Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte 2

mimicryPor Fernando Ruiz

 

Creación de la naturaleza y sus operaciones.

Dios es creador de la naturaleza, a la que le otorga “operaciones’ según la naturaleza de las cosas, y que son las causas responsables del cambio o movimiento de ellas (causas secundarias), y por tanto del desarrollo observado en el mundo. Confundir las dos causalidades –la causa de la Creación de todo lo existente, y las causas del movimiento, en la naturaleza–, como ya se ha mencionado, es cometer lo que se ha llamado “Falacia Cosmogónica”. (7) Es muy importante no perder de vista que tanto la causa primera (Dios dando ‘ser’ al mundo) y las causas secundarias (de la naturaleza), son ambas por voluntad divina; no son dos cosas separadas o fundamentalmente distintas, puesto que las dos son actos creativos de Dios, dependen primariamente de Dios. Se separan teóricamente y, un tanto artificialmente, para una comprensión particular de la naturaleza. Para el neotomismo, Dios da existencia a todo lo existente en el mundo. Pero a la naturaleza le otorga operaciones para que funcione con autonomía; de este modo, todo objeto tiene su propia naturaleza y poder causal real, desde las partículas subatómicas hasta el hombre mismo. La acción de Dios se limita en mantener su existencia, no interviene directamente en ella. Esta concepción de la naturaleza tiene ciertos tonos de la concepción deísta de la creación (Dios crea el mundo y lo deja para que funcione impedientemente). Pero lo importante a tener presente, es que las ‘operaciones inherentes’ según la naturaleza de las cosas propuesta por Santo Tomás, de acuerdo a Feser: “No es [el resultado de] una inducción generalizada en modo alguno, ni un argumento por analogía, ni un argumento a la mejor explicación.”…..“Esta es una afirmación metafísica, no un ejercicio de formación empírica de hipótesis.” (13:157) Esta proposición de Aquino es ajena a las ciencias empíricas, de modo que esperar que las ciencias actuales de carácter evolutivo y naturalista/materialista logren coger y manejar estas operaciones inherentes generadas por el pensamiento metafísico, es una aspiración con pocas posibilidades de éxito, y además con potencial de generar confusiones y equívocos.

Aquino sigue a San Agustín en su visión de la naturaleza: “Todo el curso normal de la naturaleza está sujeto a sus propias leyes naturales. De acuerdo a estas, todas las criaturas vivas tienen sus determinadas inclinaciones…y también los elementos de las cosas materiales no-vivas tienen sus determinadas cualidades y fuerzas, en virtud de las cuales como lo hacen y se desarrollan…De estos principios primordiales y todo lo que viene, emerge a su propio tiempo y en el debido curso de los sujetos.” (34. Cita en ref. 8:25) Para Aquino al igual que San Agustín, la Creación ‘simultanea’ (una Creación única) le parecía más conforme a la razón que la Creación ‘episódica’ (creación sucesiva, constante), aunque esta interpretación es más frecuente y parece superficialmente estar más de acuerdo con la letra del Génesis. Santo Tomás pensaba que la Creación ‘simultanea’ preservaba la Sagrada Escritura de burlas y de infidelidad. (8:7)

Carroll parece sostener una tesis diferente a la de San Agustín y Santo Tomás cuando escribe: “La creación no es un suceso distante; es la causación completa de la existencia de todo lo que es. En este mismo momento, si Dios no estuviera causando todo lo que existe – de partículas subatómicas hasta el color del cielo, hasta nuestros pensamientos, esperanzas y sueños – si no estuviera Dios causando todo lo que existente, no habría nada.” (10:4-5) Si pensamos en esta cita se puede concluir que la creación divina es un proceso continuo, en el que se otorga constantemente ‘ser’ y ‘operaciones’ a la naturaleza. No se trata simplemente de ‘mantención’ de lo creado en un comienzo para que se desenvuelva y conforme el universo que tenemos de acuerdo a las operaciones otorgadas a la naturaleza en el momento inicial. Con esta interpretación de la creación continua de Carroll, la independencia de las operaciones naturales no parece tan evidente, porque la Creación de todo es constante.

Si leemos el Génesis y prestamos atención a las ciencias de la naturaleza: la vida aparece en el universo en un momento dado después de muchas otras cosas y sucesos, y posteriormente aparece el ser humano. Las operaciones de la naturaleza aparecerían en el mundo secuencialmente de acuerdo a lo que se va creando, primero la materia-energía y sus operaciones, luego la vida y sus operaciones, y luego el hombre y sus operaciones. La aparición de estas realidades con sus operaciones en la historia del universo –historia de la Creación–, naturalmente es obra de Dios. Por ejemplo, para que surja la vida en el planeta se necesita la emergencia de una primera célula, y para que esto sea posible se necesita un mensaje específico que organice los elementos físico-químicos envueltos en la vida celular. Este mensaje, de acuerdo a la biología actual, está depositado en las estructuras genéticas y epigenéticas, su aparición se debe consecuentemente, a la acción directa de Dios, como lo es para todo lo que ocurre en el mundo. De esta manera la propuesta del DI, la acción de un agente inteligente como responsable de esas estructuras cuya aparición es inexplicable por las operaciones de la materia/energía, es perfectamente aceptable. No tendría cabida entonces, la ‘Falacia Cosmogénica’, puesto que para hablar de esta Falacia tiene que haber independencia de la naturaleza y sus operaciones que van modelando el mundo en el tiempo, en la historia, sin intervención directa del Creador; Dios en este caso se limita a una mantención de la existencia. La distinción entre dar existencia y mantener lo creado se presta a interpretaciones distintas. Da la impresión que concluir que Dios otorgó independencia a la naturaleza es una venia a la idea de naturaleza proveniente de otras culturas.

La tesis de la Creación única y completa, sin presentar secuencia alguna entra en clara y abierta confrontación con la historia del Génesis en la que se presenta la Creación del mundo en forma progresiva, con la aparición de la vida y del hombre en último término.

Esta es una interpretación relativamente literal del Génesis; Aquino no la acepta, para el Santo, esta secuencia correspondería a lo que denomina el modo o manera de la formación de los seres en el mundo, un terreno susceptible de ser estudiado por la ciencia. En otras palabras este modo o manera de formación es producto de la naturaleza siguiendo sus operaciones.

Esta concepción tomista de la Creación completa total en un acto único lleva a preguntar: ¿Qué naturaleza inicial creó Dios? ¿Algo semejante a una singularidad y Big Bang? ¿Qué idea tuvo Santo Tomás del comienzo de la creación? Estas no son preguntas retóricas, porque una cosa es elaborar una teología con una idea de lo creado como es el mundo que conocemos, que de hecho conocieron Abraham y Santo Tomás, y otra es pensar en un mundo con plantas inmensas y animales gigantescos, sin seres humanos; o un mundo sin vida alguna; o un mundo sin planeta Tierra. Las consecuencias son radicales, porque una cosa es crear el mundo como lo conocemos los humanos y afirmar que Dios no solo lo creó de la no-existencia, sino que creó también su naturaleza y las operaciones de cada cosa según su naturaleza particular; esto es, los gatos con operaciones de gatos, los árboles con operaciones de arboles, los hombres con operaciones de hombres, etc. En este escenario parece moverse Santo Tomás al escribir: “Dios es la primera causa de las causas naturales y de las causas voluntarias. Y así como Su mover las causas naturales no impide sus actos de ser naturales. Así también, Su mover los agentes voluntarios no les impide que sean voluntarios, sino que más bien los hace ser justamente eso, porque Él actúa en ambos según su naturaleza.” (Cita en ref. 10:5) Y en esta otra cita: “…Dios desde el comienzo, para asegurar la perfección en el universo, ha colocado en él creaturas de distinta y desigual naturaleza, de acuerdo a Su sabiduría, y sin injusticia, puesto que no se presupone mérito en la diversidad.” (14) En opinión de Gage que discute el esencialismo tomista como contrario al darwinismo concluye tajantemente: “Enfrentémoslo: Tomás de Aquino no fue un evolucionista, menos un darwinista, en ningún sentido.” (15:8) Y, si el aquinate no aceptaría el evolucionismo biológico, menos aceptaría el evolucionismo cosmológico.

De modo que es otra cosa muy distinta afirmar que Dios creó un núcleo inicial en las que las leyes físicas no cuentan y que luego se expandió en un Big Bang con sus operaciones según su naturaleza. Estas operaciones serán relativamente simples comparadas a las de nuestro universo actual, puesto que estamos frente a materia y energía de manera estrictamente física, y no a plantas, animales y hombres cuyas operaciones son muy complejas y diferentes a las de la materia/energía básica de las que nos habla la cosmología y la Biblia (mundo material, incluso un caos inicial) previos a la aparición de la vida. La vida y el ser humano son generados por actos creadores de Dios en el curso de la Creación, y aparecen sucesivamente en la historia del universo; un interesante paralelismo entre la historia cosmológica y la narración del Génesis (caos-mundo/material/ordenado-vida-seres humanos).

No es fácil pensar que el autor de la teología vigente haya imaginado la posibilidad de una visión científica evolutiva del universo; y tal vez por eso descartó la narrativa en fases del Génesis como producto de una cosmología primitiva de los que escribieron la historia de la Creación. Ni tampoco que haya imaginado el peligro del reduccionismo explicativo con que opera la ciencia física contemporánea que intenta explicar ‘científicamente’ todo lo existente a partir de su conocimiento de la materia y sus simples leyes de fuerzas de atracción y repulsión.

La concepción teológica neotomista se encuentra en una situación dislocada frente a la ciencia contemporánea, a sus pretensiones y a los problemas que enfrenta. La ciencia muestra su estrechez e insuficiencia, el DI amplía su perspectiva incorporando la acción sobrenatural en el proceso científico, y con ello el surgimiento de nuevas operaciones según la naturaleza de las realidades que van apareciendo.

Dificultades de la separación de las dos causas.

Si por un lado la doctrina tomista separó el acto de Creación divina, de las ciencias de la naturaleza, e intentó armonizarlas, por otro lado, esta tregua entre ciencia y fe obligó a la religión a matizar algunas interpretaciones bíblicas de acuerdo al estado del progreso de la ciencia. Pero en términos generales, esta conveniente doctrina permitió y alentó el desarrollo de las ciencias en el mundo occidental, y salvaguardó a la religión de verse diluida o, seriamente amenazada, por el progreso del conocimiento científico. La situación se complicó con el advenimiento de la ciencia moderna en los siglos XVI y XVII, las ciencias nuevamente cobraron fuerza y prestigio progresivamente, y muchos pensaron que la ciencia explicaría la situación humana sin tener que recurrir a la religión; la tensión entre ciencia y fe se tensó nuevamente. Pero con la categorización tomista del conocimiento se quiso, y se ha continuado queriendo pensar que la armonía y complementariedad de la razón (ciencia) y de la fe, si no totalmente vigente, es potencialmente posible. No faltan ejemplos históricos que muestran la tirantez entre el mundo científico y el eclesiástico, y habría además, que recordar que los misterios básicos de la fe Judeo-cristiana: creación de la vida y del alma humana, la Encarnación y Resurrección de Jesucristo no han sido avalados precisamente por las ciencias naturales, estos han permanecido como Dogmas de la Fe, como verdades de fe consideradas impenetrables a la razón (científica y filosófica), y, obviamente, independientes del saber científico.

De cualquier manera, la deseada concordia de saberes cambia dramáticamente con el avance de la ciencia contemporánea, que con pasos gigantescos ha penetrado las intimidades del cosmos, de la célula, del cerebro, y explora afanosamente el origen del universo y de la aparición de la vida y del ser humano. Todas estas áreas tratadas tradicionalmente por la religión como resultantes de la intervención de Dios, ahora se quieren explicar científicamente por la acción conjunta de leyes naturales y azar. La tensión ahora entre ciencia y fe es palpable, más aún, es fuertemente agravada por ideologías ateas que capitalizan en el neodarwinismo y en el progreso de las ciencias biológicas. Sin embargo, el neotomismo continúa aferrado a la doctrina de separación de causas: causa primaria y causas secundarias; se siente protegido al postular la independencia de la causa primaria como una racionalidad metafísica que no es amenazada por las ciencias de la naturaleza que operan con las causas secundarias. Esta independencia se hace particularmente evidente cuando se sostiene que el Big Bang corrobora la idea de la Creación, esto implica la intervención de Dios en el ámbito de la naturaleza, en las causas secundarias, y esto no es aceptado por la doctrina neotomista; esta es un área de la ciencia.

No se puede negar que esta doctrina es particularmente ventajosa, se salva la idea de la Creación y se deja a la ciencia por su cuenta, funcionando con el supuesto de que las operaciones inherentes creadas por Dios para cada objeto natural explicarán todo el desarrollo de la naturaleza. Pero como toda doctrina humana tiene debilidades e inconsistencias, y las ‘verdades’ de la ciencia se van imponiendo frente a las de una filosofía de la naturaleza, pues son consideradas en la cultura actual como ‘verdades duras’, y estas tienen consecuencias en el pensar y el creer de los hombres.

Diseño en la naturaleza y finalidad intrínseca.

El tomismo otorga entonces autonomía a la naturaleza, con integridad funcional en base a las operaciones que Dios le otorgó al crearla. Dios no interviene directamente en este proceso de los seres naturales, así el ser humano para Aquino tiene libre albedrío, Dios le otorga este don, esta manera de operar, de acuerdo a su naturaleza humana. Kacks escribe: “…Dios generó la naturaleza para que opere de este modo, y produzca por su propia agencia lo que produce.” (7) Las operaciones de las cosas naturales se dirigen a un fin, a una meta o logro. La tendencia a una finalidad del operar de las cosas naturales es inherente a ellas mismas, no es debida a ninguna fuerza externa, y es esta finalidad intrínseca la que genera el orden y diseño observable en la naturaleza. Kack puntualiza: “Dios no interviene en la naturaleza, ni ajusta, o ‘arregla’ las cosas naturales.” (16:5) Los neotomistas piensan que el orden y diseño que se observa en la naturaleza como consecuencia de sus operaciones, es lo que hace posible la ciencia; si la naturaleza se muestra así, es por una razón o causa que es lo que la ciencia va a estudiar.

El orden y diseño del mundo actual es evidente, pero este diseño es considerado como ‘pseudodiseño’ en la perspectiva evolucionista que impregna las ciencias de la naturaleza, incluyendo física y biología. Esto es, lo que parece diseño, no es más que el resultado de la combinación del juego ciego de las leyes naturales simples de los elementos constituyentes, y el azar. El diseño como un ordenamiento con sentido y propósito no es consultado por la ciencias de la naturaleza, y muy explícitamente negado por la ideología neodarwiniana.

Se puede aducir, siguiendo la doctrina neotomista, que la finalidad está presente aún en la más simple de las causas eficientes, en la más primitiva ley física; esto es, si A causa B, y no C, o D, o nada, es porque en A se encuentra, por naturaleza el efectuar solamente B, es una finalidad inherente a A; esta teleología se observa también en sistemas inorgánicos más complejos, como el ciclo del  agua – evaporación – condensación – precipitación – colección – etc., en los que se pueden detectar efectos específicos, propios del ciclo (13:150-1) El problema que se presenta es que con las leyes naturales, y su finalidad, no podemos explicar la aparición de formas biológicas complejas. Pero el argumento neotomista insiste que si tenemos de hecho estas formas complejas en la Tierra, implica que en la naturaleza –e inherente a ella–, hay una finalidad de acción, y que sería cuestión de tiempo para que la ciencia descubra el cómo de estas operaciones. Este argumento está basado en la suposición de que en verdad existe esa acción de finalidad en la naturaleza, como lo están las leyes naturales ya conocidas; pero esto no es más que un supuesto basado en una comprensión filosófica o teológica de la naturaleza. Sí, de hecho tenemos un orden muy fino observable en la naturaleza que llamamos diseño, pero es difícil, por no decir imposible, imaginar que en esa materia/energía, que se encuentra en la base constitutiva de todas las cosas del universo, se esconden muy sutilmente las operaciones que la llevan al diseño observable en el mundo de la vida y del hombre. Pensar que las moléculas de los elementos químicos envueltos en la formación de la primera estructura compleja con información biológica, llevaban cada una la ‘operación inherente’ de unirse a otras, no casualmente, sino selectivamente para poder formar esa estructura compleja portadora de mensajes funcionales, es caer literalmente en la fantasía; y esto, sin considerar que cada molécula está formada por componentes que tienen que ser portadores de las finas operaciones para futuras reacciones del desarrollo natural. Impensable, aún para una filosofía que considere seriamente la situación evolutiva del Universo.

La ciencia solo tiene las leyes naturales, a las que les agrega el mágico azar, para intentar explicar los problemas de la aparición de la vida y del ser humano en la historia del universo; pero esto no es suficiente, la ciencia ha encontrado un tope que no puede vencer. La tesis del DI supera este traspiés, rompe el Naturalismo Metodológico, y propone, siguiendo la lógica de la ‘mejor explicación’, la acción de un agente inteligente como responsable de la aparición de esas estructuras biológicas portadoras de información. Un procedimiento perfectamente razonable que sigue la lógica de la abducción y responde a las necesidades de la ciencia, y sin romper sus procedimientos metodológicos. Con esta hipótesis del DI, incorpora en el conocimiento científico, el sentido y la finalidad a un nivel más amplio que el de las meras leyes físicas, y sin tener que recurrir a la diosa Fortuna, que como repetimos en este trabajo, no ha sido afortunada.

El orden y diseño del mundo son para en neotomismo el resultado de la creación Divina, pero indirectamente, puesto que Dios creó la naturaleza y sus operaciones, y a sus resultados les otorgó inteligibilidad. De este modo, el ser humano ve en el diseño de la naturaleza y del mundo un orden y una finalidad intrínseca de las cosas que desvela la existencia de Dios y la dirección del desarrollo cósmico; el ser humano puede comprenderlo. Pero como ya apuntado, no a nivel de la ciencia. La teleología, esto es, movimiento/cambio en la naturaleza dirigido por la dirección a un fin que concibe la teología neotomista, es sustituido en la biología evolutiva por la teleonomía, en la que el motor del movimiento ya no es la finalidad, sino la mera evolución, sin meta ni guía.

Carroll comenta que las ciencias modernas evitan recurrir al descubrimiento de tal necesidad de orden y propósito: “Y más aún, la “inteligibilidad” del mundo es frecuentemente vista exclusivamente en términos de formalismo matemático más que en principios intrínsecos encontrados en la naturaleza y en las relaciones entre las cosas, donde Aquino las ubicaría.” (8:21; N. #:21) En esta nota, Carroll apunta a un problema que se hace evidente cuando se intenta hacer equivalentes, las ‘operaciones’ de la naturaleza –emanadas de un discurso filosófico–, con las leyes de la naturaleza, altamente matematizadas de la ciencia contemporánea. Este comentario coloca al neotomismo en una situación excéntrica con respecto a las ciencias de la naturaleza, ya no son estas exactamente las “operaciones” de las que habla la teología, y por tanto como hemos visto, ya no son el instrumento acabado para leer la “inteligibilidad” de la naturaleza. La inteligibilidad de la naturaleza creada se logra más bien mediante el pensar filosófico, la filosofía natural.

El neo tomismo tiende a ver dos modos de captar la inteligibilidad de la naturaleza, una a través de la comprensión de sus operaciones, que en las ciencias naturales llamamos actualmente causas naturales o leyes naturales, pero como apuntado en el párrafo anterior, es muy deficiente. La ciencia articularía los detalles de esta inteligibilidad. Pero pueden además surgir otros problemas con la inteligibilidad realizada por la ciencia, así dice Kackz comentando el azar que se baraja en la biología evolucionista (y en otras ciencias), el orden: “…no puede ser resultado solo del azar, porque el orden no puede resultar del caos sin la agencia de un principio ordenador.” (11:2) Pero, Carroll escribe: “Dios causa el azar y los eventos fortuitos que son así, como Él causa los actos de los seres humanos de ser actos libres.” Esto es, Dios causa el libre albedrío en el ser humano y también el azar, parece entonces que tenemos aquí un problema. Pero este pequeño conflicto se resuelve; veamos lo que nos dice Carroll: “Una cosa es decir que las categorías explicativas de la biología evolucionaria no van más allá de las descripciones de azar y de lo casual; otra cosa es decir que no se necesita para dar cuenta del cambio biológico nada más que el azar y lo casual.” (10:6) En este juicio coincide con la tesis del DI, pero la filosofía ‘respeta’ el azar en la naturaleza propuesto por la ciencia evolutiva, y el DI lo rechaza.

Carroll limita claramente la inteligibilidad de la ciencia biológica, para Carroll (10:7), como ya visto, las tesis de la ciencia no constituyen una inteligibilidad adecuada o completa de la naturaleza creada, y recurre a la filosofía natural para resolver este problema. La filosofía natural es la segunda manera de captar y reconocer coherentemente la finalidad intrínseca de la naturaleza, y la más importante y eficiente. Carrol escribe respecto a la finalidad intrínseca: “Es una finalidad desvelada en la filosofía natural, como esta disciplina refleja la evidencia provista por las ciencias naturales.” Pero la ciencia habla de leyes naturales y azar, y no consulta ninguna ‘finalidad intrínseca’, un concepto que es completamente ajeno a las tesis de las ciencias naturales que ofrecen explicaciones de carácter mecanicista. Sin embargo, es claro que la botánica, la zoología, la fisiología y otras ciencias que estudian los organismos vivos describen procesos biológicos que operan para cumplir con una función (finalidad) que va más allá de las funciones locales que realizan los componentes del sistema biológico considerado. Las ciencias no reconocen esta finalidad que exhiben los seres vivos, la atribuyen a procesos físico-químicos que siguen una cadena de acción precipitada por mecanismos genéticos. Las explicaciones siguen a este nivel como procesos físico-químicos y además fortuitos, pero no pueden dejar de reconocer que este magnífico orden que comandan las bases genéticas y epigenéticas constituye un mensaje biológico, complejo y específico; un diseño. La biología evolutiva intenta probar infructuosamente que el origen de este código del sistema genético apareció en la primera célula viva por el efecto combinado de las leyes naturales y el azar. El DI propone una tesis en que la organización estructural/funcional, el sentido y la finalidad observada en los seres vivos, proviene de la acción de un agente inteligente responsable de la formación de estructuras orgánicas portadoras de mensajes esenciales para la existencia de la vida.

La detección de diseño en la naturaleza por la filosofía natural sigue los preceptos de Tomás de Aquino: “Vemos que todas las cosas que carecen de inteligencia, como los cuerpos naturales, actúan para un fin, y esto es evidente puesto que siempre, o casi siempre, actúan del mismo modo, para obtener el mejor resultado. De aquí que es claro, que logran su fin, no fortuitamente, sino por diseño.” (17: I. q.2, a.3. Citado en 13:156) Este diseño de la filosofía natural tiene poco en común con el diseño detectado en biología por el DI, siguiendo la lógica de la complejidad irreducible, y el cálculo de probabilidades. Son discursos diferentes, uno filosófico, otro científico (pero en rigor no son irreconciliables). Naturalmente como hemos visto, esta herencia del aquinate es bastante ajena a las ciencias de la naturaleza.

En el terreno de la filosofía natural se resuelven entonces los problemas que el mecanicismo, el azar y lo fortuito, planteado por la biología evolutiva, generan para la comprensión teológica de la inteligibilidad y de la finalidad intrínseca y diseño. Carroll explica que: “Aquino diría que las ciencias naturales son totalmente competentes de dar cuenta de los cambios que ocurren en el mundo natural.” (8:12) Pero las dificultades que plantea la ciencia contemporánea evolutiva son difíciles de compaginar con la teología, así que se trasladan a la filosofía natural para enmendarlos. Carroll escribe hablando de las ciencias: “…esto no significa que “todo en [itálicas en el original] la naturaleza puede ser explicado en términos de causas naturales.” (8:12) Creo que es oportuno subrayar lo que Carroll escribe, no todo ‘puede ser explicado en términos de causas naturales’. Esta es una interesante coincidencia con el Diseño Inteligente, la diferencia radica en que la teología neotomista resuelve la insuficiencia de la ciencia, trasladando el problema a un área paracientífica, a otra racionalidad. En otras palabras, se abandona la ciencia (particularmente las tesis de la teoría evolutiva) como insuficiente y, hay que reconocerlo, contradictoria a las verdades de la fe, y a la filosofía natural tomista. En cambio, el DI no se aleja de la ciencia, incluye lo sobrenatural en el proceso científico, sin perturbar su dinámica epistemológica; solo quiebra el dogma del Naturalismo Metodológico.

Lo paradójico de la solución teológica es que escinde la verdad, por una parte la ‘verdad de la ciencia’ evolutiva (y/o de lo que se presenta como ciencia) y, por otra, la ‘verdad de la filosofía natural’, dos verdades que no se corresponden, son más bien conflictivas; una escisión que Santo Tomás trató de evitar. Ante esta situación no se puede dejar de pensar que si Santo Tomás estuviera vivo, tal vez elaborara una teología distinta y compatible con el carácter evolutivo de la ciencia actual, y no sería extraño que mirara el Diseño inteligente con buenos ojos.

Pero la finalidad intrínseca enfrenta aún una interesante situación. La ‘causa final’ –finalidad intrínseca—que promueve cambio dirigido, es fácil de entender cuando la ilustramos con un carpintero que construye una casa. La causa final que mueve a este operario en sus acciones de constructor es la casa a construir. La idea de la casa está en la mente del carpintero. Pero, en el mundo natural, pongamos el ejemplo clásico de la bellota; se dice que la causa final que mueve a la bellota, es el roble que es su producto final. Bueno, ¿dónde está la idea de roble que mueve a la bellota? Pues la forma de roble no puede estar en la bellota, porque entonces esta sería roble y no bellota. Tampoco puede estar en una mente humana, porque el hombre no puede mover a la bellota a ser roble. Bueno, todavía podemos movernos a la botánica y decir, la bellota está programada genéticamente a desarrollarse y formar un roble. Curiosamente este camino nos conduce a la pregunta esencial: ¿y de dónde comienza esta serie genética que llega a la bellota? o en otras palabras: ¿cómo aparece la primera carga genética en la Tierra? Aquí nos encontramos en compañía del DI. Pero para el neotomismo, esta no es la ruta para explicar estas propiedades metafísicas de todas las cosas naturales. Veamos qué nos dice Feser: “La causación final en el mundo natural es inteligible, porque hay una inteligencia completa fuera del orden natural dirigiendo los objetos naturales a sus fines.” (23:158) Este escritor neotomista nos viene a decir que Dios interviene en la naturaleza desde fuera de ella dirigiéndola a sus fines. Dios da constantemente la esencia –de la que dependen las operaciones–, y la existencia a las cosas naturales. Nada de Falacia Cosmogénica. Si Dios está envuelto directamente en la finalidad de las operaciones de todos los seres naturales, además de otorgarles conjuntamente la existencia, ¿no podrá estar envuelto para la existencia y la esencia de las estructuras biológicas esenciales para la aparición de la información y la vida en el planeta? Y usando los elementos necesarios ‘ya creados’ (por ejemplo: los elementos químicos) con sus esencias y existencia independiente La respuesta es: ‘¡pero claro! Dios está envuelto en la Creación constante de todo lo existente.’ Así vista la creación constante de esencia y existencia de todos los objetos naturales, se debilita, más bien desaparece, la independencia autonómica de la naturaleza, y hace posible el entendimiento de la complejidad creciente del universo por intervención directa de Dios, como lo propone el DI con la hipótesis de un agente inteligente.

Próximo post: Limitaciones de la ciencia actual, y filosofía natural.

Referencia en este post:

7. TKACZ, MICHAEL W. (2008). “Aquinas vs. Intelligent Design.” Catholic Answers Magazine. http://www.catholic.com/magazine/articles/aquinas-vs-intelligent-design/
8. CARROLL, WILLIAM E. (2000). “Creation, Evolution, and Thomas Aquinas.”
http://www3.nd.edu/~afreddos/courses/43150/carroll3.htm
9. CARROLL, E. WILLIAM (2010). “In the beginning…”
http:/www.thecatholicthing.org/2010/in-the-biginning/print.html/
The Catholic Thing.
10. CARROLL, E. WILLIAM. “Creation, Evolution, and the Catholic Tradition.”
http://www3.nd.edu/~ganders2/Foundations/Carroll.Evoution.pdf
11. TKACZ, MICHAEL W. (2008). “Why Attack ID?” Catholic Answers Magazine.
http://www.catholic.com/magazine/articles/why-attack-id/
12. SAN AGUSTÍN. “De trinitate III. 9.”
13. FESER, EDWARD (2010). “Teleology. A shopper’s Guide”. Philosophia Christy, Vol.
12, No.1. http://www.epsociety.org/library/articles.asp?pid=107&mode=detail/
14. AQUINO, THOMAS. “Summa Theologica”, Vol 1, q. 65, article 2, replay to objection 3. (citado en # 35:3)
15. GAGE, LOGAN PAUL (2010). “Darwin, Design & Thomas
http://www.touchstonemag.com/archives/article.php?id=23-06-037-f
Aquinas.”

9 Respuestas para Diseño Inteligente y Teología Neotomista. Parte 2

  1. Hay que evitar el malentendido que, cuando en la filosofía se habla de las demostraciones de la existencia Dios, se trata de unas pruebas empíricas, como serían las verificaciones experimentales de unas determinadas hipótesis. Las demostraciones de Dios son argumentaciones filosóficas dentro de la reflexión teológica. Parten de la experiencia y mediante el principio ontológico de causalidad, demuestran la necesidad de admitir una condición absoluta de la experiencia. Dichas argumentaciones no tienen por finalidad resolver problemas empíricos locales perfectamente definidos. Estos argumentos tratan de analizar la consistencia de la realidad espaciotemporal como realidad autofundada o autoexplicativa. La naturaleza de su constitución epistemológica y desarrollo es, pues, más afín a una metateoría o metasistema científico que a una teoría de primer orden sobre aspectos concretos de la experiencia.

    Filósofos como Platón, Aristóteles, San Agustín o santo Tomás sabían muy bien que una cosa es ir de la naturaleza a Dios y otra cosa explicar un problema técnico o fenoménico concreto. Ambos son conocimiento, pero no son el mismo tipo de conocimiento. En ningún caso puede afirmarse que alguno de estos pensadores sostuviese que la teología natural tratase de establecer hipótesis contrastables sobre la naturaleza. Carece de sentido homologar la argumentación teísta a, por ejemplo, una hipótesis química, biológica o atmosférica; y no solamente porque es un error epistémico, sino porque no existe fundamento histórico de esa intención atribuible a ningún filósofo que haya considerado un lenguaje auténticamente metafísico en la formulación de la teología natural.

    De este esclarecimiento y mediación filosóficos emana un mejor conocimiento del alcance y los límites de las ciencias, así como nuevas maneras de expresar, en teología, las relaciones y diferencias entre diversos conceptos (como tiempo y eternidad o Mundo y Dios) y a precisar mejor el sentido estrictamente teológico de algunos de ellos (como el de “creación divina”, en relación al de “principio físico” o el de “origen metafísico”).

  2. Juan Carlos,
    Convengo básicamente en la diferencia que existe entre un argumento filosófico para la explicación última de la realidad y una hipótesis científica. Sin embargo considero que los planteamientos estrictamente filosóficos que pretenden eludir el desafío científico a sus propuestas, como si la guerra no fuese con ellos, acaban desembocando en un autismo intelectual estéril. Tal es el caso (en mi modesta opinión) de las posturas de autores como Feser, cuyas críticas al DI resultan en una distorsión profunda de las ideas del movimiento y de una animadversión personal que, muy probablemente tiene otras causas.
    El argumento filosófico no puede dejar de descansar en algunas premisas que, por tratarse de argumentos a posteriori, están sujetas a verificación empírica. Así por ejemplo, la premisa principal de la Quinta Vía no es otra que la rotunda afirmación de una teleología real e inmanente en la Naturaleza. Desgraciadamente hoy día este tipo de posiciones encuentran una fuerte resistencia entre los intelectuales, bien por eliminativismo puro y duro o bien por reduccionismo a causas no teleológicas. El darwinismo es una negación directa en forma de hipótesis científica de la premisa primera de la quinta vía. La hipótesis científica dominante hoy día establece que el diseño y la teleología aparentes en los seres vivos son en realidad fruto del azar y la necesidad y que por lo tanto, ha quedado suficientemente demostrada en términos científicos la capacidad “creativa” no intencional de los procesos naturales.
    El DI no es una hipótesis científica biológica o química que pretenda encontrar soluciones concretas a desafíos científicos específicos, pero sí una respuesta científica y filosófica a desafíos como el darwinista y un soporte para los argumentos tradicionales que se ven sometidos hoy día a otro tipo de rechazos que no fueron previstos en su tiempo y que proceden de una visión cientificista contemporánea que resulta inevitable afrontar.

  3. Estimados:

    Lo que digo es que la información científica se puede usar en la teología natural como cualquier otra información. Pero debe ser sometida a valoración epistemológica, esto es, a reflexión filosófica; y esas reflexiones filosóficas, que deben ser coherentes con la ciencia (y el tomismo lo es), no pueden ser consideradas como una simple consecuencia de ellas.

    De no ser así, caemos en el equívoco de aquellas ideologías que lo que buscan es oponer la ciencia y la religión, y extender el ámbito de la explicación científica a toda la realidad, no aceptando como válido ningún otro tipo de conocimiento. Estas ideologías se conocen con el nombre genérico de “cientifismo”. Es claro aquí el error de no distinguir entre lo que pertenece al campo de la ciencia y lo que pertenece al campo de la ideología.

  4. Sin duda, Juan Carlos, estamos totalmente de acuerdo en esta reflexión que nos ofreces.
    Al respecto, quiero mencionar un artículo reciente de uno de los pensadores ateos más ponderados y lúcidos en la actualidad, Massimo Pigliucci. En este trabajo titulado “New Atheism and the Scientistic Turn in the Atheist Movement” Pigliucci denuncia precisamente el error del cientificismo como nota distintiva y caracterizadora de lo que él considera una errónea exposición del ateísmo como doctrina por parte de los representantes del movimiento conocido como “New Atheism” (Harris, Dennett, Dawkins etc). El ateísmo, entiende Pigliucci que ha sido tradicionalmente una empresa intelectual de carácter filosófico. Este cientificismo viene precisamente de la mano del darwinismo como doctrina dominante en el pensamiento biológico contemporáneo, de carácter reduccionista y mecanicista.
    El DI es, en ese sentido, la antítesis de tales planteamientos. Si bien nace de una tradición anglosajona que en un momento dado se separa del escolasticismo de la tradición continental, no lo rehúye ni lo contradice como puede verse por ejemplo en esta frase de Dembski:

    “Design, in the form of Aristotle´s formal and final causes, after all, had once occupied a perfectly legitimate role within natural philosophy or what we now call science.”

    (“Signs of Intelligence”, pag 174)

    Quizás la diferencia principal entre ambas tradiciones está en la sensibilidad hacia la necesidad de acoger los más avanzados conocimientos científicos como base del razonamiento filosófico inevitable, y de asumir y responder las críticas que desde posiciones científicas ( o pretendidamente científicas) se hacen a los argumentos de diseño.

  5. Estimado Juan Carlos:
    Cierto es que la filosofía natural debe ser compatible, coherente, con las verdades científicas, aunque siga su propia metodología y supuestos, Así debiera ser, y Santo Tomás se esforzó por evitar las oposiciones: solo puede haber una verdad; Dios es el creador de todo lo existente y no puede haber verdades opuestas de esta Creación. Desgraciadamente la situación de la ciencia mecanicista actual no se corresponde con la filosofía natural que no es mecanicista, sino teleológica; esta diferencia se hace muy patente en las ciencias del origen (origen de la información cósmica, de la información biológica, del hombre), y en la comprensión de la vida en todas sus formas; el mecanicismo de la ciencia contemporánea convierte a los seres vivos en meros robots. Revisa por favor la sección del artículo referente a diseño y finalidad intrínseca. Los neotomistas insisten en que la ciencia podría eventualmente explicar todo: la aparición de la vida, y por ende el diseño y las propiedades intrínsecas de los objetos naturales. Según estos autores, la ciencia tiene que esforzarse por encontrar y estudiar esas propiedades inherentes que Dios otorgó a todos los objetos, y si no las conoce todavía, puede llegar a conocerlas en el futuro. Más aún, algunos de estos autores sugieren que podría suceder que la ciencia no pueda nunca conocer esas propiedades inherentes de las que habla la teología; esto significa lisa y llanamente limitar el poder de la ciencia, quedándose solo con el conocimiento de la filosofía natural. Esta es una actitud paralizante del conocimiento científico, con consecuencias negativas tanto para la ciencia como para la filosofía natural.
    En cambio, la TDI rompe el grillete del naturalismo materialista con que opera la ciencia en la actualidad (apoyada paradójicamente por el naturalismo teológico neotomista) para abrir la ciencia a considerar la acción inteligente en la creación de la vida, del hombre y en otros puntos del desarrollo de la creación; una acción que incorpora diseño y teleología en el área científica. Pero el neotomismo se opone tenazmente a esta apertura, al abandono del naturalismo teológico, por aferrarse dogmáticamente a la concepción de la naturaleza como creada con autonomía de la acción directa de Dios; Esta ‘naturaleza neotomista’ no permite a Dios crear la vida en un acto divino directo, esto constituiría una falacia cosmogénica, o mero mecanicismo como habla Edward Feser. Esta concepción del neotomismo, al analizarla con cuidado es incompatible con el poder creador de Dios y su cuidado y su atención por su creación (revisar artículo).

  6. Es importante subrayar que en la argumentación tomista se juzgan insuficientes las explicaciones que únicamente recurren a la necesidad y al azar. El motivo es diferente en los dos casos. Por lo que se refiere a las causas material y agente, a estas causas les corresponde una cierta necesidad; por tanto, permiten comprender que la actividad de los cuerpos se realice de un modo constante, pero no explican que se consiga un resultado óptimo: la causa material y agente son ciegas con respecto a la bondad del resultado. Por lo que se refiere al azar, se afirma que el azar no explica que la actividad de los cuerpos se realice de un modo constante: el azar es ciego con respecto a la constancia de la actuación. Por fin, tampoco se consigue una explicación suficiente recurriendo a la combinación de necesidad y azar; en efecto, aunque se admita que esa combinación puede explicar parcialmente la formación de la naturaleza, resulta insuficiente para explicar su perfección y, además, no explica su fundamento radical, ya que siempre remite a situaciones físicas anteriores (por curioso que pueda parecer al lector moderno, esa posibilidad, sobre la cual se insiste en nuestra época a propósito del evolucionismo, fue contemplada expresamente por Tomás de Aquino, quien recogió lo que acerca de esta cuestión había dicho Aristóteles muchos siglos antes: Tomás de Aquino, Comentario a la Física de Aristóteles, libro II, capítulo 8, lectio 12).

  7. Los comentarios que haces de Santo Tomás con respecto a la necesidad y azar son muy razonables. Lo extraño es que algunos neotomistas –muy verbales y de importancia académica, y por tanto de gran influencia–, han tomado una visión muy rígida y obcecada en su doctrina, lo que los lleva generar equívocos y confusión; a mí me parece lamentable, y no solo por su pertinaz y corrosivo antagonismo a la TDI, sino por los efectos deletéreos para el pensar y entender de la comunidad religiosa a la que pertenecen, y a las necesidades culturales y científicas de nuestro tiempo. Naturalmente este es un tema que va más allá de la TDI, y que supongo y espero, lo tendrán que enfrentar los teologos, más pronto que tarde.

  8. La separación de naturaleza y actividad, lleva necesariamente: o a sustantivar el dinamismo, haciéndolo determinístico; o a desnaturizarlo, dejándolo descolgado de su principio radical, sin fundamento ni regularidad alguna . Igualmente, su identificación conduce lógicamente: o a esencializar la actividad, reduciéndola a naturaleza fija y determinísticamente orientada; o a evaporar la naturaleza, reduciéndola a mero dinamismo, es decir, a fenómeno puro, a devenir, a puro azar.

    Es el olvido o rechazo de la doctrina aristotélico-tomista,que, sin duda, representa un equilibrio insuperable, aunque difícil, entre naturaleza y dinamismo de los seres, lo que ha dado lugar a diferentes posturas filosóficas, todas ellas coincidentes en negar la finalidad o en reducirla a simple ley determinística (teleonomía).

  9. Estimado Juan Carlos:
    Tu comentario apunta directamente a un peliagudo problema filosófico, la perenne tensión entre el ser y el devenir. Me parece que este problema se ha acentuado en los últimos tiempos, en los que se ha acrecentado la conciencia de que todo en el universo se mueve y cambia, desde el universo mismo en su totalidad, a las cosas que en él se encuentran y lo constituyen. Todo parece en movimiento continuo. La pregunta que surge es entonces, pero, ¿hay algo estable y fijo en el mundo que sea lo que es, sin cambio alguno? Y en la búsqueda vamos encontrando una secuencia de cosas móviles que nos llevan finalmente a energía y campos que no se describen precisamente como estados estáticos fundacionales. Parece que las ideas de ser y de devenir no son posibles de identificar ni separar en la ciencia de la naturaleza; lo que existe en el mundo se nos presenta como siendo móvil y perennemente cambiando.
    En filosofía, por lo menos en algunas, esta situación no se acepta como manejable para un conocimiento preciso y seguro de lo que las cosas son (más bien, sean). Y en esta vena surge la idea de ‘ser’ que presta estabilidad a las cosas cambiantes, particularmente aquellas que obviamente cambian y conservan a nuestro entendimiento una identidad en el flujo cambiante de apariencias. Y en este sentido hay que destacar la filosofía aristotélico-tomista que conceptualiza el asunto con bastante ingenio, que satisface a muchos, pero naturalmente –como ocurre en el campo filosófico–, no a todos los que reflexionan sobre el tema.
    La teoría de la evolución neodarwiniana no es dirigida, esto es, no consulta teleología (dirección intrínseca), que explique los cambios en creciente complejidad que se constatan en los seres orgánicos. El ‘movimiento’ que esta teoría acepta es un movimiento producto de la combinación de las leyes físicas conocidas para los elementos químicos constitutivos de las estructuras biológicas básicas para la vida, y el azar (resurrección de La Diosa Fortuna). Básicamente nos encontramos con una disparidad entre la concepción neotomista de la naturaleza y la concepción de la misma por parte de la ciencia; una atribuye finalidad intrínseca a la naturaleza de las cosas, la otra se limita a sus leyes, extraídas de la observación de su comportamiento. Dos concepciones incompatibles, una incompatibilidad que se hace particularmente evidente cuando hablamos de la aparición de la vida en el planeta.
    Si nos atenemos a estas dos concepciones distintas de la naturaleza de las cosas envueltas en la aparición de la primera célula viva, la concepción neodarwiniana apela a la combinación infructuosa de las leyes naturales pertinentes y el azar; la concepción neotomista, por su parte, apunta a las propiedades inherentes de estos elementos constitutivos para explicar la aparición de dichas estructuras, y espera que la ciencia descubra algún día esa finalidad intrínseca y teleológica escondida en esas moléculas de los elementos químicos. Una tarea imposible si pensamos que cada molécula está constituida por elementos menores que deben encerrar las propiedades inherentes capaces de explicar autónomamente el desarrollo observado en el universo, desde sus albores; esta concepción simplemente se escapa del campo de las ciencias, y en lo que a mí respecta, me parece simplemente inverosímil.
    Gracias por tu interesante aporte.

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