Metodología en las ciencias del origen o históricas

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Meyer (1. 2) explica el procedimiento metodológico utilizado por las ciencias del origen, ya que su tesis de DI es acerca del origen de la información biológica digital en las estructuras proteicas de la célula originaria en el planeta. Para este propósito cita al filósofo de las ciencias americano, Peter Lipton (Inference to the Best Explanation. London and New York: Routledge, 1991.) Este filósofo consideró que el criterio de “falsación” establecido por Karl Popper era demasiado estrecho para satisfacer las necesidades epistemológicas de muchas ramas de las ciencias. Popper (11:39) propuso que para que una teoría sea científica debería ser: “capaz de entrar en conflicto con observaciones posibles o concebibles.” Para satisfacer este requisito, los científicos debían extraer consecuencias (en el futuro) de la teoría propuesta y realizar experimentación rigurosa para comprobar su ocurrencia. Si los experimentos confirman las predicciones derivadas de la teoría, ésta se considera “confirmada”; no se habla de teoría “verificada”. Si los experimentos no materializan las predicciones -si la investigación ha sido bien realizada y descartada la posible interferencia de otros factores-, la teoría es “falseada”. Este criterio se postuló para trazar la línea de separación entre las ciencias empíricas y otros tipos de teorías que se presentan sin la posibilidad de ser falseadas (metafísicas, religiosas, pseudociencias, etc.). Pero este criterio ha sido criticado desde muchos ángulos; por ejemplo, se pueden considerar como científicas proposiciones poco serias por el solo hecho de que pueden ser falseadas, y proposiciones hechas por astrólogos (astrología no se considera ciencia) pueden ser ‘confirmadas”. Además ciertas proposiciones científicas pueden ser falseadas, y la teoría general de la que se desprenden, continuar vigente.

Pero lo relevante para este trabajo es que el criterio ciencia de Popper, y otras concepciones de lo que son las teorías científicas ‘legítimas’, no corresponden exactamente con las teorías elaboradas en las ciencias del origen. Los científicos del origen, proponen teorías, no en base a sus predicciones sino más bien por el poder explicativo que posen para los datos actuales que se tratan de entender científicamente. Meyer lo describe así, las: “teorías científicas históricas típicamente explican los eventos después de realizados (miran a eventos ocurridos en el pasado), y pueden ser probadas comparando el poder explicativo con las de sus competidores.” (1;Notas:7,23:522)

Lipton señaló que el poder explicativo de una teoría es más importante que su poder predictivo. Pero es necesario especificar qué es lo que se entiende por explicación; una explicación puede ser satisfactoria o mediocre, con sentido para unos o inaceptable para otros. Lipton piensa que para los científicos las mejores explicaciones son típicamente causales. Un evento actual o pasado, puede tener numerosas causas posibles, pero para Lipton en esta cadena de causas que se consideran, hay causas que hacen la diferencia, esto es, explican mejor el evento en cuestión, y de estas causas hay unas mejores que otras. Pero en el mejor de los casos, la mejor explicación no es necesariamente correcta.

Lipton no especifica el criterio para decidir cuál es la más apropiada de las posibles causas para explicar el fenómeno que se estudia. Meyer (1:159) señala que los científicos trabajando con ciencias del origen usan el criterio de “causa adecuada” para seleccionar la mejor explicación. Pero para usar este criterio se exige que se sepa que las causas consideradas tienen el poder real para producir el efecto, el rasgo, el evento al que se le busca explicación. De esa ‘causa adecuada’ considerada, se debe tener, en el momento actual, la experiencia del poder de la causalidad atribuida, solo así se le considera causa adecuada propiamente tal, para la mejor explicación posible. Meyer menciona que Charles Lyell –geólogo inglés del siglo XIX- fue uno de los primeros científicos en utilizar esta metodología; el subtítulo de su obra Principles lo resume: Beeing and Attempt to Explain the Former Changes of the Earth Surface, by Reference to Causes Now in Operation; este principio se denominó “uniformitarianisn” (‘uniformetarianismo’). El pensamiento de Lyell influyó a Charles Darwin, que adoptó esta metodología requiriendo que para explicar eventos pasados, el científico debe identificar causas establecidas –conocidas–, que provocan el efecto buscado, una vera causa (como lo llamó Darwin), una causa actual. Y Darwin apeló a este principio cuando argumentó que las variaciones observadas en animales domésticos y seleccionadas (selección artificial) por criadores (produciendo una microevolución), podía explicar el origen de nuevas formas en el pasado. Estas variaciones en el curso de largo tiempo, bajo la selección natural, generarían el cambio de las especies (macroevolución). Para Darwin la selección natural era una “causa adecuada”, probada en el presente. (1:159-161)

Si los científicos no pueden encontrar una causa única (la unicidad de la causa maximiza el éxito de la inferencia de la mejor explicación) que pueda explicar el hecho estudiado (actual), se recurre a explorar hechos relacionados al evento actual al que se quiere explicar su origen. De este modo se puede encontrar que, de las posibles causas consideradas para explicar el hecho actual aisladamente, no todas tienen el poder explicativo para dar cuenta de esos eventos relacionados. Así se puede lograr una causa adecuada que explique el hecho primario estudiado, y también los eventos secundarios que lo acompañan. (1:161-166)

A la causa adecuada se agrega otro importante requisito, que esa causa adecuada haya estado presente en el pasado para generar el evento estudiado al que se quiere explicar su origen. En otras palabras, que no sea solo una causa adecuada (hecho/evento) posible, sino que concretamente haya existido (ocurrido) para explicar el origen del evento o hecho estudiado. La existencia de esa causa adecuada se acepta cuando solo hay una posible causa que explique el hecho actual [considérese el descubrimiento de un escrito en una caverna, la única explicación plausible: presencia de un ser humano], y también cuando una posible causa explica el hecho actual y otros eventos agregados actuales. (1:166-168) Este requisito limita la especulación, asegurando que se establezca una causa adecuada con el rigor requerido. Ambos criterios están ligados (adecuación causal actual y presencia de esa causa en el pasado).

La determinación de la causa adecuada requiere un esfuerzo consciente para eliminar cualquier otra posible causa que pueda explicar el hecho/evento que se estudia. Esta metodología, al igual que la inducción, no tiene carácter absoluto, siempre cabe la posibilidad de que surja una explicación diferente, por muy baja que sea esta posibilidad. Meyer sostiene que: “Cuando los científicos pueden inferir una causa única plausible, pueden evitar la falacia de afirmar el consecuente—el error de ignorar otras posibles causas con el poder de producir el mismo efecto.” (1:161)

El procedimiento metodológico de la ‘inferencia a la mejor explicación’ es empleado particularmente en las ciencias de los orígenes, la ciencia de los acontecimientos pasados; la experimentación a este nivel originario es naturalmente imposible (1;c7). Pero el uso de este procedimiento no está limitado a solo a estas ciencias, también se emplea en física teórica, psicología, psiquiatría, clínica médica, ciencias forenses, etc.

Ampliación de los supuestos metafísicos de las ciencias naturales.

El NM de las ciencias ha sido enfrentado en los últimos lustros por el movimiento conocido como Diseño Inteligente que incorpora al cuerpo de las ciencias una dimensión no materialista, un agente inteligente responsable directo de fenómenos naturales imposibles de explicar siguiendo las leyes de la naturaleza. La idea de diseño en la naturaleza no es nueva en ciencia, y en filosofía tiene siglos –milenios– de existencia, pero por muchos decenios quedó sumergida, cubierta por el avance avasallador de la concepción materialista-naturalista de la ciencia moderna. Basta recordar que la idea griega de un universo ordenado: cosmos, no caótico, sino racional, abalado posteriormente por la racionalidad de Dios y de su Creación en el pensamiento judeo-cristiano en la Edad Media, sirvió de firme y confiable base –supuesto- para el desarrollo progresivo de la ciencia en el mundo occidental. El mundo inteligible –racional– creado por Dios, en suprema libertad, le otorga además contingencia, puesto que las cosas se pueden ordenar de muchas maneras diversas. Esta combinación de características del mundo,–racionalidad y contingencia–, impulsa la observación y la actividad científica para explorar y conocer la Creación de Dios, tal como éste la ha creado. De este modo, se abandona la concepción griega del mundo ordenado lógicamente a partir de primeros principios, y susceptible por tanto de ser conocido teóricamente por simple deducción de esos principios básicos (actividad meramente teórica sin base observacional, ni experimental); una actividad ‘científica’ de escritorio. (1:135-147)

En biología, Stephen Meyer (1. 2), propone la tesis del DI para explicar el misterio que rodea el origen de la información contenida en el ADN de la primera célula viva en el planeta -imposible de explicar como resultado de la simple evolución físico-química, un proceso que envuelve la necesidad de las leyes físicas, y el supuesto azar de los resultados. Meyer también revisa los infructuosos esfuerzos realizados por el neodarwinismo para explicar las estructuras proteicas complejas de la célula (2). Es interesante mencionar el esfuerzo realizado en este sentido por Eugene Koonin del National Center for Biotechnology Information (NCBI) de los Institutos Nacionales de Salud, USA.
En un intento por encontrar probabilidades a la aparición fortuita de ARN (ácido ribonucleico) para la formación de ADN en nuestro mundo, Koonin adscribe a la Teoría de la inflación por campos de Inflatón con generación de universos múltiples. (12, 13) Pero como hemos visto, las teorías de universos múltiples son muy controvertidas, especulativas y sin posibilidades de verificación por definición. La hipótesis de campos de Inflatón, invoca una entidad abstracta de poderes causales jamás observados ni demostrados. Se trata de una elaboración teórica forzada con diversos supuestos y con la necesaria presencia de condiciones físicas finamente calibradas para hacer calzar la teoría Inflacionaria con la teoría general de la relatividad y poder dar cuenta de algunas observaciones de nuestro universo: homogeneidad, radiación cósmica de fondo, y otras, incluyendo la emergencia de la información biológica. Pero, como hay diversas variaciones y modelos Inflacionarios, la tesis de Koonin, tiene que seleccionar aquel que posibilita un multiuniverso con posibilidades de emergencia de vida: el nuestro que tenemos de hecho. Ya en este proceso hay una intervención inteligente por el científico, esta selección refleja, además, condiciones iniciales de la singularidad inicial del Bin Bang. Las condiciones estrictamente calibradas que se exigen para que el proceso inflacionario ocurra como se quiere, implican de partida una información específica, una información a nivel cósmico. Koonin en su afán por encontrar universos múltiples que expliquen la aparición de la información biológica (ADN) en la Tierra, implanta un problema de información absolutamente necesaria en el seno mismo de su tesis. (1:505-507. 14)

Proximo post: Objeciones al Diseño Inteligente.

Referencias en este post:

1. MEYER C, STEPHEN (2009). Signature in the Cell. DNA and the evidence for Intelligent Design. Harper One. An Imprint of Harper Collins Publishers.

2. MEYER C, STEPHEN (2013). Darwin’s Doubt. Harper One.

3. Yuri I Wolf and Eugene V Koonin (2007) On the origin of the translation system and the genetic code in the RNA world by means of natural selection, exaptation, and subfunctionalization, Biol Direct. 2007; 2: 14

4. Eugene V Koonin (2007) The cosmological model of eternal inflation and the transition from chance to biological evolution in the history of life, Biol Direct. 2007; 2: 15

5. Steinhardt, Paul J. (2011). “The inflation debate: Is the theory at the heart of modern cosmology deeply flawed?” Scientific American, April; pp. 18-25.

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