Barbieri y los tres datos esenciales sobre la vida: nociones de biosemiótica

Por Felipe Aizpún
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Quiero traer a colación unos párrafos extraídos del trabajo del profesor Marcello Barbieri “Is the cell a semiotic system?” Considero que una perspectiva semiótica de los mecanismos de la vida es ya imprescindible y en este sentido, Barbieri ha desarrollado como nadie una interpretación rotunda y clara del carácter semiótico de sus procesos más íntimos. Veamos alguna de sus exposiciones; bajo el epígrafe “The Molecules of Life” nos dice (en mi propia traducción) lo siguiente:

“La biología moderna se basa en tres datos experimentales extraordinarios: (1) el descubrimiento de que la mayor parte de las estructuras y funciones biológicas son en último extremo debidas a las proteínas, es decir, cadenas de aminoácidos; (2) el descubrimiento que las instrucciones hereditarias para la construcción de proteínas están contenidas en secuencias de nucleótidos llamadas genes; y (3) el descubrimiento de que los genes son traducidos en proteínas por un conjunto universal de reglas que se ha venido a llamar el código genético.

Estos descubrimientos han confirmado que los genes y las proteínas son las moléculas claves de la vida, pero también han revelado algo totalmente inesperado sobre ellas. Han mostrado que genes y proteínas difieren de todas las demás moléculas no por su tamaño, forma o composición química, sino por que son producidas de una forma totalmente diferente. En el mundo inorgánico la estructura de las moléculas está determinada por los enlaces que existen entre sus átomos, es decir, por factores internos. En sistemas vivientes, en cambio, los genes son construidos por máquinas moleculares que físicamente acoplan los nucleótidos siguiendo el orden de un patrón que es externo a la molécula en formación. De la misma forma, las proteínas están hechas por maquinarias moleculares que unen los aminoácidos en el orden prescrito por un patrón externo de nucleótidos.

En definitiva, genes y proteínas son ensamblados por robots moleculares sobre la base de instrucciones externas. Son moléculas manufacturadas, a diferencia de las moléculas ordinarias, de la misma forma que se distinguen los objetos artificiales de los objetos naturales. En efecto, si aceptamos el punto de vista tradicional de que las moléculas son naturales cuando su estructura está determinada desde dentro y artificiales cuando está determinada desde fuera entonces genes y proteínas pueden ser ciertamente descritas como moléculas artificiales, como artefactos construidos por maquinarias moleculares. Esto a su vez supone que todos los objetos biológicos son artefactos y así llegamos a la conclusión general de que la vida no es sino construcción de artefactos.

La biología molecular, en breve, ha revelado la existencia de una división totalmente inesperada entre la vida y la materia inerte. La gran distinción no es entre estructuras orgánicas o inorgánicas. Es entre estructuras construidas desde dentro y estructuras construidas desde fuera. Entre moléculas que son construidas por ensamblajes espontáneos y moléculas que son construidas por maquinarias moleculares. Todo ello tiene dos implicaciones sobresalientes. La primera es que debe de haber habido un punto en la historia de la Tierra en que aparecieron maquinarias moleculares en nuestro planeta y empezaron a producir genes manufacturados. La segunda es que debe de haber habido un punto en la historia en que maquinarias moleculares aparecieron en nuestro planeta y empezaron a producir proteínas manufacturadas. Estos dos grandes acontecimientos debieron tener lugar mucho antes de que la primera célula apareciera, y fueron ellos los que pusieron en marcha la odisea de la evolución. Fueron el verdadero comienzo de la vida en la Tierra.”

Barbieri expone como nadie, con claridad meridiana, conceptos e ideas que han encontrado una resistencia enconada entre la comunidad científica más ortodoxa. Encajar esta concepción tan evidente y aplastantemente clara de la vida en el paradigma imperante resulta muy difícil y suscita una gran cantidad de preguntas, muchas más de las respuestas que ofrece. Responde a una dinámica a la que nos cuesta acostumbrarnos, y es que cuanto más conocemos más evidente resulta nuestra ignorancia. Y esto, para quienes vienen proclamando desde hace siglo y medio que un modesto naturalista inglés fue capaz de intuir la solución a los misterios de la vida a pesar de su profundo desconocimiento de los secretos de la biología y aportarnos la solución definitiva a nuestras inquietudes no sólo científicas sino también metafísicas mas profundas no deja de ser enormemente desconcertante.

Por otra parte el último párrafo viene a poner de manifiesto una de las aportaciones mas interesantes de Barbieri. Tradicionalmente se ha venido considerando que la dependencia recíproca de genes y proteínas nos plantea el problema de los mecanismos esenciales de la vida en términos del enigma del huevo y la gallina: ¿qué fue primero? Los genes se duplican y se transmiten gracias a la labor de proteínas que, a su vez, han sido producidas merced a la codificación de los propios genes. Barbieri nos recuerda que todo sistema semiótico es una tríada de elementos y que lo que precisamos explicar es la interrelación no de dos sino de tres elementos: los genes (signos) las proteínas (significados) y el ribotipo (intérprete). Su propuesta de que la maquinaria molecular constructora de los otros dos elementos debe de haber precedido a los mismos tiene quizás su lógica en el seno de un paradigma naturalista como el que fervientemente defiende Barbieri. Sin embargo, es preciso señalar que en realidad no explica nada en relación al origen del mecanismo íntimo de la vida. Otros autores como Abel han puesto de manifiesto que cualquier proceso complejo funcional como la vida precisa de una realidad de naturaleza formal que defina y prescriba su funcionamiento. El formalismo precede a la fisicalidad en cualquier sistema funcional y la vida no es una excepción a este principio. Y ello, por supuesto, para algunos, implica que la huella de diseño resalta deslumbrante en el estudio profundo de la Naturaleza.

Una Respuesta para Barbieri y los tres datos esenciales sobre la vida: nociones de biosemiótica

  1. el alineamiento de ejes siempre tiene que ser más avanzado. Por esa razón, hay que prestar atención a métodos avanzados

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