humano, por tanto vino el hombre, y como vino la mujer? 2) los seres vivientes en todas la historia natural o científica siempre son macho y hembra; 3)por qué la tierra tiene 28 elementos, la luna rota en 28 días, la mujer mestrua en 28 dias, y asi sucesivamente. LES RUEGO RESPONDER!!!!

  5. Estimado Juan:
    Las preguntas que formulas apuntan a una cuestión esencial: ¿Por qué las cosas son como son, y no de otra manera? Primero que nada el Post que se exhibe en este momento no está dirigido a esta materia, sin embargo aventuraré una respuesta muy general a este asunto. Creo que para enfrentar este tipo de preguntas debemos comenzar reconociendo claramente el punto de partida, esto es, nos encontramos siendo seres humanos en un mundo que permite nuestra existencia y nuestra vida (incluyendo las características que tú señalas). ¿De dónde y cómo llegamos aquí? Las respuestas que circulan en nuestra cultura son variadas, pero básicamente se pueden distinguir dos grupos importantes: las respuestas formuladas desde una fe religiosa, como la judeo-cristiana por ejemplo, que postula un Dios Creador responsable de nuestro mundo y de nuestra existencia como seres humanos; y el segundo grupo constituye la respuesta que se intenta desde la perspectiva de la ciencia contemporánea. Como es sabido el comienzo de nuestro universo se postula en cosmología como originado desde un curioso y misterioso núcleo de existencia en el que las leyes de la física no son aplicables, y que en una gigantesca explosión –el Big Bang—, da origen al universo, con elementos físicos básicos para desarrollarse en el cosmos que conocemos. Este desarrollo se asume ha seguido las ciegas y automáticas leyes físicas que se han descubierto en el comportamiento de la materia estudiada por la ciencia física. Pero resulta difícil explicar el por qué tenemos esas leyes y constantes fundamentales de la física, y tan finamente calibradas (constantes antrópicas), que si variaran un poco, tendríamos un universo completamente diferente al actual, e inhóspito a la aparición de la vida y del hombre. Esta es una situación reconocida, y considerablemente sorprendente ¿Cómo esto es posible? De nuevo tenemos varias respuestas, unas que surgen de especulaciones físico-matemáticas en que las formas matemáticas derivadas en estos ejercicios especulativos, se concretizan para postular universos paralelos o multi-universos, a los cuales, por definición, no tenemos acceso (no verificables). Pero estas especulaciones, a las que algunos llaman metafísica físico-matemática, ofrecen una cómoda solución a la presencia de las constantes y formas físicas en nuestro universo, diluyéndolas en un mar infinito de posibilidades en la fantasía de universos infinitos de distintas características. En otras palabras, las constantes antrópicas son explicadas por el mero azar; nos tocaron a nosotros, a otros universos les toca algo diferente. Pero claro, el azar no es una explicación muy satisfactoria al espíritu humano, por lo que se piensa que estas constantes son más bien, producto de un acto inteligente, un diseño específico con el propósito de que surja un universo ordenado y propicio a la vida y al hombre. Como tú probablemente sabes esta es una de las propuestas de la Tesis del Diseño Inteligente.
    Es más obvia la detección de inteligencia en la constitución de nuestro mundo cuando nos abocamos al problema de la aparición de la vida. El comienzo de la vida en el planeta no se puede concebir biológicamente sin la presencia de un sistema regulador de la formación de las estructuras básicas para sustentarla, esto se refiere concretamente a un sistema genético, específicamente al ADN. Esta magnífica y compleja estructura contiene mensajes funcionales que ordenan el desarrollo celular; lo interesante es que estos mensajes están inscritos en un alfabeto biológico análogo al que usamos en nuestras lenguas actuales; ambos alfabetos portan información específica, y nuestra experiencia cotidiana nos muestra que este tipo de información solo es producto de una mente, de un agente inteligente; no se conoce otra fuente de origen para la información específica. De ahí que se postule que en el origen de la primera célula en nuestra Tierra, hay vestigio de una acción inteligente. En este blog ya se ha presentado esta materia, de modo que te refiero a post anteriores, si te interesan más detalles, y referencias especializadas en este asunto.
    Me doy perfecta cuenta que en este esbozo no respondo plenamente a la esencia de tus preguntas ¿por qué el mundo y nosotros somos del modo que somos, y no de una manera diferente, o simplemente en vez de ser, no ser? Y también ¿Por qué tenemos verdad y falsedad? y más agudamente: ¿Por qué tenemos bien y mal en este mundo? La ciencia no puede obviamente responder a estas preguntas, ni siquiera el DI que reconoce la presencia de la inteligencia en el cosmos, y en la biología muy particularmente. Posibles respuestas solo se pueden encontrar en una filosofía atrevida, y como ya lo mencioné más arriba, más propiamente en la religión. En última instancia, la búsqueda de estas respuestas es una tarea muy personal, que consciente, y muchas veces semi-conscientemente, realizamos en nuestra existencia.
    Agradezco el interés que has manifestado por este foro, y la confianza en tu participación.

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte 2

Por Fernando Ruiz   Creación de la naturaleza y sus operaciones. Dios es creador de la naturaleza, a la que...

Cerrar