El árbol de la vida: de “Icons of Evolution” al meeting de Arizona (1)

Por Felipe Aizpún

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1. Jonathan Wells nos habla del árbol de la vida en Icons of Evolution

Uno de los iconos más venerados del discurso darwinista es el árbol de la vida. Esta representación gráfica del proceso evolutivo es la única ilustración contenida en el original de “El origen de las especies” publicado en 1859 y viene a plasmar la concepción de Darwin en torno a la sucesiva derivación de todas las formas vivas en el tiempo a partir de un organismo biológico primigenio. La aparición de la vida de forma espontánea es tan altamente improbable que se asume, de manera general, que ocurrió solamente una vez en nuestro planeta, y que por tanto, y en palabras del propio Darwin: “todos los seres orgánicos que han vivido en este planeta pueden haber descendido de alguna forma viva primordial”.

El árbol de la vida se representa mediante un gráfico de sucesivas ramificaciones que parten de un nudo originario situado en el origen de la vida en un momento dado en el tiempo. Conforme el tiempo avanza se van produciendo divisiones en forma arborescente como las que observamos en cualquier árbol en la Naturaleza. Lo que debemos comprender antes que nada es que se trata de un modelo puramente especulativo que nace, no de la observación científica, sino de la asunción arbitraria de un modelo explicativo de la realidad. Dicho de otra forma, la teoría darwinista de la evolución no nace de la observación de la ramificación arborescente del proceso evolutivo sino que el árbol de la vida es una consecuencia obligada del hecho de haber elevado al rango de verdad científica incuestionable la teoría especulativa de la vida y la evolución propuesta por Darwin.

El problema es que este tipo de maniobras teorizantes, tal como Wells nos explica, a menudo se encuentran con la oposición tozuda de la evidencia que la Naturaleza nos ofrece. Por supuesto la explosión del cámbrico, sobre la que hemos comentado en abundancia recientemente, representa una contradicción crítica que Darwin mismo reconoció, pero que, supuso, representaba un escollo salvable en el tiempo a medida que nuevos descubrimientos fueran rellenando el vacío del conocimiento imperfecto de su época. Hoy sabemos que no ha sido así y el conocimiento más avanzado nos proporciona una idea de la emergencia de las distintas formas vivas más parecida a un arbusto enmarañado o a una red de organismos que aparecen entremezclados en el tiempo. De hecho la aparición anterior en el tiempo de las grandes jerarquías taxonómicas (Phyla) y la posterior concreción de la variabilidad específica representan en realidad mucho más la figura de un embudo invertido que la contraria división arborescente sugerida por Darwin.

Para mayor desconcierto, el avance de la biología molecular en las últimas décadas no ha hecho sino añadir contradicciones al modelo. Inicialmente las

divisiones y clasificaciones de las distintas formas vivas se basaban exclusivamente en los caracteres fisiológicos y anatómicos de las mismas. Pero el avance en la biología molecular ha permitido profundizar en el conocimiento comparado de las secuencias genéticas de las distintas especies y puesto que el fenotipo no es sino la expresión del genotipo es obligado que las diferencias morfológicas aparezcan previamente en el genoma, y que una correcta clasificación y adscripción de las diferentes especies en el hipotético árbol de la vida se sustente más correctamente sobre el estudio detallado de los genomas de los distintos organismos. Las especies cuyas secuencias genéticas difieren en un número menor de caracteres se supone que tienen un parentesco evolutivo más cercano que aquellas que presentan diferencias más acusadas.

El problema que se ha presentado en los últimos años es que cuanto más se abunda en el conocimiento detallado de las secuencias de ADN o de las propias proteínas implicadas en el sostén funcional de los seres vivos mayor es el galimatías en el que nos sumergimos. Por una parte los árboles de la vida construidos a partir de las diferencias morfológicas resultan inconsistentes con los árboles filogenéticos que se construyen sobre la base de los análisis moleculares. Pero por otra parte, diferentes análisis moleculares, por ejemplo de secuencias de ADN por un lado, de secuencias de ARN por otro o de proteínas específicas en otras ocasiones arrojan resultados dispares en cuanto a la clasificación y el origen familiar de las distintas especies.

Para muchos autores contemporáneos las incongruencias exhibidas por las investigaciones más avanzadas ponen de manifiesto un error de base en la concepción del proceso evolutivo. No se trata solamente de un problema metodológico que nos oscurece el conocimiento verdadero anticipado por el visionario Charles Darwin. Se trata simplemente de cuestionar el modelo darwinista en sus pre-juicios y atenerse a la evidencia empírica para construir propuestas o modelos que se desprendan de forma natural de dicha evidencia. En palabras del profesor de la Universidad de Illinois Carl Woese las incongruencias en torno al árbol de la vida “son suficientemente frecuentes y estadísticamente sólidas para que no puedan ser pasadas por alto ni descartadas a la ligera aduciendo defectos de método”

Otro de los científicos que han terminado por descartar el icono arborícola de Darwin es el respetadísimo W. Ford Doolittle de la Universidad de Dalhousie, quien escribiera en 1999 que la biología molecular había fracasado en mostrarnos el verdadero árbol de la vida, no porque los métodos de trabajo fuesen inadecuados o porque se hubieran elegido como objeto de estudio los genes equivocados, sino simplemente porque la historia de la vida no puede representarse por completo como un árbol. La idea de un único antecesor común del que todos los organismos vivos se han ido derivando merced a mutaciones genéticas fortuitas sucesivas, simplemente se acomoda mal a los datos que el conocimiento científico nos aporta. Por el contrario cada día parece más razonable pensar que la evolución de las formas vivas está asociada a episodios de transferencia genética horizontal, es decir, intercambio de secuencias genéticas entre individuos, lo que transformaría la historia de la vida, de una elegante estructura arborescente en un enmarañado entresijo de maleza filogenética.

Doolittle no lo dice, pero el modelo basado en la reorganización profunda de los genomas mediante episodios de transferencia genética horizontal, episodios de endosimbiosis etc. resulta mucho más difícil de encajar en un recuento puramente naturalista de la emergencia de las novedades biológicas y exige mucho más rigurosas justificaciones de la aparición de las formas biológicas más complejas de manera abrupta. En definitiva apunta de forma más razonable a las inferencias de diseño que algunos consideramos inevitables a partir el conocimiento profundo de la vida y de las formas vivas presentes en la Naturaleza.

7 Respuestas para El árbol de la vida: de “Icons of Evolution” al meeting de Arizona (1)

  1. Estoy casi que de acuerdo, excepto por las 3 últimas líneas. Que Darwin tuvo errores, que como Margullis y otros han dicho, el árbol podría no se r una buena representación también, que la transferencia genética horizontal puede haber sido más importante de lo considerada hasta ahora, de acuerdo. Pero la inferencia de diseño, sólo la veo en sus cabezas.

    Saludos, no dirán ahora que también estoy sosteniendo un dogma.

  2. Totalmente de acuerdo. Por ejemplo, el grupo de los filos llamados pseudocelomados tiene dentro un amplísimo grupo de animales muy diferentes entre si, tanto que todos esos filos no tienen un árbol definido que los una y aproxime entre si: nematodos, acantocéfalos, rotíferos, quinorrincos, etc. Igualmente, los datos moleculares por comparación de secuencias propusieron el origen de otro filo, el de los artrópodos, celomados estos, emparentados con nematodos, pseudocelomados. Las evidencias morfológicas no indican esa aproximación entre estos dos grupos, por lo que hay una contradicción entre comparación de genomas con evidencias morfológicas y estructurales. Digo yo, que algo de correcto si tendrán los análisis de ARN para tratar de saber como están de cerca y lejos filos y órdenes, pero siempre contemplando otras vías: morfológicas, ecológicas, etc.

  3. Alejandro,
    es verdad que la transferencia genética horizontal TGH está ganado gran predicamento entre la comunidad científica. La razón es el descubrimiento de secuencias genéticas, a menudo genes concretos idénticos en especies supuestamente emparentadas pero que no se pueden encontrar en un hipotético antecesor común. Entonces se recurre la TGH como explicación sin aclarar que tal recurso es puramente hipotético, que no existe evidencia alguna que tal evento haya sucedido jamás y que tal explicación surge como necesaria para mantener el prejuicio científico de la derivación natural y fortuita de todos los seres vivos a partir de un antecesor común. Es importante explicar el valor de consistencia y certeza de las aseveraciones científicas que se proponen.

  4. Querido Alejandro.

    Evidentemente, Felipe parece arrimar el ascua a su sardina del ID.

    Pero yo me hago una pregunta:

    La introducción de ADN de otra especie en una bacteria, que capacita a esta para sintetizar una proteína nueva, ¿es un proceso natural o de diseño?

    Si tiene lugar en la naturaleza, sin la participación del hombre, lo llamamos “transferencia horizontal”, y es fruto del “azar”, y en su día será juzgado como positivo o negativo por la “selección natural”.

    El mismo hecho, pero si tiene lugar en un laboratorio y mediado por el hombre, lo llamamos “ingeniería genética”, “biotecnología”, y claro, se trata de un caso patente de acto de “diseño”.

    Pero resulta que el hombre del laboratorio no es más que una bacteria que a lo largo de millones de años ha ido integrando horizontalmente casi todo su ADN actual.

    Por tanto, la ingeniería genética debería englobarse en la categoría de transferencia genética horizontal. Sería un caso en que el proceso de transferencia del ADN es mediado no por un fago, sino por un ser vivo muy complejo e interesante al que llamamos Homo sapiens.

    Usted deberá defender que el hombre y el bacteriófago son criaturas semejantes, ¿no?

    Porque si no, ¿cómo un ser no diseñado, fruto del azar, como según usted es el hombre, ha podido llegar a diseñar que una bacteria fabrique insulina humana?

    ¿Es la inteligencia humana fruto de que nuestra antepasada bacteria recibió una transferencia horizontal de otro organismo, hoy extinguido y del que no quedan fósiles, que desarrolló esa inteligencia en un proceso emergente…?

    Saludos.

  5. Juanfran, pese a la falta manifiesta que demuestra de conocimientos de biología, en afirmaciones como : el hombre del laboratorio no es más que una bacteria que…., el hombre y el bacteriófago ….,Es la inteligencia humana fruto de que nuestra antepasada bacteria recibió una transferencia horizontal de otro organismo…
    tengo que reconocer que hay más inteligencia en este comentario suyo de la que he visto en defensores del DI en toda mi vida. le felicito, está en el camino correcto, un poco más de biología y encontrará la solución a esta ceremonia de confusión en la que unos y otros intentan conducirnos.
    Siga reflexionando que ya casi lo tiene.

  6. Juanfran y Carlos
    la TGH no puede explicarse como fruto del azar simplemente porque es un fenómeno observable en la Naturaleza. Es como dicer que el extraordinariamente complejo de desarrollo embrionario de un ser vivo es fruto del azar. Es como decir que un artefacto producido en una línea de producción robotizada es fruto del azar. El azar no es causa de nada, el azar no existe, no es una fuerza o un principio eficiente. El azar, decía Poincare es la medida de nuestra ignorancia. Para Darwin el azar era solo una forma de nombrar nuestro desconocimiento de la causa. El azar no puede hacer surgir una función compleja que reporte utilidad. Es como creer en magia.

  7. Felipe:

    Cuando yo decía:

    …es fruto del “azar”, y en su día será juzgado como positivo o negativo por la “selección natural”…

    Lo estaba poniendo en boca de los neodarwinistas.

    Coincido plenamente con usted en que el azar es sólo una ilusión óptica.

    Carlos:

    Acierta usted. Mi Biología está en proceso de reciclaje, y junto con la Genética ocupan últimamente mis ratos de lectura, pues ya hace más de 20 años que las tuve como asignatura.

    Y créame que cuando uno lee como argumentos proevolucionistas lo de las polillas moteadas o los picos de los pinzones, siente vergüenza ajena.

    Miles y miles de biólogos por todo el Mundo, ¿y no han encontrado nada mejor que el cuento de los équidos?

    Si alguien da un día con la solución, estoy seguro que no será un biólogo cuadriculado, sino más bien un profano inquieto de mente abierta.

    Un placer leerles.

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