Felipe Aizpun 
Los escritos de Massimo Pigliucci pocas veces decepcionan. No solamente es un pensador de gran talento si no que además tiene el buen tino de proponer cuestiones de interés actualizado y de reflexionar sobre aquellas cosas que verdaderamente importan y afectan a elementos esenciales del debate más importante que ocupa a nuestra clase intelectual: el debate sobre los orígenes y la justificación última de la realidad. Quisiera traer hoy a nuestra reflexión periódica un artículo reciente publicado en su blog “Rationally Speaking” bajo el título de “Acerca del reduccionismo fundamentalista”. Una de las características principales de sus posiciones es su comprensión de la naturaleza filosófica (y no únicamente científica, como quisieran muchos) del mencionado debate y la necesidad de una interconexión entre ambas disciplinas. Por eso manifiesta en el citado artículo la importancia de que los estudiosos de la metafísica entiendan y asuman los avances de la ciencia y en especial de la física moderna (algo que según Pigliucci es mucho menos habitual de lo que cabría esperar). No lo reclama de forma expresa, pero podría añadirse, la importancia de que los físicos comprendan la naturaleza y el peso de los condicionantes metafísicos de sus propuestas e interpretaciones de la realidad. Algo también menos habitual de lo deseable habida cuenta de la proliferación de iluminados en los últimos tiempos (véase el caso reciente de los libros de Hawking o Lawrence Krauss proclamando la posibilidad de explicar la emergencia del Universo a partir de la nada y despreciando de manera explícita el conocimiento filosófico). El propio Pigliucci se exaspera ante tamaño dislate como podemos ver aquí.
El artículo al que nos referimos, en torno al reduccionismo fundamentalista, trata de la incidencia de los descubrimientos de la física cuántica sobre el modelo de explicación de la realidad que ha venido imperando en los últimos tres siglos, desde el advenimiento de la modernidad y la Ilustración y las conclusiones comprometidas a que tales descubrimientos han llevado a algunos de nuestras más ilustres cabezas pensantes. Pero antes de comentar un asunto de cierta aridez como éste, vale la pena que hagamos una pequeña introducción teórica para mejor comprender el comentario de Pigliucci, y consecuentemente la crítica que del mismo resulta pertinente realizar.
La búsqueda y el avance en el conocimiento humano se desarrolla en el seno de un modelo explicativo de la realidad, y dicho modelo tiene necesariamente dos dimensiones que deben complementarse, una estrictamente científica que nos cuenta cómo son las cosas y cómo se comportan, y otra filosófica que nos presenta hipótesis sobre “qué” son esas cosas y nos intenta justificar su existencia y el sentido del cambio observado en dicha realidad.
Pues bien, el modelo científico heredado de la revolución intelectual de los últimos siglos no es otro que el modelo iniciado por Galileo y consagrado por la mecánica de Newton. Básicamente viene a explicarnos el mundo como un gran mecanismo gobernado de forma determinista por leyes inamovibles. El estado inicial, cualquiera que fuese su origen o causa, implica la existencia de una base material elemental (es esencialmente atomista) y dicha materia fundamental tendría la capacidad de agruparse bajo el gobierno de las mencionadas fuerzas naturales para conformar las entidades corpóreas conocidas. Cada evento determinista podría ser predicho conocidas las circunstancias inmediatamente anteriores. Un estado inicial, y las leyes naturales, constituyen la referencia explicativa suficiente de todo lo existente. Continúe leyendo »



