Diseño Inteligente y la Teología Neotomista. Parte 5

TomasPor Fernando Ruiz.
Dificultades del Neotomismo.

El neotomismo se aferra a una doctrina que no asume adecuadamente los problemas que presenta el saber científico actual, particularmente el de las ciencias del origen. El neotomismo no parece percatarse adecuadamente del desafío para su doctrina que implica el tipo de evolucionismo que rige las ciencias de la naturaleza, y de sus consecuencias. Por ejemplo, Feser escribe: “Si una cosa es naturalmente dirigida a un cierto fin, esto es porque está en su naturaleza ser, y podemos conocer la naturaleza de las cosas sin saber de dónde ellas vienen.” (13:155) A propósito de estas propiedades inherentes, también E. Feser escribe para refutar la concepción de la acción divina en el mundo natural como el constructor de un barco, que manipula cosas naturales para construir su nave (mecanicismo): “Para el aristotelismo-tomismo, una sustancia natural es un compuesto de “materia prima” (materia que no tiene forma alguna) y forma substancial, más bien que una pieza de “materia segunda” (materia que tiene una forma substancial, u otra) que ha sido adquirida en una forma accidental desde el exterior [sustancia natural manipulada por una acción o inteligencia exterior a la cosa misma]. Y las tendencias causales de una substancia natural, incluyendo las funciones biológicas en el caso de las cosas vivas, son inherentes a ellas, un reflejo de su esencia o naturaleza; no podría simplemente existir como esa clase de cosa, si no tuviera esas tendencias… El modo como Dios crea las cosa vivas es del mismo modo como Él crea todo lo demás, a saber, una combinación de esencia a un acto de existencia…” (24:2) Todo esto parece en cierto modo razonable en un mundo como el actual nuestro, y estático (excepto cuando empezamos a descomponer un gato en sus elementos constitutivos con propiedades particulares, y, etc.), pero no en un mundo en devenir evolutivo. Ya hemos revisado una o más veces, que las operaciones inherentes de las cosas del mundo actual parecen filosóficamente razonables: los gatos actúan como gatos, los árboles como árboles, los hombres como hombres, etc. Pero la ciencia evolutiva busca el origen de estas cosas actuales, en la historia del Universo, de modo que la “naturaleza” de gato, de árbol, de hombre, etc. son productos de estados evolutivos previos. Estas “naturalezas”, y sus operaciones “inherentes” son explicadas en ciencia, por las fuerzas primarias de la materia que rigen su evolución.

El desarrollo en fases del universo comienza con un cosmos, y continúa posteriormente con un planeta ‘habitable’, luego la vida y finalmente el ser humano. La cosmología utiliza la ciencia físico-matemática para explicar –con muchas interrogantes–, el origen y desenvolvimiento del universo, y la biología intenta explicar la vida siguiendo las pautas del pensar materialista / naturalista de esas ciencias, para dar cuenta de la aparición de la vida e incluso del hombre. No es de extrañar que haya encontrado dificultades insalvables para hacerlo. Es cierto que el evolucionismo ha sido parte del pensar cristiano desde los Padres de la Iglesia, y además, el Génesis apunta a un proceso de creación, pero esta evolución sigue una ruta muy diferente a la científica, se trata de una evolución con directa participación de la voluntad creadora de Dios, y con una dirección muy nítida. El Génesis es muy claro mostrando a Dios Creador, ordenando la Creación, creando la vida y al hombre. Nada de esto encontramos en la evolución cosmológica vista por la física-matemática, ni tampoco en la biología evolutiva que intenta probar que la vida humana no es más que un resultado fortuito de leyes naturales. Lo único en común entre la visión científica actual y la teológica es una idea general de cambio progresivo, pero con mecanismos causales muy diferentes y con implicaciones también muy distintas Esta disparidad entre ciencia y teología genera naturalmente inquietud intelectual entre los eclesiásticos tocados por la doctrina neotomista, y también los que no tan tomistas, ven una ruptura entre ciencia y fe. En este sentido es interesante citar lo que J. Ratzinger comentó en 1985, de acuerdo a S. Collado que anota: “…es que los problemas de la evolución no se dirimen entre la ciencia y la fe, sino en el seno de la racionalidad que pretende reducirse a un solo tipo sin respetar su pluralidad teórica.” (18) Se desprende de esta nota que existen diversos tipos de racionalidad que deben respetarse mutuamente, lo que es muy comprensible; pero el problema surge cuando estas distintas racionalidades ofrecen resultados –‘verdades’–, que se corresponden pobremente, o simplemente son antagónicas, como sería el caso entre fe y biología evolutiva.

Cuando leemos los artículos de neotomistas criticando el DI, e insistiendo en que las operaciones con que dotó Dios a la naturaleza son capaces “en principio” de explicar los acontecimientos universales y la vida, no es compatible con el naturalismo con que trabaja la ciencia, este no tiene nada que ver con el naturalismo propuesto por la teología neotomista. Ante esta situación no se puede evitar pensar que existe un desfase profundo entre esa doctrina teológica de la naturaleza, y el estado de la ciencia contemporánea y de la concepción actual del desarrollo del universo, de la vida y del hombre.

Ilustra la situación recién descrita este texto de Santo Tomás, citado por Collado: “La naturaleza es, el plan de un cierto arte (concretamente, el arte divino), impreso en las cosas, por el cual las cosas mismas se mueven hacia un fin determinado: como si el artífice que fabrica una nave pudiera otorgar a los leños que se moviesen por sí mismos para formar la estructura de la nave.” (25) Aquino claramente habla de operaciones naturales con causalidad dirigida a una finalidad; por el contrario, la biología evolutiva, y la ciencia física, operan con una causalidad sin dirección específica fuera de las ciegas leyes naturales, a lo que hay que agregar el azar en un intento de explicar resultados como el comienzo de la vida y de la humanidad. La teología neotomista es heredera de las concepciones filosóficas aristotélicas (teoría de las cuatro causas: material, formal, eficiente y final), y la ciencia moderna sigue una filosofía mecanicista (Bacon, Descartes, Locke, etc.) de un simple “tira y empuja”, reconociendo solo la causa material y eficiente; dos concepciones profundamente diferentes que resulta imposible hacerlas congeniar en la interpretación de los fenómenos naturales, a pesar de los esfuerzos desesperados de los neotomistas, que al final las separan: la ciencia por un lado, la filosofía natural por otra; una solución que engendra ambigüedades y confusiones. Estas dos maneras de concebir los cambios / movimientos/causas en la naturaleza están enraizadas en una concepción metafísica diferente que las hace irreconciliables.

El DI no acepta la rigidez y exclusividad de estas dos posturas, y de este modo, puede combinar el ‘mecanicismo’ de la ciencia con el diseño en la comprensión de los fenómenos naturales: las leyes de la física y el diseño inteligente, ambos como explicaciones científicas. El neotomismo simplemente no acepta la tesis del DI, lo considera una intervención ‘externa’ en los procesos de la naturaleza, una intrusión ontológica, una Falacia Cosmogénica, y además mecanicista por no reconocer y rechazar la causa final y formal en la naturaleza toda, lo que no es exactamente correcto. La causa formal y final no son parte del lenguaje de la ciencia actual, sin embargo, los fenómenos descritos en las leyes naturales son perfectamente susceptibles de ser pensados por la filosofía natural como poseyendo tales causas. En lo referente a la Falacia Cosmogénica, la verdad es que no sabemos cómo es el proceso creador de lo existente y sus propiedades; el acto creador se puede concebir de maneras diferentes, como ya se ha mencionado en una sección anterior de este trabajo. Lo importante es tener presente que el DI nace desde la actividad científica, de los problemas que la ciencia enfrenta, y no es una tesis teológica, ni filosófica, ni tampoco religiosa. Los detalles del entendimiento metafísico de esta combinación queda abierto a la elaboración por los especialistas. Lo que sí es claro, el DI abre camino para un cambio significativo en las concepciones metafísicas con que trabaja la ciencia.

El concepto de naturaleza y sus operaciones (teleológicas) que propone la teología neotomista es básicamente lo que choca con la realidad operativa de la ciencia. En esto radica el problema de la incongruencia con ella, y también la oposición del neotomismo al DI. Una concepción de la naturaleza creada como intocable por Dios, impresiona como un axioma, obviamente no evidente, pero pertinaz. Un universo creado de esta manera, solo por la acción de operaciones inherentes, sin conciencia ni voluntad, es algo así como un impresionante mecano que Dios aceita para que continúe desarrollando el mundo que conocemos; Dios queda relegado a un simple trabajo de mantención existencial abstracto. Esta visión de la creación concreta del mundo es difícil de aceptar con un Dios atento y en pleno control del proceso creativo (ver Génesis), con una preocupación por el ser humano y su mundo, difícil de conciliar con la creación mecánica indirecta que propone el neotomismo. (26:96) Sin duda el mundo es resultado de su voluntad creadora, por lo que imaginar que esa voluntad y ese cuidado divino por la Creación –logos–, estén depositados en operaciones inherentes de partículas subatómicas, átomos y moléculas, desde las cuales se ha desarrollado el universo y la vida; esto resulta simplemente inconcebible.

La Creación de todo lo existente, la dependencia de todo lo creado en Dios, no es de incumbencia para la ciencia, ni tampoco para el DI. Es interesante esta cita de Santo Tomas respecto al axioma recién mencionado: “Todas las creaturas están relacionadas a Dios como los productos de arte lo están a un artista….. Consecuentemente, la totalidad de la naturaleza es como un artefacto de la mente divina del artista. Pero esto no es contrario al carácter esencial de un artista si él trabajara de un modo diferente en su producto, aún después que le haya dado su primera forma. Tampoco, entonces, es contra la naturaleza si Dios hace algo a las cosas naturales de un modo diferente al que el curso de la naturaleza acostumbra.” (27. Citado en ref. 35) Este comentario de Aquino no es muy proclive a la axiomatización de la naturaleza creada independientemente como lo presenta el neotomismo, y parece más receptivo de la tesis del DI.

Sin embargo en la doctrina neotomista se nota una situación que se inclina a la inconsistencia. Por un lado sostiene con gran seguridad y firmeza que la ‘naturaleza’ se mueve con sus propias operaciones, sin intervención directa de Dios; sugerir una intervención puntual e histórica es caer flagrantemente en la Falacia Cosmogónica.

Pero la Biblia nos habla de numerosísimos milagros en los que la intervención Divina toma lugar, desde el brotar agua milagrosamente –vertiente—de una roca, y separación de las aguas del mar para dar paso al pueblo elegido, hasta nada menos que la encarnación de Dios en la Virgen y luego, su muerte y Resurrección (y otros milagros después del Nuevo Testamento). Estos milagros, ocurridos en la historia de la humanidad, están en franco contraste con la tesis presentada por el neotomismo para rechazar la acción de un agente inteligente en la historia de nuestro universo. Tkacz (28) explica que de acuerdo a Sto. Tomás los milagros de Dios son acciones divinas realizadas “…aparte de la naturaleza”…… “…los milagros no son más parte de la naturaleza, que la creación” (la naturaleza es creada perfecta por Dios). Los milagros: “Esto no es que Dios ajuste o repare la naturaleza para hacerla mejor.” Dios, escribe Tkacz, ha creado la naturaleza buena y operando adecuadamente; pero tenemos que señalar que en la naturaleza hay mucho que deja de desear, y Dios la repara, hace andar a los tullidos, hace ver a los ciegos, resucita a los muertos, calma la tempestad, etc. Tkacz explica: “En la resurrección de Lázaro, no se trata que algo sucedió mal en la naturaleza y que Dios intervino para arreglarlo. La muerte de Lázaro es un proceso natural, operando precisamente de acuerdo a lo que Dios otorgó a la naturaleza en la creación.” Asumir o afirmar que la muerte, la enfermedad, el sufrimiento son meros ‘productos naturales’ creados por un Dios bondadoso, es definitivamente difícil de compaginar con las creencias básicas de la religión judeo-cristiana. Estas explicaciones teológicas neotomistas van hilando fino intentando reforzar las debilidades de la doctrina. Nuestro mundo no es ideal, en el pensar judeo-cristiano se considera contaminado por el Mal, pero contenido, y al mismo tiempo permitido, por Dios creador, si no existiera control divino, estaríamos totalmente destruidos. Además, ya hemosvisto el problema del alma para cada ser humano, íntimamente ligada a su ser, por tanto se puede decir sin vacilación que la acción de Dios está envuelta en la naturaleza, constantemente. Y no puede ser de otro modo, porque Dios la crea y controla permanentemente. La concepción de una ‘naturaleza’ con sus operaciones inherentes no tocadas directamente por Dios, parece un cuerpo extraño injertado en la religión judeocristiana. Aclarar, y llegar a un entendimiento aceptable de estos misterios, –compatible con el pensar actual y los conocimientos científicos que se poseen–, es tarea de los teólogos y especialistas. El punto importante a señalar, es que Dios obviamente actúa sobre esa curiosa ‘idea de naturaleza” neotomista, concebida perfecta y autónoma desde el comienzo de los tiempos.

Entre el ámbito de las ‘verdades’ de la ciencia y de las ‘verdades’ de la fe se abre un profundo abismo que separa las ‘verdades objetivas’, de las ‘verdades subjetivas’. La tesis del DI, al incorporar la dimensión sobrenatural en la ciencia, tiende un puente entre estos dos terrenos diferentes, levantando un tabú que las hace irreconciliables.

La tesis del DI es perfectamente compatible con la fe judeocristiana, solo la doctrina neotomista de una ‘naturaleza’, dogmáticamente intocable, parece ser el impedimento fundamental para su aceptación. Un problema no del DI, ni de la religión propiamente tal, sino del empecinamiento teológico que ha convertido esta noción en un artículo de fe, una noción proveniente de la mera elucubración intelectual y de la asimilación de doctrinas ajenas. El profesor Feser es explícito señalando que la disputa del aristotelismo-tomismo con el DI: “…tiene que ver más bien con que si las cosas vivas se deben pensar como objetos “naturales” o como “artefactos”, en el sentido aristotélico de estos términos. Tiene que ver con que, si uno puede entender propiamente la naturaleza de las cosas vivas, o acercarse al menos una pulgada más al Dios del teísmo clásico, concibiendo (al menos por propósitos metodológicos) el mundo natural en términos mecanicistas (esto es en términos que excluyen del orden natural las causas inmanentes o las causas formales). Y tiene que ver con los serios errores metafísicos y teológicos que los filósofos del aristotelismo-tomismo consideran emanando de tal concepción de la naturaleza.” (21:9)

Los comentarios críticos formulados en este trabajo en torno al neotomismo van dirigidos, no a la desconfianza que muestra esta doctrina en la limitación de la ciencia para explicar ciertos sucesos (vida, seres humanos, etc.), sino a la actitud un tanto equívoca de soslayar estos problemas, refiriéndolos a la filosofía natural para resolverlos, y pretender al mismo tiempo, que la ciencia opera legítimamente según las ‘operaciones’ de la naturaleza creada; esto significa en ciencia: leyes físicas. Y además tomar una actitud obstaculizadora que inmoviliza la superación de la situación cognitiva de la ciencia, esperando que ésta pueda eventualmente resolverlos, encontrando las ‘operaciones’ desconocidas y maravillosas escondidas en el recóndito seno de la materia.

Aún más, y por desgracia, hay algunos autores de corte tomista que se muestran muy abiertos a la doctrina neodarwiniana, incluso bien dispuestos a acomodarse a sus preceptos, con el agravante que esta doctrina enfrenta en la actualidad un desafío científico mayúsculo, cuando se ve cara a cara con la necesidad de explicar la aparición en el planeta de estructuras proteicas complejas (y otras) portadoras de información esencial para el comienzo de la vida. Veamos como ejemplo lo que escribe S. Collado (29): “Es cierto que también se podría acusar al Darwinismo de no tener el respaldo experimental que se exige al ID. Pero dicho respaldo, como argumenta Ayala (30) coherentemente con lo que defiende Collins (31), no implica la obligación de tener el respaldo del laboratorio y del experimento como ocurre con la Física o la Química, sino sólo poder dar sentido a un conjunto de hechos de experiencia y la posibilidad de hacer predicciones suficientemente concretas, en base a la teoría, respecto a lo que nos vamos a encontrar en los sistemas estudiados. No cabe duda que en esto aventaja el Darwinismo al ID, que no parece ofrecer herramientas para hacer este tipo de predicciones.” [El Di ha comenzado a generar nuevas y fructíferas investigaciones científicas en los pocos años que tiene vigencia; y con una oposición fenomenal de sus detractores.] Bueno, basta señalar que para explicar el origen de la información biológica en el planeta no hay darwinismo posible, pues este siempre trabaja sobre información genética previa, solo caben tesis químicas evolutivas materialistas o de auto-organización de la materia, y estas simplemente no son concebibles de ocurrir por el juego del mero azar y propiedades físicas de los elementos envueltos en estas configuraciones orgánicas, durante el tiempo disponible según la edad del universo; la Teoría de las probabilidades no lo permite (1. 6). Darle carta blanca al neodarwinismo para pasar a la especulación de posibles vías evolutivas, y explicar la aparición de

estructuras biológicas complejas y específicas, es una liviandad que se ciega a considerar las inmensas dificultades, prácticas y teóricas- de la viabilidad de las rutas propuestas. La aparición de estructuras orgánicas complejas en biología es dependiente de información genética, y es la aparición de esta información la que se necesita explicar. (1. 2). Lo que si queda claro es la gran capacidad de persuasión que exhibe Francisco Ayala, y el apoyo que le prestan los neotomistas a la biología evolutiva, e indirectamente a la ideología neodarwiniana.

La doctrina neotomista constituye una tesis que impresiona como una estrategia ‘políticamente’ cómoda frente al mundo intelectual, particularmente antagónico a los creyentes en Dios, y además escapista en cuanto rehúye enfrentar con claridad y definición, los problemas que surgen en torno a la limitaciones de la ciencia para explicar fenómenos fundamentales. Con frecuencia también, como ya mencionado repetidamente, suele adoptar posiciones ambiguas y conciliatorias con la biología evolucionista y las ideologías que le siguen.

Curiosamente, el neotomismo se ofrece como una ‘tercera vía’ entre el DI y el neodarwinismo, con lo que refleja no solo un conocimiento distorsionado del neodarwinismo y sus consecuencias, y de la tesis del DI; sino que además no aporta nada constructivo a la ciencia misma. La propuesta de una solución filosófica-religiosa a los problemas que enfrentan las ciencias de los orígenes, no tiene asidero alguno en el campo científico; son dos racionalidades diferentes. La solución filosófica-religiosa tropieza no tan solo con que es ajena a la ciencia actual, sino que además este tipo de soluciones –nos guste o no– viene en distintos sabores, que en última instancia requieren una elección explícita de creencias.

Si el neotomismo considera que la ciencia no es capaz de explicar adecuadamente los fenómenos de la aparición de la vida y del hombre, que para ello solo queda el recurso de la filosofía de la naturaleza, entonces debiera afirmarlo claramente, y aceptar que se le tilde de anticientífica, o como se quiera. Aunque parece más sensato y constructivo, enfrentar con decisión los problemas de la ciencia derivados del Naturalismo Metodológico, y también las dificultades que genera una teología inadecuada, que adoptar actitudes ambiguas, inconsistentes, evasivas. Esta opción podría generar una teología más avanzada concorde con los problemas que presenta la ciencia actual, y tal vez desarrollar una actitud más amistosa con el DI.

De modo que con la concepción teológica de recurrir a la filosofía natural para resolver los problemas del origen, quedan pocas opciones en el campo de la ciencia: o, esperamos que surja una ‘ciencia’ nueva capaz de mostrar en acción esas operaciones ‘inherentes’ a la naturaleza, generando la aparición de la vida y los seres humanos en el planeta; o, nuestros teólogos tendrán una tarea importante para facilitar la salida del atasco en que se encuentra el conocimiento científico; o, lo peor, si insisten en sus rigideces, quedarán fuera del círculo racional en que se mueven las ciencias de la naturaleza en la actualidad.

Ya mencionamos al comienzo de este trabajo que la opinión de los neotomistas no constituye un bloque sólido, de modo que es justo y necesario recordarlo en esta sección del ensayo. Feser, un serio defensor de la filosofía aristotélica-tomista (A-T), nos dice: “…hay algunos pensadores A-T que concluyen que las primeras cosas vivas no podrían haber emergido de ningún modo de procesos inorgánicos, sino que debieron haber sido especialmente creadas por Dios en una intervención extraordinaria en el orden natural. Otros teóricos A-T, sin embargo, [en base a consideraciones filosóficas] concluyen, que en procesos inorgánicos naturales poseen vida “virtualmente” o “inminentemente”, aunque no “formalmente”, y mantienen que las primeras cosas vivas emergieron de esos procesos, no obstante, solo dentro del orden natural que es en sí mismo necesariamente mantenido en operación por Dios.” (21:5)

Según este autor todos los teóricos del A-T están de acuerdo que la vida no pudo haber surgido de un universo meramente mecánico de carácter naturalista, esto es, sin ser concebido como producto de la voluntad de Dios; lo que es perfectamente entendible, un mundo mecánico es una concepción naturalista y atea. Se desprende de esta cita que algunos pensadores de esta corriente filosófica, puedan tener una actitud más bien positiva hacia el DI.

Próximo post: Diseño inteligente y Teología. ¿Es posible un encuentro más amable?

Referencias en este post:

1. MEYER C, STEPHEN (2009). “Signature in the Cell. DNA and the evidence for
Intelligent Design.” Harper One. An Imprint of Harper Collins Publishers.

2. MEYER C, STEPHEN (2013). “Darwin’s Doubt.” Harper One.

3. AIZPÚN, FELIPE (Junio 2010). “Evolucionismo, teodicea y diseño inteligente.” Publicado en OIACDI- Organización Internacional para el Avance Científico del Diseño Inteligente: Artículos.
http://www.oiacdi.org/articulos/Teodicea.pdf/

6. RUIZ, R. FERNANDO (2013). “Ciencias naturales, supuestos metafísicos y metodológicos. Implicaciones para las ciencias del origen; diseño inteligente: críticas y defensa.” Publicado en OIACDI. http://www.oiacdi.org/

13. FESER, EDWARD (2010). “Teleology. A shopper’s Guide”. Philosophia Christy, Vol.12, No.1. http://www.epsociety.org/library/articles.asp?pid=107&mode=detail/

18. COLLADO G., SANTIAGO (2008). “Creation and Evolution with Pope Benedict XVI in Castel Gandolfo.” Horn S (ed.). Ignatius Press, San Francisco, 2008. Una reseña.
http://www.unav.es/cryf/horn.html/

21. FESER, EDWARD (2010). “ID theory, Aquinas, and the origin of life: A replay to Torley.”
http://edwardfeser.blogspot.com/2010/04/id-theory-aquinas-and-origin-of-life.html/

24. FESER, EDWARD (2010). ““Intelligen Design” theory and mechanism.”
http://edwardfeser.blogspot.com/2010/04/intelligent-design-theory-and-mechanism.html/

25. COLLADO G., SANTIAGO (2003). “Relación entre la doctrina teológica de la creación y las teoría biológicas de la evolución.” Universidad de Navarra. Ciencia,Razón y Fe. #17 http://wwwunav.es/cryf/creacionevolucion.html/

26. POPE BENEDICT XVI. (6 February 2013). “I believe in God: Maker of Heaven and earth, the Creator of man”. In: The Transforming Power of Faith.” Libreria Editrice Vaticana, Vatican City.

27. AQUINO, THOMAS. “Summa Contra Gentiles”, Book III, chapter 100, paragraphs 6 and 7. On line: http://dhspriory.org/thomas/ContraGentiles3b.htm#100/ (Citado en #35)

28. TKACZ, MICHAEL W. “Aquinas vs ID: Round tree…” Catholic Answers Magazine http://www.catholic.com/magazine/articles/aquina-vs-id-round-three/

29. COLLADO, S. (2008). “Teoría del Diseño Inteligente (Intelligent Design)” En: Fernández Labastida, F. Mercado, JA (editores). Philosophica: Enciclopedia filosófica

31. COLLINS, FS (2006). “The Language of God. A Scientist Presents Evidence for Believe.” Free Press. New York.

8 Respuestas para Diseño Inteligente y la Teología Neotomista. Parte 5

  1. Un tomista no tiene dificultad alguna con la evolución, teniendo en cuenta lo comentado sobre la finalidad (direccionalidad,cooperatividad,funcionalidad) y la información, así como sobre la forma substancial.

    Tómese cualquier sistema dinámicamente ordenado de elementos activos, como el de nuestro propio universo, en el que diferentes elementos activos se ordenan a la interacción recíproca regular. En tal sistema, donde cada una de las propiedades básicas de los elementos activos se definen por su relación con los otros en el sistema, ni un solo elemento puede explicar su propia naturaleza, o ser la razón suficiente de su propia naturaleza activa en cuanto existente y operante, a menos que también sea la razón suficiente de todos los otros elementos que se relacionan con él recíprocamente. Pero esto es imposible. Porque, entonces, este elemento tendría que ser primero en actividad que los demás(con prioridad causal, no necesariamente temporal), y responsable de ellos; y, al mismo tiempo, tendría que presuponerlos, ya que sus propiedades activas se ordenan todas a la interacción con ellos, según una ley. Así tendría que ser, por naturaleza, presupuesto activo de los otros- en cuanto constituidos recíprocamente con relación a él mismo –y, además ser independiente y responsable de estas propiedades correlativas en los otros, por medio de las cuales se define su propia naturaleza activa. Es claro que esto no se cumple.

    Este gran orden cósmico, por consiguiente, es uno en el que se conjuntan muchos elementos, en la unidad de grandes leyes comprensivas de interacción mutua. Pero este orden puede tener su última razón suficiente, su fundamentación inteligible, sólo en una causa capaz de ordenar así a los múltiples agentes activos en una sola unidad. Este agente unificador, ordenador, que debe realizar la unidad del orden recíproco primero (causal) para la operación actual de estos agentes, en términos de unos efectos futuros todavía-no-existentes, sólo puede ser una Mente. De hecho, ésta es casi una definición de inteligencia: el poder de construir creativamente un nuevo orden desde la mera posibilidad. Esta Mente Cósmica Ordenadora debe trascender, como es obvio, al sistema que ordena. De otro modo, no podría operar sino hasta que el sistema ya estuviese listo; sería anterior e independiente y, a la vez, dependiente del mismo sistema.

    Este argumento vale para cualquier orden dinámico básico en nuestro universo o en cualquier otro. Pues, sin alguna organización primitiva de los elementos activos básicos en un sistema de mutua interacción, anterior a su operación actual, nada podría suceder en lo absoluto, ni siquiera por casualidad; los elementos, si los hay, se cruzarían en un total aislamiento atómico mutuo. No habría un mundo como tal, en absoluto. Sólo una mente, capaz de configurar creativamente un orden desde la posibilidad, podría establecer la mutua ordenación básica de estas naturalezas activas, anterior a su operación actual en el orden existencial.

    Yo considero que la TDI puede compaginarse con una filosofía tomista. Un tomista podrá juzgar a la TDI como buena o mala ciencia. Pero lo que definitivamente sí hará, para quien siga el camino de Paley, es considerarlo como mala filosofía.

  2. Juan Carlos,
    Dos cosas:

    1. Me ha sorprendido un tanto este último comentario. Parecería que la mera consideración de la dinámica del cosmos habría de constituir por sí sóla prueba de una causalidad inteligente. Es verdad que existen argumentos muy elaborados que proclaman la sospecha de una causalidad inteligente a partir del “ajuste fino” de las constantes físicas que se precisan para permitir la emergencia y el desarrollo de la vida.
    Pero al margen de esta consideración, creo que en líneas generales el movimiento de los astros entendido como un orden cósmico parece poderse explicar perfectamente de acuerdo a las propiedades esenciales de la materia o a las leyes físicas que la rigen (si así se prefiere expresar). Como dijera Laplace a Napoleón al preguntarle por el rol de Dios en la explicación del orden del Universo, “no necesito tal hipótesis Sire”

    2. ¿Cuál es “el camino de Paley”? y ¿en qué sentido es mala filosofía?

    Gracias y un cordial saludo

  3. No he dicho algo como “la mera consideración de la dinámica del cosmos”. Más bien he dicho algo muy distinto en algún comentario previo: “La separación de naturaleza y actividad, lleva necesariamente: o a sustantivar el dinamismo, haciéndolo determinístico; o a desnaturizarlo, dejándolo descolgado de su principio radical, sin fundamento ni regularidad alguna . Igualmente, su identificación conduce lógicamente: o a esencializar la actividad, reduciéndola a naturaleza fija y determinísticamente orientada; o a evaporar la naturaleza, reduciéndola a mero dinamismo, es decir, a fenómeno puro, a devenir, a puro azar”.

    A diferencia de un argumento como el de William Paley, de acuerdo a la argumentación (vía) tomista, por el orden se demuestra la existencia del ordenador. Ahora bien, que se trate de un ordenador creado o increado se puede concluir a partir del argumento de la contingencia y de los efectos. Es decir, dicha vía demuestra de forma inmediata una inteligencia excelentísima, si bien de forma mediata y recurriendo a las demás vías, se llega a concluir que esta inteligencia es precisamente la inteligencia increada.

    Por otra parte, en el argumento de Paley, comenzamos con sólo tres términos: artefactos humanos, creadores humanos y el cosmos; y de ahí se arguye que dado que el cosmos se parece a los artefactos humanos, y los artefactos humanos son causados por humanos, es probable que el cosmos haya sido causado por algo similar a los humanos. Las disimilitudes entre el cosmos y los artefactos humanos son entonces relevantes para este argumento. Todo, incluyendo la existencia de Dios y Él como causa del cosmos es parte de la conclusión a ser alcanzada. En la argumentación tomista , en cambio, comenzamos con cuatro términos causalmente relacionados: humanos como causa de acciones humanas, y la Causa Primera como causa del cosmos. Notamos que el cosmos comparte características de las acciones humanas sobre las cuales nosotros basamos nuestra atribución de inteligencia a los humanos. Concluimos que la Causa Primera es inteligente. Las disimilitudes entre el cosmos y las acciones humanas son irrelevantes para esta inferencia. La conclusión a ser alcanzada en este caso consiste sólo en la analogía (respecto a inteligencia y propósito) entre los humanos y Dios.

    Una visión centrada en la detección de una finalidad que se concibe como impuesta extrínsecamente sobre realidades naturales por un diseñador humano, impide reconocer que las partes de una totalidad natural poseen una finalidad intrínseca y constitutiva. El no reconocimiento de la intencionalidad inherente a los procesos de todo ser natural y de sus partes, lleva a establecer paralelos entre la funcionalidad de sistemas irreductiblemente complejos creados por el hombre, y la funcionalidad de sistemas naturales irreductiblemente complejos. Y es justamente esa conceptualización mecanicista que subyace a algunos argumentos de diseño, como el de Paley, la que impide hacerse una idea adecuada de la naturaleza propia de los seres naturales, dejándolos reducidos a una mera concatenación u organización de partes. Otro tanto ocurre con las ilustraciones de las finalidades de los sistemas irreductiblemente complejos, tomadas del orden del obrar humano, y que pasan por alto la distinción entre entes naturales y artificiales, y sus diferentes modos de estar finalizados e intencionados.

    Aún teniendo en cuenta todo lo maravillosa que pueda resultar la sofisticación morfo-funcional del flagelo de los procariontes o del sistema inmune de los organismos superiores, es necesario reconocer que ellos están en definitiva referidos a un todo, cuya unidad trasciende y supera la de todas sus partes y componentes. Entendido en su íntima estructura y en toda su originalidad, es el viviente el que se posiciona como realmente irreductible a los relatos históricos de las teorías materialistas y emergentistas acerca del origen y evolución de la vida, y ello en virtud del tipo de unidad y finalidad que realiza. No se trata de un asunto de escala de observación, como un análisis meramente factual pudiese sugerirlo. Si es cierto que el viviente puede también ser contenido en intenciones lógicas de mayor extensión, tales como especies, poblaciones, ecosistemas o biósferas, debe admitirse que ninguna de tales categorías realiza la clase de unidad que posee en sí el viviente individual, y a la cual se subordinan las categorías ontológicas y lógicas, superiores o inferiores.

    En un esquema que viene a caracterizarse meramente en términos de probabilidades, el diseño de artefactos por el hombre y de entes naturales por parte del ignoto diseñador es entendido unívocamente, en un paralelo estricto. Tanto el hombre, en cuanto productor, como el diseñador, caen bajo el mismo género. Este diseño es el que se asemeja más a la manufactura de un demiurgo que a una creación divina; una la propuesta como la de Paley parece apuntar más a una doctrina deísta que a un teísmo auténtico y cabal.

    El tomismo, en cambio, no sólo distingue entre planos distintos de causalidad, sino ante todo, de racionalidad.

    Un cordial saludo.
    No he dicho algo como “la mera consideración de la dinámica del cosmos”. Más bien he dicho algo muy distinto en algún comentario previo: “La separación de naturaleza y actividad, lleva necesariamente: o a sustantivar el dinamismo, haciéndolo determinístico; o a desnaturizarlo, dejándolo descolgado de su principio radical, sin fundamento ni regularidad alguna . Igualmente, su identificación conduce lógicamente: o a esencializar la actividad, reduciéndola a naturaleza fija y determinísticamente orientada; o a evaporar la naturaleza, reduciéndola a mero dinamismo, es decir, a fenómeno puro, a devenir, a puro azar”.

    A diferencia de un argumento como el de William Paley, de acuerdo a la argumentación (vía) tomista, por el orden se demuestra la existencia del ordenador. Ahora bien, que se trate de un ordenador creado o increado se puede concluir a partir del argumento de la contingencia y de los efectos. Es decir, dicha vía demuestra de forma inmediata una inteligencia excelentísima, si bien de forma mediata y recurriendo a las demás vías, se llega a concluir que esta inteligencia es precisamente la inteligencia increada.

    Por otra parte, en el argumento de Paley, comenzamos con sólo tres términos: artefactos humanos, creadores humanos y el cosmos; y de ahí se arguye que dado que el cosmos se parece a los artefactos humanos, y los artefactos humanos son causados por humanos, es probable que el cosmos haya sido causado por algo similar a los humanos. Las disimilitudes entre el cosmos y los artefactos humanos son entonces relevantes para este argumento. Todo, incluyendo la existencia de Dios y Él como causa del cosmos es parte de la conclusión a ser alcanzada. En la argumentación tomista , en cambio, comenzamos con cuatro términos causalmente relacionados: humanos como causa de acciones humanas, y la Causa Primera como causa del cosmos. Notamos que el cosmos comparte características de las acciones humanas sobre las cuales nosotros basamos nuestra atribución de inteligencia a los humanos. Concluimos que la Causa Primera es inteligente. Las disimilitudes entre el cosmos y las acciones humanas son irrelevantes para esta inferencia. La conclusión a ser alcanzada en este caso consiste sólo en la analogía (respecto a inteligencia y propósito) entre los humanos y Dios.

    Una visión centrada en la detección de una finalidad que se concibe como impuesta extrínsecamente sobre realidades naturales por un diseñador humano, impide reconocer que las partes de una totalidad natural poseen una finalidad intrínseca y constitutiva. El no reconocimiento de la intencionalidad inherente a los procesos de todo ser natural y de sus partes, lleva a establecer paralelos entre la funcionalidad de sistemas irreductiblemente complejos creados por el hombre, y la funcionalidad de sistemas naturales irreductiblemente complejos. Y es justamente esa conceptualización mecanicista que subyace a algunos argumentos de diseño, como el de Paley, la que impide hacerse una idea adecuada de la naturaleza propia de los seres naturales, dejándolos reducidos a una mera concatenación u organización de partes. Otro tanto ocurre con las ilustraciones de las finalidades de los sistemas irreductiblemente complejos, tomadas del orden del obrar humano, y que pasan por alto la distinción entre entes naturales y artificiales, y sus diferentes modos de estar finalizados e intencionados.

    Aún teniendo en cuenta todo lo maravillosa que pueda resultar la sofisticación morfo-funcional del flagelo de los procariontes o del sistema inmune de los organismos superiores, es necesario reconocer que ellos están en definitiva referidos a un todo, cuya unidad trasciende y supera la de todas sus partes y componentes. Entendido en su íntima estructura y en toda su originalidad, es el viviente el que se posiciona como realmente irreductible a los relatos históricos de las teorías materialistas y emergentistas acerca del origen y evolución de la vida, y ello en virtud del tipo de unidad y finalidad que realiza. No se trata de un asunto de escala de observación, como un análisis meramente factual pudiese sugerirlo. Si es cierto que el viviente puede también ser contenido en intenciones lógicas de mayor extensión, tales como especies, poblaciones, ecosistemas o biósferas, debe admitirse que ninguna de tales categorías realiza la clase de unidad que posee en sí el viviente individual, y a la cual se subordinan las categorías ontológicas y lógicas, superiores o inferiores.

    En un esquema que viene a caracterizarse meramente en términos de probabilidades, el diseño de artefactos por el hombre y de entes naturales por parte del ignoto diseñador es entendido unívocamente, en un paralelo estricto. Tanto el hombre, en cuanto productor, como el diseñador, caen bajo el mismo género. Este diseño es el que se asemeja más a la manufactura de un demiurgo que a una creación divina; una la propuesta como la de Paley parece apuntar más a una doctrina deísta que a un teísmo auténtico y cabal.

    El tomismo, en cambio, no sólo distingue entre planos distintos de causalidad, sino ante todo, de racionalidad.

    Un cordial saludo.

  4. Estimado Juan Carlos:
    Francamente tengo dificultades en aceptar que el logos organizador y racional de Dios esté contenido enteramente (esto es, para la Creación en su totalidad) en los elementos más básicos que se encuentran en el comienzo de nuestro mundo, conceptualizados estos ya sea como campos de energía o de otra manera similar; elementos anteriores a la aparición de sistemas ordenados en el mundo. Hay algunos físicos que comienzan a hablar que lo constitutivamente básico en el mundo es la información, y, como tú señalas, la información apunta a la inteligencia de una mente. Personalmente creo que la información –en un sentido amplio—está presente en todo, incluso en esas formas iniciales del comienzo del universo. Ahora me parece que información y ‘realidad’, siguiendo pautas tradicionales, son dos cosas distintas, una se mueve en el plano de la verdad y la otra en el plano de lo que es en cuanto tal en el mundo, aunque sea ‘siendo’. Y para que esa verdad (información) tenga asidero en los objetos naturales se necesita una realidad que las soporte. Este comentario lo hago en relación a los físicos que hablan de información como lo básico del universo; este tema necesita sin duda mucha investigación, estudio y reflexión. Pero repito, tengo resistencia a pensar que todas las complejísimas fuerzas organizadoras de la complejidad del mundo (incluyendo la vida y al hombre) se encuentren ya dispuestas y latentes en esos simples elementos iniciales al comienzo de la historia del universo. La ciencia contemporánea está lejos de vislumbrarlos en este momento, y de aceptarlos. (En lo referente a relacion filosofia y ciencia ver comentario anterior.)
    La TDI reconoce objetivamente estructuras biológicas que muestran una acción inteligente, un mensaje digital como los que encontramos a diario en la vida corriente del hombre parlante; pero, como ya lo he dicho numerosas veces, los autores neotomistas, lo rechazan, porque según estos autores le toca a las ciencias descubrir esas fuerzas organizadoras que se encuentran en el seno de los objetos naturales elementales, constituyentes de esas estructuras complejas, y que explicarían su aparición. La ciencia no tiene evidencia de tales fuerzas organizadoras, solo habla de las leyes naturales y el azar como posibles responsables de la aparición de esas estructuras; pero esto, ni tiene sentido para explicar tan sofisticado mensaje biológico, ni es posible que suceda por mero azar si se aplica la ley de las probabilidades en nuestro universo concreto.
    Y concuerdo contigo, la doctrina tomista puede –y algunos tomistas así lo aceptan—alcanzar una correspondencia adecuada con la TDI, pero repito (aunque peco de caer en la majadería) algunos neotomistas son claramente opuestos a la TDI, a pesar que se esté hablando de acción inteligente en la naturaleza, que en modo alguno es ajeno al tomismo, aunque sea solo en una sección de la creación; pero es muy importante, significativo, y de ingente necesidad epistemológica para que se reconozca y se incorpore esta dimensión a la ciencia contemporánea. Esta resistencia, me parece, constituye un verdadero problema del neotomismo.
    La TDI no es una filosofía de la naturaleza, ni tampoco es una prueba de la existencia de Dios. Es un esfuerzo por reconocer e incorporar la acción inteligente en la naturaleza (particularmente en el área de la biología) para ser estudiada siguiendo los procedimientos científicos. Los neotomistas citados en el artículo (de prestigio notorio) tildan de ‘mecanicista’ a la TDI, como sería una casa, un reloj o un computador, basados en una concepción peculiar de la naturaleza y de la Creación de Dios, que es obviamente una elaboración humana contingente, con vestigios clásicos, y que es más que discutible, como he tratado de exponerlo en el artículo. Piensa que esta acusación de ‘mecanicista’ de la TDI para las estructuras biológicas portadores de mensajes, no se refiere a artefactos creados por los seres humanos, sino a estructuras ‘naturales’ generadas por la acción inteligente de un agente, que en el plano teológico correspondería a acción de Dios; nada menos que los teólogos restringen a Dios Creador de Tierra y Cielo en lo que puede crear y cómo lo puede crear. Esto es francamente inaudito, y si no constituye una muestra clara de las dificultades del neotomismo, pues no sé qué decir.

  5. Mutatis mutandis puedo decir lo mismo de las dificultades que muestran algunos proponentes del DI para comprender la clase de teleología implicada en la concepción filosófica tomista. Lo repito una vez más, en la concepción tomista se juzgan insuficientes las explicaciones que únicamente recurren a la necesidad y al azar. Hace falta, sobre todo en el viviente, una clase de unidad, finalidad e intencionalidad que simplemente están más allá de lo que el carácter modélico de la ciencia puede plantearse, pero no así la racionalidad filosófica.

    Pienso que el trasfondo del problema con el argumento teleológico tomista se debe en realidad a las diferencias de éste con el apriorismo de la tradición filosófica racionalista que viene de Descartes, Leibniz, Wolff , Baumgarten, etc. y que Kant intentará luego “enderezar” con su crítica (pero que termina convirtiéndose en un galimatías).

  6. Estimado Juan Carlos:
    La mayor parte de tú último comentario (s) viene a responder las cuestiones planteadas por Felipe, de modo que no me referiré a ellas.
    Creo importante sin embargo, clarificar lo de complejidad irreductible. A este respecto pienso que debe tenerse claro el núcleo del asunto; con frecuencia se menciona como ejemplo paradigmático de estructura compleja irreductible al famoso flagelo de Behe, que realmente es notabilísimo, pero creo que se ilustra mejor la TDI con el ADN. El flagelo, el Sistema Inmunológico, y muchas otras estructuras complejas irreductibles, aparecen en los organismos en su desarrollo ontogénico gracias a la acción del sistema genético del organismo en desarrollo. Este complejo sistema deriva de un sistema genético previo (heredado), y así sucesivamente en la historia biológica, hasta que llegamos a la primera célula viva en el planeta. Ahí tenemos que encontrar un sistema genético que posibilite el desarrollo y vida de esa célula. El ADN es uno de los componentes fundamentales de este sistema genético, y constituye un excelente ejemplo de una estructura “natural” compleja que contiene mensajes funcionales para la actividad celular, su desarrollo y el comienzo de la cadena de la vida. ¿De dónde emerge este sistema complejo? Estos mensajes están codificados en un alfabeto molecular del ADN que es análogo al que usamos nosotros en nuestro diario vivir. Los mensajes son información funcional, y esto es muy interesante, puesto que toda información de este nivel de complejidad e integración que conocemos en nuestro mundo actual es producto de una mente inteligente, de la mente humana. De aquí que La TDI postula que este complejo refleja la acción de un agente inteligente. Todo esto ya es conocido, de modo que solo recalco que estas estructuras con vestigios de acción inteligente, son “naturales”, “creadas” por Dios; no son un ensamblado artificial, un artefacto de tipo humano como una casa, una computadora, etc. En otras palabras, no son mecanismos, ni maquinarias fabricadas como el famoso reloj de Paley. Pero a pesar de esto los neotomistas insisten que la TDI presenta en estas estructuras biológicas un aparato mecánico, sin propiedades inherentes, ni finalidad intrínseca. ¡Nada menos que la carga genética de una célula! Y los autores más vehementes de este credo, como Feser, considera que si Dios creó las partes, y las ensambló, todavía es un aparato mecánico. ¡Vamos…se pasaron!
    Con todo respeto a las personas que adscriben con fe al neotomismo creo que tienen que enfrentar las limitaciones que engendran sus rigideces teóricas, los equívocos que generan y los obstáculos insensatos que yerguen al esfuerzo de la TDI en romper el naturalismo metodológico materialista y el naturalismo teológico, para incorporar una acción inteligente en la base de los procesos biológicos necesarios para el desarrollo de la vida. Con este cambio de perspectiva, del mecanicismo neodarwiniano a una acción inteligente con teleología, cambia la concepción de los seres orgánicos, de meros robots productos del azar, a seres vivos que forman una unidad generada de una intencionalidad inteligente, más allá del hombre.
    Con un saludo cordial

  7. Estimados:

    No veo en realidad en qué “se ha pasado” el tomismo. Dios actúa, es omnipotente porque es causa del ser en cuanto creado de la nada, lo cual no entra en conflicto con el ejercicio de la causalidad propia de las criaturas. El esquema desarrollado por Tomás de Aquino elimina el conflicto de intereses causales y, además, realza la omnipotencia de Dios que es capaz de dar el ser a entidades que son a su vez causas reales.

    Él no es un dios que revela su presencia en el hundimiento de las leyes físicas conocidas, sino que es la razón del ser de estas leyes, que hace posible una reflexión racional filosófica acerca de las interrelaciones de dependencia que tienen carácter universal y no solamente local. Es posible así vincular la concepción de la creación “ex nihilo” con la versión clásica de la “creatio continua” y además se muestra al Creador que abarca todo el mundo con su mano divina, y lo hace de tal manera que no se pueden encontrar huecos interpretativos.

    La predicción atea positivista de separación metodológica de ciencias y metafísica no se ha realizado: la ciencia vuelve a las cuestiones filosóficas, sin perder por eso autonomía. La comunicación entre la ciencia y la metafísica se mantiene, sin que estas se confundan.

    Es así que una teoría como la del Big Bang nos invita a considerar abiertamente el origen temporal de nuestro universo. De modo similar la TDI al subrayar la especial unidad que el ser vivo constituye y de su consiguiente refractariedad a los enfoques gradualistas, nos invita a considerar la existencia de sistemas naturales irreductiblemente complejos.

    Peo lo metafísica no se identifica sin más con las teorías científicas, que si bien pueden contener aspectos verdaderos , incluyen también hipótesis, sin importar cuan probables o improbables éstas sean.

    La filosofía tomista no dedica una particular atención a cuestiones fragmentarias, dotadas sin duda de interés, pero no definitivas, incluidos los logros de las ciencias experimentales. Ni está comprometido con dominios donde se excluyan las «verdades», en su acepción más comprometida, universal y medular; que se queden y se muevan en la superficie o, a lo más, en una inmediata región subcutánea.

    En cualquier caso, después de lo expuesto en todos los comentarios de esta serie, defender positivamente simplemente a un diseñador, me parece que es concebir un Dios muy pobre y, desde luego, no sería en absoluto el Dios del que nos habla Tomás de Aquino, el Dios de la teología. Parece claro que dejar simplemente abierta esta posibilidad es ya una forma de moverse en una cierta confusión de planos u ordenes causales y de racionalidades.

    Lo que sí está claro es que entre los argumentos filosóficos del tipo de la quinta vía de Santo Tomás o los del diseño, existen elementos comunes a ambos enfoques: el gobierno divino de la creación guarda estrecha relación con los planes o designios concretos tal como se manifiesta en el funcionamiento de la naturaleza.

    Por mi parte ha sido un placer conversar con ustedes respetuosamente sobre este tema en particular y se los agradezco, pero ya no dispongo por ahora de más tiempo para continuar.

    Un cordial saludo a ambos.

  8. Estimado Juan Carlos:

    Voy a responder por parágrafos tu comentario para cubrir mejor los puntos que mencionas:
    1. “Se han pasado…” (los neotomistas) Efectivamente como tú bien señalas: Dios es omnipotente, eso significa omnipotencia y libertad. Lo escrito en mi mensaje anterir, lo copio: “Todo esto ya es conocido, de modo que solo recalco que estas estructuras con vestigios de acción inteligente, son “naturales”, “creadas” por Dios; no son un ensamblado artificial, un artefacto de tipo humano como una casa, una computadora, etc. En otras palabras, no son mecanismos, ni maquinarias fabricadas como el famoso reloj de Paley. Pero a pesar de esto, los neotomistas insisten que la TDI presenta en estas estructuras biológicas un aparato mecánico, sin propiedades inherentes, ni finalidad intrínseca. ¡Nada menos que la carga genética de una célula! Y los autores más vehementes de este credo, como Feser, considera que si Dios creó las partes, y las ensambló, todavía es un aparato mecánico. ¡Vamos…se pasaron!” Me parece que es suficientemente claro: ¡ponerle límite a la omnipotencia de Dios! Vamos, se pasaron, y tengo que agregar: ¡inaudito! Dios creó la primera célula viva en este planeta, le dio ser, y con un ADN con mensajes, una estructura “natural”, para emplear un término del naturalismo ateo y teológico. NADA DE MECANICISMO, que era el tema del que hablaba.
    2. Es claro que Dios creó el mundo del no ser, y que le otorgó racionalidad al hombre y al mundo, para poderlo manejar y comprender lo mejor posible. Concuerdo contigo –me parece—en que la concepción de la creación continua es más razonable. Y por supuesto, toda la creación es obra de Dios, por eso fue importante para Santo Tomás tener una coexistencia pacífica entre ‘ciencia de la naturaleza’ y teología. Esta coexistencia está perturbada en la actualidad; y la obstinación y rigidez de algunos neotomistas no ayuda a resolverla. Su actitud es ácidamente opositora a la TDI, y además engendra equívocos absurdos y peligrosos, incluso para la gente que quiere seguir al neotomismo; como ejemplo: el flirteo con la evolución neodarwiniana; ver detalles en el artículo.
    3. Sin duda la ciencia no opera en un vacío metafísico. En el presente existe incompatibilidad metafísica entre la ciencia contemporánea y la filosofía de la naturaleza neotomista. Por eso es tan importante la TDI que intenta romper la concepción metafísica materialista prevalente en la ciencia contemporánea, para incorporar una dimensión no-materialista en la naturaleza: una acción inteligente. Pero choca paradójicamente con el neotomismo rígido y dogmático, que impide el reconocimiento de la mano de Dios en sectores de la naturaleza, como es el que venimos hablando: Estructuras biológicas complejas portadores de mensajes funcionales teleológicos.
    4. Si te entiendo bien, pues sí: la TDI reconoce las estructuras complejas portadoras de mensajes como unidades de acción teleológica, una teleología que se proyecta en el desarrollo de la vida en el planeta.
    5. Efectivamente la metafísica no se identifica con la concretidad de la ciencia. Pero no olvides, ni la ciencia, ni la metafísica son verdades absolutas y perennes (ver comentario anterior: relación ciencia/filosofía). Lo importante es que sean concordantes, siguiendo el espíritu de Santo Tomás. (ver No. 2)
    6. Efectivamente, la filosofía se esfuerza por entender aspectos más profundos y generales de las condiciones del ser de las cosas, de la ‘naturaleza’; la ciencia en cambio, se concentra en el comportamiento de esas cosas y las estudias con sus propios medios. El advenimiento de las ciencias del origen: origen del mundo, origen de la vida, origen de las estructuras complejas biológicas, etc. han venido a empañar esta clara diferencia entre filosofía y ciencia. Por eso es que en torno a estas ciencias históricas surge tanta polémica y resistencia (piénsese en la teoría de la evolución, la TDI, las especulaciones matemático-físicas del origen de todo, y los multi-universos), porque tocan aspectos metafísicos y religiosos. El saber de la filosofía y el saber de la ciencia, son dos saberes diferentes, constituyen, como se dice a menudo, dos racionalidades distintas, pero deben ser compatibles, sin incongruencias. Las verdades de las distintas empresas cognitivas del ser humano no pueden ser discordantes en lo que se refiere a la Creación divina. Se necesita flexibilidad y sabiduría (en sentido bíblico), tanto en la ciencia como en la filosofía para lograr este estado de armonía cognitiva.
    7. Te recuerdo que la TDI no es una teología, no es un discurso que pretenda probar la existencia de Dios ni las cualidades o intenciones de Dios. Ese es terreno de la religión y de las teologías. La TDI solo se limita a constatar científicamente que hay estructuras biológicas como el ADN que presentan una complejidad inmensa y un mensaje funcional. Y basado en la observación actual, todo mensaje complejo integrado y con teleología, esto es un texto informático, que se conozca, es producto de una inteligencia. Por eso la TDI postula a nivel de esas estructuras (ADN), una acción inteligente; y como toda inteligencia conocida se da en una agente, habla de ‘agente inteligente’.
    8. Ya te comenté en una oportunidad anterior que creo que el neotomismo –tomismo actual- tiene muchas áreas de correspondencia con la TDI; desgraciadamente algunos neotomistas han adoptado una actitud muy rígida y, a mi parecer errada, que impide hacer vigente esa correspondencia. Espero y deseo que esta situación se corrija en un futuro cercano, para ampliar el estudio científico de la ‘naturaleza’; una necesidad epistemológica de primera importancia.

    9. Comparto contigo el agrado de este instructivo diálogo, realizado con respeto e interés, la única manera de aprender y crecer en entendimiento del mundo en que vivimos. Gracias por tus aportes y oportunos comentarios.

    Un saludo cordial.

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