“The Extended Synthesis”: un intento de reconstrucción de un paradigma en crisis. (4)

Por Felipe Aizpún


The Extended Synthesis

Uno de los elementos centrales de análisis supone el mecanismo de emergencia de las novedades biológicas. La síntesis moderna (SM) implica que las mismas emergen por acumulación de pequeñas variaciones, originadas por azar, es decir de forma no intencional ni determinadas a propósito alguno, y que la selección natural se ocupa de filtrar las que tienen una ventaja adaptativa garantizando así un proceso creativo de naturaleza no intencional. El gradualismo es una característica absolutamente esencial al paradigma. Por una parte, el modelo exige algún tipo de evidencia empírica que lo respalde y la única evidencia conocida de variación en los organismos vivos son las pequeñas fluctuaciones que en forma de mutación son observables en el proceso de reproducción de los seres vivos. La naturaleza de estas mutaciones tiene una doble implicación, por un lado son mutaciones de las que se puede predicar razonablemente su origen fortuito, y en segundo lugar son de escasa entidad, casi imperceptibles, lo que exige una interpretación gradualista del hecho evolutivo.

Sin embargo, el análisis en profundidad de las diferencias en la composición de los genomas de las distintas especies así como la discontinuidad del registro fósil nos presentan evidencias contradictorias con la hipótesis inicial. Por el contrario, la emergencia de novedades sustanciales parece obedecer más a un modelo de tipo saltacional que a uno gradualista. Algunos autores sin embargo, y es ésta una corriente de opinión muy extendida entre la comunidad científica, quieren interpretar este hecho como que, simplemente, se amplía el espectro de fuentes de variabilidad en el proceso pero manteniendo la selección natural como protagonista del proceso creativo, por lo que el aumento de mecanismos de variabilidad puede ser recibido de manera no traumática en el seno del paradigma.

Pero este planteamiento tiene muchos y muy importantes detractores. Fundamentalmente porque lo que la ciencia nos apunta es que las variaciones casi imperceptibles que observamos en el seno de las poblaciones bien pudieran ser el origen y la causa de un proceso hacia el incremento de la riqueza morfológica de las especies exprimiendo el potencial de variabilidad propio de cada especie; pero seguramente el aumento de complejidad que constituye realmente la esencia del hecho evolutivo no puede justificarse por ese tipo de mecanismo. Por el contrario, la aparición de cuadros morfológicos específicos (los distintos phyla), de aparatos u organismos irreduciblemente complejos o de inimaginable itinerario evolutivo (el aparato pulmonar de las aves, el corazón de tres y cuatro cavidades, la cantidad inmensa de maquinarias moleculares), puede exigir reorganizaciones profundas del genoma que no se acomodan en absoluto, y por lo tanto no son posibles de recomponer, en el seno del discurso del paradigma en crisis. Así por ejemplo, desde hace décadas, autores como Grassé, Margulis, Behe o Sandín llevan reclamando que la historia de la aparición de organismos más complejos no tiene nada que ver con los episodios mutacionales observables entre los seres vivos, cuyo alcance es limitado y generalmente deletéreo. No se trata de que los episodios simbióticos o de transferencia genética horizontal supongan un elemento añadido de variabilidad, se trata de que la aparición de organismos más complejos exige explicaciones en términos de mecanismos biológicos que quedan perfectamente fuera del modelo neo-darwinista Para todos estos autores, los nuevos datos de la biología suponen un reto perfectamente inalcanzable para dicho modelo, un desafío crítico al mismo que no puede ser recompuesto. La aparición de novedades biológicas, cualquiera que sea su causa, no puede ser interpretada como una acumulación de errores en la replicación del ADN, pero como el resultado de un hipotético proceso adaptacionista que actúa sobre reorganizaciones fortuitas e inexplicadas del genoma.

El hecho cada vez más evidente de que las formas biológicas necesitan una explicación en términos de causalidad que desplace al fantasioso cuento de hadas de la selección natural hace que renazca la búsqueda de reflexiones alternativas, en especial en términos de organización espontánea de sistemas complejos o de simple determinismo físico-dinámico. El artículo famoso de Jerry Fodor de 2007 (“Porqué los cerdos no tienen alas”) nos recuerda que la naturaleza es diosa caprichosa pero hasta cierto punto y que las posibilidades de determinación de formas novedosas, tal como reclaman Pigliucci y Müller, obedecen probablemente más a “factores internos” al propio organismo que a determinaciones ambientales. Las formas que surgen tienen posibilidades morfológicas de expresión más o menos limitadas, de la misma forma que la posibilidad de remodelación de los genomas no es caprichosa o arbitraria sino que se acomoda a determinados patrones de variabilidad que vamos poco a poco conociendo. Todo ello nos lleva a pensar, como el propio Fodor reconoce, en un cierto idealismo, quizás de corte platónico, que nos aleja de la idea de que modelos complejos y esencialmente armoniosos, como nuestra querida jirafa de cuello largo puedan ser interpretados como un accidente fortuito en el devenir de un tiempo inmensamente largo. Este determinismo quizás limitador de las posibilidades de desarrollo o de innovación en cada organismo (en un hipotético escenario evolucionista) no es cosa nueva cuyo descubrimiento vengamos ahora a reivindicar; una vez más no puedo dejar de recordar que la reivindicación de la importancia de estos “factores internos” está perfectamente establecida (sin que se le otorgara el reconocimiento que merecía) en la obra de Grassé de 1973 “L´évolution du vivant”.

La disposición interna de los organismos a reaccionar de forma sistémica ante las condiciones ambientales generando así sistemas funcionales de mayor complejidad es una idea que se va consolidando entre muchos científicos. Para algunos sin embargo, este tipo de consideraciones suponen un ataque al principio sagrado del externalismo asociado al mensaje del adaptacionismo más rancio. Para otros, como es el caso de Newman, la evidencia es difícilmente ocultable, pero la interpretación en términos de causalidad, condicionada por sus compromisos naturalistas, se centra en la idea de “propiedades emergentes de los sistemas biológicos”, en definitiva una aportación de complejidad que resulta “gratuita” e inexplicada.

Lo importante de la introducción de esta ampliación sustancial en el marco explicatorio de la evolución no es sólo el cambio en el paradigma científico sino, lo que para muchos es esencial, en la interpretación filosófica en términos de causalidad que se puede extraer de un nuevo modelo. La idea de un mundo sin propósito ni finalidad hacía del darwinismo la piedra angular de todos los materialismos. Pero dicha reivindicación se sustentaba necesariamente en la idea de que simples mutaciones por azar podían estar en la base de todo el proceso. Ahora sabemos que eso no es así. La aparición de formas morfológicas y sistemas biológicos funcionales como acumulación de variaciones fortuitas, es decir, por puro azar, resultaba tan irracional que la selección natural había tenido que ser idealizada como fuerza creativa para justificar el inevitable diseño de los organismos de los seres vivos, inventando así un mundo impregnado de “diseño sin diseñador”. Pero el nuevo escenario no nos permite persistir en la frivolidad. Pretender que un evento de naturaleza saltacional que implica profundas reorganizaciones del genoma, a menudo con episodios de transferencia genética horizontal (de origen viral y bacteriano) incluidos, pueda, por mero azar, explicar la emergencia de la información prescriptiva necesaria para dar lugar a novedades biológicas de alta complejidad especificada es completamente ridículo. La negación de cualquier carácter intencional o finalista en el proceso de la evolución de las formas vivas resulta hoy día mucho más difícil que en el seno del modelo neo-darwinista tradicional.

En definitiva este es el discurso que se nos propone en esta nueva síntesis. Un debate racional que cambia de escenario y que se presenta apasionante, polémico, y esperanzador al mismo tiempo. De momento el discurso dogmático e intransigente del darwinismo reinante comienza a tambalearse, el legítimo escepticismo y la crítica científica y filosófica deben tener de nuevo el sitio que nunca debieron de perder.

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
“The Extended Synthesis”: un intento de reconstrucción de un paradigma en crisis. (3)

Por Felipe Aizpún Pigliucci y Müller, en la introducción al libro “Evolution- the Extended Synthesis” concluyen que la ES supone...

Cerrar