Ciencias Naturales, Supuestos Metafísicos y Metodológicos. Parte 1

originmanIMPLICACIONES PARA LAS CIENCIAS DEL ORIGEN; DISEÑO INTELIGENTE: CRÍTICAS Y DEFENSA.

Por Fernando Ruiz Rey, MD.1

INTRODUCCIÓN.

La situación epistemológica de la teoría del Diseño Inteligente (DI) expuesta por Stephen Meyer en sus libros, “Signature in the Cell. DNA and the evidence for Intelligent Design” (1) y “Darwin’s Doubt” (2) es interesante y merece una reflexión seria. Desgraciadamente los argumentos presentados por este autor suelen tergiversarse y presentarse teñidos por la virulenta defensa que presenta el evolucionismo materialista amenazado en su predominancia y popularidad por las críticas de falta de validación empírica en sus tesis, formuladas desde el movimiento del Diseño Inteligente. Las críticas a estos libros de Meyer están en su mayoría centradas exclusivamente en esta defensa del evolucionismo, con mucha frecuencia, distorsionantes y partidista, sin exponer adecuadamente las ideas y argumentos presentados por este autor. Meyer propone una tesis diferente, ideológicamente más amplia que el materialismo/naturalismo que rige en la actualidad en las ciencias de la naturaleza, incluyendo a las ciencias del origen (origen de la información biológica, de la vida o del universo, etc.), ciencias que también se denominan, históricas. La tesis expuesta por Meyer se centra primariamente en la aparición de la información digital biológica en los organismos vivos.

Este trabajo no tiene por objeto una revisión de las evidencias a favor o en contra del evolucionismo químico o del neodarwinismo, esta es una tarea altamente técnica que tendrá que resolverse finalmente en el ámbito científico que corresponde. Lo que sí es claro, es que hay crecientes sectores de investigadores e epistemólogos que dudan seriamente de que el evolucionismo químico y el neodarwinismo sean capaces de ofrecer una explicación satisfactoria de la aparición de la información digital biológica y de los cambios observados en la vida en el planeta. Por esta razón, considero importante conocer las ideas propuestas por Meyer acerca del estatus epistemológico del DI. No intento resolver este polémico asunto, sino presentar varios aspectos de este tema y las posibilidades que abre para el saber, de modo que los lectores no familiarizados con la tesis de Stephen Meyer, tengan una visión general y puedan proceder a formar una opinión adecuadamente informada ante esta fascinante coyuntura en el desarrollo del conocimiento humano, y de la compleja controversia que generan estos cambios.

La tesis del DI se hace presente en las ciencias de la naturaleza en aquellas áreas en las que estas ciencias tienen serias dificultades en explicar o, simplemente no pueden dar cuenta de los fenómenos estudiados en las condiciones físicas actuales de nuestro universo. Esta situación se produce fundamentalmente en las ciencias del origen. Por esta razón, para presentar la tesis del Stephen Meyer es oportuno y necesario, hacer un breve esquema de las fronteras del conocimiento de estas ciencias, específicamente la física, considerada la ciencia por excelencia, y constituir el pilar sobre las que se apoyan las demás disciplinas, incluyendo naturalmente la biología. Esta breve incursión en el terreno de la física ilustra los esfuerzos teóricos y especulativos realizados para explicar muchas observaciones efectuadas en nuestro universo, y muy importantemente, para mostrar que muchas de estas especulaciones constituyen un intento para ampliar los recursos probabilísticos en los que las teorías evolutivas materialistas pretenden encontrar apoyo para sus tesis. También incluyo un bosquejo de las ideologías metafísicas envueltas en la concepción actual de ciencia, un tema complejo, de larga historia, y con numerosas variantes, pero se trata solo de un esbozo para facilitar la comprensión de las polémicas y controversias que han surgido en torno al ID.

PRESENTACIÓN

Fronteras del conocimiento físico.

El ámbito fundamental que nos presenta la física-matemática actual –el Standard Model (Modelo Estándar) del ambiente de las partículas elementales-, en nada se parece al mundo en que vivimos cotidianamente, de hecho lo desconocemos o simplemente lo ignoramos totalmente en nuestras actividades y preocupaciones diarias. Berlinski (3:200-1) describe así este paradójico paisaje: “…campos impregnados de energía latente, partículas que titilan apareciendo y desapareciendo en la existencia, cosas enredadas, y nadie puede decir lo que es posible y lo que es actual, lo que está aquí y lo que está allí, lo que es ahora y lo que fue. Las formas sólidas se desploman. Nada es estable. Grandes e impasibles simetrías mantienen el control, tan vacios y estáticos como el ojo de Vishnu. Nadie sabe de dónde vienen. El tiempo y el espacio se contraen en una especie de espuma quántica agitada. Nada es continuo. Nada permanece lo mismo por mucho tiempo, excepto los electrones, y ellos son idénticos como soldados de porcelana china. Prevalece en todo un frenesí sin sentido.”

El Modelo Estándar es un sistema de clasificación y explicación del ámbito subatómico, se considera una de las mejores teorías fisicomatemática de la estructura del comportamiento de la materia a ese nivel. Este Modelo es consistente con la mecánica cuántica y la teoría especial de la relatividad, aunque se reconoce su carácter provisional y sus áreas problemáticas, particularmente la dificultad de incluir la fuerza de gravedad. (4,31(1): 1306) Con el descubrimiento reciente de la nueva partícula, el bosón de Higgs (la partícula del ‘campo’ proveedor de masa que supuestamente llena todo el espacio del universo), se anticipa que se podrán explicar algunas predicciones del Modelo Estándar. Los físicos más entusiastas piensan –‘creen’—que ya no solo se podrán explicar muchas áreas oscuras de la física y de la química contemporánea, sino también hasta la vida misma; pero, desde la marea cuántica de partículas elementales, con propiedades relativamente simples, hasta las complejas estructuras materiales que soportan la vida, hay mucho trecho.
Las paradojas presentadas por la mecánica cuántica, sacudieron el mundo de la física, la indeterminación de la onda cuántica y su colapso, dieron cabida a numerosos esfuerzos para resolver los desafiantes problemas planteados. Una línea de especulación ha sido la de sugerir múltiples universos y así resolver las contradicciones a que lleva la mecánica cuántica; estas desaparecen al ‘imaginar’, con la ayuda de la matemática, que lo aparentemente contradictorio y absurdo no lo es. Si los elementos en conflicto caen en distintos universos, dejan el nuestro plenamente consistente. Existe una plétora de teorías de este tipo que intentan resolver el puzle desencadenado, pero invariablemente presentan dificultades e inconsecuencias, y son consideradas especulativas, por un sector importante de los físicos que no las postulan.

Una teoría cosmológica que ha tenido popularidad es la ‘Teoría de la inflación’. Los cosmólogos se han sorprendido de la homogeneidad del universo –aparecer lo mismo para todos los observadores, sin importar su ubicación–, y de la curiosa uniformidad de la temperatura del ‘fondo de radiación cósmica de microondas’ encontrada en nuestro universo (no importando la dirección con que esta radiación venga). Esta radiación es considerada una consecuencia de la enorme explosión inicial –Big Bang– con que se piensa comenzó el desarrollo del universo. Estas características solo se pueden explicar en cosmología, con teorías que cuentan con condiciones físicas altamente calibradas en las primeras fases del Big Bang. Pero esta calibración de la situación física cae, en lo que se denomina el Principio Antrópico. Este Principio señala que las constantes físicas encontradas en cosmología, incluyendo la edad misma del universo, están balanceadas en un estrecho rango que permite la aparición de la vida y de la inteligencia en el universo que conocemos. Una variación en estas constantes, y simplemente no habría vida. El Principio Antrópico genera debate y controversia, particularmente porque hace pensar en un diseño intencional –con propósito (la vida, el hombre)– en los sucesos cosmológicos, algo que inquieta enormemente a aquellos que no pueden aceptar nada más que lo material filtrado por la física como la única realidad. Pero, a pesar de argumentos que procuran difuminar esta observación, o intentan implantar una visión probabilística de los acontecimientos físicos para relativizar las constantes, el Principio tiene peso y no resulta sencillo ignorarlo o negarlo. Porque la pregunta primaria permanece: ¿por qué las leyes fundamentales de la física y sus constantes toman la forma que observamos, y no otras? Y al final de cuentas, este es el mundo actual –real– en donde tenemos vida, conciencia e inteligencia para observar el universo, pensar y formular teorías acerca de lo que nos rodea. Quizás no somos el centro del universo, pero somos la conciencia que lo refleja y lo piensa, y si no fuera por las formas y constantes físicas, simplemente no estaríamos aquí; no existiría el cosmos, o tal vez solo para Dios. Pero ni siquiera esa posibilidad tiene sentido. El Principio Antrópico no puede relativizarse.

La Teoría de la inflación, o inflacionista, cósmica fue propuesta inicialmente por Alan Guth (5) en 1979, y ha sido modificada posteriormente. Esta teoría, de la cual hay varias versiones, postula que se generaron ‘campos de ‘Inflatón’ en los primeros segmentos de segundo que siguieron al Big Bang, produciendo una expansión exponencial (de un factor al menos de 10, elevado a 30) por un ínfimo tiempo, a esta tremenda expansión siguió un período de estabilidad y enfriamiento que generó burbujas y vacíos que dieron paso a nuestro universo. Una variación de esta Teoría de la inflación postula que la expansión continúa avanzando más allá de lo nuestro, dejando nuevas áreas en calma en los que emergen otros universos, que no se interfieren porque el proceso de inflación –expansión– continúa indefinidamente. Naturalmente esta es una compleja e intrincada teoría que intenta explicar, entre otras cosas, la homogeneidad de nuestro universo y las radiaciones cósmicas de fondo, pero no todos los físicos concuerdan con las explicaciones, además muchos físicos dudan de que los campos de Inflatón fueran capaces de generar la inflación descrita, sin recurrir a otros supuestos de condiciones iniciales muy específicas. La teoría no resuelve entonces el problema de la calibración estrecha de las leyes físicas del universo que motiva en buena parte su formulación. La teoría se considera especulativa, porque de partida no se ha observado nunca un campo de Inflatón, y la energía envuelta en el proceso es tan enorme que no hay teorías físicas robustas para ese rango de energía. Además, el conocido físico matemático Roger Penrose concluye al revisar la Teoría de la inflación señalando que, obtener un universo no curvo, plano, homogéneo es mucho más probable sin inflación que con inflación (6:15-25). Como sucede en ciencia y, particularmente en las zonas fronterizas del saber, la teoría es altamente debatible en su efectividad explicativa, con supuestos gratuitos de la singularidad (ver más adelante) inicial desde donde todo comienza con el Big Bang. Para los fines de este trabajo aunque esta teoría, y sus variantes, explicaran de algún modo aspectos de nuestro universo observable, en algunas de sus variantes, abre un espacio de un creciente número de nuevos universos, obviamente imposibles de observar, solo imaginables con nuestra creativa imaginación matemática. Además, la teoría postula una energía inextinguible en esta expansión interminable, algo que colinda con lo mitológico. Una teoría esencialmente especulativa.
La idea de universos múltiples ha ganado momento en la física contemporánea, existen numerosas variaciones en las teorías cosmológicas que intentan presentar esta posibilidad, que por definición es inverificable. La proposición de múltiples universos, supuestamente producto de las fluctuaciones al azar del vacío cuántico en el Big Bang, forma universos con un espectro de posibilidades prácticamente infinito, con leyes y constantes físicas, iguales o diferentes; universos fantasiosos, sin ninguna conexión con la experiencia, e, incluso, más probables de ocurrir que nuestro propio universo. (1:508)

Berlinski (3:97-100) explica que la mecánica cuántica tradicional evalúa la conducta de las partículas subatómicas mostrando que fundamentalmente no son partículas como tales, sino más bien una mancha u onda de probabilidades. En la mecánica cuántica cosmológica, las partículas simplemente desaparecen, igualmente la fórmula clásica de la mecánica cuántica de Schrödinger, queda sí, una onda de función, no ya de electrones potenciales sino, más o menos, de posibles universos, operando también en términos de probabilidades; se trata de un quantum vacuum, un mar indeterminado de potencialidad. En la versión clásica, al intervenir el físico para observar (medir) los posibles electrones, se colapsa la onda, desaparece la indeterminación, y se muestra el electrón. En la versión cosmológica, pues no hay físico que pueda intervenir, ni tampoco mundo en que viva el físico (se está considerando el comienzo mismo del universo), el colapso de la onda genera dos o más universos. La onda de función de universo no se puede ver, medir, evaluar o someter a pruebas, es simplemente un constructo teórico. La teoría se elabora comenzando del estado cuántico de la materia en el momento actual, se sigue el ‘tiempo’ en sentido inverso, hacia atrás; con la Teoría General de la Relatividad el tiempo en nuestro universo tiene una dirección invariable. Al llegar a los comienzos del universo, naturalmente el tiempo cambia (el tiempo como lo conocemos aparece con la materia generada), ya no se trata más de un continuo ordenado. Berlinski cuando comenta y critica esta tesis iniciada por Stephen Hawking (6), explica que el tiempo a ese nivel no puede ya describirse con números ordinales, y los números imaginarios de los que habla Hawking, corresponden a los números complejos que son objetos matemáticos bien definidos que se refieren más o menos a pares de puntos en un plano. Estos números no están ordenados, no van a ninguna parte; el tiempo se detiene, no hay un antes ni un después. De esta manera, en la Teoría Cosmológica no se alcanza nunca la extraña singularidad inicial que postula la teoría del Big Bang al comienzo del universo. (En astrofísica, singularidad se refiere a un punto en que el campo gravitacional se convierte en infinito, alcanzando la materia una densidad infinita y un volumen infinitesimal, con la consecuente distorsión infinita del tiempo y del espacio.) Con la teoría cuántica cosmológica desaparece la singularidad, punto de partida del Big Bang, y el comienzo de todo queda reducido a una especie de fondo de saco de la onda (incluyendo el tiempo y el espacio) suspendido en el vacío; desde este mini universo emerge el universo o los universos múltiples, naciendo prácticamente de nada. Estas teorías están constantemente sometidas a modificaciones y son obviamente sumamente complejas, usando gran sofisticación en la creatividad matemática para avanzar supuestos y garantizar ciertos resultados. Para algunos observadores, la física cosmológica ha dado paso a la matemática cosmológica, a una metafísica cuántica, alejada del mundo cotidiano y de la experiencia. Se trata de una visión claramente anti-intuitiva que no responde a preguntas fundamentales, como es el origen de todos los elementos físicos aludidos, para no mencionar la idea de ‘vacío’ que lo rodea todo. La aceptación de estas hipótesis especulativas requiere una fuerte dosis de credulidad y participación en las metas ideológicas que las alimentan.

Los universos fabricados por estas teorías están basadas en variados supuestos –convenientes y antojadizos–, para satisfacer ciertos fines, entre otros, y en forma importante: aumentar el espacio –recurso- de posibilidades para utilizar la Teoría de las probabilidades para diluir lo especial que implica el Principio Antrópico y la aparición de estructuras proteicas complejas al comienzo de la vida en el planeta.

De acuerdo al cálculo matemático de la teoría de las probabilidades, no existen en el universo, ni las posibilidades necesarias, ni la edad suficiente del universo desde el Big Bang para que el juego del supuesto de azar/necesidad de las leyes naturales que rigen los elementos químicos pertinentes (‘supuesto’ azar, puesto que si nos fiamos del determinismo de la física no-cuántica, el mundo se mueve por causa-efecto desde su comienzo, no hay cabida para el azar), den cuenta de la aparición de las estructuras proteicas del ADN (ácido desoxiribonucleico), y otras (además del Principio Antrópico), fundamentales para la aparición de la vida; la probabilidad de que esto ocurra es prácticamente inexistente. Con el advenimiento de las teorías físico-matemáticas de universos múltiples que alcanzan un número muy elevado y, hasta infinito, las probabilidades que una estructura proteica compleja ocurra por el solo azar?/necesidad aumentan hasta hacerse inevitables con el infinito número de intentos que significa el multiuniverso. Nuestro universo es el premiado con el Principio Antrópico y la vida, los otros, bueno, se suponen perdedores en este juego de probabilidades (aunque en el infinito caben muchas cosas). La aplicación de la teoría de las probabilidades a situaciones concretas requiere cuidado. Lo que es improbable en un corto tiempo, se vuelve probable, en un tiempo prolongado e inevitable si nos acercamos a lo infinito. Sin embargo, si imaginamos un chimpancé tecleando una computadora, difícilmente podremos esperar que escriba un capítulo del Quijote, ni siquiera con tiempo ‘cercano’, por decirlo así, al infinito. El infinito es una abstracción que soluciona lo concretamente imposible. La abstracción de universos múltiples infinitos hace todo posible, lo ‘cercano’ al infinito, es otra cosa.

Si realmente se tomaran en serio las tesis de los universos múltiples, abriendo un espacio de infinitas probabilidades, crearían un problema epistemológico radical, pues con ellas se podría dar cuenta de todo, no solo de lo obvio y lo posible, sino también, de lo imposible en nuestro universo. Al explicarlo todo, se pierde la racionalidad científica, y se entra a un ambiente de antojos y supuestos. (1:507) Nada es definitivamente ‘válido’ en este espectro de infinitas posibilidades, y así irónicamente tampoco es válida la tesis físico-matemática de los universos múltiples que es diluida en este paisaje de universos múltiples posibles; en otras palabras, pierde su carácter absoluto, se transforma en relativa –podría ser de otra manera–, cae en la incoherencia, y se anula su poder predictivo.

Es en verdad imposible imaginar cómo del enigmático, anti intuitivo y matematizado ambiente quántico del estudio de la materia y del origen del cosmos pueda surgir la vida en el planeta, el mundo físico ordenado que nos rodea, las consideraciones morales, la estructuración social, y lo más básico, la conciencia, el entendimiento y la vida psicológica de los seres humanos. Entre las características atribuidas a la materia en su más profunda expresión, y la riqueza y diversidad de matices de nuestra vida -desde la cual pensamos y investigamos afanados por entender las circunstancias en las que nos encontramos sumergidos-, se presenta una profunda y misteriosa hendidura. La ciencia físico-matemática ha logrado reducir a un conjunto de leyes y teorías fundamentales las leyes que parecen gobernar el comportamiento de todos los tipos de materia y energía conocidos, pero no ha sido capaz de conseguir una teoría unitaria, una ‘teoría del todo’, que unifique todas esas tesis fundamentales, ni siquiera acerca del comportamiento de la materia/energía en el universo, ni menos incluyendo el mundo humano cotidiano desde las que estas se generan. A pesar de las impenetrables limitaciones encontradas en física y cosmología, todavía hay científicos que se obstinan en elaborar una tesis única y radical en física que dé cuenta de todo lo que existe en este mundo, sin querer percatarse que, en el mejor de los casos, las fórmulas matemáticas y las leyes físicas naturales, por sofisticadas que fuesen no serían capaces de ofrecer un entendimiento satisfactorio del fenómeno humano, ni de las necesidades más profundas de su existencia.

Sin duda la ciencia y la creatividad humana no pueden ni deben detenerse en la prosecución del entendimiento del mundo en que vivimos, sin embargo es menester conservar, no sólo el entusiasmo y el optimismo en la actividad científica, sino también la modestia y el buen sentido para reconocer cuando termina el conocimiento científico y comienza la especulación exasperada -aunque sea nítidamente matemática. Una tendencia que se realiza particularmente allí donde la experimentación y el cotejo (directo o indirecto) con la evidencia –requisitos de la ciencia–, no son posibles; y es alentada más, por prejuicios ideológicos que por el ansia legítima del verdadero conocer. Esta frontera no es fácil de trazar, pero es inevitable hacerlo, aunque sea en forma borrosa, si se quiere preservar la idoneidad de la ciencia y la sana sensatez. Berlinski (3:218) al revisar las conjeturas hiperbólicas de la cosmología cuántica, nos dice: “Si la ciencia en el siglo veinte ha demostrado algo, es que hay límites a lo que podemos conocer.”

1) Wake County, Raleigh, NC USA
He escrito este artículo en recuerdo de mi hijo Antonio.

Proximo post: Supuestos metafísicos de las ciencias naturales.

Referencias en este post:

1. MEYER C, STEPHEN (2009). Signature in the Cell. DNA and the evidence for Intelligent Design. Harper One. An Imprint of Harper Collins Publishers.

2. MEYER C, STEPHEN (2013). Darwin’s Doubt. Harper One.

3. BERLINSKI, DAVID (2009). The Devil’s Delusion. Basic Books. A member of the Perseus Books Group New York.

4. Moreira, Marco Antonio (2009). El Modelo Estándar de la física de partículas. Revista Brasileña de Enseñanza de Física. http://www.if.ufrgs.br/~moreira/modeloestandar.pdf

5. Guth, Alen (1997). The Inflationary Universe: The Quest for a New Theory of Cosmic Origins. Perseus.
19

6. Hawking, Stephen (1988). A Brief History of Time. A Bantam Books Trade Paperback.

7. Wikipedia. The Free Encyclopedia. Naturalism (philosophy). http:// en.wikipedia.org/wiki/ Naturalism_(philosophy)

Una Respuesta para Ciencias Naturales, Supuestos Metafísicos y Metodológicos. Parte 1

  1. Hay quienes buscan reducir las probabilidades en contra del afinamiento planteando la existencia de múltiples o infinitos universos.

    Pero aún así, el principio antrópico enfrenta una formidable objeción: si nuestro universo es sólo uno de los miembros de una colección infinita de universos diferentes al azar, entonces es muchísimo más probable que estemos observando un universo muy diferente al que en realidad observamos.

    Este mismo problema resultó devastador para la apelación de Ludwig Boltzmann a una hipótesis multiverso en la física clásica para explicar por qué, si ha existido desde siempre, el universo no se encuentra actualmente en un estado de equilibrio termodinámico o muerte térmica. Boltzmann hizo la audaz especulación de que el universo en su conjunto, de hecho, existe en un estado de muerte térmica, pero que aquí y allá fluctuaciones aleatorias producen focos de desequilibrio, a los que Boltzmann se refiere como “mundos”. El nuestro es uno de ellos, y no debería sorprendernos observar nuestro mundo en un estado de desequilibrio altamente improbable, ya que los observadores no pueden existir en cualquier otro lugar. La hipótesis audaz de Boltzmann ha sido universalmente rechazada por la física contemporánea, basándose en que si nuestro universo fuera un mundo tal en un multiverso, es mucho más probable que estuviéramos observando una región mucho más pequeña de desequilibrio -incluso una en la que nuestro sistema solar solo se produjo en un abrir y cerrar de ojos por una fluctuación aleatoria- que la que nosotros observamos, ya que es incomparablemente más probable que el universo entero esté siendo progresivamente formado por una disminución de la entropía de un estado de equilibrio.

    Ahora un problema similar afecta a la apelación contemporánea al multiverso para explicar el ajuste fino. Roger Penrose ha calculado que las probabilidades de la condición de baja entropía de nuestro universo obtenida por solo azar, son del orden de 1:10^10^(123), un número inconcebible. Si nuestro universo no fuera más que un miembro de un multiverso de mundos ordenados al azar, entonces es mucho más probable que estuviéramos observando un universo ordenado mucho más pequeño. Las probabilidades de que nuestro sistema solar se forme instantáneamente por colisiones aleatorias de partículas es, según los cálculos de Penrose, aproximadamente 1:10^10^(60), un número enorme, pero inconcebiblemente más pequeño que 10^10^ 123. O equivalentemente, si nuestro universo no es más que un miembro de un multiverso, entonces deberíamos estar observando acontecimientos muy extraordinarios, tales como máquinas de movimiento perpetuo, ya que son mucho más probables de que todas las constantes y cantidades de la naturaleza queden por casualidad dentro de un rango virtualmente infinitesimal que permite la vida. Universos observables como esos son mucho más pletóricos en el ensamble de universos que los mundos como el nuestro y, por lo tanto, deben ser observados por nosotros si el universo no fuera más que un miembro de un multiverso de mundos. Dado que no tenemos tales observaciones, este hecho mina fuertemente la hipótesis del multiverso.

    En conclusión, multiverso y principio antrópico no se compaginan en una cosmología contemporánea, y si lo hacen será a costa de una aleatoriedad sin control, de un panorama en el que se ve un conjunto salvajemente excesivo de universos cuyo apetito por exhibir variedad es insaciable, lejos del sueño de una teoría del todo en la que las cosas encajan con una elegancia inflexible y no pueden ser de otra manera, lo que hará extremadamente difícil, si no imposible, para nosotros, saber si la propia idea de multiverso es la única correcta.

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