101 Desafíos al Evolucionismo Darwinista

Felipe Aizpún

Desde su aparición en el panorama del pensamiento contemporáneo, la teoría darwinista de la evolución no ha sido en realidad otra cosa que una propuesta voluntarista carente de suficiente fundamento empírico que la respaldase. Comprensible que lo fuera en sus albores, dado el perfecto desconocimiento de los secretos de la biología propio de la época, los intentos de consolidarla como la respuesta científica correcta a los enigmas de la evolución biológica a lo largo de su siglo y medio de existencia no han fructificado. La idea darwinista de que las formas biológicas han surgido por acumulación de errores en la replicación de los genomas, filtrados por la selección natural, sigue siendo a día de hoy una hipótesis puramente especulativa que además no se acomoda a los datos que de la Naturaleza vamos poco a poco conociendo.

Claro que existen motivos fundados para pensar legítimamente que quizás los seres organizados (formas vivientes) han ido emergiendo al amparo de formas antecesoras, pero ninguna evidencia nos ha mostrado jamás el necesario poder creativo de la madre Naturaleza para producir la complejidad especificada e integradora que preside la existencia de las formas biológicas más avanzadas de manera fortuita y no finalista.

Es por eso que, frente al discurso puramente hipotético y especulativo del darwinismo, el estudio concienzudo de los verdaderos científicos no hace sino poner encima de la mesa observaciones y material para el análisis que se resisten de manera contumaz a poder ser explicados según los cánones del modelo oficial. Un ejemplo de las ingentes dificultades que debe afrontar la ortodoxia dominante es el libro de Lewis I. Held Junior titulado “Quirks of Human Anatomy” (Peculiaridades de la Anatomía Humana) y que nos presenta nada menos que 101 puzzles para el evolucionismo del desarrollo (evo-devo), editado por Cambridge University Press en 2009. Held es profesor asociado en el departamento de Genética del Desarrollo de la Universidad Tecnológica de Texas y ha publicado numerosos trabajos sobre sus preocupaciones principales objeto de interés investigador y que él mismo define como “formación de patrones”, es decir, cómo las células construyen la anatomía de los seres vivos. La lista de 101 rompecabezas que nos propone Held no tiene por objeto, me apresuro a decirlo, desafiar al paradigma naturalista dominante ni mucho menos. Su perspectiva es mayormente (aunque no totalmente como a continuación veremos) mecanicista y lo que Held propone es avanzar en el estudio de los mecanismos que desencadenan o regulan la formación de los más diversos y específicos rasgos de nuestra inabordablemente compleja anatomía.

Por ejemplo, detallaremos unos cuantos:

Puzzle 1: ¿Porqué (y cómo) evolucionó el pelo en los mamíferos?

Puzzle 4: ¿Porqué (y cómo) evolucionó la glándula pituitaria?

Puzzle 13: ¿Porqué es el número de vértebras cervicales tan constante en los mamíferos?

Puzzle 20: ¿Porqué nosotros no tenemos la capacidad de sobrevivir sin oxígeno?

Puzzle 24: ¿Cómo activa nuestro genoma ciertos genes en ciertos momentos?

Puzzle 37: ¿Cómo crecen nuestras piernas derecha e izquierda hasta la misma longitud?

Puzzle 39: ¿Porqué está la arteria aorta en el lado izquierdo en los mamíferos y en el derecho en las aves?

Puzzle 41: ¿Cuál es el valor adaptativo de la asimetría del corazón?

Puzzle 52: ¿Porqué es el número de dedos tan constante en los tetrápodos?

Puzzle 56: ¿Cómo los molares infantiles se convierten en premolares adultos?

Puzzle 68: ¿Cuál es el significado adaptativo del orgasmo femenino?

Puzzle 70: ¿Porqué es la determinación sexual tan innecesariamente compleja genéticamente?

Puzzle 72: ¿Cómo de diferentes son los cerebros del hombre y la mujer?

Puzzle 82: ¿Porqué las moscas macho tienen un músculo inservible que las hembras no tienen?

Puzzle 94: ¿Porqué no pueden hablar los chimpancés?

La totalidad de los puzzles pueden ser encontrados en este link.why?, resulta ya en sí mismo una impertinente réplica al mantra oficial de que todo en biología ha emergido por mero azar.

“Con la emergencia del nuevo campo de la biología de la evolución del desarrollo estamos asistiendo al redescubrimiento de las intuiciones de Darwin 150 años después de “El origen de las Especies”. Hasta ahora, los excitantes descubrimientos de la Evo-Devo sólo han goteado en las escuelas y entre los no-especialistas. Con su enfoque en el organismo humano, Quirks on Human Anatomy abre las compuertas afirmando los argumentos de la evo-devo en inglés llano, y ofreciendo una colección de interesantes ejemplos y casos para el estudio. Enmarcando los “cómo” del desarrollo en los “porqué” de la evolución se permite a los lectores indagar en más profundas cuestiones de la biología.”

El objetivo de Held en sus investigaciones es por tanto identificar los complejísimos sistemas reguladores que definen las más milimétricamente específicas características de cada órgano de la anatomía de un ser vivo, como por ejemplo, encontrar los genes reguladores (complejos tipo Hox) que prescriben detalles como las formas diversas de los primeros y segundos pares de patas en la mosca de la fruta y que parece deberse al papel regulador, según recientes descubrimientos, de un gen identificado como Scr.

Pero aquí es precisamente donde surge el interés de este libro para el DI. Una de las cosas que venimos defendiendo es la necesidad de desintoxicar el lenguaje científico del uso abusivo que se viene haciendo de la idea de evolución como protagonista de todas las actividades científicas de los estudiosos de la biología. ¿Qué es exactamente la evo-devo? ¿Qué nos permite pensar que los descubrimientos en torno al desarrollo embrionario deban de tener una traducción directa con relación al estudio del proceso evolutivo de las especies? La biología evolutiva del desarrollo es un campo de la biología que compara el proceso de desarrollo de diferentes organismos con el fin de determinar sus relaciones filogenéticos. De igual forma busca identificar los mecanismos del desarrollo que dan origen a cambios evolutivos en los fenotipos de los individuos. El interés principal de esta nueva aproximación evolutiva es entender cómo la forma orgánica (estructuras novedosas y nuevos patrones morfológicos) ha ido evolucionando y desde esta perspectiva científica se asume que el proceso evolutivo no es otra cosa en definitiva sino el proceso de cambio de los procesos de desarrollo embrionario.

Como dicen los ingleses, “so far, so good”. Pero como decimos en España, “ahora viene cuando la matan”. Y es que en definitiva, los procesos de desarrollo embrionario son deudores de programas informacionales de enorme complejidad; son procesos fisiológicos gobernados por una realidad formal, la información genética y epigenética, con el concurso de procesos semióticos (señales y respuestas) que se apoyan en diferentes códigos y memorias orgánicas. Por lo tanto, y concluyendo el razonamiento, el misterio de la evolución no es sino el misterio de la emergencia de la información biológica prescriptiva, una realidad de naturaleza no física sino formal y que por lo tanto resulta de imposible justificación como producto de las fuerzas de la Naturaleza actuando sobre la realidad material que conocemos.

Si reflexionamos, veremos que los acertijos planteados por Held hacen referencia a la identificación de los mecanismos de desarrollo embrionario; pero no a los procesos de evolución de dichos mecanismos. Una cosa es investigar cómo se regulan los mecanismos de desarrollo embrionario de un organismo determinado, y eso es lo que plantean los 101 “acertijos” de Held y en concreto en relación a la especie humana y otra muy diferente pretender que la resolución de tales acertijos nos hubiese añadido un átomo sólo de información en torno al otro “acertijo”, el tremendo rompecabezas de la filogenia de la especie humana.

En definitiva, como señalaba el propio Held, las respuestas al “cómo” deben luego de enmarcarse en los “porqué”, y eso quiere decir que las respuestas puramente científicas sólo nos aportarán explicaciones en términos de causación eficiente, pero las perspectivas teleológicas exigen respuestas de otra naturaleza. Lo que más llama la atención de la forma en que Held plantea su desafío es el hecho de que una gran cantidad de las preguntas se formulan precisamente con el interrogante de “why?”, ¿por qué? Cuanto mayor es el conocimiento adquirido en torno a los complejos y exquisitamente ensamblados mecanismos de conformación de los seres vivos más evidente va resultando la necesidad de encontrar una explicación causal que justifique la emergencia de tan sofisticado diseño. El propio planteamiento inquisitivo, why?, resulta ya en sí mismo una impertinente réplica al mantra oficial de que todo en biología ha emergido por mero azar.

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