De Chimpancés y Humanos

Felipe Aizpún

El pasado mes de Octubre la revista ScienceDaily se hacía eco de un trabajo recientemente publicado por un grupo de investigadores del Georgia Institute of Technology. El trabajo se titula “Characterization and potential functional significance of human-chimpanzee large INDEL variation” y son sus autores Nalini Polavarapu, Gaurav Arora, Vinay K Mittal y John F. McDonald.

El trabajo se ocupa de uno de los temas recurrentes en la discusión sobre la filogenia de la raza humana que no es otro que la “sorprendente” similitud entre las secuencias codificantes del genoma de los humanos con el de algunos simios y más especialmente con los chimpancés. Es evidente que las diferencias entre una y otra especie son notables, tanto morfológicamente como en términos de conducta, lo que queda especialmente de manifiesto, huelga señalarlo, si contemplamos la condición racional del ser humano. El caso es que la secuenciación de las genomas de las diferentes especies se abordó en su momento desde la convicción de que, siendo el ADN codificante la única información genética relevante de acuerdo con la visión gen-centrista y reduccionista del paradigma dominante, la identificación de las secuencias específicas de los distintos organismos vivos nos serviría para poner de manifiesto las diferencias de los unos con los otros.

“Intriguingly” (esta expresión sale continuamente en la literatura científica contemporánea cada vez que un nuevo descubrimiento contradice la versión oficial) no fue eso lo que hallaron los investigadores. En el caso de los genomas del ser humano y del chimpancé se encontraron similitudes que parecían poder establecerse en porcentajes superiores (según los diferentes estudios) al 95% de las secuencias codificadoras de nuestros respectivos ADN. Aunque los datos fueron recibidos con alborozo como muestra de las intuiciones evolucionistas que aseguraban la coincidencia de ambas especies en un antecesor común, lo cierto es que una lectura reposada de los mismos sólo podía llevar a una conclusión razonable: las enormes e inocultables diferencias entre una y otra especie no residían obviamente en el genoma codificante. Debían de estar en otro sitio, pero eso a su vez significaba que, tal como hemos comentado en otros artículos reciente, las secuencias codificadoras no nos explican suficientemente la identidad de la forma biológica ni las claves del mecanismo de construcción del organismo vivo en el proceso de desarrollo embrionario.

Los autores del trabajo mencionado parecen haber verificado que la inserción y deleción de largas piezas de ADN cercanas a los genes son altamente variables entre humanos y chimpancés, pudiendo ser el origen de las principales diferencias entre ambas especies. Según explica John McDonald, profesor de Biología en el citado Instituto de Georgia y director responsable del estudio, se ha podido observar que mientras que las secuencias de genes en el ADN entre humanos y chimpancés son muy similares (“nearly identical”) hay sin embargo grandes lagunas genómicas (secuencias no codificantes de genes) en zonas adyacentes a los genes que pueden afectar al grado y la forma en que los distintos genes son activados o desactivados en el proceso de formación del organismo. Los investigadores han detectado que las diferencias en tales lagunas o saltos (“gaps”) entre ambas especies se deben principalmente a la inserción o deleción de secuencias de tipo viral llamadas retrotransposones, y que se conoce ahora que pueden representar cerca del 50% del total del genoma en ambos casos. En concreto, McDonald declara lo siguiente:

“Estos saltos genómicos han sido causados en primer lugar por la actividad de secuencias de elementos transponibles de origen viral. Estos elementos transponibles fueron considerados anteriormente ADN basura con escasa o nula funcionalidad. Ahora parece que podrían ser una de las mayores razones de por qué somos tan diferentes de los chimpancés.”

Los investigadores que han estudiado la naturaleza de dichas secuencias no codificadoras consideran que las diferencias analizadas se corresponden o podrían estar relacionadas con las diferencias en la expresión de los genes afectados, previamente señaladas por otro estudio llevado a cabo con anterioridad por investigadores del Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology en Alemania. McDonald señala al respecto:

“Nuestros resultados son de manera general consistentes con la noción de que las diferencias morfológicas y de comportamiento entre los humanos y los chimpancés se deben predominantemente a diferencias en la regulación de los genes más que a diferencias en los genes mismos”

Según nos explican los autores del trabajo, éste se llevó a cabo como continuación a previos descubrimientos del propio grupo de investigadores en 2009 en el sentido de que la mayor propensión al padecimiento de cáncer en los humanos con relación a los chimpancés podría ser un producto colateral de la selección a favor de un cerebro de mayor dimensión en los humanos.

Sea como fuere, la idea de que las secuencias no codificantes podrían encerrar la clave de las diferencias entre unas especies en relación a otras es una idea que viene rondando la intuición de muchos científicos desde hace décadas. El trabajo de McDonald y su equipo no es sino uno más de los muchos que se van pronunciando, cada vez con más convicción, en este sentido y que vienen apuntalando la firme convicción de muchos de que la definición de las secuencias no codificantes del genoma como “genoma basura” ha sido un auténtico lastre para el desarrollo del conocimiento científico y la investigación en las últimas décadas, uno más de los lamentables tributos que la investigación y el avance de la ciencia han tenido que pagar al imperio ideológico del darwinismo, piedra angular a su vez del materialismo que preside la vida intelectual de las sociedades occidentales contemporáneas.

En un comentario reciente sobre este artículo, Jonathan Wells autor del ya comentado libro “The Myth of Junk DNA”, se pregunta por las implicaciones de este tipo de hallazgos. Como es sabido, las similitudes entre las secuencias codificadoras han sido siempre exhibidas como pruebas de la existencia de antecesores comunes entre las especies comparadas y por lo tanto como prueba de la certeza de las hipótesis evolucionistas. Sin embargo, la verificación de la existencia de profundas diferencias en los elementos reguladores que definen la expresión de los genes y son en última instancia responsables de la forma biológica de cada especie, no han sido en ningún momento reivindicadas como un obstáculo importante para la hipótesis de una descendencia de un ancestro común.

El comentario no es ni mucho menos irrelevante. Pone en evidencia que la lógica del evolucionismo darwinista transgrede los principios de la lógica formal tradicional. Se afirma como hipótesis de partida la idea de la evolución de todas las especies a partir de las mismas formas primigenias y a partir de ahí se contrasta la hipótesis con las observaciones disponibles. Las similitudes observadas se exhiben como prueba de la existencia de un antecesor común, y las diferencias evidenciadas se presentan como explicación de las divergencias exhibidas en el fenotipo. De esta forma, la hipótesis quedará siempre confirmada.

La pretensión de que las secuencias codificantes definen por sí mismas las diferencias entre las especies parte de la idea equivocada de que dichas secuencias determinan por sí solas y de manera suficiente la forma biológica. Los estudios como el que hoy comentamos nos dicen estrictamente lo contrario. Si la forma biológica precisa para su determinación muchos más que una secuencia lineal de rasgos, si la manera en que el fenotipo queda definido por parte del genotipo no puede explicarse como una mera acumulación de caracteres, entonces las explicaciones al uso, en el sentido de que meros accidentes fortuitos en los procesos de replicación pueden hacer emerger las importantes novedades morfológicas que jalonan el proceso evolutivo a lo largo de la historia de la vida en nuestro planeta, deben de ser profundamente revisadas.

Una Respuesta para De Chimpancés y Humanos

  1. Yo no veo que esto sea problema para unos cuentacuentos con experiencia. Seguro que ya andaran diciendo que, cuando se descubra cómo los retrotrasposones sirven para regular, se comprobará que el azar + SN + tiempo es el responsable de todo ello. Lo mismo que la TGH, endosimbiosis y cualquier cosa que se vaya descubriendo tiene y tendrá su hueco (el azar de los huecos típico de esa gente) en el núcleo duro del neo-darwinismo.

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