David L. Abel y las tres categorías de causalidad

Por Felipe Aizpún

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Hace poco traíamos a colación en esta página la idea del filtro explicativo de Dembski, como una reivindicación de la necesidad de superar el manido paradigma naturalista del azar y la necesidad como únicas causas posibles de todo lo existente. Para Dembski, la complejidad especificada de los eventos o de los elementos presentes en la Naturaleza denotan la huella de diseño y por lo tanto la legitimidad de invocar una nueva opción causal para explicar la realidad. De hecho la propuesta de Dembski merece una acotación, el diseño no es en sí mismo una forma de causa eficiente. El diseño puede ser descrito como la disposición ordenada de elementos capaz de hacer emerger un patrón eficaz o una función. En este sentido el diseño puede ser reivindicado como causa formal pero no estrictamente como una alternativa a la determinación causa-efecto de las leyes físicas o al azar, cualquiera que sea el valor de este concepto en términos de causalidad. En este sentido, y desde un punto de vista conceptual, resultan definitivamente esclarecedores los trabajos del profesor Abel sobre las categorías de causalidad observables en la Naturaleza.

Abel nos presenta dos categorías fundamentales, la necesidad causa-efecto impuesta por las leyes de la Naturaleza y el evento contingente. En cuanto a la contingencia a su vez propone dos alternativas, el evento contingente fortuito (random contingency) y el evento contingente fruto de una elección deliberada (choice contingency). Como los trabajos de Abel no han sido todavía traducidos al español me permitiré bautizar algunos de los conceptos esenciales a los mismos, de manera provisional; así hablaremos de contingencia fortuita para “random contingency” y de selección contingente para “choice contingency”. La expresión selección contingente conecta, por otro lado, con el “Genetic Selection Principle”, otra de las aportaciones fundamentales del pensamiento del profesor Abel y a la que nos referiremos en otra ocasión.

Por supuesto Abel tiene claro que la idea de azar sólo puede ser invocada como recurso de causalidad de forma metafórica. Aún así, lo mantiene en su esquema para designar aquellos eventos que no pueden ser previstos de forma exacta, que acontecen según modelos dinámicos no lineales de determinación o que suponen la consecuencia de la conjunción de una multiplicidad de determinaciones imposibles de predecir o medir. Por su parte, la selección contingente nos enfrenta a la idea misma de la selección natural como causa de la complejidad funcional de los seres vivos. Abel insiste en que la selección natural sólo puede discriminar entre aquello previamente existente y que la complejidad funcional sólo puede nacer de la previa selección arbitraria de variables al servicio de una función preconcebida:

“La selección natural es siempre posterior a la programación. Para que un paradigma científico pueda incluir todos los datos repetidamente observables, la selección contingente (selección para una función potencial todavía no existente, y no selección de la mejor función ya-existente) debe ser incluida entre las categorías fundamentales de la realidad juntamente con azar y necesidad.”

Abel ha desarrollado sus teorías básicamente en el estudio de los procesos de la vida y de forma significativa en el proceso esencial a la misma de la síntesis proteica. Las proteínas son cadenas de aminoácidos que se van conformando como la construcción de un artefacto mediante la selección uno a uno, en nudos decisorios concretos (espacio-tiempo) mediante la labor de una compleja maquinaria molecular que actúa al dictado de la información prescriptiva contenida en las secuencias genéticas del ADN (una vez transcritas al ARN mensajero). Cada aminoácido añadido a la cadena constituye un evento que puede ser estudiado en términos de causalidad y que resulta evidente que no puede ser descrito ni como un hecho fortuito ni como un hecho necesario. Es evidente que, por razones que desconocemos, la maquinaria molecular (el ribotipo, en palabras de Barbieri) “obedece” y “ejecuta” las instrucciones que emanan del ADN codificante, pero sabemos con exactitud que el proceso de transcripción no está determinado en términos físico-dinámicos. El proceso es perfectamente contingente ya que la selección de uno u otro aminoácido para la conformación de cada eslabón de la cadena es un evento arbitrario, cualquiera de los 20 aminoácidos funcionales que intervienen en los procesos de la vida tiene la misma disposición o determinación físico-química para incorporarse a la cadena en cada momento del proceso. Nos enfrentamos por la tanto a eventos que sólo pueden ser descritos como determinaciones arbitrarias, es decir, como auténtica selección deliberada y aparentemente orientada a un logro funcional.

Es evidente que tal proceso constructivo es ejecutado por “agentes” que carecen de facultades cognitivas y a los que sería abusivo atribuir carácter intencional en su tarea. Lo cuál nos reporta necesariamente la fuente del carácter selectivo del proceso que no es otro que la secuencia específica genética que ha determinado el proceso. Cada secuencia genética se nos presenta entonces como el producto de una selección contingente a su vez. Cada base nitrogenada ocupa un lugar no determinado en la secuencia por principio alguno de necesidad. No existe constricción físico-química que prescriba las secuencias genéticas del ADN. La agrupación de las mismas en codones (agrupaciones de tres bases) resulta también perfectamente arbitraria y los codones lo son en realidad en la medida en que son así tomados de tres en tres para su lectura e interpretación por parte de la maquinaria molecular encargada de su transcripción. La existencia de secuencias específicas desafía racionalmente cualquier explicación aleatoria o fortuita, y se resiste a cualquier justificación determinista. La selección contingente se nos presenta por tanto como una alternativa racional imprescindible para explicar la realidad superando la dicotomía naturalista tradicional de azar o necesidad.

Se trata de una categoría de causalidad que nos ayuda a comprender mejor la realidad y que se refiere a los eventos naturales que conocemos. No se trata de una metáfora ni de una lectura antropomórfica de los eventos naturales que conocemos. Se trata de procesos dinámicos existentes desde mucho antes de la llegada de los seres racionales al mundo de los vivientes. Son procesos que ponen de manifiesto dos dimensiones ineludibles de la vida. Por un lado su carácter de sistema cibernético, es decir, sustentado sobre la selección en nudos decisorios de alternativas con eficacia prescriptiva. Por otro lado su carácter de sistema semiótico, basado en la interpretación de instrucciones y su ejecución mediante la atribución arbitraria de significados funcionales a los signos contenidos en las secuencias genéticas.

3 Respuestas para David L. Abel y las tres categorías de causalidad

  1. El website de Evolution of DNA es sin duda muy interesante e ingenioso aunque bastante discutible, pero a diferencia de lo que afirmas Roberto no especula sobre el origen de la “información prescriptiva”, sino sobre el origen de los mecanismos bioquímicos que la pueden almacenar y procesar. Esto es como especular sobre cómo pudo formarse un disco duro por medios naturales sin aludir a cómo se pudo originar el software que contiene.

    En cuanto a su planteamiento el autor dice en su introducción:

    We’ll make many guesses and use plenty of imagination as we attempt to ‘reverse engineer’ our DNA heritage. There is no way to make firm conclusions, when speculating about conditions 4 billion years ago, or even 1 billion years ago. It’s highly unlikely that every single detail of this story will prove to be correct. But with luck, maybe we’ll manage to get a few things right.

    Traducción: Vamos a hacer muchas conjeturas y un uso abundante de la imaginación como intento de realizar una “ingeniería inversa” de nuestra herencia del ADN. No hay manera de establecer conclusiones definitivas, al especular sobre las condiciones de hace 4 millones de años, o incluso hace mil millones años. Es muy poco probable que todos los detalles de esta historia demostrarán ser los correctos. Pero con suerte, tal vez vamos a poder establecer algunas cosas que si sean correctas.

    Finalmente en el epilogo dice en su primer párrafo: “This book has been primarily a work of imagination”. / “Este libro ha sido principalmente una obra de imaginación”.

    No es pues para decir que el asunto es “perfectamente explicable en términos de procesos naturales plausibles y ajenos a toda intencionalidad”.

  2. pero a diferencia de lo que afirmas Roberto no especula sobre el origen de la “información prescriptiva”

    No estoy de acuerdo. Los ejemplos exhibidos en este sitio, que desde luego no tiene por propósito ofrecer LA explicación a la incógnita de la abiogénesis, ofrecen un escenario plausible en el que las propiedades químicas de la materia hacen posible que algunas moléculas muy sencillas (de sólo unos pocas decenas de aminoacidos de largo), en las condiciones de concentración adecuadas, generen un duplicado de si mismas, a partir de la transcripción de las “instrucciones” definidas por un segundo tipo de moléculas, igualmente sencillas y cuya naturaleza prescriptiva es completamente casual.

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