Darwin y la Selección Natural

Por Felipe Aizpún

Uno de los elementos esenciales del moderno paradigma neo-darwinista es la atribución a la Selección Natural (SN) de un carácter creativo para justificar la inmensidad de la riqueza biológica de la Naturaleza. El naturalismo ontológico imperante impone la dualidad azar-necesidad como único marco explicativo admisible de la realidad. Conforme se han ido descubriendo más y más datos en torno a la increíble complejidad y sofisticación de los organismos vivos se ha ido verificando la irracionalidad de reivindicar el azar como explicación justificadora de tal complejidad organizacional. El discurso se ha decantado por exaltar el concepto de SN a la categoría de causa suprema de la riqueza formal, funcional y estética de la vida. La pretensión de autores como Dawkins de relegar la importancia del azar y subrayar el papel predominante de la selección natural en el proceso evolutivo no es una mera intuición casual. Como él mismo señala en su célebre libro “El relojero ciego” la complejidad de los seres vivos es de tal naturaleza que contradice la simple idea de azar como causante de la misma, por lo que si alguien defiende o asocia el darwinismo a un proceso puramente casual entonces el darwinismo quedaría fácilmente rebatido.

Dawkins, con su proverbial facilidad dialéctica y dotes de convicción, argumenta acaloradamente en su libro algo que se va convirtiendo poco a poco en una reivindicación irrenunciable entre los darwinistas: la idea de que todo el proceso evolutivo y su increíble capacidad para la creación de formas nuevas y de mayor complejidad que sus predecesoras, se sostiene gracias a una “fuerza creadora” que no es otra que la SN.

Este recurso a la SN como el factor capaz de justificar la apariencia de diseño, convirtiéndose así en la solución naturalista capaz de relegar a mera ilusión las proverbiales intuiciones teleológicas del gran Paley, nos ha sido presentado durante décadas como un hallazgo maravilloso, como una de las mayores hazañas intelectuales de la historia de la Humanidad.

Curiosamente, esta pretensión tiene poco que ver con las ideas originales de Charles Darwin. En su obra magna “El Origen de las especies” nos dice el gran naturalista inglés lo siguiente:

“Varios autores han entendido mal o puesto reparos al término selección natural. Algunos hasta han imaginado que la selección natural produce la variabilidad, siendo así que implica solamente la conservación de las variedades que aparecen y son beneficiosas al ser en sus condiciones de vida”. Es un poco más adelante, dentro del mismo capítulo 4, en el epígrafe titulado “Divergencia de caracteres” donde Darwin introduce lo que él considera ser el motor y causa de la aparición de formas nuevas y del incremento progresivo de la complejidad de los seres vivos: “Simplemente, la suerte, como podemos llamarla, pudo hacer que una variedad difiriese en algún carácter de sus progenitores y que la descendencia de esta variedad difiera de ésta precisamente en el mismo carácter, aunque en grado mayor.”

La variación surge por azar, la SN solamente discriminaría entre las variaciones fortuitas aparecidas, por lo que difícilmente podemos atribuirle carácter creativo alguno. Darwin era plenamente consciente de esta circunstancia. No solamente eso, por el contrario, en la obra de Darwin la SN tiene un carácter exactamente contradictorio con lo que pretenden sus correligionarios en la actualidad. Para Darwin la SN nace como una hipótesis ad hoc que se hace precisa para justificar las anomalías de una discontinuidad evidente y generalizada entre los seres vivos frente a su modelo estrictamente gradualista de descendencia con modificación.

En efecto, si la evolución está dirigida por variaciones casi imperceptibles que van progresivamente acumulándose, entonces la Naturaleza debería presentarnos una pléyade de especies cercanamente conectadas entre sí que nos fueran mostrando el hecho evolutivo en todo su esplendor. Nada de eso encontramos entre los seres vivos, las discontinuidades entre todos ellos, cualesquiera que sean sus familiaridades en la clasificación cladística, no evitan la constatación de saltos y diferencias sustanciales. Hacía falta una explicación para salvar el escollo y hacer verosímil el modelo estrictamente naturalista ideado por Darwin. La SN fue la respuesta ideada por Darwin, pero no la SN en su concepción creativa que ahora postulan sus seguidores; una lectura detallada del “Origen” nos muestra una concepción destructiva, aniquiladora de la SN. Resultaba preciso eliminar la multitud de especies intermedias que debieran haber existido en el pasado para justificar las diferencias enormes entre las distintas especies supervivientes.

Todas las referencias que hace Darwin a la SN en su obra tienen este cariz aniquilador, destructor, eliminador de las especies intermedias y nunca creador o justificador de la riqueza y complejidad de las formas vivas sobrevivientes. Darwin llega incluso a mencionar la palabra “exterminio” para describir el proceso de suplantación de las especies antecesoras por parte de las nuevas especies surgidas de aquellas, como ejemplo de actuación de los individuos más aptos con relación a los menos adaptados, como forma de manifestación del principio de SN. En su capítulo 11 que trata sobre la sucesión de las formas orgánicas, en el apartado dedicado precisamente a “la extinción” escribe que “… podemos creer que la producción de formas nuevas ha ocasionado la extinción de un número aproximadamente igual de formas viejas”. En esas condiciones, lógicamente, la SN no puede ser fuente de diversidad.

La SN adquiere en Darwin un carácter destructor que supone una deformación del sentido originario del concepto, es decir, la tendencia al mantenimiento de los caracteres propios de la especie frente a los individuos que presentan anomalías o deformaciones. Este es el sentido primigenio y razonable de la expresión, su carácter conservador y protector de las esencias de cada especie frente a las alteraciones accidentales ocurridas en el curso de la vida. El carácter aniquilador que le asigna Darwin así como el carácter creativo que le otorgan sus correligionarios en la actualidad no son sino fantasiosas especulaciones sin fundamento en la evidencia empírica, al servicio de hipótesis científicas que no nacen de la observación de la realidad sino de prejuicios ideológicos o filosóficos previos.

El sentido originario de la idea de SN, por el contrario, tiende a eliminar las causas de la heterogeneidad de las mutaciones produciendo un genotipo uniforme y actuando más para conservar la herencia de la especie que para transformarla. La SN tiene un rol conservador, tiende a producir homogeneidad, sólo la selección artificial tiende a producir heterogeneidad.

2 Respuestas para Darwin y la Selección Natural

  1. Estimado Felipe,

    Permitame una modesta puntualización a su excelente entrada. Dice usted:

    “una lectura detallada del “Origen” nos muestra una concepción destructiva, aniquiladora de la SN”

    Y es cierto, aunque la idea no es de Darwin, pues aparece en autores anteriores, por ejemplo en la obra Vestiges of Creation. No obstante, la misma lectura detallada nos muestra otras catorce concepciones diferentes de la SN, como puede ver aquí:

    http://www.madrimasd.org/blogs/biologia_pensamiento/2010/05/17/131790/comment-page-1

    La SN es fuerza, potencia, medio, expresión de la bondad, supervivencia del más apto, etc, etc. Sí, sin duda es bien cierto como usted dice que en Darwin la SN tiene más bien una función de criba, pero no exclusivamente. En un momento dado llega a decir Darwin que la SN obra constantemente por el bien de cada ser, luego por lo tanto no es una pura criba, sino que tiene también un cierto valor mítico, poético, religioso.

    Tantos significados tiene que, ya en Darwin, la SN no significa nada. El problema crece en sus seguidores como usted bien demuestra pues los significados aumentan hasta una confusión tal que la SN no es que no explique nada, sino que por el contrario lo explica todo. Y en Ciencia esto es mucho peor, puesto que si tenemos algo que no explica nada, sólo tendremos que buscar un substituto, y listo. Mientras que si tenemos algo que lo explica todo, antes de buscar un substituto deberemos deshacernos de aquello, tarea punto menos que imposible como estamos viendo.

    Darwin muy bien podía decir una cosa y otra diferente o remota. Lo importante no es la validez o utilidad de lo dicho sino el hecho de que provenía de Darwin quien contaba con muy buenos apoyos. Con sus sucesores ocurre lo mismo. Usted puede decir cosas muy bien dichas, pero las leemos setenta u ochenta personas. Los disparates de Dawkins los leen setenta u ochenta millones de personas.

    El problema reside en…….

    Bueno ya continuaremos la frase en otro momento.

    Gracias por su paciencia y su atinado comentario de ayer en la entrada de mi blog titulada In the Light of Tautology. Me resulta extraño que sea usted el único biólogo que entiende mi opinión al respecto.

    Un cordial saludo,

  2. Emilio, gracias por su comentario que comparto plenamente.
    Lo que me produce más tristeza es pensar la rémora tan tremenda que supone para el avance en la investigación y el conocimiento racional el lastre de justificaciones preconcebidas como la SN, que todo quieren explicar sin explicar realmente nada, y que cierran la puerta a la curiosidad, la búsqueda desinteresada, el esfuerzo rectamente canalizado en el camino estrictamente científico que permitirá luego, si se desea, profundizar en inferencias de causalidad más remotas.

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