¿Mutaciones fortuitas o mutaciones dirigidas? (1)

Por Felipe Aizpún

Uno de los elementos clave del modelo neo-darwinista es el carácter fortuito de las mutaciones que supuestamente desencadenan la transformación de unas especies en otras en el proceso evolutivo. Este paradigma participa de forma plena del naturalismo filosófico y propugna la inexistencia de finalidad en el proceso evolutivo de los seres vivos. Cualquier atisbo de interpretación teleológica debe ser desechado de entrada como consecuencia de un prejuicio metafísico innegociable; se pretende así que el saber científico debe ser exaltado como única forma de conocimiento verdadero, y que además la ciencia debe limitarse a estudiar y describir los eventos verificables empíricamente absteniéndose de cualquier interpretación intencional de los mismos.

Sin embargo, y desde hace décadas, muchos científicos no han podido resistirse al desconcierto producido por el análisis de determinados eventos mutacionales en los que parece darse, de forma difícilmente objetable, una respuesta explícita por parte de los organismos vivos a determinadas situaciones de presión ambiental; se trataría pues, de la existencia de mutaciones dirigidas a sobreponerse de forma expresa a desafíos o amenazas concretas del exterior (directed mutations).

Este tipo de fenómenos ha sido estudiado desde hace mucho tiempo si bien adquirió una especial relevancia el trabajo de John Cairns publicado en “Nature” en 1988. La esencia de la hipótesis de las mutaciones dirigidas es que, en determinadas circunstancias de presión ambiental, algunos organismos, y en este caso en especial algunas bacterias como la E. Coli, según se ha podido observar, sufren claras alteraciones en su frecuencia de mutación, viéndose ésta no solamente aumentada significativamente sino también enfocada hacia la producción de mutaciones determinadas que suponen respuestas específicas a la amenaza ambiental ante la que se encuentran. Las mutaciones dirigidas suponen la aparición de cambios en el momento preciso y en el lugar adecuado, lo que hace intuir que, al menos esos episodios mutantes, no deberían ser descritos como variaciones producidas de manera fortuita, por mero azar.

Este tipo de reflexiones no han hecho sino prodigarse cada vez más en las últimas décadas al compás de investigaciones más exhaustivas. Jablonka y Lamb, de quienes ya hemos hablado en otras ocasiones como participantes en los trabajos de “The Extended Synthesis”, han puesto énfasis en el carácter dirigido de este tipo de mutaciones en muchos de sus escritos. En estas páginas ya hemos argumentado en pasados comentarios que los trabajos de éstas (y otros autores) representan un desafío definitivo contra el paradigma darwinista a pesar de que ellas mismas se resisten a presentarlos como tal y sugieren que únicamente exigen una “extensión” del modelo neo-darwinista sin que ello suponga una revolución en el sentido kuhniano del término.

Pues bien, un reciente trabajo que analiza de forma rigurosa esta polémica en torno a las mutaciones dirigidas resulta enormemente clarificador: se trata del artículo de la profesora Francesca Merlin (Universidad de Montreal) publicado en este pasado mes de Agosto bajo el título “Evolutionary Chance Mutation: A Defense of the Modern Synthesis´ Consensus View”. Merlin realiza una brillante exposición de alto valor informativo así como una ardiente defensa del carácter fortuito de las mutaciones en el sentido de que las mismas aparecen sin una orientación definida en relación a un propósito adaptativo prefijado y reclama que tal interpretación no teleológica es esencial al modelo darwinista. Explícitamente por tanto, defiende que las posiciones que reivindican la interpretación de una orientación adaptativa en las mutaciones observables en los seres vivos constituyen un desafío que no cabe en el seno del paradigma imperante, que se apartan de lo que constituye el consenso de la comunidad científica en torno al hecho evolutivo y deben por lo tanto ser rechazadas.

De la lectura de la ardiente defensa que hace Merlin de este principio parece deducirse que no es tanto que los trabajos disidentes no estén correctamente documentados y desarrollados según el más riguroso y respetuoso método científico, sino que deben ser rechazados por que se permiten contradecir aquello que la comunidad científica ha acordado que debe ser objeto de constatación y verificación según el modelo arbitrariamente adoptado como verdad.

La preocupación de los guardianes de la ortodoxia con relación a este tema es más que comprensible. La existencia de mutaciones dirigidas sugiere inevitablemente la existencia de conductas “programadas” y en concreto de conductas “pre-programadas” de forma específica con relación a eventos inciertos futuros. Ello supondría un desafío irreconciliable con el modelo darwinista basado en el azar como fuente de novedad biológica y la selección natural como fuente de generalización de la variación. Pero el desafío no para ahí. Pensemos en que uno de los argumentos clásicos del modelo de la ascendencia común (descendencia con modificación) que propugna el darwinismo es la existencia de rasgos homólogos en las diferentes especies que, supuestamente, son indicio de antecesores comunes. Por el contrario, la aceptación de la existencia de mutaciones dirigidas podría cambiar de forma revolucionaria esta visión ya que se podría argumentar que las semejanzas morfológicas no serían tanto la huella de un ancestro común sino la evidencia de respuestas similares por parte de diferentes organismos ante semejantes situaciones de presión ambiental. Los fenómenos conocidos como evolución convergente podrían tener también una explicación más razonable si admitimos la hipótesis de mutaciones programadas que en el seno del paradigma actual.

En cualquier caso lo que se desprende sin lugar a dudas del artículo de Merlin es que existe una verdadera controversia en el campo científico y que autores como Jablonka y Lamb, pero también otros como Wright, Saphiro o Hall, han puesto sobre la mesa una realidad que desafía al paradigma imperante y ante la cual el darwinismo no puede ya reivindicarse como la única interpretación científica consistente de la realidad sino como un modelo más, de contornos perfectamente definidos y que, de forma cada vez más evidente, resulta incapaz de justificar todo lo que la investigación científica va, día a día, descubriendo. (continuará)

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