Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte 1

DIPor Fernando Ruiz Rey

Introducción.

La tesis del Diseño Inteligente (DI) se ha ido afianzando a medida que avanzan el conocimiento y las investigaciones científicas de las ciencias naturales, particularmente en el área de las ciencias del origen (origen de la vida, origen del universo, origen de la información biológica, etc.). En cosmología la creciente constatación de constantes y fórmulas físicas específicas, con un rango estrecho de variación, necesarias para el desarrollo de nuestro universo capaz de soportar la vida y al hombre, apuntan a un diseño con propósito. En biología, las tesis materialistas / naturalistas del evolucionismo químico, de la auto-organización de la materia y del neodarwiniano, en claro predominio y popularidad durante años, se han visto enfrentadas progresivamente al descubrimiento y comprensión de los finos y complejos procesos moleculares biológicos, y con ello han surgido serias e insuperables dificultades para demostrar que los mecanismos que proponen sean viables para explicar la génesis de la información contenida en las estructuras biológicas, fundamentales para la aparición de la vida y de su desarrollo en el planeta. Las simples fuerzas fisicoquímicas, y el azar, en el marco de nuestro universo, tal como lo conocemos, simplemente no son suficientes para dar cuenta de estos fenómenos.

Ante estos problemas de las teorías naturalistas / materialistas, el DI enfrenta las dificultades y propone una tesis alternativa, la acción de un agente inteligente para explicar la aparición de las estructuras biológicas complejas portadoras de mensajes funcionales (EBCPM). Esta proposición del DI se basa en la observación diaria de la creación humana: no hay información en nuestro mundo cotidiano que se haya generado sin la participación de una inteligencia. La tesis del DI no es un planteamiento religioso, ni una elaboración teológica, es una hipótesis científica propuesta como la mejor explicación posible, y en competencia con otras hipótesis alternativas. La tesis de un agente inteligente en la historia del universo, responsable de la aparición de constantes en física y de las estructuras complejas en biología (EBCPM), quiebra la regla del Naturalismo Metodológico dogmático que rige en la actualidad las ciencias de la naturaleza, exigiendo exclusivamente explicaciones causales apoyadas en las leyes naturales.

No es sorprendente que una gran número de científicos e intelectuales hayan reaccionado ante el DI con abierto rechazo, muchos de ellos guiados por el convencimiento ideológico de un materialismo monista ateísta que ve en este movimiento una amenaza mortal a su credo y metas doctrinarias; y otros, tal vez por el temor de que el DI desordene y dilapide los procedimientos científicos naturalistas que han mostrado éxitos innegables en los últimos siglos, aunque el DI sigue los procedimientos metodológicos habituales para las ciencias del origen, y utiliza métodos matemáticos precisos para detectar y determinar diseño en los fenómenos naturales. El DI no perturba el funcionamiento de las ciencias naturales, solo postula (no impone) su tesis –en forma competitiva con otras hipótesis disponibles–, en aquellas situaciones en que la causalidad natural no es suficiente para explicar los fenómenos estudiados. El DI no se refiere a perfección morfológica o funcional del diseño, solo se limita a señalar que la estructura estudiada no puede ser explicada por la acción de simples leyes naturales y azar, y que es producto de una inteligencia: causalidad inteligente. Sin duda, el postular un agente inteligente en los albores del universo y de la vida tiene implicaciones metafísicas, pero el carácter y rasgos del agente inteligente no son derivados de la tesis del DI, estos son materia para la reflexión filosófica y teológica. (1.2)

Lo que sí es sorprendente constatar es que un buen número de personas del ámbito religioso hayan reaccionado en forma negativa al advenimiento del DI en ciencia. Para los creyentes de las religiones monoteístas, la detección de la acción de un agente inteligente en el mundo no debiera ser motivo de sorpresa, ni implicar un peligro a sus creencias básicas. Hay que reconocer sin embargo, que la orquestada y engañosa campaña pro-darwinista realizada por intelectuales, como el biólogo Francisco Ayala y el filósofo Michael Ruse, ha surtido efecto. Estos, y otros científicos y filósofos, claramente naturalistas, materialistas y ateos, han logrado convencer a muchos creyentes que es perfectamente posible ‘acomodarse’ al darwinismo, que no existe incompatibilidad entre la creencia en el Dios de su fe y la tesis darwiniana (3); obvia decir que el neodarwinismo se presenta como confirmado por todas o, casi todas las evidencias empíricas. (4. 5)

Pero lo que realmente resulta insólito es que intelectuales de adecuada formación teológica expresen desconfianza y censuren la tesis del DI, mostrando incluso simpatía por el evolucionismo naturalista/materialista, una doctrina que intenta utilizar la ciencia –infructuosamente–, para lograr probar sus metas materialistas y mostrar que el origen del universo, de la vida, del hombre, de la conciencia y de todo, es meramente la materia/energía. Metas que son esencialmente contrarias a la creencia en el Dios revelado.

Estos autores utilizan con frecuencia los argumentos habituales de los científicos e intelectuales afines a la ideología darwiniana, se repite una y otra vez: el DI no es ciencia, se trata de una pseudociencia, no sigue las pautas metodológicas establecidas, sus métodos son confusos e incurren en consideraciones teológicas o metafísicas ajenas a la ciencia, no genera líneas de investigación, etc. Estas críticas han sido apropiadamente abordadas por numerosos proponentes del DI y solo se mencionan aquí para ilustrar la animosidad que muestran ciertos autores desde el campo de la religión. (1. 2)

Para entender esta resistencia y rechazo del DI es necesario explorar la conexión que tenga esta actitud con el pensamiento teológico de estas personas. La teología es naturalmente un terreno muy complejo, y propio de los distintos grupos religiosos, y si en este artículo intento una pequeña incursión en esta materia es con el único fin de entender mejor la raíz del conflicto entre DI y algunas de las concepciones teológicas neotomistas, que constituyen un sector importante de oposición al DI.

Situación teológica inicial.

Conviene enfatizar que la tesis del DI emerge desde la ciencia. El enfrentamiento con preguntas insolubles a la sola acción de las leyes naturales con respecto al origen del Principio Antrópico en cosmología y de la información biológica (base del desarrollo de la vida en el planeta) (EBCPM), llevan al DI a plantear la hipótesis de un agente inteligente envuelto en la ocurrencia de estos fenómenos. Esta hipótesis en biología, susceptible de ser refutada con la demostración de un origen diferente de la información, se formula y sustenta como una “causa adecuada” para explicar el fenómeno estudiado, en base a la constatación de que toda información conocida es producto de una inteligencia. (1. 6) La teología por el contrario, elabora sus tesis a partir de la verdad revelada, de modo que el DI y la Teología son dos disciplinas distintas, que sin embargo se tocan en la hipótesis de un agente inteligente envuelto en los fenómenos naturales. El DI solo propone esta hipótesis sin elaboración de carácter metafísico o teológico, se podría decir que, en este sentido, es una proposición abierta a la reflexión de las disciplinas que tratan estos temas.

Esta área de encuentro no es amistosa con la teología de corte tomista. M. Tkacz (7) señala que este desencuentro es debido a una significativa diferencia en la concepción de la relación de Dios con la naturaleza, por lo que es necesario revisar la teoría neotomista a este respecto, para clarificar el fundamento de su oposición al DI. Tenemos que tener presente que, como en toda doctrina, hay variaciones e interpretaciones diferentes en algunos de sus aspectos; en este trabajo nos referiremos particularmente a aquellas interpretaciones críticas al DI.

En la Edad Media se traducen al latín las obras de los filósofos griegos y con ello se introducen nociones diferentes acerca de la naturaleza, ideas que resultan inquietantes para el pensar de los teólogos de las tres religiones monoteístas de ese tiempo. Muchos teólogos se percataron que estas ideas griegas constituían una amenaza seria a la doctrina de la Creación ex nihilo, y temieron que los principios elaborados por Aristóteles para el estudio de la naturaleza –concatenación de las causas del movimiento o cambio–, podrían eventualmente descifrar los misterios del universo generando conflictos con las verdades de la religión. Por ejemplo, los estudiosos griegos, y aquellos que se adhirieron a sus enseñanzas, pensaban que en base a estos principios, se podía concluir que el mundo era eterno: si todo proviene de algo, no puede haber ni un movimiento primero, ni último; por lo que no hay comienzo ni fin en esta cadena causa/efecto en la naturaleza. El ambiente religioso de la época generó diferentes posturas ante estos desafíos, incluyendo los argumentos de pensadores como, Avicena (980-1037), Maimonides (1135-1203), Averroes (1126-1196), y muchos otros. Los teólogos cristianos por su parte, previeron una escisión incompatible entre la ciencia natural y la doctrina Judeo-cristiana. (7. 8:2. 9)

Entonces surge Tomás de Aquino (1224-1274) en el siglo XIII, capitalizando en los trabajos de los teólogos y doctos que lo precedieron, y en las enseñanzas de San Agustín (354-430) y de los Padres de la Iglesia. Aquino señala claramente que Dios en la concepción cristiana, es el autor de la verdad, de toda la verdad, por lo que no puede existir una verdad derivada de la razón (filosofía incluyendo ciencias naturales), y otra verdad de la doctrina teológica (verdades de fe), si entendemos correctamente la religión, y realizamos adecuadamente el ejercicio de la razón. Para el aquinate la razón puede y debe moverse con libertad, pero naturalmente encuentra las verdades de la fe que le son inaccesibles, por lo que en su opinión, no deben producirse choques. Aquino apunta que el aparente conflicto entre estas ‘verdades’, surge cuando se confunde la naturaleza de “la causa” de la Creación, esto es, traer a la existencia sin antecedente previo alguno todo lo existente en el mundo, con la naturaleza de “las causas”, –de los cambios–, de cualquier tipo observados en la naturaleza; también llamadas ‘causas
secundarias’. El movimiento –cambio–, cualquiera que sea, es pasar de un estado a otro, es un proceso, y esto, para Aquino, requiere una realidad material subyacente (previamente creada), y una ‘potencialidad’ inherente que lo permita.

Creación de la totalidad de lo existente.

Para Sto. Tomás, el acto de Creación simplemente no es una especie de cambio, –movimiento–, es una causación radical que genera la existencia de todo lo existente — todo el universo con sus entidades y operaciones; la totalidad del mundo es resultante de la creación Divina. Esta es una creación completa en el sentido de ser una creación de algo totalmente nuevo, una creación a partir de ninguna cosa, de la inexistencia: ex nihilo. Esta creación de Dios es constante y naturalmente necesaria para la existencia del universo. Carroll explica: “El poder creativo de Dios es ejercido a través del curso histórico cósmico completo, cualquiera haya sido el modo que esa historia se haya desarrollado.” (10:5)

La concepción de Dios creador de todo lo existente es para Santo Tomás una visión metafísica de la Creación, y es para el Santo, siguiendo a Carroll: …”accesible a la sola razón”….”no necesita necesariamente de la fe.” (8:2) Aquino pensó que desde el pensar lo que las cosas son –de las esencias–, y de su ser existente, se podía remontar racionalmente a su origen, y concluir una primera causa: Dios (dependencia en el orden del ser). La Creación es entonces, una dependencia metafísica en Dios de todo lo existente, y su estudio por tanto, corresponde a la metafísica; en cambio, el estudio de las causas del movimiento en la naturaleza, corresponde a la ciencia. Sin embargo, según Aquino, para lograr entender la duración del mundo—comienzo y final–, se necesita la fe. Aquino hace entonces, una diferenciación fundamental entre el ‘origen’ del mundo y su contenido, y el ‘comienzo’ del mundo creado. Como consecuencia de esta diferenciación, el mundo puede pensarse en cuanto ‘comienzo’, como finito o eterno, sin afectar la Creación en cuanto ‘origen’ de todo, que es Dios. Es interesante notar que Aquino postula el ‘origen’ como una conclusión fundamentalmente racional. Es oportuno decir que la creencia en Dios está basada indefectiblemente en fe; la razón puede usarse para creer en Dios, o para refutarlo, dependiendo de las creencias básicas del que la utiliza.

Con esta doctrina tomista de separación del acto metafísico de causar –crear—todo lo existente, de las causas del movimiento o cambio, se logra separar la ciencia natural de la teología, sin interferencias, o conflictos. Esto significa que ninguna explicación emanada de las ciencias naturales puede alcanzar o amenazar la Creación de Dios, en cuanto dependencia metafísica de todo lo creado en el poder de Dios. Simplemente se trata de dos racionalidades o discursos separados, dos causalidades funcionando en diferentes niveles. Sin embargo, ambas causalidades actúan como una unidad bajo la voluntad creadora de Dios; Aquino escribe, el mundo: “…es hecho totalmente por ambas, de acuerdo a un modo diferente”. (Cita en ref. 10:6) Pero no resulta fácil ver la diferencia que señala Aquino, puesto que Dios al dar existencia a la naturaleza en el tiempo, le da, momento a momento, existencia y operaciones con sus resultados. En esta situación resulta clara la intervención constante y directa de Dios en el mundo; la idea de Falacia Cosmogénica (confusión de las dos causalidades: causa primera y causas secundarias) no tiene sentido en estas condiciones. Se podría decir que la actividad de las operaciones inherentes de los objetos naturales se continúa creando siguiendo la voluntad de Dios para dar inteligibilidad y orden a lo creado.

Pero da la impresión que hay dos interpretaciones de la Creación. Como ya he mencionado, Carroll habla de una Creación constante, en etapas, pero Tackz (7) comenta que, Dios al crear desde la eternidad no puede pensarse la Creación como un proceso temporal [hay que recordar que Dios ‘existe’ –‘es’– en la eternidad; el tiempo es una dimensión de la realidad del mundo y del hombre]; Dios desde esta perspectiva no crea sucesivamente. Tackz (11), explica que para Tomás de Aquino, Dios no crea secuencialmente, porque esto es incompatible con la perfección trascendente de Dios.

Esta idea de que Dios ha realizado su Creación del mundo en un acto único y completo, se encuentra ya en San Agustín que habla de “fuerzas externas” (Dios) y capacidades otorgadas por Dios a las cosas, que al aplicarse: “producen en tal o cual tiempo o en tal o cual forma, lo que ha sido creado. Porque todas las cosas fueron creadas al comienzo, estando entretejidas en la textura del mundo, pero esperando la propia oportunidad para su existencia.” (12. Cita ref.: 8:10) Dios sostiene su Creación, pero no interviene en ella. La autonomía de las operaciones naturales depende de Dios, las operaciones son instrumentos de Dios. Esta autonomía que Dios permite a su creación, para Aquino, no es signo de disminución de su poder, sino indicación de su bondad. (8:6)

Tenemos dos interpretaciones diferentes, una vista desde la eternidad de Dios, y otra, desde la historia del mundo; dos perspectivas que generan dificultades teológicas. Lo importante para nosotros es que los seres humanos pensamos desde nuestra experiencia en el mundo, vivimos sumidos en la historia, y es esta la perspectiva más inmediata y accesible; la otra es una incursión especulativa en la eternidad de Dios y su poder creador. De cualquier modo, argumentar que Dios creó al mundo en un solo acto, y luego se limitó a un trabajo de mantención para que obraran las operaciones otorgadas a la naturaleza es una afirmación que requiere mucha elaboración para que resulte convincente. No es fácil concebir ese acto de ‘mantención creadora’ sin pensar que con él se crea la naturaleza, y al mismo tiempo, sus operaciones y los resultados de estas operaciones, y esto momento a momento; no se trata de una mantención como un motor (ya creado) que necesita solo combustible y un poco de aceite para que funcione (tenga ‘ser’). No resulta inteligible pensar una distinción entre el dar ser a algo sin considerar su contenido, de lo que eso es y cómo opera; esta separación parece artificial, una abstracción, porque para que algo sea, necesita ser ese algo. En todo caso, las dos interpretaciones de la Creación, constante y la Creación única, confluyen prácticamente, en la misma situación concreta del desarrollo de la Creación en la historia del universo.

Próximo post: Creación de la aturaleza y sus operaciones.

Referencias:

1. MEYER C, STEPHEN (2009). “Signature in the Cell. DNA and the evidence for Intelligent Design.” Harper One. An Imprint of Harper Collins Publishers.
2. MEYER C, STEPHEN (2013). “Darwin’s Doubt.” Harper One.
3. AIZPÚN, FELIPE (Junio 2010). “Evolucionismo, teodicea y diseño inteligente.” Publicado en OIACDI- Organización Internacional para el Avance Científico del Diseño Inteligente: Artículos.
http://www.oiacdi.org/articulos/Teodicea.pdf/
4. COLLADO G., SANTIAGO “¿Cómo encajan la teoría de la evolución y la doctrina de la creación?” En: Ciencia, Razón y Fe. http://www.unav.es/cryf/40
5. COLLADO G., SANTIAGO (2010). “Breve recorrido histórico sobre la posición del Magisterio de la Iglesia frente al evolucionismo.” Universidad de Navarra. Ciencia,
Razón y Fe. http://www.unav.es/cryf/breverecorrido.html/
6. RUIZ, R. FERNANDO (2013). “Ciencias naturales, supuestos metafísicos y metodológicos. Implicaciones para las ciencias del origen; diseño inteligente: críticas y defensa.” Publicado en OIACDI. http://www.oiacdi.org/
7. TKACZ, MICHAEL W. (2008). “Aquinas vs. Intelligent Design.” Catholic Answers Magazine.

http://www.catholic.com/magazine/articles/aquinas-vs-intelligent-design/
8. CARROLL, WILLIAM E. (2000). “Creation, Evolution, and Thomas Aquinas.”
http://www3.nd.edu/~afreddos/courses/43150/carroll3.htm
9. CARROLL, E. WILLIAM (2010). “In the beginning…”
http:/www.thecatholicthing.org/2010/in-the-biginning/print.html/

6 Respuestas para Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte 1

  1. Frente a las enseñanzas del deísmo, según el cual Dios, Creador del mundo, lo tiene abandonado por completo a sí mismo, el magisterio ordinario y universal de la Iglesia proclama que Dios está conservando continuamente en la existencia a todas las cosas creadas.

    La acción conservadora de Dios es un constante influjo causal por el que mantiene a las cosas en la existencia. Dios no solamente se ocupa mediatamente de la perduración de las cosas valiéndose para ello de causas segundas creadas, sino que opera Él mismo inmediatamente tal persistencia. Santo Tomás define la conservación del mundo como continuación de la acción creadora de Dios

  2. Estimado Juan Carlos:
    Creo oportuno hacerte ver que en esta sección del artículo comento que parece haber dos interpretaciones de la Creación ex nihilo, una habla de Creación única y trabajo de mantención de lo creado; la otra enfatiza la Creación constante de todo lo que hay. Lo difícil de entender es lo de la mantención de lo creado. Si tienes interés en este asunto te ruego eches una mirada nuevamente al último parágrafo del artículo. No te comento más, porque este problema volverá a aparecer más adelante.
    Te agradezco que hayas leído el artículo y que participes en el foro.

  3. La cooperación de la causa primera con las causas segundas recibe la denominación de concurso divino. Precisando más, tal concurso puede ser natural (general) y sobrenatural (especial), siendo este último el influjo sobrenatural de Dios en las criaturas racionales por medio de la gracia; el concurso divino se divide también en concurso físico y moral.

    Otra división es la de concurso inmediato y mediato, siendo este último el que se ejerce mediatamente confiriendo y conservando las fuerzas naturales, según enseñaba Durando; finalmente, el concurso puede ser universal si se extiende a todas las acciones de todas las criaturas sin excepción, y particular en caso contrario.

  4. Estimado Juan Carlos:
    Gracias por la información que provees. Pero me parece que el problema fundamental es la preservación del ser de todo lo creado, en la no existencia que se abre en el tiempo. Para que las cosas sean hoy (y obviamente mañana) se necesita la creación divina; llámese ésta, ‘concurso divino’ o simplemente ‘creación continua’ como lo llaman algunos neotomistas [una concepción que calza bien con el presente constante y activo de Dios: Dios es].
    Este es un tema teológicamente interesante y espinudo. Lo he presentado en el artículo, como lo verás en las secciones que siguen, porque la idea de ‘naturaleza’ de funcionamiento autónomo, es una de las razones por la que el neotomismo se opone al DI, a la posibilidad de actuar Dios directamente en el mundo. Con la ‘creación continua’, Dios está siempre en creación activa y directa de todo lo creado, y esto incluye los ‘resultados’ de las propiedades inherentes de los objetos naturales: no existe tal autonomía de la naturaleza, que se postula como inviolable, aún para Dios mismo [naturalmente que esta teología le concedió Dios algunas excepciones: encarnación, resurrección de Jesucristo, etc.].
    Gracias nuevamente por tu participación en el foro, que no tiene otro propósito que el intercambio de ideas y perspectivas.

  5. Estimado Fernando:

    Desde mi punto de vista, la Teoría del Diseño Inteligente (TDI), no trata primariamente con causas naturales y sobrenaturales, sino con cusas dirigidas y no dirigidas. Con ello refuerza nuestro conocimiento científico de las dimensiones finalistas observadas en la naturaleza.

    En la postulación de los sistemas irreductiblemente complejos hay implícito, y es éste el mérito cardinal de la teoría, un reconocimiento de la clase de unidad que el ser vivo constituye y de su consiguiente refractariedad a los enfoques gradualistas. Otro tanto puede decirse de los esfuerzos de Dembski por tratar algorítmicamente el problema del diseño. Se trata de un argumento de lo probable, que si bien no posee un valor estrictamente demostrativo, como gustan de recalcar sus objetores, no deja por ello de merecer atención.

    En la TDI hay un aspecto propositivo, que a pesar de las vigorosas arremetidas de la ortodoxia darwinista, especialmente severas en el ámbito académico (e incluso en ámbitos religiosos) parece seguir su camino. Las críticas agresivas y expeditivas que contra la propuesta de la TDI se han venido levantando, parecen tener más bien su raíz en una ideologización irreflexiva que en un examen formal, detenido y sereno del problema.

    La vía filosófica metafísica para llegar a un Dios, no sólo ordenador, sino Creador de la naturaleza, y que Kant rechazaba (refutado satisfactoriamente por destacados tomistas), sigue abierta.

  6. Estimado Juan Carlos:
    Gracias por tu magnífica contribución al foro. El propósito que me llevó a escribir este artículo fue el entender la razón del rechazo tan acerado a la TDI por parte de algunos autores neotomistas. De manera que el contenido de este trabajo debe ser puesto en esta perspectiva. En modo alguno se trata de un análisis de la filosofía/teología de Santo Tomás, ni tampoco el proponer una vía a lo sobrenatural para la TDI. La propuesta de un “agente inteligente” o, mejor, de “una acción inteligente” para explicar el origen de estructuras biológicas, como el ADN, es una proposición abierta a la consideración de otras disciplinas: filosofía de la naturaleza, teología, religión. Y también se puede considerar como una mera hipótesis sin tracción ontológica, que facilita la exploración de los datos observables. Es necesario recordar que cuando nos dirigimos a explorar el origen del universo, de la vida y del hombre, la ciencia entra en un terreno que no puede manipular experimentalmente, y con muy pocos datos para extraer conclusiones adecuadas. Por eso los proponentes de la TDI enfatizan los datos obvios e irrefutables: la organización inteligente de las estructuras biológicas fundamentales para la vida. La TDI rechaza los intentos de explicar esta organización inteligente mediante procesos basados en el azar/necesidad de los elementos envueltos, y señala que, la única fuente conocida de origen de toda organización inteligente, es una mente inteligente.

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
La Necesaria Concausalidad. Parte 8

Davies es el prototipo de autor atrapado en la incoherencia de su propia falta de compromiso intelectual. Se somete al...

Cerrar