David L. Abel y el premio de un millón de dólares

Por Felipe Aizpún

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David L. Abel es un autor imprescindible cuando se trata de analizar la naturaleza íntima de la vida, es decir, la esencia de la actividad molecular que hace posible el hecho de vivir a la luz de la teoría de la información. Formado en las Universidades de Maryland y Virginia y doctorado por la de Georgia, Abel ha desarrollado un profundo trabajo de investigación en los campos de la bioquímica, genética y biología molecular así como en ciencias de la decisión. Desde hace algunos años ocupa el puesto de Director de “The Gene emergente Project” en la The Origin of Life Science Foundation, Inc.

Abel ha publicado una lista de interesantísimos artículos en revistas especializadas en los que ha desarrollado algunas de sus convicciones de forma rigurosa y metódica, con gran consistencia y rotundidad, y en los que básicamente ha venido refutando las infundadas pretensiones de quienes reivindican que la vida es un fenómeno fortuito que puede ser explicado en términos naturalistas como consecuencia del azar y la necesidad. Una de sus aportaciones esenciales es la reivindicación de la supremacía del formalismo sobre la fisicalidad, así como también su Genetic Selection Principle, el principio de que todo organismo vivo, antes de ser sometido al escrutinio de la selección natural es el resultado de una selección a nivel genético, en concreto de una selección “para” el desarrollo de una función específica que se concreta en la determinación arbitraria de una secuencia genética funcional.

Abel ha desarrollado también la teoría del corte cibernético (The Cybernetic cut) como ampliación del concepto Epistemic cut de Pattee, y para distinguir y diferenciar los fenómenos que pueden ser explicados como consecuencia del azar y el determinismo de las leyes físicodinámicas de aquellos que exigen explicaciones relacionadas con nudos decisorios y elecciones arbitrarias eficazmente funcionales (choice contingency versus chance contingency). En otros trabajos como “Constraints versus controls” Abel profundiza en la capacidad de las limitaciones físico-químicas impuestas por las leyes naturales a los fenómenos observables en el Universo material y en la dificultad para concluir que las mismas puedan haber generado nunca ningún sistema organizado del tipo de los fenómenos vivientes.

Muchos de estos temas son suficientemente importantes como para que en el futuro les vayamos dedicando la atención que merecen ya que supone una perspectiva imprescindible para entender la esencia del fenómeno de la vida, y sobre todo para comprender la inconsistencia y falta de valor de las teorías que se permiten obviar este tipo de perspectivas.

Pero hoy nos limitaremos a presentar al personaje y una anécdota curiosa protagonizada por su Fundación. La confianza de Abel en sus conclusiones es tan rocosa que no ha dudado en ofrecer un premio, a través de la Fundación para la que trabaja, de un millón de dólares para quien presente un trabajo concluyente que demuestre o permita concluir el origen estrictamente natural de las formas vivas a partir de la materia inanimada.

En http://lifeorigin.info/ podrán ustedes verificar las condiciones de la propuesta. El premio, pagadero en 20 anualidades consecutivas de 50.000 dólares cada una se ofrece a quien proponga “un mecanismo natural altamente plausible para la emergencia espontánea de instrucciones genéticas en la Naturaleza suficientes para justificar la aparición de la vida”. La propuesta debe ser publicada en una revista científica de reconocido prestigio y haber superado el trámite de la revisión por otros colegas (peer-review).

La Fundación y el proyecto que dirige Abel han dejado siempre claro su alejamiento de movimientos creacionistas así como su desvinculación del movimiento del Diseño Inteligente. El discurso de Abel se mueve por un terreno estrictamente científico y ante su conclusión consistente en la incapacidad de los mecanismos naturales conocidos para justificar la emergencia espontánea de la vida se limita a recomendar la necesidad de persistir en las investigaciones y la necesidad de asumir perspectivas científicas que contemplen la vida como un sistema cibernético y semiótico. En definitiva un sistema sostenido sobre la interpretación de una información encriptada en el genoma y sobre la base de decisiones (elecciones) encaminadas a generar secuencias prescriptivas (instrucciones) “para” la construcción eficaz de un sistema funcional.

Abel ha profundizado también en el concepto de organización en oposición al concepto de orden. Las fuerzas físicas que gobiernan el Universo material, nos dice Abel, pueden llegar a provocar la formación de estructuras ordenadas (cristales, vórtices etc.) en el marco de los conceptos de estructuras disipativas de Prigogine, pero la naturaleza de estas estructuras ordenadas es totalmente dispar con el concepto de organización funcional propio de los organismos vivos y necesita por tanto explicaciones diferentes en términos de causalidad. La auto-organización como recurso explicativo del aumento de complejidad en las formas vivas carece, por tanto, de soporte inteligible alguno en términos de causalidad natural.

Al comienzo de su artículo The Cybernetic Cut, Abel establece que la información prescriptiva fluye únicamente desde el formalismo hacia la fisicalidad. Por eso, nunca se ha observado que las fuerzas físicodinámicas hayan generado un sistema funcional regido por principios formales. Un sistema de esta naturaleza solo pude provenir del ejercicio de opciones formales en nudos decisorios para la concreción de alternativas. Cualquier forma de organización es imposible sin un ejercicio de selección “para” una función determinada. La selección natural no puede seleccionar funciones potenciales sino únicamente discriminar entre organismos ya existentes. Las reacciones fisicodinámicas son perfectamente ciegas en relación a un resultado funcional determinado, carecen de orientación hacia funciones potenciales no existentes todavía. Por eso, son incapaces de justificar la emergencia de la vida como sistema organizado para el desempeño de una función.

Abel insiste en sus trabajos en el carácter esencialmente formal del código genético. El fascinante sistema de traducción arbitraria que determina la relación unívoca entre grupos de tres bases nitrogenadas y sus correspondientes aminoácidos es de naturaleza esencialmente formal y precisa una configuración intencional y orientada a una finalidad.

Abel no lo dice, ya que considera que su marco de investigación no debe proyectarse al campo de las inferencias trascendentes, pero a quienes no nos vemos limitados en nuestra capacidad o disposición a buscar las respuestas más ambiciosas en torno a las cosas que nos inquietan, los trabajos de Abel nos producen muy serias sospechas de que la explicación última de la vida entronca con la huella de la acción de un diseñador inteligente.

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