Bunge y el materialismo emergentista

Por Felipe Aizpún

En un comentario anterior veíamos como Eccles defendía el dualismo interaccionista y reivindicaba la insuficiencia del evolucionismo para dar cuenta de la realidad en su dimensión espiritual y más concretamente, en cuanto al ser humano se refiere, de su dimensión racional, espiritual y moral. Para Darwin sin embargo todas las dimensiones de nuestra naturaleza humana podían ser reducibles a expresiones de nuestra materialidad y nuestra biología, ya que no implicarían novedades sustanciales en comparación a las facultades de los animales inferiores. Serían únicamente diferencias de grado pero no de clase.

Pero este tipo de propuestas exige un marco filosófico que lo contenga y el caso es que el materialismo reduccionista está en retroceso ante la dificultad de  asumir el fisicalismo cientificista como explicación última de lo real. Pero existe una tendencia a querer justificar la riqueza de nuestra naturaleza mediante una explicación emergentista. El emergentismo es la doctrina que admite la existencia de dimensiones de la realidad que no pueden ser explicadas por mero reduccionismo a procesos físico-químicos o neurofisiológicos, pero que no admite por el contrario el dualismo preconizado por Eccles, es decir, la existencia real de un alma entendida como una sustancia independiente de nuestro sustrato material o biológico. Los procesos mentales, el pensamiento, la existencia de valores y sentimientos deben ser entendidos como algo diferente de lo físico, pero como algo que emana de lo físico. Muchos autores evolucionistas contemporáneos transitan por la senda del emergentismo para intentar justificar sus propuestas de auto-organización de sistemas complejos como explicación de la aparición de formas biológicas novedosas en el tiempo. En este territorio se mueven algunos autores evolucionistas contemporáneos como por ejemplo Newman o Kauffman.

El emergentismo es básicamente la doctrina que propugna que la conjunción de determinados factores hace nacer propiedades o funciones que los componentes del sistema no poseen por sí mismos. Se trata de una posición acorde con el desarrollo de una visión sistémica y organicista del mundo de los seres vivos y de la biota en general por contraposición a la visión reduccionista que ha presidido el quehacer científico en gran parte del pasado siglo. Veamos cómo describe esta postura el filósofo de la ciencia argentino Mario Bunge uno de sus defensores más cualificados y prestigiosos, en su obra “Mente y Sociedad” (1989):

“El materialismo emergentista afirma que las funciones mentales son funciones de ciertas partes del cerebro del vertebrado superior (mamífero o ave). No se puede desprender la mente del cerebro, del mismo modo que no se puede disociar el caminar de las piernas, la circulación sanguínea del sistema cardiovascular, la respiración de los pulmones, o la digestión del sistema digestivo. Lo que existe en realidad no es ni el órgano sin función, ni la función sin el órgano, sino el órgano funcionante. La digestión es la función específica del sistema digestivo, la circulación sanguínea la del sistema cardiovascular, y las funciones mentales son funciones específicas del cerebro, es decir, procesos que sólo el cerebro puede realizar. En suma, percibimos, aprendemos, pensamos, nos emocionamos y desvariamos con el cerebro. Sin cerebro vivo y despierto no hay mente.”

Bunge defiende que el alma, el espíritu o la mente no es una sustancia separada de la materia sino, simplemente, una colección de funciones cerebrales. El problema es que una proclama de este tipo necesita una base científica que lo justifique. El materialismo emergentista es una postura arbitrariamente adoptada pero difícilmente puede ser presentada como una teoría en el pleno sentido que dicho concepto adquiere en el ámbito de la ciencia. No es un sistema de hipótesis detalladas que se articule según el método científico tradicional, y con capacidad para explicar una amplia relación de hechos psico-neuronales.

Las analogías que establece Bunge con otros sistemas biológicos son abusivas e inconsistentes. Así por ejemplo, la relación que se puede establecer entre la función y el órgano en el caso del aparato digestivo o del circulatorio no puede extrapolarse al cerebro y la mente. La digestión es un proceso perfectamente reducible a la dinámica físico-química que gobierna ciertos procesos biológicos. Existe una explicación perfectamente natural igualmente para explicar la circulación de la sangre desde la composición y estructura funcional de los distintos componentes orgánicos del sistema cardiovascular. De hecho resulta discutible aceptar que tales ejemplos (la función desarrollada por una estructura funcional) sea un buen ejemplo de emergentismo.

Pero en todo caso la mente no puede explicarse como producto de la actividad cerebral con independencia de que ésta represente un soporte imprescindible para aquella porque no existe una interacción físico-química que justifique suficientemente la autoconciencia como realidad. Las facultades mentales del ser humano, la autoconciencia, el libre albedrío, el amor, el altruismo, la capacidad creativa y artística del ser humano, en definitiva las notas distintivas de nuestra especie no han podido nunca ser explicadas, en términos estrictamente científicos, como simples funciones de la actividad cerebral. Por supuesto que la psicología experimental ha avanzado sustancialmente estableciendo la estrecha relación entre el psiquismo humano y las condiciones materiales que lo posibilitan. Sin embargo, la condición humana supone la existencia de capacidades que no se dan en niveles inferiores del mundo material.

La propuesta emergentista es puramente especulativa y arbitraria y eso hace que, enfrentada a los hechos y al intento de justificar la realidad existente, termine por encontrarse con su propia inconsistencia. El libre albedrío, por ejemplo, es un desafío insalvable para el carácter necesariamente determinista de cualquier postulado emergentista. No es de extrañar que algunos autores, como el filósofo norteamericano William Provine (Cornell University), hayan optado por negar la existencia de una auténtica libertad en el ser humano como servidumbre obligada de sus convicciones evolucionistas; todo un callejón sin salida.

Para aquellos interesados en un análisis actualizado de las corrientes del pensamiento emergentista y de las contradicciones a las que están abocadas les sugiero el reciente artículo del profesor Santiago Collado (Universidad de Navarra) titulado: La “emergencia” de la libertad.

3 Respuestas para Bunge y el materialismo emergentista

  1. Si en el universo murieran todos menos los emergentistas, la materia no tendría mayor realidad que la de sus mentes “científicas” quisieran adjudicarle. La materia con la que tratan los científicos anti-finalistas no es sino una idea metafísica junto a otras de mejor defensa.
    Sin sujeto pensante no existiría objeto pensado (sea material o no). Así que los emergentistas me deben todavía la demostración de que la materia exista y por qué existe de manera contingente. Luego me pueden enseñar a emerger de ella diseño, finalidad, y belleza o lo que tengan a bien.

    Especial saludo a Felipe desde Jaca (si, por una casualidad poco casual, te pasaras por mi pueblo camino a las pistas de esquí me gustaría saludarte)

  2. Si en el universo murieran todos menos los emergentistas, la materia no tendría mayor realidad que la de sus mentes “científicas” quisieran adjudicarle. La materia con la que tratan los científicos anti-finalistas no es sino una idea metafísica junto a otras de mejor defensa.
    Sin sujeto pensante no existiría objeto pensado (sea material o no). Así que los emergentistas me deben todavía la demostración de que la materia exista y por qué existe de manera contingente. Luego me pueden enseñar a emerger de ella diseño, finalidad, y belleza o lo que tengan a bien.
    Especial saludo a Felipe desde Jaca (si, por una casualidad poco casual, te pasaras por mi pueblo camino a las pistas de esquí me gustaría saludarte)

  3. Se emiten opiniones muy ligeras, sin ni siquiera haber hojeado el material pertinente.- Bastante de las respuestas a la Ontología Materialista, o Gnoseología Realista se pueden encontrar en el “Treatise on Basic Philosophy” – 8 tomos : 2 de Ontología + 3 de Gnoseología + 2 de Semántica + 1 de Etica-, MARIO BUNGE – Ed.Gedisa (trad.español)-2009-, sin mencionar una cincuentena de libros, y demás escritos y entrevistas.- Los subjetivistas, los místicos y los charlatanes, ciertamente son muy haraganes en el ejercicio, nada fácil, de acceder a información proveniente de la Filosofía Cientíifica.-

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