Debate Behe-Ussery sobre “The Edge of Evolution”

Por Felipe Aizpún

The Edge of Evolution” es “el otro” gran libro de Michael Behe; desgraciadamente y como es habitual, todavía no traducido al español dos años después de su aparición en Estados Unidos. En él Behe desarrolla de forma minuciosa y con gran rigor científico un argumento por otra parte clásico en la literatura científica no comprometida de forma a-crítica con el paradigma neo-darwinista. Se trata de la idea de que las mutaciones fortuitas que conocemos experimentan los seres vivos no traspasan nunca el ámbito de la estructura morfológica de los organismos en los que se producen. La “evolución” tiene límites bien definidos cuando por evolución nos referimos al cambio experimentado en dichos organismos de forma fortuita en las desviaciones que acontecen en el seno de los procesos de replicación del material genético. La evolución entendida como emergencia de formas nuevas, de estructuras funcionales novedosas, de sistemas orgánicos irreduciblemente complejos, es un evento que queda fuera del alcance del fenómeno de la mutación fortuita.

Esta consideración ya había sido machaconamente recordada por Pierre Paul Grassé en sus trabajos allá por los años 70 del pasado siglo y expuesto de forma contundente en su libro “L´evolution du vivant”. La evolución para Grassé era algo perfectamente diferente del hecho mutacional. La aparición de formas novedosas supondrá la adquisición de nueva información, y ello implica cambios estructurales, es decir, algo nuevo debe de ser añadido al organismo vivo que evoluciona. No es en absoluto, nos dice Grassé, una cuestión de alterar o suprimir algo previamente existente, sino de añadir algo nuevo. La Naturaleza está plagada de organismos que mutan con mayor o menor frecuencia, pero en esta cadena de mutaciones permanecen siempre en el seno de su propia especie. Y Grassé cierra su exposición con un latiguillo lapidario no exento de intencionalidad: “This is a fact”

También la controvertida Lynn Margulis ha combatido denodadamente durante su carrera profesional la presunción, ampliamente reivindicada como parte esencial del paradigma neo-darwinista, de que la evolución debe ser explicada como una acumulación de mutaciones fortuitas. Margulis ha escrito y perorada ampliamente al respecto negando rotundamente que exista ni una sola evidencia empírica que pueda respaldar tal pretensión. Como es sabido Margulis defiende la teoría endosimbiótica como mecanismo evolutivo alternativo, aunque en honor a la verdad es preciso aclarar que tampoco existe evidencia empírica alguna que soporte su propuesta más allá de un cierto consenso de la comunidad científica al respecto pero limitado a la explicación más probable de la emergencia de las células eucariotas.

El libro de Behe utiliza los parásitos protozoos que ocasionan la malaria como fuente de estudio de sus conclusiones y argumenta eficazmente a favor de los límites del proceso de evolución espontánea y la imposibilidad de extrapolarlo más allá de pequeñas variaciones fenotípicas de limitado valor adaptativo. Como no podía ser de otra forma el libro ha recibido las más feroces descalificaciones por parte del sector darwinista de la comunidad científica. Sin embargo, las críticas hasta la fecha no parecen haber sido capaces de oscurecer la importancia de esta obra rigurosa y de gran valor científico y es por ello que los intentos por desacreditarla se siguen sucediendo.

El blog del teísmo evolucionista “The Biologos Forum” ha albergado durante los meses de Octubre y Noviembre una serie de cinco artículos firmados por David Ussery en los que ataca con dureza la obra de Behe, de forma ordenada y meticulosa, comentando críticamente los sucesivos capítulos del libro. David Ussery es profesor asociado de genómica microbial comparativa en el “Centre for Biological Sequence Analysis” de la Universidad Técnica de Dinamarca.

La respuesta de Behe no se ha hecho esperar y aparece en estos días pasados en forma de comentarios en dos entradas del blog del Discovery Institute aquí y aquí.

Behe pone de manifiesto los diferentes errores en la argumentación de Ussery. Por ejemplo, confundir una mutación adaptativamente ventajosa con un evento evolutivo. La evolución exige la generación de formas y estructuras funcionales novedosas no de pequeñas variaciones en el seno de un mismo cuadro morfológico. Variabilidad y aumento de complejidad no son fenómenos reducibles a un mismo concepto evolutivo. Behe recuerda que él no ha propuesta la imposibilidad de que mecanismos de tipo darwinista puedan justificar algún tipo de cambio en los organismos vivos sino básicamente que dichos mecanismos de variación no parecen poder explicar la emergencia de novedades morfológicas importantes. Behe recuerda la necesidad de analizar con rigor la naturaleza de las mutaciones necesarias en cada caso o verificadas por la observación, su carácter simple o complejo y su carácter constructivo o degradativo tal como ocurre en el caso de las mutaciones que favorecen la resistencia a la malaria.

Ussery reivindica el poder de las mutaciones darwinistas para justificar el proceso evolutivo alegando que uno de cada 21 nacimientos en el ser humano presenta algún tipo de cambio estructural (y congruentemente algún cambio funcional probable) en alguna proteína fruto de la inserción de algún único elementos genético transponibles. Behe responde que insertar un elemento transponible en el gen de una proteína funcional es como insertar un puñal en un cuerpo humano y que tal inserción sólo ayudará a destruir el carácter funcional de la proteína afectada lo que difícilmente puede exhibirse como argumento a favor del poder evolutivo de los mecanismos darwinistas de mutación.

Behe nos recuerda que su argumento sobre la irreductibilidad del flagelo bacterial sigue siendo un argumento no falsado por la evidencia empírica ni suficientemente contestado en la teoría. Por el contrario la afirmación de que tal compleja maquinaria molecular pudiera haber emergido de manera fortuita y por acumulación de mutaciones sigue siendo un simple argumento por la credulidad. Cada uno puede convencerse de lo que considere oportuno, pero será sólo un acto de fe y no una propuesta con carácter científico suficiente. En este sentido Behe nos apunta una reciente publicación del eminente bioinformático Eugene Koonin recordando la difícil cuestión de explicar la altísima improbabilidad de un cambio funcional en una proteína que requiera al menos dos o más mutaciones. Con mayor razón, nos dice Behe, resulta inadecuado reivindicar la emergencia por mecanismos estrictamente darwinistas de un artefacto como el flagelo que involucra a unas cuarenta proteínas.

3 Respuestas para Debate Behe-Ussery sobre “The Edge of Evolution”

  1. Felipe:
    Estoy viendo en la biblioteca de mi pueblo que los panfletos de Dawkins, Atkins, hitchens, Stenger, Ayala, Onfray… se tradujeron en menos de dos años (y aun en el mismo año).
    En cambio de DI existen pocos traducidos. El de Behe “La caja negra de Darwin” tardó 3 años y se publicó por una editorial de Chile, no de España.
    ¿Sabes tú si en este país hay como una cúpula de editores del lado de darwin? ¿O es simplemente que no habría negocio publicando DI?¿Ni siquiera EUNSA se pone a apoyar?
    Saludos afectuosos

  2. Eunsa y la gente del entorno de la Universidad de Navarra se han acogido a una postura muy conservadora de no anfrentarse a la corriente científica dominante. Es una corriente que podemos denominar “buenista” y se manifiestan sobre estos aspectos en la página “Ciencia razón y Fe” de Internet de una forma un tanto ambigua y poco comprometida.

  3. Felipe, gracias por esta información ( ya me imaginaba yo algo así):
    Tengo que agradecer a esa editorial el haber publicado un libro que leí hace más de 20 años que me ayudó mucho para desembarazarme de la atmósfera darwinista. Hoy gracias al avance de la verdadera ciencia y del DI (e internet) ya está mejor la cosa. Pero EUNSA debería darse cuenta que está ayudando a los enemigos de la fé
    (y de la razón, para los que no tenemos fé) con esa política que me dices.

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