¿Materialismo sin Darwin?

Por Felipe Aizpun

El darwinismo es la piedra angular de todos los materialismos. ¿Podrá el materialismo sobrevivir a la inevitable caída del paradigma darwinista? Sobre qué bases tratará de reconstruir su discurso?

El materialismo es una elección arbitraria, ningún dato científico ni ninguna reflexión filosófica conducen a la conclusión necesaria o a la inferencia probable que propugna el materialismo. Como elección arbitraria, como prejuicio que es, necesita por lo tanto para subsistir y presentarse como una propuesta verosímil la correspondencia coherente con los datos que la evidencia empírica nos proporciona.

El naturalismo ontológico es obligado en cualquier propuesta materialista y, como consecuencia, el evolucionismo resulta un planteamiento imprescindible, al menos como una intuición abstracta que justifique la aparición paulatina en el tiempo de las diferentes especies de seres vivos. Pero el evolucionismo en sí mismo admite diferentes perspectivas filosóficas, es decir, distintas perspectivas de causalidad. Lo que el materialismo necesita no es solamente una solución estrictamente naturalista sino un modelo que garantice la existencia de un proceso no teleológico. Cualquier atisbo de finalidad o intencionalidad debe ser descartado. Se pretende además que cualquier recta comprensión del quehacer científico exige abandonar toda perspectiva finalista en la Naturaleza.

El darwinismo proporciona el discurso apropiado. Si las mutaciones que propician la aparición de las novedades biológicas pueden ser presentadas como hechos fortuitos que se producen sin causa aparente, y por lo tanto, puede imputarse al ciego azar su origen inesperado e impredecible, entonces el proceso evolutivo puede confirmar las expectativas de una propuesta materialista que reivindica la justificación suficiente de todo lo que existe en términos de causalidad natural no finalista. Por supuesto sólo por lo que a los procesos de la vida se refiere. La cosmología de los orígenes, así como la emergencia de la primera forma viva, son escollos que el darwinismo no puede abordar.

Pero, ¿qué sucede si el modelo darwinista resulta inconsistente? Cada vez es más evidente entre la comunidad científica de todos los credos, incluido el ámbito del evolucionismo ideológico más estricto, que el discurso darwinista no se sostiene, que las mutaciones fortuitas son desorganizaciones del genoma incapaces de aportar mejoras organizacionales y justificar la aparición de “formas nuevas”. El adaptacionismo quedará reducido a una mera tautología y la búsqueda de una nueva “teoría de la forma” nos devolverá al debate filosófico y científico originario. Volvemos a la casilla de salida. Si el darwinismo no es capaz de justificar en términos estrictamente naturalistas la aplastante apariencia de diseño en la Naturaleza, entonces ¿qué nos queda? Nos queda el diseño, por supuesto, y la inferencia de una causa inteligente que lo justifique.

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