Darwinismo: ¿Ciencia o Filosofía? De Hodge (1870) a Francisco Ayala (2007) (1)

Por Felipe Aizpún

Hasta qué punto el darwinismo es una doctrina científica o merece otro tipo de consideración es algo que se viene discutiendo desde hace siglo y medio. Para muchos, el pensamiento de Charles Darwin está imbuido de condicionantes ideológicos, y refleja muchos de los valores imperantes en la Inglaterra Victoriana. Las influencias reconocidas por el propio Darwin de las ideas de Malthus son perfectamente rastreables en su obra, en especial en lo que se refiere a las limitaciones para la supervivencia de todos los organismos nacidos en un determinado hábitat por la escasez de recursos naturales suficientes. Junto a ello, la idea de la supervivencia del más apto recoge la influencia de Herbert Spencer quien a su vez admiraba profundamente la obra del evolucionista Caballero de Lamarck.

Pero cualesquiera que fuesen las influencias de estas ideologías predominantes en el siglo XIX, y dejando la labor de analizarlas a los sociólogos, lo cierto es que la doctrina evolucionista en general y el evolucionismo darwinista en particular no han estado nunca exentos de la influencia de convicciones o prejuicios filosóficos. Como es sabido, el éxito del darwinismo como teoría no fue ni mucho menos inmediato aunque sí lo fuera su difusión y popularidad. Por el contrario, una gran parte de la comunidad científica se mostró abiertamente escéptica frente a las teorías del famoso naturalista inglés y fueron muchos los libros y trabajos que se publicaron al respecto y en los que se criticó abiertamente la hipótesis de la evolución por selección natural.

Uno de estos libros fue el escrito por el norteamericano Charles Hodge en 1870 bajo el título “What is Darwinism?” y en el que Hodge captaba de forma intuitiva y clara la esencia del mensaje de la teoría darwinista. Veamos cómo lo explica el propio autor:

“De lo que se ha dicho, vemos que el darwinismo incluye tres elementos distintos.

En primer lugar, la evolución, o la suposición de que todas las formas orgánicas, vegetales y animales, han evolucionado o se han desarrollado a partir de uno o unos pocos gérmenes de vida primordial; en segundo lugar, que esta evolución se ha llevado a cabo por la selección natural o la supervivencia del más apto, y tercero, con mucho el más importante y el único elemento distintivo de su teoría, que esta selección natural ocurre sin diseño, conducida por causas físicas no inteligentes. Ni el primero ni el segundo de estos elementos constituyen el darwinismo, ni tampoco los dos juntos.

No es, sin embargo, ni la evolución ni la selección natural, lo que da al darwinismo su peculiar carácter e importancia. Es el hecho de que Darwin rechaza toda teleología, o la doctrina de las causas finales. Niega diseño en cualquiera de los organismos en el mundo vegetal o animal. Él enseña que el ojo se formó sin ningún propósito de producir un órgano de la visión.”

En el caso de Hodge, hombre por otra parte de profundas convicciones religiosas, la denuncia en torno a la obra de Darwin suponía poner de manifiesto el carácter filosófico de su obra. Lo que constituía la originalidad o la peculiaridad del pensamiento de Darwin no era tanto la idea ya clásica de la evolución de las formas vivas en general ni tampoco la apropiación de una idea no especialmente novedosa como la selección natural, si bien esta , es preciso mencionarlo, distorsionada de su sentido primigenio como principio de conservación de los rasgos propios de cada especie. Lo esencial en la obra de Darwin es la contestación de todo sentido finalista en la Naturaleza.

Darwin se erige así en el antídoto frente a la Teología Natural de William Paley, y su mensaje fundamental consiste en proponer un mundo exento de implicaciones sobrenaturales en el que la aparición de todas las formas vivas, incluido el ser humano, puede ser explicado por procesos naturales de acuerdo con las leyes que rigen el cosmos actuando sobre la materia animada. La esencia del darwinismo por lo tanto es permitirnos, en palabras de Dawkins, abrazar el ateismo sintiéndonos intelectualmente reconfortados.

Hodge nos explicita su análisis con una reflexión que vale la pena citar literalmente:

“…En segundo lugar (Darwin) usa la palabra natural como antitético de sobrenatural. Selección natural es una selección hecha por leyes naturales, actuando sin intención ni diseño. Se opone por tanto, no sólo a la selección artificial que se hace por la sabiduría y el arte del hombre para alcanzar un determinado propósito, sino también a la selección sobrenatural, que significa bien una selección originalmente inducida por un poder superior a la Naturaleza o que es realizada por ese poder. Al usar la expresión Selección Natural, el Sr. Darwin pretende excluir el diseño o las causas finales.”

Lo que se pone de manifiesto en el análisis de Hodge es que el evolucionismo darwinista no es tanto una conclusión científica que nace de la observación de la Naturaleza como un prejuicio filosófico que responde a una intención bien definida: eliminar el diseño intencional así como toda interpretación finalista para proponer una concepción de la vida y del cosmos capaz de justificar la existencia de todo lo real como un encadenamiento de eventos fortuitos emergentes bajo el imperio de las leyes naturales que nos gobiernan. En esta hipótesis el evolucionismo se convierte en una condición obligada y dotarle de un soporte teórico adecuado se convierte en una necesidad.

Un análisis de esta naturaleza bien podría parecer una crítica interesada alentada por una mente “creacionista” poco rigurosa y respetuosa con el alto valor científico de una de las mentes más preclaras de nuestra era. Pero, ¿qué opinarían si les adelanto que tal análisis ha sido finalmente validado por uno de los más eminentes neo-darwinistas del siglo XX? En efecto, el profesor español Francisco Ayala, adalid del darwinismo más recalcitrante, nos sorprendía en Mayo de 2007 con un artículo de gran significación y repercusión mediática publicado en la célebre PNAS (Proceedings of The Nacional Academy of Sciences). “Darwin´s Greatest Discovery: Design without Designer”

Vale la pena comentarlo detenidamente en una próxima entrada.

5 Respuestas para Darwinismo: ¿Ciencia o Filosofía? De Hodge (1870) a Francisco Ayala (2007) (1)

  1. El único “prejuicio filosófico” que yo veo en este análisis es que si el origen de la diversidad de los seres vivos puede explicarse sólo tomando como base el conocimiento disponible acerca del funcionamiento de las leyes naturales; no se justifica apelar al supuesto adicional e infundado de que hubo un diseñador involucrado en el proceso. La navaja de Occam, sin ir más lejos.

    El paper de Ayala se encuentra disponible aquí.

  2. Roberto,
    creo que se puede afirmar con bastante rigor que Darwin participaba de una convicción hoy día enormemente extendida: la idea de que la actividad científica debe desterrar por principio toda perspectiva teleológica. Y creo sinceramente que esta convicción puede perfectamente definirse como un prejuicio filosófico toda vez que, de ninguna manera, puede pretenderse que un axioma tal, se haya derivado del conocimiento científico de la realidad.

  3. Si, Felipe, comenta más de eso en otra entrada, y no te olvides de hablar sobre eso que dice ese charlatán acerca de que casi todo en el cuerpo humano está mal diseñado. Pero no tan mal (se sobreentiende) como para que la evolución de las máquinas de genes egoístas (en la cúspide él y su chusma) hayan acertado a pensar acertadamente su causa incausada.

  4. Nada se puede afirmar con “bastante rigor” si no se sustenta con evidencias. Podrías citar algo de Darwin, Ayala o cualquier otro científico u estatuto de alguna organización científica que confirme esta “enormemente extendida” conspiración antiteleológica que estás denunciando? te vuelvo a recordar que, dentro de la comunidad científica, de acuerdo a las estadísticas existe alrededor de un 40% de científicos que siendo creyentes, adhieren a la teoría de la evolución. Son dobles agentes, acaso?

    Respecto a la idea de que ‘si algo puede ser explicado por causas naturales, no se justifica apelar a un diseñador’, supongo que no tienes objeción: hasta el filtro explicativo de Dembski se sustenta en esta premisa.

  5. 1. Las evidencias son los escritos científicos de Darwin unidos a su propia autobiografía en cuanto se refiere a sus convicciones personales de tipo indudablemente naturalista y su pérdida de fe religiosa.
    2. Toda la obra de Darwin, Ayala, todos los autores darwinistas, gente como MOnod, Sagal, todos ellos abundan permanentemente en el rechazo de cualquier interpretación finalista.
    3. La posición de un creyente que se adhiere de forma rotunda a un paradigma naturalista se sustenta en la idea de que el paradigma naturalista no contradice las creencias religiosas. Lo cual en parte (solo en parte) es verdad ya que un recuento puramente naturalista no impide defender que en el fondo lo ocurrido ha sucedido “porque Dios lo ha querido”.
    Sin embargo, un recuento puramente naturalista de la historia de la vida y del cosmos si contradice la reivindicacion religiosa de que Dios es congnoscible de forma racional a través de sus obras en la Naturaleza. Cada uno sabrá en qué quiere creer. Por mi parte me adhiero a tu sentencia: si algo puede ser explicado por causas naturales no tiene sentido apelar a un diseñador. Por supuesto los que apelamos a un diseñador es precisamente porque ni la vida ni la evolución de las especies pueden explicarse por procesos estricramente naturales (y esto quiero que se tome por un enunciado de naturaleza estrictamente científica)

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