Dificultades y problemas del Teísmo evolutivo

Lo que es claro de partida es que no resulta fácil compaginar en forma aceptable la amalgama de los constituyentes del Teísmo evolutivo (TE), por lo que no es extraño que algunos autores hayan tratado de conectar más específicamente sus componentes –el Teísmo y el Neodarwinismo–, para hacerlo más consistente. Así, algunos autores sugieren que Dios creó el mundo y cargó de información las partículas iniciales (“front-loaded”), para que en su debido tiempo en la evolución cósmica, formaran las estructuras esenciales para la aparición de la vida, y su despliegue. Otros autores en cambio, se inclinan a pensar que el Creador arregló la posición de las partículas iniciales de tal modo, que por sus propias acciones llegaran a generar el mundo que conocemos. Y otros teólogos más compenetrados en los enigmas de la física cuántica, proponen que la indeterminación, que según algunos de los intérpretes de esta teoría, se hace presente en su dinamia, generaría una ‘indeterminación ontológica’ que, envuelta en las mutaciones, permitiría la intervención de Dios en la evolución Neodarwiniana; se trataría de una intervención divina que se percibe como una ‘causa secundaria’ (Dios no estaría ‘directamente interviniendo en el mundo’), pero que curiosamente se reconoce como dependiente del destino de la teoría cuántica, y de su interpretación. Estas mezclas de teología y ciencia resultan no solo altamente especulativas y a veces cándidas, sino que imposibles de demostrar, para ser convincentes en la perspectiva de la ciencia. Lo interesante del caso es que con estas explicaciones sus autores consideran que la TDI resulta innecesaria para explicar lo que no puede explicar la ciencia tradicional. También es curioso que se sostenga que Dios, a través de los mecanismos Neodarwinianos, genere las estructuras biológicas funcionales que no pueden ser explicadas por las leyes naturales conocidas, aún con la ayuda del azar; realmente en esta forma, se está proponiendo un milagro vestido de ciencia. Pero aún hay que mencionar otro grupo de filósofos que se presentan como adherentes al Teísmo evolutivo, pero que insisten que la teoría Neodarwiniana y sus mecanismos, son suficientes por sí mismos para explicar la complejidad especificada, y así la evolución de la vida; no aceptan la intervención, ni la guía de Dios en su teoría explicativa. Aclaro que estos intelectuales no son simpatizantes de la metafísica/teología AT, con las causas secundarias, Dios es simplemente remitido a un trasfondo vago cuya implicación en el mundo se sustenta mediante la mera fe de los creyentes; en este caso se escinde el conocimiento del mundo y la fe, para colocarlos en dos estancos separados. Esta corriente de la TE parece a veces, más que nada, una estrategia deliberada para atraer a creyentes incautos al Neodarwinismo.

Un agudo problema Teológico serio que enfrenta el Teísmo evolutivo es la presencia del ‘Mal Físico’: la muerte, el dolor, y el sufrimiento de los seres vivos, que –según la teoría evolutiva Neodarwiniana, y cualquier teoría evolutiva que consulte un largo tiempo (“deep time”)–, aparece en la tierra, antes de la “Caída de Adán y Eva”. Tradicionalmente se ha considerado este episodio de la ‘Caída de Adán y Eva’’ como el incidente causante de todo el Mal en el mundo, particularmente del Mal Moral causado por los seres humanos; aunque se debe mencionar que hay autores en el curso de la historia que pensaron que el Mal Físico, no fue precipitado por Adán y Eva. En todo caso, este problema del Mal Físico antes de los primeros seres humanos como lo postula el Neodarwinismo, deja a Dios, Benevolente, Todopoderoso y Omnisciente, en la engorrosa situación de ser el agente responsable del Mal Físico; pero aún más, esta tesis borra de la existencia de la Pareja Original y desaparece la Caída en el Pecado –Mal Moral–, puesto que el origen del hombre es evolutivo, y el egoísmo, la lucha, y la muerte son constitutivos de la evolución Neo-darwiniana; con esta tesis no existe una estructura objetiva del mal ni del bien, todo es ajuste al medio para la sobrevivencia. Además, con el Neo-darwinismo el cuerpo humano pierde el contacto directo con la creación de Dios, para ser una continuación evolutiva de lo animal, esto es muy grave particularmente para la tradición Judía, y abre paso a consecuencias morales inquietantes (eutanasia, aborto, etc.). Un insólito acomodo de algunos defensores del TE a este incómodo inconveniente del Mal Moral y Físico, es el argumento que explica que Dios ‘no tuvo otra opción’ que la de usar el Neodarwinismo –y la evolución cósmica–, si quería generar la vida y su despliegue en el planeta, respetando las leyes naturales que Él mismo creó. Dios tendría así una escusa, no sería el ‘agente activo’ inmediato causante del Mal, pero sí la evolución (biológica y cósmica) sería la causante directa del Mal Físico –y también del Mal Moral–, presentes desde antes de la llegada de nuestros Padres Originales; que, de acuerdo con el Neo-darwinismo simplemente no existieron. En esta perspectiva, la evolución mecanicista no-guiada vendría a ser como un nuevo demiurgo gnóstico, que reemplaza o, escusa al Dios Creador.

Qué Dios creó un mundo con estas supuestas leyes naturales, sin percatarse adecuadamente de las consecuencias nocivas de sus acciones, o excusándose con ellas, para lograr sus fines, no es algo fácil de asimilar; y no elimina su responsabilidad. Tampoco alivia la culpa de Dios el argumento que sostiene que Dios nunca desearía o haría un mal, específica y directamente a ningún ser determinado, concreto. Como tampoco es convincente que Dios en su infinito amor deja al hombre y al mundo un cierto grado de libertad con la evolución para que exploren posibilidades, ya no sería un mundo totalmente diseñado, controlado, y dirigido por Dios; esto es entendible para la libertad del hombre, pero la libertad y autonomía de la naturaleza para que sea claramente distinta de Dios con sus exploraciones –incluso para crearse a sí misma–, es verdaderamente ininteligible, y además abiertamente contradictorio, con la teología tradicional y con la Providencia. Un Dios con las características mencionadas –propias del Teísmo tradicional–, no teniendo “otra opción” que crear el mundo con sus leyes por él elegidas, supuestamente operando en la evolución y particularmente en el neodarwinismo para lograr sus fines, es realmente inconcebible; deja la imagen de Dios como un chambón, o un hipócrita, como un Dios lejano y frío, y no sin culpa frente al sufrimiento de los inocentes. Estas escusas utilizando el Neo-darwinismo (y evolución cósmica) como el agente directo de las crueldades del mundo, son simplemente escusas que no exoneran al responsable último de estas ocurrencias en el mundo: Dios. De manera que este tipo de explicaciones resultan difíciles –más bien imposibles–, de aceptar, aunque se nos invite a caminar en este mundo de desazón y dolor con la mirada fundamentalmente dirigida hacia el futuro –más que al pasado–, con la mirada puesta en Cristo, en espera de la “Nueva Creación” –lo que sin duda, sí es válido–, pero incoherente con la imagen de la divinidad proyectada por el TE. Las interpretaciones teológicas que enfrentan el problema del Mal físico, y la desaparición de la Pareja Original, acentúan el carácter del mundo como difícil y duro, en el que reina la muerte y el sufrimiento, que los seres humanos deben vivir y soportar –lo que encaja muy bien con la evolución Neodarwiniana–; estos autores nos estimulan a vivir, eligiendo el Bien traído por Cristo –redención de Dios–, que con su Resurrección abre el camino a la “Nueva Creación”. (Russell, RJ, 2013) En esta línea de pensamiento teológico, encontramos intelectuales que se inclinan a disminuir la doctrina de la Creación como algo ‘secundario’, y la doctrina de la Caída de Adán y Eva como sin importancia, para acomodarse de este modo al Neo-darwinismo –y al evolucionismo–, y enfatizan que Cristo nos salva de una creación fallida. Pero este problema del Mal físico y del Mal Moral en conexión con la evolución cósmica y particularmente con el neo-darwinismo es materia teológica y no de poca envergadura, lo mencionamos aquí solo para señalar esta seria dificultad, y las variadas explicaciones que se barajan para solucionarlo en el amplio espectro de autores envueltos en la TE, y en los círculos teológicos que enfrentan el reto que significa el evolucionismo en general (de tiempo astronómico), para la teología tradicional. (Richards, JW, 2010; y cols. Schönborn, C., 2007, pp 104-6)

En el próximo Post continuaremos revisando dos problemas que se presentan en la combinación de la TE, el problema del azar y las dificultades que surgen con las intervenciones de Dios en el mundo.

Bibliografía:

Richads, Jay W. (2010). God and Evolution: Protestants, Catholics, and Jews Explore Darwin’s Challenge to Faith.  Edited by Jay W. Richards. Discovery Institute Press.

Schönborn, Christoph, Cardinal (2007) Fides, Ratio, Scientia. The Debate About Evolution. En: Creation and Evolution. A Conference with Pope Benedict XVI. Ignatius Press. San Francisco.

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